Aún sentía el corazón a mil por hora, sentía náuseas y un mareo permanente que amenazaba con desmayarme, me golpeaba un intenso dolor de cabeza. Apenas sí veía algo de mi alrededor, pero todo se veía como una pantalla de niebla borrosa que me mareaba aún más. Me temblaban las piernas y los brazos, algo líquido y viscoso estaba goteando de mi frente, me limpié con la manga evitando que me entrara en los ojos y tosí algo oscuro.

¿No… no estaba muerta? Ni si quiera había pasado mucho de caída, no podía haber mucha altura, pero no pude ver el fondo antes… además sentía como si acabara de despertarme, el dolor de las magulladuras y los numerosos cardenales que empezaba a ver a lo largo de mi cuerpo eran de haber pasado un buen rato. Probablemente me desmayaría en mitad de la caída o algo así… Había sido muy extraño, vale, es cierto que no es como si me hubiese caído en muchos agujeros a lo largo de mi vida como para saber que se siente cuando caes, pero aun así había algo que no cuadraba.

Poco a poco empezaba a recuperar el control de mis sentidos y a orientarme. A pesar de que llegaba perfectamente la luz de por donde había caído, iluminando un pequeño radio a mi alrededor, antes no había podido ser capaz de ver algo. Miré mis manos y descubrí que efectivamente lo que había tosido antes, era sangre… quizás tenía una hemorragia interna, de ser así, no sé qué hubiera sido peor, si morir en el acto o sobrevivir tal como estaba ahora, condenada a sufrir una lenta y dolorosa muerte.

Todavía revisando mi penosa condición, pude encontrar el lugar de sangrado y solté un pequeño quejido al notar el escozor, en teoría solo parecía ser un corte irregular al haber dado con alguna piedra en mitad de mi caída, no parecía ser grave. Como última hojeada, moví piernas y brazos comprobando de arriba abajo con mis manos que no me había roto nada, suspiré medio de alivio, incluso así no sabía si eso mejoraba mucho la situación.

Intenté levantarme, inútilmente de hecho, porque no podía mantener el equilibrio aún. Di otro suspiro con indignación, ahora no solo estaba en un horrible agujero sin salida y quién sabe si con una lesión grave, sino que encima no podía levantarme. Pero esa triste incomodidad fue interrumpida por el ruido de… ¿pasos? Casi noté que el corazón se saltaba un latido.

Esto era una locura… No importa que hubiese sobrevivido a mi fin, ahora algo peor daría mi fin ¿y si era verdad que había monstruos y me iban a matar? Todo el mal que había hecho con mi existencia en todos los lugares que había estado, se me sería devuelto ahora. A lo mejor ni si quiera estaba en vida aún, sino en el propio infierno. Nunca fui creyente de cosas como el cielo y el infierno, pero si había algo que me atormentaba más que nada, era el temor a algo que no podía ver pero podía sentir en todos los aspectos.

Una paranoia errática empezaba a invadirme y hacerme temblar, cerré fuerte los ojos intentando pasar desapercibida a lo que fuese que viniese a mi encuentro, casi podía notar mi llanto estancado en mi pecho, unas tímidas lágrimas se asomaban. No me gustaba nada esta horrible sensación, era exactamente lo mismo que sentía cada noche de insomnio que no estaba teniendo pesadillas, pero sabía perfectamente que lo que fuera que estuviese ahora ahí era más que real, era físico.

Cada vez los pasos estaban más cerca y no pude evitar soltar un pequeño gemido ahogado de miedo, podía aguantar lo que quisierais para mi final, pero no una tortura como esta, era lo más próximo a mis pesadillas, demasiado real, demasiado perceptible.

"Por… por favor vete…" Susurré a medias tapándome la cara con mis manos, no quería tener que enfrentar mis demonios precisamente ahora. Puede que incluso así, aún pretendiera esa voz, que aún siguiera la masacre, no podía, no ahora.

"Parece que ha venido de aquí…" Una suave voz aguda llenó los recovecos de la gruta haciendo un pequeño eco. Seguro que había escuchado mi patético llanto, ahora sí que vendría hasta aquí, sabía que alguien estaba aquí en algún lugar. No parecía sonar como un monstruo, pero aún recordando mis pesadillas, no pensaba confiarme de un ser adorable, no señor, mis malas experiencias nocturnas me decían que no podía fiarme de una cara bonita o me podría encerrar en una jaula y dejar que me ahogue, cosas así.

Debía intentar ser valiente a pesar del terror que me inundaba, en mis pesadillas nunca me di por vencida, esta no sería la excepción debía luchar, a pesar de los temblores que me inundaban y las lágrimas me cegaban, me levanté a duras penas apoyándome en una estalagmita.

