Aclaración: No me pertenece Glee o ninguno de los personajes. No estoy afiliado con nadie no genero ganancia de esta historia. No me pertenece absolutamente nada y solo estoy complaciendo mi propia locura. No conozco o me pertenecen los actores que interpretan a los personajes. Todo pertenece a Ryan Murpyn, Glee, Fox y cualquiera más que tenga patente sobre Glee y sus personajes. Espero haber cubierto todo lo que no me pertenece.
«¿Existía una forma para nombrarlo? ―Blaine se cuestionaba― ¿Había necesidad de hacerlo? Porque solo era diversión, gozar la vida en todas las versiones posibles», él jamás había tenido complejos, es más había llegado a pensar que si fuese homosexual -lo cual no era su caso-, no representaría ningún problema; pero, ¿Qué no se suponía que a ellos se les notaba?, por su parte siempre le habían gustado los deportes, jugaba a las luchas con Cooper, amaba los autos, sin embargo lo que definitivamente lo hacía una persona no-gay era que nunca se había fijado en un chico. Lo que le estaba sucediendo, si bien no era por un cúmulo excesivo de deseos sexuales, era más que atribuible a su imperiosa curiosidad y ganas de experimentar, después de todo era un adolescente. Además de que follar con Kurt, sólo sería eso, sexo; si llegara a haber repeticiones dependería del desempeño del castaño, pero definitivamente no se iba a transformar en una segunda reina-del-drama-Hummel.
Habían pasado un par de días desde que descubrió lo que le impedía estar al cien con Santana durante el sexo, para el cual tuvo que recurrir a la imaginación; había llegado al momento temido por todos en cualquier relación, la monotonía estaba matando su libido y la única forma de remediar esa situación era añadiendo a su vida algo de novedad. Si bien no tenía ni idea de cómo sugerirle a la reinona del coro su plan de ayuda mutua -porque había que aclarar que él no sería el único beneficiado, por su parte obtendría la novedad y el otro involucrado conocería los placeres que solo Anderson podía brindar-, estaba consciente de que necesitaba que pasara pronto, ya que la noche anterior estuvo a nada de gritar «Kurt» en medio de su orgasmo, lo bueno es que pudo morderse el labio y contener el impulso. Pero su cuerpo parecía empujarlo en todo momento hacia su recién descubierta obsesión, ya que ahora se encontraba con ese trasero a donde quiera que mirase.
Un fuerte ruido cerca de su oído izquierdo lo trajo a la realidad, Mike le había aplaudido para captar su atención.
―¿No vas a venir a clase?
Algo atontado por el abrupto susto y desconcierto levantó sus cosas y se dirigió al salón de francés, pero eso no era completamente malo, ya que había descubierto que compartía esa clase con su próximo «compañero de juegos».
―Bonjour ― saludó la profesora cuando ya todos habían tomado asiento―. Aujourd'hui, vous allez ―detuvo su explicación, siempre había soñado con que pudiera dar una clase completa en francés, pero sus alumnos terminaban tarde o temprano haciéndola explicar todo nuevamente en español. De no ser porque tenía a Kurt Hummel como alumno, se sentiría culpable por esa situación―. Lo que yo estaba diciendo ―retomó su discurso, con un marcado acento y con algunas muletillas que denotaban un dominio no total del idioma―, es hoy que ustedes van a formar parejas de dos para un ensayo sobre la arquitectura de algún edificio francés, preferir uno anterior al siglo XVIII ―acostumbrada a los quejidos y reclamos sobre el exceso de tareas que tenían, hizo oídos sordos mientras verificaba que tuviera la cantidad exacta de alumnos en ese momento, viendo que solo faltaron dos, se dispuso a hacer una dinámica―. Maintenant… ―se mordió la lengua, sus deseos de dar una clase en esa lengua eran descomunales, pero ¿algún día podría hacerlo realidad?, eso no lo sabía, lo único seguro es que no sería ese día―. Disculpen, ahora estas dos filas y la última pónganse de pie ―observó algunas expresiones de hastío―, ¡vamos! ―animó con un par de aplausos.
Perezosamente los cuerpos que parecían apenas vivos, fueron incorporándose, la profesora Hardy avanzó unos pasos para poder quedar entre los alumnos que se pusieron de pie y los que permanecieron sentados. Dando la espalda y la oportunidad a que Blaine y Santana se morrearan, mientras ella explicaba algo, pero aun así, el pelinegro siempre encontraba la manera de mantener un ojo en Kurt.
