•DISCLAIMER: Los personajes no me pertenecen, ellos son parte del anime Yuri on Ice bajo el sello de Mappa y de su creadora Kubo.
•La historia y portada son de mi autoría y queda prohibida su copia/adaptación/repost en esta o cualquier otra plataforma.
•Este fic participa en el concurso de #PajaritodeAgua en la categoría de #Romance+BDSM de Wattpad
.
Capítulo 2
.
.
Habían pasado poco más de dos semanas desde que Yuuri le había marcado a fuego su boca, y Victor comenzaba a sentirse inquieto de querer un poco más.
Cierto era que apenas habían salido tres veces desde entonces y ni de cerca a algún lugar más, privado. Pero, en cada una de ellas, Yuuri había sido mucho más de lo que nunca había esperado encontrar. Él era atento, protector, posesivo, amable; Victor no podría cansarse nunca de elogiarlo, excepto porque hasta el momento el moreno parecía estar conteniéndose en buscar algo más de él, sin notar que era Victor quién quería y necesitaba comenzar a sentirlo un poco más.
Estaba harto de que luego de cada uno de esos maravillosos besos que le robaban cada molécula de aliento y le hacían olvidar hasta su nombre, él lo alejara sin verle mientras respiraba hondo con una tensión tan palpable que hasta Victor comenzaba a sentirla, como corriente viajando por su piel.
No entendía. No tenía ni idea de que era lo que pasaba entonces por la mente del mayor. No sabía si tenía algo que ver con el hecho de que quizás Yuuri aún no estuviera del todo cómodo haciendo aquello con otro hombre o... si quizás era por él. No podía evitar pensar que quizás Yuuri estuviera arrepintiéndose de haberle besado aquella noche en el auto o que quizás se haya arrepentido luego, tras conocerle un poco mejor con cada salida. Y eso lo ponía indeciso y triste sobre cómo debía actuar o sobre qué debía o no decir.
Victor no solía ser tan pesimista -aunque admitía que su autoestima no era la mejor-, pero todas estas dudas que rondaban su cabeza y su miedo a que al sacar el tema todo entre ellos terminara, estaba deprimiéndole. No sabía, él no tenía idea cómo afrontar aquello sin que el moreno terminara dejándole o disculpándose ya que nunca había salido con nadie. Yuuri pudo no haber sido su primer beso ni tampoco ser su primer escarceo o amante, pero todos los anteriores momentos con adolescentes precoces y calientes palidecían en comparación de aquellos besos que sentía se adueñaban de su alma. Besos que había anhelado sentir toda su vida y que ahora no quería perder.
Yuuri observó a su chico y su ceño se frunció.
Aquella era la cuarta 'cita' que tenían y, desde su punto de vista todo había ido bien hasta entonces, así que no entendía porqué aquella noche Victor se hallaba tan callado y ensimismado -casi diría ignorándolo-, suspirando cada pocos segundos como si lo que menos quisiera fuera estar allí, acompañándolo.
Dolió. Pero él no era el tipo de personas que fuera a aguantar algo así por gusto. Victor definitivamente era especial, tenía una naturaleza tan infantil y dulce, un alma tan inocente y atrayente, que para él era como la llama que llamaba a la polilla, tentándole a quemarse. Haciéndole desear poseerlo, corromperlo. Algo de lo que apenas había logrado contenerse de hacer hasta ahora solo por miedo a alejarlo cuando éste viera que lo suyo no iba a poder ir de amor de rositas por siempre, intentando con todas sus fuerzas agradarle lo más que pudiera para que, cuando finalmente diera el paso de decirle lo que él realmente necesitaba y buscaba en una pareja, al menos le diera el beneficio de la duda y quizás hasta aceptase le mostrase a lo que realmente se refería, en lugar de huir sin mirar atrás como ciertamente temía fuera a pasar. Ahora, esto lo cambiaba todo. Era obvio que Victor o bien se había aburrido de él, se dio cuenta de que él no era realmente lo que creía o buscaba... o conoció a alguien que le interesara más. Y contra eso, Yuuri ya no podía hacer nada por lo que, suspirando, tomó la servilleta para limpiarse los labios antes de extender el brazo y hacer seña al camarero de que le preparara la cuenta.
—Aún no hemos terminado, pensé...
—Termina entonces mientras voy y pago —le interrumpió Yuuri, intentando no sonar enojado pero sabiendo que había fallado al notar aquel hermoso rostro palidecer un poco—. Iré al tocador primero. Enseguida vuelvo.