Por mi mente pasaba una situación parecida, un momento que hubiera podido ser el fin de mi existencia, cuando decidí no doblegarme ante mi padre, no dejar que me impusiera su voz irracional, casi me cuesta la vida, a pesar de ver el cuchillo en su mano no retrocedí en ningún momento, a pesar de que el terror me inundaba y la respiración se me aceleraba por momentos, no retrocedí.

Por suerte para mí, mi madre y mi hermana me llevaron a rastras hasta mi cuarto y ahí me encerraron hasta que mi padre se calmara. Hubiera podido ser mi fin realmente, pero no lo fue. Mi determinación me ha llevado hasta donde estoy ahora, no me iba a detener.

"Me da igual quién o qué seas… ¡No dejaré que me derrotes ahora maldita sea!" Grité ahogadamente a la nada conteniendo mis lágrimas. Me temblaban las piernas y sentía aguijones de dolor en todo mi cuerpo con cada movimiento de mis músculos, pero esto no haría que me detuviera ahora.

Finalmente una sombra alargada y de extraña forma, aunque pareciese humana, empezó a formarse frente a mí, pronto tendría de frente a aquel que osaba retarme a pesar de esta agonizando.

"O-oye no quiero hacerte daño… ¿dónde estás? Solo quiero ayudarte" Su voz se tornó quebradiza como si se fuera a poner a llorar, no sabía si esto era una quimera que estaba engañando mis sentidos, pero… debía reconocer que incluso sabiendo siempre, que algo bello ocultaba algo malo, nunca dudé en ayudar a alguien que lo necesitaba realmente, o simplemente, alguien que hablaba con el corazón aunque luego todo fuese una farsa que rompiera mi corazón.

Sentí que me salían de nuevo las lágrimas y cerré los ojos respirando profundamente, fuese lo que fuese, que pasara.

Una pequeña figura de mi altura aproximadamente, se acercó a mí, era completamente blanco, como un ángel, no era humano ahora que lo veía perfectamente a la pobre luz que había en mi caída. Tenía un pequeño hocico de donde le sobresalían unos pequeños colmillos para nada amenazantes y unas… adorables orejas. Sus ojos estaban algo cristalizados y parecía algo temeroso, no sabía exactamente si de asustarme a mí o de asustarse él de mí sinceramente.

Parecía algo así… como un cabritillo híper adorable, casi podía sentir el calor de mis mejillas enrojecidas, era casi como ver unas de esas pequeñas chiquillas adorables que rara vez se presentaban en la vida como la viva personificación de la palabra kawaii, casi podía sentir que me desmayaba, pero no me malinterpretéis… realmente estaba al límite de mis fuerzas.

Así me desplomé sin previo aviso con la vista nublada. El extraño pero adorable cabritillo se acercó rápidamente, mucho más de lo que hubiese imaginado y me tomó antes de que golpeara de bruces al suelo.

"¡Oh! Te has caído, ¿verdad?" Preguntó asustado de que me hubiese muerto o algo así y entonces sonreí con algo de alivio. "¿Estás bien?" Preguntó aún preocupado a pesar de que de repente sonriera.

"Solo… necesito descansar" Susurré algo ronca, reposando sobre su brazo, "Venga, levántate" Me dijo con determinación, yo algo resignada de tener que levantarme ahora, pasé mi brazo sobre sus hombros y me levanté a duras penas.

"¿Cómo te llamas?" Me preguntó mientras empezábamos a andar con cuidado lentamente, sentía que la cabeza me daba vueltas, pero me mantuve despierta. No soportaba la idea de tener que decir mi horrible nombre, a las personas en las que realmente confiaba, les decía el "verdadero" nombre, teniendo en cuenta que él me estaba salvando sin dudarlo dos veces sin conocerme, merecía conocerme como quien en realidad era "Chara".

Él se quedó pensativo y me sonrío "Chara, ¿eh? Es un nombre bonito, yo me llamo Asriel" Contestó contento, parecía muy convencido con mi respuesta, de cierta manera eso me agradaba… no podía mantenerme mucho más… y me desmayé…

No sé a ciencia cierta cuánto tiempo pasó desde que me quedé inconsciente por el camino. Me sentía mal por el cabritillo, bueno… Asriel, me tuvo que llevar a cuestas él solo, pero demostró ser fuerte a pesar de su tamaño. Lo único que sí sabía es que estaba en una cama arropada, pero en cuanto me desperté di un pequeño brinco, me sobresalté al darme cuenta que no era mi cama trastero, esto era claramente una cama de verdad sin cosas por medio.