―Que bien que nos separó de los nerds, así podremos trabajar juntos ―lo que Santana había susurrado no le pasó inadvertido, él solo pudo asentir con la cabeza y mostrar una sonrisa fingida.
«Si eso es cierto, tendré que buscar la forma de acercarme a él con otro pretexto que no sean deberes escolares ―se dijo para sus adentros―. Porque dudo poner contenerme más, uno de estos días podría incluso atacarlo en medio del pasillo ―sonrió con sorna, pero tuvo que disimularlo con un pequeño carraspeado―. Quien fuera a ser pareja de… ¿Cómo podía llamarlo? ―profundizó aún más en sus pensamientos, en busca de una palabra que le recordara a él y lo logró―. ¡Mon petit ami!, eso significaba amiguito y es lo que quiero que sea…», dejó sus deducciones y volvió a la realidad por un codazo de su novia.
―¿Qué dijo? ―le preguntó, filtrando el enojo que le provocó el golpe.
―Aparentemente, no vamos a poder hacerlo juntos, sino que debemos elegir a uno de los que están sentados… ―ella siguió hablando, pero él dejó de escucharla, el universo estaba para complacerlo y le había dado justamente lo que necesitaba.
De pronto la ansiedad le invadió, todos sabían que Hummel era el mejor en cuanto a esa materia se refería, así que seguramente irían a por él… o quizás, nadie quisiera juntarse con él; Blaine rogó que nadie se le adelantara, no podía arriesgarse a que eso pasara, así que cuando la mujer estaba por llamar al siguiente en turno, él se adelantó.
―Te elijo a ti ―con la mirada clavada en al cabello castaño que ni siquiera lo estaba mirando, parecía concentrado en algo que llevaba en las manos, ¡estaba checando su celular!― ¡Quiero a Hummel! ―anunció de modo que el aludido tuvo que levantar la vista algo confundido.
―Kurt… ―la señorita Hardy dudó, no sabía si hablarle en francés, estaba desconcertada por las intenciones que pudieron llevar al joven Anderson a escoger a su alumno estrella―, no poder usar el teléfono en clase, dármelo y venir con tu compañero ―en el fondo de su ser sintió que lo estaba dando en bandeja de plata para que fuera devorado.
Como si no fuese suficiente con la incomodidad que sentía por la situación misma, los demás chicos en el aula estaban siguiéndolo con la mirada en su trémulo trayecto; mientras sus ojos permanecían con la mirada en sus pies, en esperanza de que su amada profesora notase su miedo y lo salvase –no estaba seguro de a qué temía, pero podía sentir que estaba en peligro-; si bien era cierto que Blaine nunca le había hecho nada malo, tampoco lo ayudaba. Cuando estuvo lo bastante cerca le extendió el celular a la mujer que ese día se había recogido el cabello castaño oscuro en una cola de caballo que coronaba su atuendo que consistía básicamente en una blusa blanca con manga de tres cuartos, en el cuello una mascada anaranjada traslucida a manera de corbatín, falda tableada con colores otoñales que le llegaba por debajo de la rodillas y con una zapatillas de tacón bajo color melocotón; ella tomó el dispositivo electrónico y cuando vio ese par de ojos azules que exteriorizaban incertidumbre, quiso hacer algo, pero, ¡maldita sea, tenía que tener un código ético tan estricto!
Tras un par de segundos sin reacción alguna, el castaño tuvo que resignarse a su suerte, dio los pasos necesarios para acortar la distancia con el pelinegro, sin embargo aunque estaban lado a lado, no se atrevió a mirarlo. La asignación de pareja concluyó -a su punto de vista-, aterradoramente rápido.
Mientras tanto Blaine se deleitaba de estar recargado en el escritorio y poder apreciar de cerca ese culo que daba unos ligeros movimientos debido a que su dueño cambiada constantemente el peso de un pie a otro, en muestra de su nerviosismo. Tuvo que morder fuertemente su labio inferior para frenar el deseo creciente de darles un buen golpe y quizás luego tomarlas con las manos y masajearlas, apretarlas… se obligó a controlar la dirección de sus fantasías o de lo contrario su entrepierna sería un notorio problema. No teniendo otra forma de desfogarse por el momento, tomó a Santana por la cintura y le planto un buen morreo.
―¡Monsieur Anderson! ―exclamó una sorprendida mujer, definitivamente las cosas no eran como cuando ella iba al instituto, en esa época había respeto― ¡Mademoiselle López! Vuelvas todos sus lugares ―sentía sus mejillas arder como si ella fuera la que había realizado el acto tan inapropiado, pero tuvo que rectificar la orden errada que había dado― Quiero decir ponerse con sus parejas.
