M'hijo 2. No hay salvación para nadie

Disclamer: Saint Seiya pertenece a Kurumada. La familia Popo y los alumnos son míos.

Muchas gracias a todos los invitados por sus reviews. Y como lo pidieron, la continuación.


M'hijo 2. No hay salvación para nadie

Seguro Kanon estaba exagerando y Saga era conocido por su locura. La pareja que los visitaba no podía ser tan mala. Parecían personas amables y, en el caso de la Señora Popoulos, muy maternal. ¿Qué podía salir mal?

Géminis

―M'hija ―llamó Elena a su hija.

Phoebe movió sus ojos de la revista que estaba leyendo, a su madre.

― ¿Has visto a Kani?

―Tenía que hablar algo con el patriarca. Arriba de todo.

―Gracias.

Phobe vio con el ceño fruncido a su madre mientras la mujer se iba.

― ¿Por qué siento que algo malo va a pasar? ―preguntó a la habitación vacía. Se encogió de hombros y volvió a su lectura.

No era como si ella pudiera hacer algo al respecto de todos modos.


Cáncer

― ¡Pero mira este chiquero!

El grito femenino despertó a Máscara de su siesta, haciendo que se callera del sillón.

―Afrodita ya te dije que…

El caballero no terminó la frase al ver que el grito no había venido de su compañero (que siempre se quejaba del orden de su templo), sino de una mujer bajita de cabello negro surcado de gris que ya estaba recogiendo cosas del piso.

― ¡Pero M'hijo como puedes vivir entre la mugre!

―No es mugre, está ordenado ―se quejó el italiano mirando a la mujer con los ojos entrecerrados.

― ¿Ordenado? No, no. Esto no es ordenado. Es una pocilga.

― ¡Deje eso! ―. El caballero arrancó una camisa sucia de las manos de la mujer y volvió a arrojarla al piso.

La mujer lo miró de tal manera que Máscara sintió escalofríos recorrerlo de pies a cabeza.

―Te vas. Te me sales de aquí hasta que deje este lugar reluciente ―dijo la mujer empujando al caballero escaleras abajo.

El italiano no tuvo otra opción que dejarse echar de su propio templo por la mujer loca.

― Tonta regla de no dañar civiles inocentes ―masculló.


Leo

―Marín, ¿has visto las galletas de chocolate? No las encuentro ―llegó el grito desde la cocina.

―Están en la alacena, Aioria.

―No, no están.

― ¿Buscaste bien?

―Sí.

―Si llego a ir y están ahí dormirás en la cama de León.

―No están.

Akir vio a la amazona hacer un gesto de exasperación con las manos y dirigirse hacia la cocina, donde el caballero de leo ya había pasado dos minutos buscando las galletas.

Segundos después estaban de regresó en la cocina. La pelirroja traía una bolsa de galletas en la mano.

―No las vi, lo juro.

Akir ocultó su sonrisa detrás de su taza de té. Le divertía mucho estar con su tío Aioria, sobre todo si la japonesa estaba de visita. Por alguna razón, el caballero se volvía medio lelo cuando ella estaba cerca. Akir concluyó que era lo que todos llaman amor.

― ¡Pero que lindo niño!

Tres pares de ojos se dirigieron a la mujer en la entrada del templo. Sonreía de oreja a oreja y tenía los ojos fijos en Akir.

― ¿Aioria? ―murmuró la amazona.

―Es la mujer que cree que Saga es Kanon o algo así.

―Se parece mucho a su papá ―dijo Elena moviendo sus ojos del niño al caballero y de regreso.

―No es mi hijo.

―La sangre no hace a los hijos, M'hijo.

―Pero es que solo lo estamos cuidando mientras Shaka medita.

―Eres muy responsable, cuidando al hijo de alguien más. Un padre excelente. M'hija tienes mucha suerte.

― ¿Verdad que sí? ―respondió la amazona. Se abrazó al brazo del caballero y le guiñó un ojo. ―Es un padre increíble.

―Ya lo creo. Bueno, los dejaré con su momento familiar, tengo que encontrar a Kani.

Una vez que la mujer salió del templo la amazona estalló en carcajadas.

― ¿Tenias que seguirle el juego?

―Era demasiado tentador.


Virgo

Shaka sintió una perturbación en su templo. Era como si miles determitas del inframundo hubieran decidido ocupar su hogar.

La energía que contaminaba su aura tranquila era demasiado molesta, imposible de ignorar y Shaka abrió los ojos para encontrarse con una mirada severa a medio centímetro de él.