A mi lado estaba sentado el cabritillo, estaba con su cabeza acomodada en el borde de la cama, pero al levantarme tan bruscamente, a la vez él había soltado un gracioso sonido de animalillo asustado. Me reí entre dientes intentando disimular, me aclaré la garganta y me escondí un poco entre las sábanas ahora que estaba consciente de mi situación.

"¡Lo siento! No quería asustarte" Se disculpó con un aire tristón, parecía que estuviera a punto de ponerse a llorar, casi hasta me hizo sentir mal, en realidad nos habíamos asustado mutuamente.

"No pasa nada… es solo que fue una sorpresa encontrarme aquí" Expliqué intentando consolarlo, no soportaba ver esa triste carita. Parecía algo convencido con mi respuesta y sonrió levemente mostrando esos tiernos colmillitos.

"¿Estás mejor? Mamá y papá estaban muy preocupados, me dejaron vigilándote para asegurarse de cuando te despertabas… Pero me has despertado tú a mí" Asriel río tiernamente mirándome con entusiasmo, "Iré a avisarles, ¡no tardo!" Dijo como una promesa.

No me hacía mucha ilusión quedarme aquí sola, pero al menos podía pensar en paz sobre lo ocurrido. Había caído a un agujero, después de eso un cabritillo de fábula me rescató, ahora estoy probablemente en su cama, viendo el aspecto de su habitación, y esperando el veredicto de… ¿cabras quizás? No tenía ni idea de lo que me esperaba. No estaba asustada, es verdad que era muy extraño, pero no es como si fuesen abominaciones, además, tampoco es como si las abominaciones me asustaran en realidad…

Solo sabía que, tras haber intentado poner fin a mi existencia, había dado un nuevo comienzo, o eso parecía.

Al rato, tal como prometió Asriel, ya estaba de vuelta y volvió a la silla donde lo encontré cuando desperté. Lo que menos me esperaba que aparecieran tras la puerta eran "cabras" tan grandes, me sentía un poco acongojada e impresionada.

En un principio estaba una que era la más "pequeña" por así decirlo, con un aspecto femenino, algo así como una hembra, supongo que debía ser su madre. Luego estaba uno incluso más grande con un abundante pelaje rubio que casi lo hacía parecer un "osito"; sin lugar a dudas tenía que ser su padre.

Pero sin diferencias, ambos eran igual de imponentes sinceramente. Igualmente, también eran adultos, lo que me asustaba… la gente adulta solía ser muy irracional, me asustaba qué pensarían de mí… a lo mejor ahora me querían comer o echarme por donde había venido de alguna manera.

Mi acto reflejo fue bajar la mirada al punto más bajo que encontrara, que ahora mismo eran los pies de la cama. Era difícil evitarles con la vista con lo grandes que eran ambos, pero eso no me importaba, no quería el contacto visual, tenía miedo.

"Hey, mi niño, parece que ya has despertado, cuando llegaste… pensábamos que no conseguirías salir de esta" Habló primeramente la madre de Asriel, tenía una voz muy amable y sincera, seguía teniendo miedo a pesar de su amabilidad.

"No tienes de que preocuparte pequeño humano, no te queremos hacer daño, a pesar de lo que parezca dar a entender nuestro aspecto" Dijo algo triste el padre.

No es que no me pareciesen amigables, pero tenía miedo del rechazo o que fuese una trampa para empezar a interrogarme, no soportaba las preguntas.

"Mi niño, ¿puedes decirnos tu nombre?" Preguntó la madre que parecía que quería intentar me sintiese en más confianza, "Se llama Chara" Se adelantó Asriel, de cierto modo me sentí un poco mejor, al notar el pequeño apoyo del cabritillo para ayudarme, "Sí…" Musité levemente reafirmándolo, aún con la mirada gacha.

"Yo soy Toriel y él Asgore, debes estar bastante confundido mi niño, has debido caerte a través de la barrera, pero no te preocupes, aquí estás a salvo, no tienes que temer" Me sonrío Toriel. Yo alcé un poco la mirada, parecían muy preocupados por mí condición realmente, la miré y asentí con la cabeza.

