Antes de salir de la sala en la cual me convertí en una asesina en un plano temporal paralelo, me tomé unos minutos para coger aire y relajarme. También aproveché para sacar de mi bolso mi cámara instantánea y quitarme mi mono de selfies. Conlleve algo bueno o malo, debes recordar este día, Max. Puede que tu vida cambie para siempre a partir de hoy.

Cuando me vi preparada, me levanté y me dispuse a abandonar la sala para dar comienzo a mi misión: tengo que averiguar dónde está Nathan, la cabecilla del Club Vortex, como sea. No tengo un plan concreto, pero estoy segura de que con mi nueva y flamante capacidad de manipular el tiempo algo podré hacer. Improvisaré.

Abrí la puerta muy despacio y volvió a retumbar en mis tímpanos aquella música a un insufrible volumen. Eché un vistazo alrededor y el panorama no era demasiado halagüeño: ninguna de las personas que se encontraban en ese momento en la sala VIP son amiguitos del alma precisamente. La niña adinerada de Victoria, que esa noche llevaba puesto lo que parecía ser el último grito en París, es poco menos que mi archienemiga. Por ahí andaban también los minions de Victoria: Taylor y Courtney, con las que no me llevo mucho mejor. El resto eran los miembros restantes de la plantilla de los Bigfoots o bien completos desconocidos. Logan por suerte ya se encontraba a una distancia generosa de mí.

Apenas deambulé por la sala VIP unos segundos con sensación de ser un pulpo en un garaje, cuando noté una mano sobre mi hombro. Me giré.

—Perdona, ¿me puedes decir…? ¿¡Max!?

—¿¡Chloe!?

De todas las personas que remotamente pudiera imaginar encontrarme en una fiesta del Club Vortex, ella era, de lejos, la que menos me esperaba.

Qué puedo decir de Chloe Price… lo fue todo para mí durante mi infancia. Bueno, lo primero, debo confesar que en realidad lo que dije antes de que yo era una recién llegada a Arcadia Bay es en parte mentira. Yo nací y crecí aquí, pero a los trece años mi familia y yo nos mudamos a Seattle y estuve viviendo allí hasta hace escasas semanas que regresé. Durante mi infancia aquí en Arcadia Bay, Chloe fue mi mejor amiga. De hecho, éramos inseparables. Sería muy bonito decir que el motivo por el cual he vuelto es Chloe, pero mentiría: el motivo real de mi regreso es que la academia Blackwell tiene un reconocido prestigio en los estudios artísticos, especialmente en fotografía; las clases nos las imparte Mark Jefferson, famoso fotógrafo a nivel nacional con una trayectoria impecable al que admiro muchísimo, tiene un trato exquisito con los alumnos y además, está muy bueno. Tuve la potra de que aceptaron mi solicitud de acceso, así que aquí estoy de vuelta a mis orígenes… con una beca, convirtiéndome en una artista profesional y viviendo en una residencia de estudiantes. Sé que debí haberme puesto en contacto con Chloe antes. Me siento mal conmigo misma por no hacerlo, y ni siquiera puedo poner una excusa convincente. Supongo que me daban miedo sus posibles reproches por haberla "abandonado". O quizás temía el que hubieran cambiado demasiado las cosas en tantos años y nada volviera a ser lo mismo. Viendo las pintas que me traía, puede que no anduviera demasiado desencaminada.

Creo que reconocí a mi amiga de la infancia porque la pude mirar directamente a la cara, pero seguramente si la hubiera visto de lejos pensaría que es una punk del pueblo con la que yo no tengo nada que ver. Tenía el pelo completamente teñido de azul, llevaba gorro y chaqueta color negro, vaqueros rotos, colgantes, pulseras… Menudas pintas, colega. ¿Cuándo empezó a cambiar tanto? Aunque bueno, tampoco es que pueda decir que yo soy la misma que cuando tenía trece años…

—¡La hostia! Pero, ¿qué demonios estás haciendo aquí, Max? —su expresión no era precisamente de alegría. Puso una cara mezcla de sorpresa e incredulidad mientras sacudía los brazos. Me sentí pequeña. De las dos, ella siempre había sido la más alta, pero había pegado un buen estirón.

