~†» Ódiame «†~
Se encontraba en su habitación, recostado en la oscuridad, con las manos posadas detrás de su cabeza, podía oír el sonido de las gotas golpear en la ventana, la única luz que alcanzaba a divisar provenía de los relámpagos que de vez en cuando se producían por la tormenta.
No le molestaba a estar a oscuras, sus pupilas se habían acostumbrado a la ausencia de luz.
Así se encontraba, solo con sus pensamientos.
No debía pensar tanto, era malo. Pero no podía evitarlo, Así era él, tenía la enorme necesidad de analizar todo lo que sucedía a su alrededor.
Ya era tarde, debía dormirse pronto, o en la mañana lo lamentaría, pero se encontraba profundamente desvelado. De pronto, de la nada, un pensamiento surgió en su mente:
"lo siento, no debí haberme metido en tu vida."
Quedó asombrado por sus propias ideas ¿Porque de la nada esas putas palabras habían hecho eco en su cabeza? Ni en sueños el idiota ese lo dejaba en paz.
Era la verdad, no debió haberse metido. El pelinegro estaba arrepentido de haberle hecho saber que de una u otra forma lo que ese imbécil le dijo le perturbó.
Le molestaba que el idiota ese hubiera visto "esa" parte de sí mismo.
Le molestaba haber bajado la guardia
Pero lo que más le molestaba era que el Moyashi le hubiera pedido disculpas. Si no lo hubiera hecho, todo seguiría como antes. ¿Acaso le asustaba que las cosas cambiaran? ¿Porque carajo el Moyashi le ofrecía una disculpa tan sincera? Porque era sincera, lo vio en sus ojos plateados, también creyó ver un sonrojo en ese rostro, pero estaba seguro de que eso ultimo era un producto de su imaginación.
No podía comprender esa pequeña cabeza. Tampoco quería hacerlo. Tenía muy en claro que los motivos del Moyashi eran del Moyashi, y le parecía perfecto de ese modo. Debía mantener esa línea que establecía el lugar de cada uno.
Entonces resignado se dio cuenta de que el sueño no aparecería mientras que siguiera pensando estupideces propias de una señorita. Se puso un saco color negro que se encontraba cerca de la cama y se dispuso a ir por una leche tibia, esperando que esta le ayude con su insomnio.
¡Genial! Ahora parecía un bebe que necesitaba una nana para dormir. Abandonó la oscura habitación para comenzar a caminar por los pasillos de la orden, que no eran mucho más luminosos que su cuarto. Llego a la cafetería y para su sorpresa, alguien le había ganado de mano. Solo alcanzo a ver una jarra transparente que contenía algo que parecía ser leche, había a su lado un vaso lleno hasta la mitad, y un tipo con capucha recostado sobre la mesa.
—Tsk—
El pelinegro estaba enfadado, no planeaba encontrarse con alguna persona en el lugar, solo quería llegar hacer lo suyo y retirarse, pero ahí estaba este tipo con la jarra. Avanzo hacia el sujeto, Al acercarse pudo divisar unos cabellos plateados asomar de la tela que ocultaba en resto de los mismos.
¡Era el estúpido Moyashi!
·. ·´¯`·. ·_†_·. ·´¯`·. ·
Estaba en un profundo sueño, sentía que estaba durmiendo pesadamente, entre sueños podía escuchar su propia respiración.
De pronto, algo húmedo y frio impacto contra su rostro, obligándolo a abandonar ese estado profundo de descanso en el que se encontraba.
No comprendía que sucedía. Solo escuchaba las gotas impactar en algún lugar muy cercano, y cada tanto se oía estruendos. Tardo unos segundos en despertar del todo.
Cuando finalmente se encontró en condiciones decidió levantarse y ver qué había sucedido, pero a penas puso sus pies en el suelo se dio cuenta de que todo estaba inundado.
Si, había goteras por toda la habitación, esas mismas que le habían despertado.
¡No podía creer la mala suerte que tenia! ¿¡Ahora que haría! Ya no podía volver a la cama debido a que había una gran gotera encima de esta (esa que interrumpió sus sueños) ¡no quería someterse a sí mismo a la tortura china!
Tomo un abrigo que milagrosamente estaba seco, y se lo coloco con capucha y todo. Al abandonar la habitación notó lo silenciosos y oscuros (más que de lo normal) se encontraban los pasillos.
Se encamino hacía la cafetería.
Pensaba en ir hasta la habitación de Lavi, después de todo este se encontraba en una misión, pero considero que no era apropiado meterse en la habitación del mayor sin permiso alguno.
¿Entonces qué haría? Lo único que pudo pensar fue en tomarse una leche caliente y dormirse en la cafetería. No tenía otra opción, bueno, en verdad quedaba un lugar al que podía acudir, pero sabía perfectamente que eso no iba a pasar. Estaba todavía muy confundido respecto a sus sentimientos como para pensar en si quiera cruzar palabra con ese ermitaño.
Entro en la cafetería y tomo medio vaso de leche, medio vaso había sido suficiente para dejarlo muy somnoliento, puesto que aun deseaba continuar con ese profundo sueño del que la lluvia lo había sacado.