"Sin embargo antes de que sigas pasando un mal rato, necesitas comer algo, ¿vale? Dime que prefieres mi niño, ¿caramelo o canela?" La miré dubitativa de la cuestión, no estaba segura de qué responder "Quizás caramelo… pero la canela también me gusta…" Dije algo avergonzada por no decidirme, "Bueno no te preocupes, en ese caso los dos están bien, iré a cocinar mi niño"

Acto seguido, Toriel se fue, Asgore se encontraba aún frente a mí algo tímido con una media sonrisa. "Sé que esto debe ser difícil para ti, Chara, debes tener muchas preguntas, pero es verdad que deberías descansar antes de que te podamos responder". Me incorporé a duras penas y negué, tenía un soberano dolor de cabeza, pero aún así necesitaba aclarar mis ideas, "No, por favor… señor Asgore, si pudiera al menos explicarme un poco, creo que podría aclararme un poco mi confusión por ahora"

Asgore soltó un pequeño suspiro, "Se paciente, seguramente aún debes sentirte mareado, estoy seguro que agradecerás descansar un poco más de mientras Toriel te hace la comida, después de eso te sentirás como nuevo" Disimuladamente rodé un poco los ojos cabizbaja y me retumbé de nuevo, Asgore se despidió de mí y salió. Quien aún permanecía ahí expectante era Asriel, quien parecía no querer molestarme permaneciendo en silencio, cosa que agradecía a medias.

Me pregunté qué tan especial podía ser una comida para que fuese tan importante y que me haga sentir como nueva. Quizás fuese comida mágica o algo por el estilo, si eso existía realmente, creo que podría saltar de la alegría, si no fuese que por decir no podía ni levantarme por si acaso.

Miré a Asriel que me miraba de vez en cuando tímido sin saber que decir, me hubiese gustado sonreírle, pero aún me sentía muy incómoda como para hacerlo. "Esto… Lo siento por lo de antes… que tuvieras que llevarme hasta aquí" Dije intentando sacar un tema de conversación.

"No fue nada Chara" Me respondió sonriente, "De todas formas no creo que hubieses podido aguantar mucho en ese estado caminando, además no pesas mucho" Oh, genial. Incluso aquí en un remoto lugar escondido de la mano de Dios, me decían que pesaba poco. Al menos si lo miraba de otra manera, en parte quizás fuese más fuerte por ser un cabritillo… Vale a quién pretendía engañar, Peso poco lo mire como lo mire.

"Ah… bueno, no pensé que con tu estatura pudieses conmigo" Dije sin pensarlo demasiado a lo que Asriel infló un poco los mofletes, "Pero soy más alto que tú, además soy mayor de lo que aparento Chara" Le miré y me reí un poco por su expresión.

"¿Entonces por qué eres tan canijo en comparación con tus padres?" Pregunté con curiosidad, "Eso es porque somos de la familia Dreemurr, nuestra especie tarda muchos años en desarrollarse y así obtenemos mucha sabiduría a lo largo del tiempo para así gobernar sabiamente a nuestro pueblo" Por un momento me quedé pensando en la nada y luego me di cuenta de lo que acababa de decir.

Primero, al parecer hay todo un poblado de monstruos de quien sabe cuántos habitantes, siguiendo, ¿gobernar? Eso significaba… "¿…Eres un príncipe?" Pregunté sorprendida de mi propia pregunta, que ironía del destino, había venido a acabar a un agujero para que me salvara un príncipe… ¿cabritillo? No es que menospreciara el hecho, pero sonaba un poco ridículo y fantasioso de más.

"Claro Chara, mamá y papá son los reyes, yo seré el príncipe que algún día, gobernará el Subsuelo" Dijo muy contento y orgulloso de su cargo. Bueno, vale no sé, esperaba algo más impresionante como príncipe, pero si era cierto que se desarrollaban de una manera aletargada, significa que a pesar de aparentar diez años debe tener más, no me imagino ni cuantos.

"¿Cuántos años… tienes?" Pregunté incómoda, siempre me había molestado que me hicieran esa pregunta, porque siempre venía a cuento de mi altura precisamente, para burlarse, como era normal, "Ehm, bueno, tengo… Es que nuestra edad no se mide en años" Dijo incómodo frotándose su adorable patita en el brazo, "¿Y tú cuántos años tienes Chara, los humanos también crecen lentos?" Preguntó inocentemente.

La expresión de mi cara cambió casi al enfado, hasta que me di cuenta un instante después que si nunca había visto un humano, que es lo que daba a entender al parecer, no sabía sobre cosas como esas, "En realidad no… Se podría decir que soy especial" Preferí disimular que contarle la verdad.

Lo cierto es que desde el primer momento que nací, tuve problemas para comer, ya que se podría decir que no tenía apetito, prácticamente debían obligarme y engañarme para poder alimentarme sin que me diera cuenta, parecía que desde el primer momento ya me negaba a vivir en un mundo así... Probablemente, ese sea el factor principal de mi pequeña estatura, es decir, la falta de nutrición.