—Hola, Chloe. Yo… es una larga historia. Lo cierto es que me pillas en un momento un poco extraño ahora mismo… y debo encontrar a alguien urgentemente.

—Veo que sigues huyendo de mí... igual que los últimos cinco años. Ni una llamada, ni un jodido mensaje de texto. Genial, Max.

No sabía qué decir. Es lo que tiene cuando realmente no tienes ninguna excusa. Y este no era el mejor momento para inventarme una.

—No me pongas esa cara de cordero degollado, anda —Chloe continuó sin darme tiempo a hablar—. Al menos finge que te alegras de verme.

—De verdad me alegro de verte, Chloe. Y mis padres no decidieron mudarse a Seattle por joderte a ti. Yo… pensaba decirte algo en cuanto me asentara un poco. Acabo de llegar a Arcadia Bay, como quien dice. Y hoy es posiblemente el día más extraño de mi vida. Supongo que el reencontrarnos ya es la guinda del pastel.

—Al menos no eres la única que está teniendo un día peculiar —Chloe desvió la mirada con media sonrisa—. Y bien, ¿qué estás haciendo en esta fiesta de niños de papá?

—Estoy buscando a una amiga. Y creo que puede estar en problemas. Debo encontrarla pronto.

—No me extrañaría. La gente que dirige este cotarro no es trigo limpio, Max. Deberías alejarte de ellos. En realidad, yo también estoy buscando a alguien. Si no fuera por eso, no pisaría esta mierda de club ni fumada.

—Y… ¿a quién estás buscando tú?

—A Nathan Prescott —levanté las cejas al escuchar a Chloe—. Tengo, llamémoslo así, unos asuntos pendientes con él.

¿Chloe también busca a Nathan? ¿En qué clase de líos se estará metiendo? Es por todos conocido que si tienes "asuntos pendientes" con Nathan, significa drogas, armas o dinero de por medio. Me preocupé.

—Le conozco, por desgracia. Va a mi clase. Y yo también le busco, creo que es él quien está con mi amiga… y sí: efectivamente, Nathan es la perfecta definición de persona a quien evitar.

Chloe puso cara de preocupación. Probablemente pensó de mí lo mismo que pensé yo de ella cuando mencionó a Nathan. Era bueno saber que a pesar del paso de los años, seguía pudiendo leer los gestos de mi amiga.

—Has cambiado mucho, Max. Espero que no te estés metiendo en problemas…

—Quién fue a hablar. Si tú pareces salida del camerino de un concierto de los Sex Pistols.

Nos reímos. Afortunadamente, superado el tenso momento inicial, mi reencuentro con Chloe parece que ha acabado siendo algo positivo. Ya es casualidad habernos topado en un lugar así, y encima ambas estamos buscando a la misma persona…

—Bienvenida a casa, Max —dijo Chloe cuando paró de reír—. Salgamos afuera. Tienes mucho que contarme.

—Sí que tengo, sí…

No lo sabes tú bien, Chloe.

Caminamos juntas hacia la salida que daba al patio de la academia. Nos recibió la noche ya bastante cerrada con una luna creciente en el cielo. Chloe, iluminada por una farola que se encontraba a unos tres metros a su derecha, se apoyó contra el muro y se encendió un cigarrillo.

—Tía, al menos pásate al cigarrillo electrónico —puse cara de asco.

—Espero que no me sueltes el sermón por cada cosa de mí que veas, Max. Sí, he cambiado. La gente cambia. Y no me siento orgullosa de todo lo que he hecho últimamente.

Lo cierto es que le pegaba a Chloe el haberse vuelto una rebelde. Poco antes de mi mudanza a Seattle, su padre murió. Supongo que no es fácil de encajar que dos pilares de tu vida como son la figura paterna y la mejor amiga desaparezcan de tu vida de repente y casi a la vez. No la culpo. Y me sentí bastante mal por ello.

—Bueno, no es que yo pueda decir mucho de los demás. Esta misma noche he descubierto… que no soy precisamente una santa.