―Tú eres el abandonador ―dijo la mujer con tono acusador.

Shaka parpadeó, no entendiendo nada.

― ¿Cómo puedes tener un hijo tan dulce y abandonarlo con alguien más? Viviendo tan cerca, además.

―Señora.

― ¡No me cambies el tema! Te levantas y vas a buscar a tu hijo o por la Señora Hestia que te voy a dar semejante reprimenda que no querrás volver a separarte de ese niño. ¡Anda! ¡Camina!

De alguna forma la mujer se las había arreglado para levantar al caballero y empujarlo escaleras abajo, como antes había hecho con el italiano.

― ¡No vuelvas hasta que tengas a tu hijo en brazos con una sonrisa en su rostro!

A Shaka no le quedó más opción que bajar hasta leo y pedirle a Aioria que le explicara qué acababa de pasar.


Libra

Dohko de libra estaba teniendo un buen día. Se había despertado antes que su despertador. Se sentía fresco como una lechuga y mejor de lo que se había sentido en siglos. Además, ese día recibía la visita de Shunrei y estaba más que emocionado.

No se esperaba encontrarse a una mujer en su cocina. Menos una que estuviera cocinando.

―Todos aquí están muy flaquitos ―dijo la mujer al chino.

Dohko la miró con sospecha, hasta que recordó a la loca que quería casar a Saga pensando que era Kanon. ¿Cómo había logrado pasar por cáncer, leo y virgo?

Tendré que tener una pequeña conversación con esos niños.

―Disculpe, Señora. Había una camisa aquí…

―Tenía olor feo así que la puse a lavar.

Dohko sonrió, hacia mucho que alguien no se ocupaba de él.

―Gracias.

―Ahora me voy, tengo que encontrar a Kani.

Después de que la mujer se fuera, Dohko fue hasta la mesa del comedor y tomó la taza. Desayuno lista, ropa limpia. Era el paraíso.

Excepto que por alguna razón el té no era té, era café y del griego. Escupió el ofensivo líquido y corrió hasta la parte trasera del templo donde colgaba la ropa para secar.

Su camisa era dos tallas más chica. Lo que antes había sido un solo color solido era ahora una reunión de manchas decoloradas sobre la tela.

Su mañana estaba arruinada.


Escorpio

―Ahora, si pones ese encima, tendremos un fuerte ―decía Milo mientras ayudaba a su alumno a colocar la última pieza para terminar su fuerte.

Camus lo miraba con reprobación desde el sillón, donde sostenía a su alumna sobre sus rodillas mientras la niña intentaba leer un libro en francés.

―Señor, Camus. ¿Por qué parece que se tragó un limón?

El acuariano entrecerró los ojos, clavándolos en el pequeño Kyros, que lo ignoró por completo. Camus tuvo un recuerdo, de cuando era niño. Milo le había hecho la misma pregunta y también había ignorado su disgusto.

De tal maestro, tal alumno. Aunque solo es aplicable a escorpio. No sé por qué los míos salieron tan mal.

―Porque tu maestro me molesta ―contestó al niño.

La risa de Milo resonó en el lugar.

―También te quiero Cami.

―No me llames así.

― ¡Que momento tan hermoso!

Los cuatro miraron hacia la mujer en la entrada. Tenía una escoba en una mano, un bidón de lejía en el otro y llevaba puesto un delantal.

― ¿Cuándo contrate limpieza? ―preguntó Milo en voz baja.

― ¿Son sus hijos? Que padre tan responsables.

―No son nuestros-

―Cuantos padres jóvenes y responsables hay en este lugar.

―Señora, nosotros no…

―Y todos muy guapos. Tengo que llamar a Gía para que sepa que le puedo conseguir esposo a su nieta. Pero no ese rubio. Abandonar a su mujer y su hijito de esa manera. Que malvado.

Los caballeros fruncieron el ceño y sus alumnos compartieron miradas.

―Señora, ya le dijimos que no-

―Tengo que hablar con el patriarca antes de encontrar a Kani, esto no puede ser así. Un hombre tan irresponsable. Un abandonador.

La mujer siguió caminando, metida en su propio mundo de quejas y maldiciones contra alguien. Estaba tan ocupada que no vio al caballero de Sagitario pasar a su lado.

―Milo, ¿Tienes azúcar?

El caballero de sagitario apareció con una taza en una mano y una sonrisa de disculpa en el rostro.

―Es que a Shura se le acabó y Lía quiere panqueques de desayuno.