Por parte de los chico, no les importo nada que los reprendieran y mucho menos a Blaine, que obviamente prefería ser reprendido por besarse con una chica, que ser humillado por ponerse firme a casusa de un chico, porque él definitivamente no era gay. Así que caminó hacia el asiento donde había dejado sus cosas para poder tomarlas, ya que el lugar del castaño estaba más oculto y podía comenzar con su plan de una vez.
―Con todo esto entre nosotros dudo que podamos comunicarnos ―se burló al ver que algunas cosas de Kurt pretendían formar una especie de barrera entre ellos―, o que me impidan tocarte ―susurró para que solo él lo escuchara y de paso rozó con el dorso de su mano la superficie del pantalón que parecía extralimitarse al ser tan entallado por esos muslos.
«¡Puta madre!», ese ligero roce lo puso cachondo en un segundo. Tuvo que hacer rechinar sus dientes para evitar que ese gemido lujurioso saliera y presionar sus manos contra sus muslos mientras realizaba movimientos continuos de arriba abajo, lo peor de todo es que ahora no tenía a su novia cerca para poder liberar un poco la presión -literal- en sus pantalones, ya que la latina se había quedado en frente, haciendo equipo con su amiga porrista, Brittany.
¿Cómo podía evitarlo? No era ni siquiera algo que hiciese por gusto, era simplemente que su cuerpo adolecente reaccionaba sin su consentimiento. Las mejillas sonrosadas de Kurt denotaba lo agradable que fue sentir el roce en su pierna, aunque claro el hecho de que el otro chico inmediatamente frotase sus manos para deshacerse de cualquier tipo de cosa que él le pudiese haber pegado, no era en absoluto halagador y menos si provenía de alguien en quien jamás pondría sus ojos; lo admitía, Anderson era guapo, pero heterosexual y él no tenía necesidad de otro jueguecillo en el cual sólo saldría herido. Y aunque en verdad trató de no hacerle caso al tipo a su lado y mejor prestar atención a las instrucciones sobre el trabajo, los constantes movimientos y gruñidos que realizaba el pelinegro eran imposibles de ignorar, «¡Increíble! Solo por una calificación es capaz de ponerse en una situación tan incómoda ―Kurt se decía a sí mismo―. Y para colmo ni siquiera es capaz de disimular lo desagradable que le es estar a mi lado, pero al menos con esa actitud no corro el riesgo de confundir sus intenciones. Aparte que él ni siquiera es uno de los chicos que remotamente me parecen atractivos, quizá deba decírselo para que se relaje».
Fallando en su intento por mantenerse imperturbable, cruzó las piernas y notó algo que le incomodaba en el bolsillo izquierdo de su pantalón, tuvo que distender las piernas nuevamente y hurgó. Para encontrarse con un papel, seguramente sería alguna nota de compra o algo así, pero por instinto lo extendió para corroborar. La confusión que invadió su rostro al notar un número telefónico, «¿De quién…? ―golpeó su frente con el papel al recordarlo», Mercedes se lo había dado esa misma mañana, alegando desconocerlo y afirmando que no era suyo ni estaba en su libreta antes, refiriéndose a la misma que él recogió en su última visita al café. Contempló extrañado los dígitos, definitivamente ese papel no le decía nada, pero por si acaso lo devolvió a su bolsillo procurando doblarlo bien en lugar de hacerlo bola, tal vez luego recordaría de quién era.
Dado que tenían que hacer el proyecto sobre la arquitectura francesa, tan sólo estuvieron en el aula por las instrucciones para el trabajo y luego podían ir a ponerse de acuerdo fuera. Él quería dirigirse inmediatamente a su taquilla y encontrar a sus amigas, ya que todo esto de las parejas le estaba causando muchos nervios, pero la profesora le pidió que se quedara.
―Kurt alcanzarte ―pronunció la profesora al percatarse que Blaine se había recargado en el marco de la puerta, y él no tuvo más remedio que salir y emparejar la puerta con gesto exagerado― Kurt n'a pas fait tout le travail… ―la señorita Hardy comenzó a decirle que él no debía hacer todo el trabajo solo, que si su compañero no quería trabajar, ella entendería la situación y quizás podría ayudarlo, dejándoles trabajos por separado si era necesario. A él de verdad le gustaba hablar con su profesora y sabía que eso era algo mutuo, ya que aparentemente era el único alumno con que podía tener una plática fluida en su natal idioma, sin tener que alentar su ritmo o si quiera reducir su vocabulario.
