Sirius
¿No recuerdas?
La noche había empezado con él prácticamente arrastrando a Draco a la ciudad, para festejar ser prefecto, y ahora lo veía bailar en la pista de baile junto a una muchacha muggle de cabello estrafalario. Hubo reparos reparos, por supuesto, pero bastó asegurarle que sus padres nunca se enterarían para que al menos se dejara conducir. Encontrar ese club de entrada gratuita fue pura suerte
Descubrir el olor del alcohol en cada bebida que repartían fue el segundo de la noche. Al principio ninguno de los dos entendió lo que era hasta que a Draco le dio por una risa idiota al segundo vaso. Desde entonces, mientras nadie hiciera nada remotamente gracioso, su hermano era un muchacho feliz. Sirius, por su parte, no notaba ninguna diferencia.
La música retumbaba en sus cabezas. Las luces apuntando a todas le daban un aire casi surrealista al lugar.
—¡Ven, viejo! —le dijo la muchacha (Sandra, se dijo después), arrastrándolo.
Draco le sonrió de medio lado mientras Sandra ponía a Sirius frente a sí. Ella le hizo mover los brazos alrededor de su propio cuerpo hasta que éste entendió que deseaba que cogiera el ritmo. Sirius la complació, dejando caer su mano en la cadera descubierta. Draco los miró a ambos, emitió una risa e hizo otro tanto siguiendo a la chica.
—¡Siempre he querido estar entre dos chicos! —dijo Sandra, riéndose.
Su aliento le recordó a las bebidas que tomaban. Sirius, por sobre su coronilla, miró a su hermano encogerse de hombros. Parecía no saber muy bien qué sucedía pero que todo lo encontraba divertido. Sandra giró y echó los brazos al cuello del rubio. Sirius notó que restregaba su parte posterior contra el frente de sus pantalones. Le siguió el juego. Ya había visto a otras chicas. Se suponía que pretendían follar, ¿no? Sólo de pensar en la cara que pondrían sus padres si los vieran... Casi hacía que la risa se le subiera también.
Draco asintió contra la sien de Sandra. Ella se volteó y le habló de nuevo.
—Reté a Dylan a hacer una cosita. ¿No te molesta?
—¿Quién? —preguntó y recordó que ese era el nombre con que lo había presentado. Ahí eran primos. No sabía de quién fue la idea—. Vale. No hay problema.
Sandra sonrió ampliamente y se hizo a un lado. Sirius no vio a Draco adelantarse hasta que sintió su mano en la nuca y cómo lo atraía a su rostro. El beso fue sorpresivo, con el sabor inmediato de las bebidas en la lengua. A su lado Sandra sacó ese aparato (¿celular, no?) y una lucecita blanca parpadear arriba.
—¡Otro, otro! —pidió ella.
Sirius pensó que esa lucecita se parecía muchísimo a la cámara de aquel cabeza de chorlito que vivía siguiendo a Potter. A lo mejor estaba tomando nuevas fotos con esa cosa. ¿Por qué más estaría tan contenta, sin perder de vista a la pantalla del aparato? Bueno, si ella quería algo de recuerdo, lo menos que podía hacer era darle un buen espectáculo. Agarró a Draco de la nuca también y abrió la boca. Le impulsaba el paroxismo de alegría al que estaba llegando la muchacha. La respiración sobre su labio era cálida. Después, sencillamente acabó. Draco se volvió a Sandra con expresión petulante.
—¿Contenta? Te toca.
Sirius iba a exagerar un puchero decepcionado cuando fue besado por la chica. Ella sostuvo el celular en alto, encegueciéndolo con el parpadeo de luz. No duró tanto como el otro. La muchacha debía tener más experiencia y se movía mejor, pero Sirius comenzaba a sentirse mareado.
Ella se fue con un grupo de amigos a otro club. Intentaron incluirlos, pero Sirius negó por ambos. Draco ya había vomitado una vez en el callejón y él mismo no creía estar demasiado lejos de imitarlo. Tenía que ayudarlo a mantenerse en pie. Apenas los perdieron, ambos se dirigieron a una esquina solitaria. Llamaron a Kreacher para que los llevara de vuelta.
Y eso fue todo por esa noche.
Despertaron a la mañana. Sirius nunca había tenido a tantos trolls dando golpes en su cabeza.
—Te culpo por esto —masculló Draco, saliendo de la cama para ir al baño.
Escuchó el ruido del agua correr, sin querer moverse. Luego el rubio salió, un poco más compuesto. Apenas le salió un susurro al ordenarle a un elfo una poción para calmarse. Se dirigió a pasos penosos de vuelta a la cama.
—¿Recuerdas lo que pasó anoche? —preguntó Sirius, apenas irguiéndose—. Escuché que luego de una borrachera se te olvida todo.
—¿Por qué no me sorprende que sepas eso? —repuso Draco, gruñendo.
—¿Te duele?
—No, tengo un relajante masaje en proceso, obviamente.
—Jódete.
—Tú igual.
Sirius se levantó. Apenas.
—¿Te acuerdas o no?
—Algo. Nada más.
Un momento de silencio.
—Besas terrible —le dijo Sirius.
Draco recuperó más color al caer en cuenta.
—Quisieras.
Sirius le sostuvo el rostro. Draco luchó pero cualquier movimiento brusco les movía el cerebro, así que tuvo unos segundos de libertad. Era mejor que anoche. Encogió los hombros.
—Nah.
Fue al baño. Necesitaba lavarse también.
¿Comentarios?
Emoción restante: lealtad.