Yo al contrario que el pequeño Asriel, permanecería así y un poquito más para siempre, pero no iba a permitir dejar flancos al descubierto para que luego quizás pudiera burlarse de mí… Todos lo acababan haciendo al fin y al cabo. Pensar en eso me irritaba bastante, era tan miserable.

"¿Te pasa algo Chara…?" Preguntó preocupado, salí de ese pequeño lapsus de oscuridad y lo miré algo sombría, "No, fue solo un mareo" Mascullé ente dientes apretando las sábanas. "Vaya, habría jurado que era otra cosa, de repente pusiste una cara muy rara…" Comentó más para sí mismo que para mí.

En un acto reflejo subí mi mano hasta mis labios, pasé mi dedo pulgar y empecé a morderme con nervios, no querían contarme que pasaba aquí y encima ahora no sabía si realmente sería buena idea tener como compañía a un principito, seguro que era un niño mimado, pronto yo sería solamente un estorbo para él.

Después de todo siempre lo fui para todos mis compañeros ricachones de clase, me mordí más fuerte pero una mano suave y cálida me apartó la mano lentamente mirándome preocupado y casi a punto de llorar.

"¿Por qué te haces daño? Por favor, no deberías hacer eso es malo" Me quedé algo perpleja con su reacción, a casi nadie le importaba algo como esto, sin embargo de la nada él me había detenido como si pudiera hacerlo, casi me daban ganas de golpearle por interrumpirme. Pero no lo hice, en cambio le tomé la mano y la miré. No era tan distinta a la mía, aparte de que estaba llena de pelo y tenía pequeñas garras inofensivas

"Lo siento, es una costumbre" Susurré prestando más atención a su patita humanoide, acariciándola, tiré de ella un poquito y la froté suavemente en mi mejilla, ¡era tan suave! "¡Cha-Chara! ¿Qué haces?" Preguntó avergonzado, a través de todo ese pelaje no podía verlo, pero podría jurar que probablemente estaba rojo si es que tenía sangre, sonreí algo malévola, quizás pudiese ser mi pequeño "amigo" después de todo.

"Chara has puesto otra vez una cara muy rara y espeluznante…" Se quejó de nuevo aún avergonzado el cabritillo, que incluso así no había alejado su patita. "Shhh… me duele la cabeza" Fingí para así seguir acariciando suavemente su patita, era tan relajante como acariciar un gatito.

Después de una hora aproximadamente medio durmiendo abrazada de la patita de Asriel, alguien tocó la puerta y levanté la cabeza entrecerrando los ojos.

"Lo siento si te he despertado Chara, la comida ya está lista, ven te llevaré hasta el comedor para que no tengas que hacer muchos esfuerzos" Sin ni si quiera darme tiempo a responder, Asgore vino hasta a mi cama y me tomó en brazos como una princesa. Podía imaginar perfectamente mi cara roja, teniendo en cuenta el calor que me estaba dando.

Mi padre nunca me había llevado así en lo que tengo de memoria, incluso cuando estaba a punto de… en fin asfixiarme de un ataque de ansiedad de camino al hospital, precisamente gracias a su amiguita.

No tenía mucho de donde afianzarme, ya que era muy grande, pero precisamente por eso, no tenía mucho problema, casi parecía una muñeca en sus brazos, pasamos por un pasillo, por donde había una habitación intermedia con unas escaleras hacia abajo. Seguimos adelante y en la siguiente habitación había una mesa con tres sillas, pero pronto vino corriendo Asriel de algún lado con otra silla y la puso en el hueco restante de la mesa, donde Asgore con mucho cuidado me dejó sentada.

La mesa parecía ya puesta, en casa siempre me reñían para que la pusiera y la quitara toda yo, así que me sorprendía un poco verla puesta sin haber hecho nada… Pronto vi Toriel venir de lo que supuse era la cocina, con una enorme tarta de caramelo y canela. Eh bueno, supuse que ellos al ser tan grandes debían comer mucho más que alguien de la estatura de Asriel y yo.

Cortó un pedazo pequeñito de esa enorme tarta y lo puso en mi plato con una amable sonrisa, "Vamos Chara, después de comer te sentirás mucho mejor, si quieres luego puedes tomar un baño, ¿vale mi niño?" Asentí sonriendo un poco. Las sillas eran muy altas así que me sentía como en otro mundo… Asriel estaba a mi lado y al otro Toriel; en frente estaba Asgore con esa cara tan amigable.

Me sentía como en un cuento de fábula a decir verdad. Pero se sentía muy bien, era como una familia de verdad, como cuando en contadas ocasiones con los dedos de una mano, lograba irme unos días a la casa de algunos familiares. En realidad, las tartas no me hacían mucha ilusión, siempre significaban fiestas, mucha gente, soledad… Además se me hacían muy pesadas y muy cargadas, siempre me empachaba con facilidad.