Salió del salón con menos presiones que antes, ahora veía que no estaba solo y tenía la opción de pedir ayuda. Sobre todo saberse con algo de control en esa situación, ya que de otro modo hubiese soportado lo que fuera con tal de no dejar caer sus notas, pero ahora tenía el privilegio de defenderse; quizás la mayoría aprovecharía esta situación para tomar algún tipo de venganza contra todos los «populares», pero a él le bastaba con que lo dejaran en paz y poder terminar su último año sin tener que cuidarse las espaldas. Como iba distraído hacia su casillero, aun inmerso en el apoyo que le ofreció su profesora, no se percató que Blaine lo estaba siguiendo de cerca.
―¿Entonces nos vemos en mi casa esta tarde? ―preguntó, ya que el castaño parecía no responder a nada de lo que le había venido diciendo desde que salió del salón de francés. Pero no hubo respuesta, la cara del castaño palideció más -si eso era posible-, mientras se cubría como esperando recibir un golpe―. ¿Estas bien? No voy a hacerte daño… ―su mano se aproximó a tocar su brazo.
―¡Miren! ―una voz inconfundible pronunció señalándolos―. Anderson no puede con una mujer completa y ahora mejor va tras el afeminado ―se burló junto con su pandilla.
El ojimiel sonrió exageradamente y clavó los ojos en los jugadores del equipo.
―¡Que gracioso! Yo al menos tengo novia, ¿y tú? ―«No soy gay, solo muy sexual. Los chicos solo nos queremos divertir»―, te advierto, las de plástico no cuentan ―logró que los estudiantes ahí presentes hicieran de Dave su payaso por el resto del día.
Blaine subía con una jarra de agua y dos vasos. Por fin tenia al chico donde quería, y a juzgar por su humor podía asegurar que se estaría muriendo porque lo se jodieran, y obviamente él estaba dispuesto a hacerle el favor; sonrió ante el nuevo regalo del universo que le había hecho al haber olvidado recoger su cuarto y estando todo tirado, uno de sus slips, el cajón de los condones abierto y con algunas ropas que Santana había olvidado. «Para este momento Hummel debe estar estallando en deseo, así no solo obtendré a mon petit ami, sino que también sacaré un excelente en francés ―el ojimiel iba más que puesto». Pero para su desdicha al entrar en lugar de encontrar lo que esperaba, sólo vio a su compañero sentado frente a la computadora apagada, con la cara metida en su libreta y dándole la espalda a todo el arte sexual de la habitación.
―¿Ya trabajando? ―moderó su decepción―, oye si lo vas a hacer todo tu, tendré que buscar una forma de pagarte ―le mostró los hoyuelos que aparecían con su sonrisa, su arma letal.
―No voy a hacerlo yo solo ―respondió sin voltear a verlo, «¡Claro que no, yo tengo que participar! ―añadió mentalmente Blaine»―, y si ese fuera el caso nunca pediría dinero por ello, de todos modos es mi calificación también ―la ansiedad estaba bullendo en el pobre de Anderson.
El pelinegro se estaba cansando de sus nulos resultados. Como cuando insinuó que podía agarrar lo que quisiera y el castaño fue a tomar la computadora; luego le sugirió pasar al cama que era más cómoda y la respuesta fue «No porque me quedaría dormido»; cuando se tiró el agua en el pantalón y tenía que cambiarse en el baño, olvidó apropósito meter el cambio de ropa para poder salir en ropa interior, pero el chico había salido de la habitación y bajado a la sala para no incomodar, ¡lo que tuvo que inventar para que volviera a arriba! El tiempo se acababa cuando el castaño anuncio que solo necesitaba saber su correo para poder enviarle la información, lo estaba dejando sin otra opción que ser más asertivo.
―Préstamelo, yo lo pongo ―pidió, claro que no la quería para lo que dijo, su plan era arrojar a una situación de la que Kurt no pudiera escapar y que las malinterpretación estuviera completamente fuera del esquema. Así que en el buscador puso «Atletas regaderas», pulsó en buscar y de pronto exclamó―. ¡Oh, mira! Creo que tiene un virus ―sonrió inocentemente y le pasó la portátil a Kurt.
Con la luz del cuarto encendida pudo ver como el escarlata invadió las mejillas de porcelana, los ojos se ensancharon y… el chico cerró de golpe el aparato y lo arrojó como si este le hubiese quemado. Para sus adentros Blaine estaba vitoreando su gran logro, «Hummel esta vez, no tienes escapatoria».