—¿Tú…? Mira que me cuesta imaginarte haciendo cualquier cosa malvada. La imagen que me queda de ti es de nosotras jugando inocentemente a que el sofá de casa es un barco pirata. Pero como decía, la gente cambia. Te escucho, Max.

Dudé por un momento si debía contarle mi historia a Chloe o no. Al fin y al cabo me acababa de encontrar con ella después de cinco años y en parte sentía que hablaba con una extraña. Pero finalmente, decidí abrirme. No sé qué habrá pasado con Chloe, pero sé que su interior es el de mi mejor amiga de toda la vida, y eso no cambiará nunca. Además, creo que en mi delicada situación actual me conviene tener una aliada cerca.

—Pues verás… vas a pensar que estoy loca, pero… hace apenas una hora allí dentro en la fiesta el Club Vortex… me di cuenta de que puedo volver atrás en el tiempo.

Chloe levanto una ceja.

—Vale. Entonces en realidad estás buscando a Nathan para que te rule alguna mierda. A ver, ¿qué te metes, Max? ¿Meta, éxtasis, farla…?

—Para el carro, Chloe. Sé que suena muy raro, pero es cierto. Supongo que la única forma de hacer que me creas es demostrándotelo.

—Ya —la cara de incredulidad de Chloe era épica—. ¿Y cómo vas a demostrarme que puedes volver atrás en el tiempo, Supermax?

—Pues veamos… —me quedé pensativa por un rato— Puedo decirte algo que sólo sepas tú y nadie más.

—Lo dudo. A ver, dime lo que estaba haciendo el veinticinco de septiembre por la mañana —Chloe seguía pegando caladas al pitillo con toda la tranquilidad del mundo.

—Pues… estabas haciendo pellas y quedaste con tus amigos para tomar unas birras —dije lo primero que se me pasó por la cabeza. No importaba lo que dijera yo, si no lo que me respondiera ella.

—Fatal, Max. Ni siquiera voy a clase: me expulsaron de Blackwell. Para tu información, y considérate privilegiada por contártelo, el veinticinco de septiembre por la mañana estaba tirándome a Justin en la cama de sus padres. Menuda decepción, Max. Nathan te pasa cosas raras y tienes delirios de drogata. No me esperaba esto de ti.

—¿Justin? ¿Justin, el skater fumeta de Blackwell? —puse cara de verdulera cotilla. No me importó la lógica reacción negativa de Chloe. Ahora mismo la demostraré que llevo razón.

—Sí, ese. Sé que no es algo de lo que sentirse demasiado orgullosa, pero tú lo llevas bastante peor con lo tuyo, ¿eh, maja?

Vale. Suficiente información. Recemos para que el rebobinado me siguiera funcionando. Con mi gesto echando la mano derecha hacia adelante, me dispuse a ello. Era gracioso ver como Chloe fumaba marcha atrás a toda leche y su cigarrillo se regeneraba en vez de consumirse. Reanudé el tiempo en el momento que Chloe me retó:

—Lo dudo. A ver, dime lo que estaba haciendo el veinticinco de septiembre por la mañana.

—Te tiraste a Justin, el skater fumeta de Blackwell, en la cama de sus padres. Él debía de estar haciendo pellas ese día. Tú no porque estás expulsada de la academia.

Chloe dejó caer el cigarrillo al suelo y se quedó ojiplática.

—Es… imposible que tú puedas saber eso. La hostia... Pero no, no puede ser. Será que el mamón de Justin se ha ido de la lengua y te lo habrá contado —Chloe se llevó la mano a la barbilla y se quedó con cara de rayada—. A ver, necesito algo más convincente. Algo que sea completamente imposible que tú puedas adivinar… Ya sé. Dime la ropa interior que llevo puesta ahora mismo.

Joder, Chloe, tú en tu línea. De pequeña, ella siempre ha sido la espabilada de las dos. Incluso con trece años, ya había besado a algún chico cuando yo todavía no, y nunca ha tenido un pudor tremendo que digamos. En cierto modo, su petición iba con su personalidad.