Pero con un poco de determinación, decidí cortar el primer pedazo y lo metí en mi boca. Sorprendida abrí los ojos de más, estaba delicioso, no era demasiado empalagosa y tampoco empachaba, era muy ligero, además, podía sentir poco a poco como un agradable bienestar pasaba por todo muy cuerpo, seguí comiendo y pronto ya había terminado mi pedazo de tarta.

Toriel se río por mi actuación, parecía feliz de que me lo hubiese comido todo, "Parece que te ha gustado mucho mi niño, si quieres más solo tienes que decirlo" Me sonrojé un poco y negué, no quería abusar de su amabilidad a pesar de que la tarta fuese enorme. Después de haber comido eso, literalmente estaba como nueva.

Ya no me dolía la cabeza, ni había mareos, incluso me podía mover sin que me dolieran los músculos, me miré las manos, todas las heridas se habían cerrado, no habían quedado ni las costras, aunque las cicatrices de mis brazos aún siguieran ahí.

"Señora Toriel… ya no tengo heridas, esto… ¿la comida es mágica o algo así?" Pregunté sorprendida, no me dolía nada, incluso me sentía mejor que normalmente, "Claro mi niño, aquí todo es mágico, la comida siempre te hará sentir mejor" Me sonrío explicándome sus propiedades. Ellos tampoco tardaron mucho en terminar de comer, tal como pensaba una tarta de ese tamaño era fácil de acabar con unos reyes así de grandes.

"Bueno mi niño, estoy segura que debes querer un baño, antes no pudimos hacer nada ya que estabas inconsciente, tus ropas están hechas jirones… si no te importa, tendrás que utilizar alguna ropa de Asriel al menos por ahora" Me dijo algo preocupada por como reaccionara a su petición, "Oh, no hay problema con eso" En cuanto dije eso, el cabritillo emocionado fue corriendo hasta su habitación para ir a por ropa.

De mientras, Toriel me llevó hasta el baño, en apenas unos instantes Asriel estaba ahí también y dejó algo de ropa en una silla. Me dejaron a solas y suspiré cerrando la puerta con pestillo. Ahora que me daba cuenta, hasta ahora, nadie me había preguntado si era chico o chica, lo cual era bastante agradable, además de que me trataban de él, de cierta forma me agradaba más, siempre me había agradado más que me trataran como un chico ya que me solían tratar con más respeto.

Me quité la ropa lentamente quedándome en pantalones, me miré en el espejo de reojo, siempre que estaba medio desnuda sentía curiosidad por mirarme, con ropa podía llegar a parecer un chico realmente, pero sin ella, podía ver mis atributos con facilidad, no es que fuesen precisamente mucho, pero algo más que una tabla sí, cosa que debía admitir, muchas veces me había molestado porque así no podía aparentar ser otra cosa.

Mis hombros no eran muy anchos, eran pequeños, pero era una parte de mí que me gustaba extrañamente, al igual que mi espalda, supongo que era porque eran pequeñas zonas neutrales que no se veían demasiado influidas por mi sexo, aunque normalmente si fuese un chico fuesen más grandes o más anchos. De todas formas, a mí me gustaba más un aspecto esbelto que demasiado ancho, supongo que era por eso que me gustaba esa parte de mí.

Sin embargo en cuanto me bajaba los pantalones, todo cambiaba, empezaba a ver mis caderas y cintura, las cuales eran bastante notables, era una parte que me molestaba mucho también, además de tener unos muslos algo grandes. Yo lo único que deseaba realmente era un cuerpo neutral, pero eso no es como existiera, aunque algunas personas lograran tenerlo, al contrario que yo. La androginia era algo que me asombraba y me atraía, es por eso que en realidad… no es como si tuviese una inclinación por hombres o mujeres, era solo eso lo que me llamaba la atención tristemente.

Bueno, en realidad si había otra cosa. Las "cosas" adorables como suelo decir, de alguna manera me inspiran inocencia, cosa que muchas veces dudo que haya en la humanidad. Supongo que era por eso que muchas veces acababa mal, también era por eso que había confiado rápidamente en Asriel, era algo que no podía explicar con palabras, simplemente lo sentía desde el corazón.

Terminé de desnudarme y me metí en la bañera, que por cierto al parecer alguien ya se había encargado de rellenar y estaba llena de espuma. De pequeña siempre me hacía mucha ilusión jugar con la espuma, podía fingir que tenía "barba" y que me afeitaba como mi padre… Suspiré algo triste tumbándome levemente.