Solo se limito a recostarse sobre esa mesa. Iba a dormir en esa posición, ya no le interesaba, pero de pronto escucho una voz muy masculina decir con asombro:
— ¿Moyashi?—
Inconsciente de lo que decía, lo primero que salió de sus labios fue:
— ¿Kanda?—
·. ·´¯`·. ·_†_·. ·´¯`·. ·
— ¿qué carajos estás haciendo aquí Moyashi?—
Dijo el mayor un tono uniforme.
— ¿Y yo por que debería tener un motivo?—
—olvídalo— Respondió
Hizo de cuenta como si Allen no existiera y se sirvió en vaso un poco de la leche que tenía en esa jarra.
— ¿No puedes dormir Kanda?—Dijo en un tono burlón el pequeño de ojos plateados.
—Tsk—
Esa fue su respuesta.
De repente no pudo evitarlo, esa opresión que había estado desde que Kanda había llegado se hizo más fuerte, le estaba ignorando, si Kanda le estaba ignorando.
No podía tolerarlo, quería que le hablara, que le insultara, que dijera algo, pero que por favor no le ignorara.
Ese era su único pedido. Seguía sin comprender el por qué de esa nueva necesidad, pero solo sabía que la tenía.
Lentamente sintió como un nudo se formaba en su garganta.
Pero el silencio fue interrumpido por el mayor.
—Es hora de que los pequeños duerman, ve a la cama Moyashi—
Le había hablado, para tratarlo como un bebe, pero le había hablado en fin.
—No puedo dormir en mi habitación bakanda—
— ¿Qué? ¿hay un monstruo bajo la cama?—
—Algo peor, agua—
Kanda no comprendió bien a qué se refería. Y Allen se percato de esto, así que procedió a explicarle.
—Hay goteras en mi habitación y se me inundo—
—una lástima—
El pelinegro se paro y retiro del lugar tan rápido que no dejó que Allen reaccionara.
¿Le estaba huyendo?
No se lo iba a permitir, se levanto y lo siguió hasta la habitación, con insultos.
Pero Kanda había cerrado muy bruscamente la puerta de su habitación, lo había hecho en su cara.
Y de pronto la ira se convirtió en otra cosa, solo se quedo ahí helado frente esa puerta.
Sintió que los ojos se le llenaban de lagrimas, intento contenerse pero estallo en llanto. Casi imperceptible, pero ahí estaba.
Se puso de espalas a la puerta y se dejo caer lentamente, así como lo hacían sus lagrimas por esa piel de porcelana.
Odiaba sentir eso dentro suyo, esa debilidad.
¿Que era esto? ¿Por qué esa necesidad de que no lo ignorara? ¿Por qué se sentía tan bien cuando el otro le hablaba? Y esas lagrimas de sabor amargo que le recorría el rostro. Seguía preguntándose, trataba de negar que en el fondo sabia porque, esto le estaba torturando.
Salió muy bruscamente de ese mar de ideas que le azotaba. Ya que Kanda abrió su puerta muy de golpe, haciéndolo caer de espaldas.
—entra ya—
No podía creer lo que había escuchado, sin darse cuenta había puesto una expresión que lo decía todo, tenía los ojos muy abiertos y algunas lágrimas que aun le recorrían la cara. ¿Era ese el mismo Kanda que lo había ignorado hacia unos momentos? En ese instante deseaba con todo su corazón saber que pasaba por la mente del mayor, pero fue obligado a cesar sus conjeturas por la voz furiosa que este le hizo escuchar
— ¿Vas a entrar o te me vas a quedar mirando con cara de idiota?—
Sin siquiera dudarlo se levanto y entró, estaba oscuro
—No voy a prender la puta luz, a mi me gusta así. Ahí en al piso tienes unas mantas acomódate, cállate y duerme—
No podía creer que Kanda le estuviera dejando pasar la noche ahí, el solo hecho de tenerlo cerca hacia que la piel se le erizara.
Se limito a hacer lo que el mayor le había ordenado
Sus ojos ya se habían acostumbrado a la oscuridad y ahora podía observar a un Kanda sin su camisa, podía ver como el trabajado torso del mayor subía y bajaba con cada respiración, también pudo observar que el mayor tenía el cabello suelto, era una vista que por algún motivo le gustaba mucho… demasiado.
La tormenta no daba señal alguna de querer parar. No le gusta como soplaba el viento, no tenía problemas con los rayos y eso, pero el viento era simplemente horrible.
Era irónico, pero ese chico que peleaba contra akumas, y al que se le llamaba destructor del tiempo le tenía miedo al viento.
Tomo las colchas y se acerco más a la cama de Kanda. Estaba pegado a él prácticamente. De no ser por la diferencia de la altura. Podía percibir un aroma dulce que provenía del cabello del mayor, le encantaba ese olor, le encantaba todo de ese lugar.
Podía estar así por siempre, pero sabía que en la mañana los tratos ásperos volverían, sabía que el otro le volvería a ignorar, si, ignorar, le hería tanto que no se daba una idea.
Prefería que le odie con toda su alma a que le ignore. Después de todo, tan solo se odia a lo querido.
—ódiame—
Y sin darse cuenta, se quedo profundamente dormido…