—Unas braguitas de Hello Kitty y un sujetador rosa —ya ves tú, cualquier cosa.

—¡Ja, ja, ja! ¡Estás fatal si crees que yo voy a llevar eso! No, ahora en serio, Max. Eres un fraude. Has tenido suerte una vez, pero no cuela.

—¿Y… no me vas a decir lo que llevas en realidad? —esperaba que me funcionara la misma táctica que hace un momento. Si no, lo iba a tener muy chungo.

—Pues mira, normalmente no tendría problema, pero por lista, no te lo voy a decir. Y ahora hablemos de tu problema con los alucinógenos…

Mierda. No ha colado. Y tengo el dantesco marrón de tener que averiguar ahora mismo la ropa interior que lleva Chloe. ¿Qué puedes hacer, Max? Amenazar o forzar no entra dentro de mis planes. No con ella.

—Jo, Chloe… —venga, improvisemos a marchas forzadas— Ahora me ha dado curiosidad por saber qué llevas puesto y no me puedes dejar así… Mira, si quieres te digo lo que llevo yo: llevo unas braguitas blancas y un sujetador verde.

Me estaba poniendo roja según hablaba. Pero en fin, a la mierda el pudor, la vergüenza, y a la mierda todo. Luego rebobino y ya está.

Creo que Chloe estaba flipando más con lo que la estaba contando ahora que con mi adivinación de su veinticinco de septiembre.

—Max, estás muy mal. ¿A cuento de qué me vienes con esas?

—¿Es que yo… no te parezco atractiva? —me acerqué peligrosamente a Chloe y la miré fijamente poniéndola ojitos.

—Max, esto es muy raro. Y me estás dando miedo… —Chloe trató de echarse hacia atrás, pero tenía el muro a sus espaldas.

Venga, a la piscina de cabeza. Aprovechando que Chloe estaba atrapada entre mí y el muro de la escuela, la planté un beso en la boca.

—¡Max…!

Para mi sorpresa, no me rechazó. Eso sí, Chloe estaba visiblemente sorprendida y nerviosa. Mi objetivo era simplemente averiguar lo que llevaba Chloe de ropa interior, pero, aprovechando la serenidad que me daba el poder rebobinar después, hice el experimento de usar mi lengua para juguetear con la suya. Lo más sorprendente con diferencia es que… no me era para nada desagradable. Tanto es así que permanecí besándola contra el muro cerca de un minuto mientras la agarraba de la cintura. Cuando me despegué de ella, tenía la cara toda roja y la costaba mirarme a los ojos.

—Max, estás como una cabra, pero… esto… me ha gustado.

—¿A que ahora sí me vas a decir la ropa interior que llevas puesta? —dije entre susurros tratando de ser sensual.

—Eh… bueno… quizás te enseñe algo después. Esto es muy raro, Max, y tú vas muy rápido…

—Dímelo. Porfi, porfi, porfi… —apoyada en ella, prácticamente la planté la boca en su oreja y continué entre susurros— Me pondría muy cachonda saberlo…

El papel de loba se te da de lujo, Max. Preocúpate. En serio.

—Llevo un sujetador negro y un culotte morado. Nada especial. Me está dando mucha vergüenza, Max, y mira que yo modosita no soy, pero tú…

Suficiente. A rebobinar se ha dicho. Tengo que admitir que ha sido bastante divertido, aunque pobre Chloe… menudo trago la he hecho pasar…

—Ya sé. Dime la ropa interior que llevo puesta ahora mismo —reanudé el tiempo justo cuando Chloe pronunciaba esta frase.

—Llevas un sujetador negro y un culotte morado.

—No... no tengo palabras, Max. Es asombroso. ¿Cómo has podido saberlo?

—Es sencillo: me dijiste lo que llevabas puesto, vuelvo atrás en el tiempo con el dato aprendido, y te respondo correctamente.

—¡La puta hostia! ¡Realmente eres Supermax! —Chloe estaba eufórica— Oye, ¿y te dije sin más la ropa interior que llevaba puesta? ¿Así de buenas, sin persuasión?