Empecé a enjabonarme el cuerpo y el pelo, el olor del champú era delicioso, olía a hierbabuena, me encantaba ese olor. Me aclaré la espuma y salí, secándome con una toalla enorme que había a un lado de la bañera. Era muy suave como el terciopelo, hacía que no tuviese ganas de desprenderme de ella.

Aparentemente, incluso tenían secador, a pesar de ser "monstruos" parecían tener cosas muy parecidas al mundo humano. Encendí el pequeño aparato y empecé a secarme el pelo como podía, siendo sincera, nunca se me dio muy bien utilizar este trasto, aunque fuese "chica", de por sí, ni si quiera nunca se me dio bien arreglarme el pelo, por eso en cuanto tuve algo de decisión propia para cortarme el pelo, lo dejé lo más corto que pude.

Pero como era mi madre quien pagaba a la peluquera, solo podía ir cuando ella me dejara, por eso muchas veces lo tenía un poco más largo de cómo me gustaría tenerlo, siempre sospeché que lo hacía aposta para tener el pelo más largo, ella no soportaba que me lo cortara, pero yo lo odiaba, la gente solo se acercaba a mí por eso. Cosa que odiaba aún más, eran tan hipócritas.

Pronto se terminó de secar, supongo que como todo aquí, el secador también era mágico ya que no había tardado tanto, aunque teniendo en cuenta que ellos tenían todo un pelaje, era normal que necesitaran un aparato capaz de secarlos rápido.

Miré la ropa que había dejado antes Asriel, ahora que la veía mejor, era casi idéntica a la que él utilizaba, le debía gustar mucho ese patrón en la ropa. Nunca había utilizado ropa interior de "chico", aunque siempre quise probarlo, era algo imposible para mí.

Era bastante cómoda, me puse los pantalones, eran cortos hasta las rodillas y anchos, como siempre me hubiese gustado tener arriba. El jersey era de cuello alto y manga larga, era de color verde con dos rayas amarillas, tanto en las mangas como en el pecho, exactamente igual que la ropa de Asriel. Me resultaba algo gracioso que fuese a llevar la misma ropa que él, como suelen hacer los hermanos mellizos o gemelos, sonreí.

Pensar en él como mi hermano sonaba mucho mejor, siempre había tenido una hermana mayor, que me superaba bastante en edad, por eso a pesar de que ella intentara atenderme, había muchas ocasiones en las que tenía que atender sus propios asuntos, no tenía tiempo para juegos. Ella había sido lo más cercano a una madre más que la mía propia.

Sin embargo Asriel parecía casi mi misma edad, o incluso menos. Pero tenía un comportamiento similar el mío… en el sentido de que denotaba cierta inteligencia que se me era familiar a la mía.

Qué suerte que no me habían puesto unas zapatillas o algo así para ir por casa, porque adoraba ir descalza por casa, pero si era con calcetines mejor, cosa que se habían asegurado de dejar, aunque me extrañaba un poco, porque ellos no parecían utilizar calcetines ni zapatos en realidad.

Quien sabe… a lo mejor los utilizaban para dormir o algo así, por suerte en cualquier caso, me estaban bien. Salí del baño con mi ropa a cuestas, sinceramente quería deshacerme de ella, cuanto menos tuviera de ahí arriba mejor.

Me crucé con Toriel que al parecer me estaba esperando, "Mi niño debo preguntarte algo, ¿quieres conservar tu ropa? Quizás preferiría que la arregláramos" Me preguntó amablemente, "Ehm, no… creo que es mejor deshacerse de ella, por favor…" Casi parecía estar suplicando por tirarla, si por mi fuera hasta la quemaría.

Ella asintió y tomó mi ropa de los brazos yéndose a algún lugar. Cuando me di cuenta, Asriel estaba medio escondido agazapado contra la pared del pasillo observándome algo tímido.

"Hola Asriel" Dije acercándome a él, no parecía que él fuese a hacerlo, supongo que debía de sentir mucha curiosidad por mí, después de todo era un humano, algo completamente desconocido para él al parecer, "Hola Chara, me preguntaba… si te gustaría jugar conmigo ahora que estás bien" Me preguntó con una pequeña sonrisa.

Diantres, cada vez que lo miraba y veía su amabilidad me hacía sentir tan bien y feliz, siempre deseé que alguien jugara conmigo de pequeña… pero nunca tuve un compañero de juegos. Sonreí y asentí siguiéndole hasta su cuarto, donde había una caja llena de juguetes. Era genial, me recordaba a mi baúl de juguetes de cuando era pequeña… Sin embargo, en cuanto tuve un poco de edad de más, mi madre no tuvo compasión en tirarlos todos.