―¿Qué te pasa, no te vamos los atletas? ―el lascivo gesto que lo acompaño fue imperceptible por Kurt ya que seguía con la cabeza agachada―. Vamos, toca, será divertido ―Blaine tomó la mano del castaño y la llevó hasta su entrepierna que en ese momento estaba ya medio-dura y fue aún más atrevido debido a que los pantaloncillos que llevaba eran de un tela muy fina.
Pero la adrenalina no duró mucho, ya que de inmediato el castaño apartó la mano y comenzó a juntar todas sus cosas, el pelinegro intentó detenerlo pero fue inútil. Los ojos azules mostraban la consternación e incredulidad que le causaba la situación.
―Vamos, no es la gran cosa, solo es diversión ―la sonrisa animosa con la que acompañó sus palabras, que reflejaban sin duda su verdadero sentir.
―¿Dónde están las cámaras? ―Kurt levantó la cara, enfrentándolo―. Dile a tus amigos que salgan, no hay nada más para ver ―el enrojecido rostro del castaño contendía con el sentimiento que contenía en sus ojos, gesto que no fue bien interpretado por el otro.
―A mí no me va eso de grabarme y es nuestro primer encuentro, apenas voy a experimentarlo, no quiero orgías… excepto que sea así como lo hagan ―guardó silencio una vez más, ignorando olímpicamente la reacción del otro mientras analizaba la situación―. Pero hoy sólo te estoy ofreciendo sexo, tómalo o déjal… ―no logró terminar la última silaba de esa palabra porque un manotazo atravesó su rostro.
Kurt, cerró fuerte los puños y comenzó el camino para salir de esa casa. La torrente de emociones que bloqueaban su garganta no le permitían gritar lo que pensaba del ojimiel. Mientras Blaine en su habitación se sobaba la mejilla a la par que se emprendía a su alcance, «¡Todavía que le ofrezco el mejor sexo de su vida! ¡Maldito mojigato! ¿Cree que es el único con quien puedo hacerlo? ¡Eso me pasa por tratar asuntos de adultos con niñatos! ―bajaba lo más rápido posible, guardándose todo el discurso para cuando lo tuviese frente a frente». Lo alcanzó al pie de las escaleras.
―Sólo te estaba proponiendo un poco de diversión ―lo había tomado firmemente del brazo y hablaba entre dientes por la furia que llevaba―, no la quieres lárgate ―llevó al chico a la puerta y lo lanzó hacia afuera, cerró la puerta y se aproximó al castaño―. Sobre el trabajo, mándame mi parte ―lo tomó agresivamente del rostro―, y de esto ni una palabra, o juro que te arrepentirás― volvió a dentro de su casa azotando la puerta.
Respiraba ruidosamente, con lo ojos cerrados mientras que sus puños se cerraban fuertemente.
―¿Blaine…? ―la voz de su madre le hizo tener que reprimir su enojo― ¿Qué pasa? ¿Quién era? ―hizo el movimiento de acercarse a la puerta, pero Blaine se interpuso en su camino y la llevó a la cocina.
Ayudándola a guardar los vivires que había traído, colocó las conservas en los respectivos lugares de la alacena, metió los alimentos perecederos al frigorífico; mientras se mantenía repitiendo en su mente todo lo que le hubiese querido decir a Kurt, pero sobre todo seguía tratando de recobrar la calma.
―¿Era Santana la persona con quien discutías? ―de la nada su madre lo cuestionó.
―No, no era nadie― respondió a regañadientes.
―Bueno, no importa quien sea, sólo espero que logren resolver sus diferencias ―lo tomó del hombro en señal de apoyo―, ¿me ayudas a preparar la cena?
El chico asintió, extendió en su rostro una sonrisa falsa, porque nunca sería capaz de hablar de la curiosidad que poseía, de cómo le gustaba divertirse y disfrutar. Después de todo lo único que buscaba era solo sexo, una vez que satisficiera su fantasía, podría volver a ser el mismo de siempre.
Sé que el dialogo de la profesora está mal, así es como lo quise escribir.
Mon petit ami, esa expresión hace referencia a: enamorado. Blaine al no conocer mucho de francés malinterpreta su significado.
Gracias por leer. Gracias por comentar. Gracias por sus favorite/follow.
El próximo estará para el 25/09. Cabe la posibilidad de que sea antes, ya que prácticamente esta semana he tenido que controlarme mucho para no publicar antes.