—Sí. Me lo dijiste, sin más.

—Ah… bueno, me sorprende un poco de mí misma que te lo dijera. Pero puede ser.

Mala, Max. Mentir no está bien. Pero debo aprender a separar mi yo real de mis yos paralelos producto de mis desfases temporales. En realidad yo no soy la Max cachonda que acaba de seducir a Chloe. O eso creo…

—¡Qué fuerte, tía! ¡Con ese poder, eres… eres invencible! —Chloe no paraba de hacer aspavientos con las manos y dar pasitos hacia un lado y al otro— ¡Vayamos por ahí a explotar esos poderes! ¡Somos imparables!

—Chloe, para. Ya te he dicho que esto me ocurre desde hace apenas una hora. Desconozco de dónde ha venido, si me durará para siempre, o si tiene algún efecto secundario.

—Venga, Max. No puede ser coincidencia que justo tú obtengas ese poder, al poco rato te encuentres conmigo y que encima estemos buscando a la misma persona. Tiene que ser alguna mierda de estas del destino, hasta el más idiota se daría cuenta. ¡Vayamos juntas a buscar a Nathan!

—A todo esto… ¿por qué estabas buscando a Nathan? ¿Qué os traéis entre manos?

—Venganza —la expresión de Chloe se volvió más seria—. La verdad es que hubiera preferido evitar tener que contárselo a nadie, pero tú eres diferente, Max. Ese malnacido me engañó. Me lo encontré en un bar y vi enseguida que era un niño de papá. Traté de sonsacarle algo pero…

—Pero, ¿qué? ¿Qué te ha hecho Nathan? —el tono de Chloe se volvió tan solemne que me preocupé.

—Pero fue él el que se aprovechó de mí. Fuimos a su habitación en la residencia de estudiantes y… apenas recuerdo nada. Debió echarme algo en la bebida, o algo así. Tan sólo recuerdo el despertarme tirada en el suelo y a él sonriendo con una cámara en la mano.

Sabía que Nathan era un tipo al que era mejor evitar, pero desconocía que pudiera llegar a ser tan perturbador. Es un auténtica lástima: al ser compañero suyo de clase conozco su obra, y el chaval tiene talento artístico. El descubrir que ha drogado a Chloe y vete a saber que más habría hecho con ella despertaba mi demonio interior. Estás muerto, Nathan. No sabes a quién te estás enfrentando.

—Al despertarme le pegué una patada y pude huir de allí —continuó Chloe—. No tengo ni idea de qué hizo conmigo mientras estaba drogada en el suelo, pero te lo juro que lo averiguaré. Ese cabrón cantará, te lo aseguro. Y como tenga alguna foto mía, se la meto por el culo —parecía que Chloe fuera a hiperventilar de un momento a otro—. Bueno, ¿y quién es esa amiga tuya que buscas y por qué está con Nathan?

—Es mi amiga Kate. Va conmigo a clase de fotografía y congeniamos al poco tiempo de empezar el curso. Antes me envió un mensaje al móvil diciendo que estaba por aquí en la fiesta y poco menos que pidiendo auxilio. Lo único que he averiguado ahí dentro es que es muy posible que Nathan esté con ella y no me huelo nada bueno.

—¿Kate Marsh? La conozco. Es una tía cojonuda. Un poco rancia, pero cojonuda. Haces bien no oliéndote nada bueno, Max. Deberíamos buscar a Nathan enseguida: no me gustaría que Kate estuviera pasando por lo mismo que pasé yo. Pero… ¿tienes alguna pista de dónde pueden estar?

—No, pero… lo averiguaré. Ven conmigo.