En cuanto empezamos a sacarlos, pronto empezaron a surgir las historias fantásticas, esas que tanto me gustaban simular aunque fuese a solas, pero… bueno de pequeña tenía una muy mala costumbre de desembocar las historias en muertes y torturas, en especial no tenía compasión con las muñecas para "niñas", las cuales "descuartizaba" sin piedad, siempre preferí los peluches de animalitos y los coches a radio control, que casualmente Asriel tenía por cierto.

Nos lo estábamos pasando genial, así estuvimos hasta que vino Toriel para decirnos que la merienda estaba lista, me sorprendí un poco, en casa casi nunca me hacían merienda, ni si quiera cuando era pequeña. No sabía si iba a aguantar tanta comida en un solo día.

Fuimos hasta el comedor, donde en dos platos había chocolatinas, los miré con anhelo, adoraba el chocolate, sobre todo ese chocolate con leche de chocolatinas, mi madre prácticamente nunca me las compraba…

"¡Muchas gracias Toriel! Me encanta el chocolate" Dije a la madre de Asriel desde el corazón muy contenta, el chocolate siempre me conseguía animar, además… puede que otra cosa no, pero de chocolate podía comer infinitamente, era una golosa sin remedio.

Junto con Asriel, empecé a devorar las chocolatinas, las cuales eran deliciosas, justo como me gustaban. Su madre parecía estar muy feliz con mi reacción, ahora que lo pensaba, no le había dicho señora… que falta de respeto, pero aun así parecía muy contenta y nada molesta con ello.

Cuando terminamos fuimos de nuevo a jugar hasta que nos cansamos. Parecía ser ya "de noche" en el Subsuelo, al parecer gracias al cielo, no me obligaron a tener que cenar, era algo que no soportaba, tener que comer tanto de noche cuando me iba a "dormir". Toriel nos dio a ambos un vaso de leche que bebimos felizmente, ella y Asgore nos dieron las buenas noches.

"Chara, tendrás que compartir la cama con Asriel mientras conseguimos otra, espero que no te moleste" Me dijo Asgore un poco preocupado, "¡No pasa nada! Es decir, puedo estar ahí cuanto sea necesario, muchas gracias por todo, de verdad…" Medio musité lo último, me sentía tan bienvenida. Él me devolvió una sonrisa y me acarició la cabeza, un sentimiento de satisfacción y felicidad me llenó extrañamente cuando él hizo eso, supongo que siempre deseé que mi padre hiciera eso.

"No te preocupes, Chara, te cuidaremos muy bien pase lo que pase, ¿vale?" Me dijo sonriendo, sin poder evitarlo lo abracé difícilmente por su tamaño, él parecía sorprendido, pero me abrazó también.

Después de esto, Asriel y yo nos fuimos a la cama, pero ahora que lo pensaba, no tenía un pijama, aunque claro, yo nunca dormía con pijama sinceramente. "Oye Chara, ya que aquí no tienes nada puedo prestarte el pijama que quieras para dormir" Me abrió el armario que había al fondo de la habitación, yo me acerqué y escogí una camisa y pantalones verdes.

Asriel tenía mucha ropa de color verde, lo cual me encantaba, ya que era mi color favorito. Iba a cambiarme hasta que me di cuenta, que sentía un poco de timidez de cambiarme delante de él obviamente. "Esto… Asriel, ¿Puedes darte la vuelta? Voy a cambiarme" Cuando se dio cuenta de a lo que me refería pareció avergonzarse y asintió poniéndose de espaldas a mí.

Me quité el jersey y los pantalones, poniéndome acto seguido el pijama, no tardé mucho, aunque me di cuenta que Asriel había dado alguna miradita que otra a mi espalda, eso no me molestaba, después de todo no es como si pudiese ver gran cosa ahí.

Él me sonrío cuando terminé y dejó mi ropa en la mesita de noche para la mañana siguiente. Me dejó meterme yo primera entre las sabanas al fondo al lado de la pared, me gustaba ese lado, ya que me sentía más segura y protegida.

Asriel se metió detrás de mí y se acomodó mirando a mi lado. Me sonreía bastante feliz, yo me sentía algo incómoda, contadas las veces era que había compartido cama con alguien, es cierto que dormía en una litera, pero no era en absoluto lo mismo que compartir cama. Pude notar como me tomaba la mano, me avergonzaba un poco, pero lo cierto es que me sentía segura con él, así que me acurruqué con él sujetando su mano también y cerré los ojos.

Probablemente sería una de las primeras veces que dormiría tan bien después de tanto tiempo, sufriendo de insomnio, pesadillas y paranoia nocturna.