―Claro, en la cocina.

―Maestro el fuerte ―dijo Kyros jalando de la camisa del griego. ― ¿Vienes, Kia?

La niña frunció el ceño (de una manera muy similar a su maestro) ante el apodo. Miró a su futuro compañero de armas y luego al fuerte. Se encogió por dentro ante la imagen frente a ella.

―Los libros no son para hacer fuertes. Y no me llames así.

―Camus, ¡finalmente tienes la alumna que querías! Aburrida igual que tú.

―Cállate, Milo.


Capricornio

―Mezclas el huevo con la leche primero y después agregas la harina de a poco, mezclando bien para que no queden grumos. Inténtalo.

El caballero de capricornio le entregó la cuchara a su alumna y vigilo de cerca como mezclaba.

― ¿Así está bien, papá?

―Un poco más y luego agregaremos más harina.

―Tengo el azúcar. Tuve que ir al templo de Milo porque yo tampoco tenía más.

Ninguno de los tres notó a la mujer que los miraba desde detrás de un pilar.

―Tendrías que tener, mamá.

Aioros sonrió a la niña, ignorando el que lo llamara mamá y le dio el azúcar.

Elena frunció el ceño y se acercó a la familia.

― ¿Mamá? Pero si es un hombre.

Lía se dio vuelta y clavó sus ojos en la mujer.

―Eso no importa. Él es mi papá ―empezó, señalando a Shura ―y él es mi mamá. Es lo que la inútil quiso.

Dudo que sea obra de Athena, pensaron los caballeros.

―Pero están separados. Yo vivo con papá, pero mamá vive cerca. Así que puedo visitarla mucho.

Los ojos de Elena se habían llenado de lágrimas. Era una historia tan triste.

―Eres una niña tan fuerte ―dijo abrazando a Lía.

La niña miró a su maestro como diciendo "¿Y ahora qué hago?", pero comprendió, al ver sus caras, que ellos tampoco tenían idea.

―No te preocupes, yo te ayudaré a que tus papás estén juntos de nuevo y no tengas que vivir con uno solo.

La mujer se levantó, dispuesta a hablar con el patriarca sobre varias cosas que había visto mal en ese lugar. Decidida salió del templo, dejando atrás a tres protectores de Athena que seguían sin entender qué había pasado.

―Con razón el señor Kanon huyo. Esa mujer está loca ―dijo la niña volviendo a la preparación de los panqueques.


Piscis

Afrodita estaba ocupado en su jardín cuando vio a la mujer acercándose. Levantó una mano y la saludó.

Se amable con la gente o te enviaran a Asgard, se dijo.

―Señora ―saludó.

―Pero que jovencita tan linda.

Afrodita frunció el ceño y volvió a repetir su mantra.

Se amable con la gente o te enviaran a Asgard.

―Señora, no soy-

―Seguro eres la madre de alguno de los niños. No está bien que vivas separada de tu marido y dejes a tu hijo con él. Eso no es lo que hace una madre.

Se amable con la gente o te enviaran a Asgard.

―Señora, yo no soy la madre de nadie.

― ¿Eres como el rubio? No me sorprendería que ustedes fueran los padres de esa criatura que la linda pareja adopto. Lucen como esos padres que se preocupan más por sí mismos.

Se amable con la gente o te enviaran a Asgard.

―Ya le dije, no soy la madre de nadie. Ni siquiera soy-

―Vergüenza debería darte.

―Pero…

La mujer no lo dejó terminar, siguió subiendo para encontrarse con el patriarca.

Se amable con la gente o te enviaran a Asgard. Se amable con la gente o te enviaran a Asgard.

Todas las rosas alrededor del caballero se marchitaron. El nervio de esa mujer.


Salón del Patriarca

Elena llegó hasta el último templo y abrió las puertas. Tenía que hablar muy seriamente con el Patriarca. Le sorprendía que permitiera algunas personas tan irresponsables en ese lugar.

Y podría preguntar si tenía un teléfono desde el cual llamar a sus amigas. Había muchos padres solteros en el lugar. Niños que necesitaban madres.

Ya buscaría a Kanon después y se aseguraría de conseguir sus propios nietos.

Parpadeó dos veces ante la imagen frente a ella. Su esposo estaba hablando con el Patriarca, y no lucía como una conversación amistosa.


Gracias por leer…

Adelanto

Tiene que hacer algo.

No puede obligarme.

Es un muy mal ejemplo. Con razón esos andan con los pelos como niñas.