Me vine arriba. Cogí a Chloe de la muñeca y la llevé de vuelta a la fiesta. Entré sin vacilar por la puerta que daba directamente a la sala VIP y caminé con una seguridad en mí misma que me sorprendió. El panorama no era muy diferente a cuando salimos de allí. Oteé un rato cual depredadora escogiendo a su víctima, y tras unos pocos segundos, me decidí: sentando en un sofá en una esquina se encontraba Hayden, otro de los armarios empotrados de los Bigfoots. Me caía un poco mejor que Logan, pero igualmente no se libraba de ser un completo capullo: este en vez de intentar tirarse a la primera que pasa, se dedica a colocarse a muerte. Allí estaba, acompañado de un par de chicas que estaban todavía más pasadas que él. De hecho, una de ellas estaba literalmente desbocada tirada en el sofá de al lado. Intuía que Hayden podría saber dónde estaba Nathan: más de una vez me los he encontrado charlando en los pasillos de la academia. Además, el hecho de estar hasta arriba de todo debería soltarle la lengua más de lo habitual. Era perfecto. Le dije a Chloe que me lo dejará a mí, así que ella se limitó a observar la escena a un escaso metro de distancia con los brazos cruzados. Allá vamos, Max. ¿Qué es lo peor que puede pasar?

—Hola, Hayden. ¿Cómo vas?

—¡Eyyy, mirad quién está aquí! ¡Pero si es Mad Max, la reina de la fiesta! ¿Te apetece un tirito?

Confirmado: está pasadísimo. Esto debería ser fácil.

—No. Necesito encontrar a Nathan. ¿Sabes dónde está?

—¡Ojalá! Así me podría traer más mierda de esta, que sienta de muerte. Venga Max, relájate y únete conmigo y mis pibitas. Nos lo pasaremos bien.

Tengo un poco de prisa y pocas ganas de sutileza, la verdad. Con los brazos en jarra e inclinándome ligeramente hacia él, le dije con el tono más amenazante que me salió:

—Escúchame, capullo: sé que Nathan está con Kate. Sé que tú y tu gente la estáis haciendo algo y no me fío una mierda de vosotros. Canta ahora mismo, o atente a las consecuencias —es evidente que si no fuera por mi recién adquirido poder no hubiera sacado esa gallardía ni de coña.

Hayden se levantó de golpe al oír mis amenazas con cara de muy pocos amigos.

—¿Que me atenga a las consecuencias? ¿Qué consecuencias va a haber, puta friki de mierda, a ver?

—¡Max! ¿¡Qué coño estás haciendo!? —incluso una agitada Chloe intervino tras escuchar mis desafortunados comentarios.

Reconozco que me acojoné. Hayden me dobla en tamaño y no tenía nada que hacer contra él, incluso estando con Chloe. Está bien, Max, la has cagado. Es lo que tiene el ir de chulita sin pensar lo más mínimo en las consecuencias. Pero no pasa nada: para algo tengo el poder de rebobinar. Es una suerte porque creo que de haber pasado un par de segundos más, Hayden me hubiera soltado una buena galleta. Volví atrás al momento previo a saludarle. Jo, yo sólo quería probar tácticas diferentes, pero está visto que atraes a más moscas con miel que con vinagre… en fin. Ronda dos.

—Hola Hayden, guapo. ¿Cómo estás esta noche?

—¡Eyyy, mirad quién está aquí! ¡Es Mad Max, y ha venido para divertirse con nosotros! Siéntate aquí, preciosa. Tengo algo que te va a encantar.

—Eh… claro —acepté la invitación, no sin vacilar. Continué sentada bastante pegada a Hayden—. Verás, yo…

—¡Tienes que probar esto, Max! Te coloca de puta madre, toma un tirito…

Paré el brazo de Hayden cuando iba a ofrecerme su porro.

—En realidad —miré fijamente a sus ojos y puse voz aterciopelada— me preguntaba si podrías hacerme un favor muy muy grande, Hayden.

—Claro, guapetona. Tú dime y veré qué puedo hacer por ti.

—Es que… esto es embarazoso de decir, pero…

Bajé la frente y jugueteé con mis dedos índice. Estaba actuando como una niña tímida y tontita. ¿Desde cuándo se te da tan bien el teatro, Max?

—Dime… dime sin miedo, Max —Hayden se arrimó más a mí. Su brazo izquierdo rozaba con el mío derecho.

—Pues verás… —apoyé una mano sobre su hombro y susurré a su oído, de forma similar a como hice antes con Chloe— Necesito saber dónde se encuentra Nathan…

Hayden torció ligeramente el morro. Aun así, su reacción fue infinitamente más amigable en comparación con la primera ronda.

—No sé dónde está Nathan, Max. Tampoco es importante. Yo tengo aquí todo lo que te puedas imaginar. Quédate con nosotros y únete a la fiesta.

—Por favor… es importante, Hayden. Muy, muy importante…

Agarré la mano de Hayden y sin más preámbulos, la planté sobre mis tetas. Con los movimientos de mi mano sobre la suya, le invité a jugar con ellas mientras le miraba fijamente a los ojos y me mordía el labio inferior. Hayden estaba flipando en colores, pero me siguió el juego. La cara de Chloe, que lo observaba todo desde atrás, debía de ser un poema.

—Max, yo… —pude ver gotitas de sudor resbalar por la frente de Hayden.

—¿Me… lo dirás…? Porfi… —a los susurros que le dediqué a Hayden al oído, añadí algún que otro gemido entre medias.

—En el cuarto oscuro... Nathan está en el cuarto oscuro con Kate…

—Mmm… buen chico. Dime más… Dime dónde está ese… cuarto oscuro.

Hayden no se cortaba un pelo y me estaba manoseando las tetas de forma descarada. En realidad, no era tan desagradable. Siempre teniendo en cuenta que luego podía rebobinar, claro…

—En el granero de los Prescott. A un par de millas de la gasolinera, saliendo del pueblo. Les encontrarás en un sótano oculto… Ya sabes lo que querías, Max. ¿He sido buen chico? ¿A que me merezco un premio? —el capullo trató de sonar seductor, pero le quedó bastante lamentable.

—Oh, claro que sí… Aquí tienes tu premio, gilipollas.

Acto seguido escupí a la cara de Hayden, cosa que me produjo bastante más placer que su sobeteo. No le di tiempo a reaccionar y rebobiné de inmediato para volver de nuevo al momento previo al inicio de la conversación. Oye, esto mola.

Obviamente, esta vez, con toda la información que necesitábamos ya obtenida, no hablé con Hayden. Me di la vuelta, poniéndome frente a Chloe.

—¿Y bien, Max? —me preguntó— ¿Cuál es el plan?

—No hay ningún plan. Ya sé dónde está Nathan. Vámonos.

—Pero, ¿qué coño…? —Chloe caminó detrás de mí mientras yo me dirigía hacia la salida a paso veloz. Para ella, todo había ocurrido en un abrir y cerrar de ojos. Literalmente— No entiendo nada. ¿Cómo diablos lo has adivinado? ¿Te ha venido una revelación o qué…?

—Ya te lo contaré. Por cierto, ¿tienes coche? Hay que ir un poco lejos.

—Eh… sí. Tengo mi vieja camioneta aparcada ahí fuera.

—¡Genial! ¡Ah, espera! Antes debo hacer una cosa importante…

Al lado de la puerta se encontraba la princesita de Victoria, con su modelito caro y su pelo corto que le hacía parecer una versión bastarda de Justin Bieber. Ella se encontraba a lo suyo cuando, sin más, me planté enfrente de ella a escasos centímetros de su cara y la solté:

—Zorra pija.

Antes de rebobinar, esperé a deleitarme con el gesto que puso: echando fuego por los ojos, apretando los dientes y con la cara roja de ira. Retrocedí unos segundos en el tiempo y seguí mi camino hacia la salida con Chloe como si nada. Joder, qué a gusto me he quedado.

—¡Más te vale contármelo todo por el camino, Max Caulfield! —oí la voz de Chloe siguiéndome por detrás— Estamos juntas en esto, ¡no creas que podrás escapar tan fácilmente de mí!

Chloe tenía un tono más jocoso que otra cosa. Sé perfectamente que en realidad ella estaba tan emocionada como yo, tanto del reencuentro como de la intriga de qué ocurrirá a partir de ahora. Con mis poderes, la camioneta de Chloe y sus conocimientos de Arcadia Bay, somos un equipo invencible.