Joder, realmente le agradaba aquel joven -pensó mientras refrescaba su rostro. Se sentía cautivado a un nivel que nunca hubo sentido antes y, mierda, su falta de interés en él le dolía. La poca esperanza que había abrigado desde que notó su innata naturaleza sumisa y obediente, se evaporaba sin remedio alguno frente a sus castaños ojos.
Tras terminar de pagar y volver a la mesa, ambos se vieron envueltos en el incómodo momento en que esperaban que Victor terminara su cena, sin insistir cuando éste admitió ya no querer más y obviando la forma tan desanimada en que aquello fue dicho.
Manteniendo cierta distancia mientras le guiaba hacia el auto, Yuuri se encontró refrenándose a sí mismo de imponerse en el espacio del otro porque, si ya de por sí aquello era incómodo, no quería imaginarse cómo sería luego, cuando se cruzaran en alguna nueva sesión o evento, si ahora él cedía a lo que quería, se le encimaba, y quizás hasta le reclamaba que le dijera qué demonios era lo que había hecho mal. Siguiendo en aquel tipo de silencio, uno que hasta el momento no habían vivido en todos los momentos que pasaron juntos, incluso durante todo el trayecto desde la salida del restaurant hasta el coche, y continuándolo aún dentro de la privacidad que éste les ofrecía. Haciendo que todo se sintiera tanto extraño como desesperanzador, mientras cada uno se sumía más y más en sus negativos pensamientos al respecto, sin saber que hacer para explicarse o aclararlos.
Pronto el camino llegó a su destino cuando el moreno finalmente estacionó en la misma esquina que siempre le indicaba el menor. Apretando el volante ante lo que sabía vendría a continuación.
—Yo...
—Está bien. No pasa nada —le interrumpió Yuuri, no queriendo causarle al menor ningún tipo de escena. Intentando comportarse como el adulto que era y ser quien tomara las riendas por más que no fuera lo que él quisiera.
—¿Eh?
—Supongo que nos veremos de nuevo por ahí —añadió, consciente de estar dando un pie a un próximo futuro por si Victor se lo replanteaba.
—Oh. Sí. Supongo —dijo el menor, entendiendo por fin a qué se refería el moreno y confirmando su mayor temor surgido hacía ya varios días atrás.
Yuuri lo estaba dejando. Debería de haberlo esperado, sabía que pasaría tarde o temprano. Así había sido toda su vida después de todo. Sin embargo, y a pesar de ya estar bastante acostumbrado al sentimiento, no esperaba que aquello le fuera a doler tanto como lo hacía. No cuando todo lo que tenían juntos eran apenas un par de citas y unos cuantos besos calientes como único recuerdo.
—Está bien —repitió el mayor sin siquiera mirarle, entendiendo el mensaje subliminal de aquella vaga frase—. Entonces...
—Entonces...
Yuuri no entendió el porqué Victor seguía clavado en su asiento cuando él ya le había dado todo el pie que pudo para hacer aquello lo más corto y fácil que pudo. Tampoco porqué, por el rabillo del ojo, podía ver cómo éste apretaba fuertemente sus níveos puños, extendiendo aquel denso silencio entre ellos.
—¿Fue algo que hice?
—¿Eh?
El cuello de Yuuri prácticamente azotó cuando lo giró de golpe hacia el menor. Sus rasgos mostrando la obvia confusión al respecto.
—Yo... sé que no soy demasiado interesante o hábil en ciertos temas...
—¿De qué...?
—Sé que no tengo tanto 'mundo', o experiencia pero...
—Victor...
—Pero, creí que estábamos llevándonos bien. Que, te interesaba lo suficiente cuando llamabas para pedir una cita más y ahora, yo, no entiendo... —terminó por susurrar el menor. Su rostro crispado intentando contener las lágrimas que podían verse asomando en sus ojos. Sus puños ahora blancos por tan fuerte apriete sobre sus rodillas—. Necesito saber qué hice mal, Yuuri; no quiero parecer como si te estuviera rogando en seguir algo que no tienes intención de hacer, pero en verdad me agradas y... yo...
Solo le tomó a Yuuri tres segundos para soltar el volante, quitarse el cinturón de seguridad que aún llevaba puesto y extender el brazo para acercar aquel frágil cuerpo hacia él, refugiándolo contra el calor de su pecho, apretándolo contra sí, queriendo más que nada cortar toda esa tanda de pensamientos que estaba seguro continuaban rondando en la cabeza del menor porque, había entendido. O creía hacerlo. Pero antes de hablar sobre cualquier cosa necesitaba que Victor se tranquilizara para que ambos pudieran aclarar con calma sobre todos sus obvios malentendidos al respecto.
No supo cuánto pasó, pero debió de ser algún tiempo considerable si tenía en cuenta cómo su lado, al estar con el cuerpo torcido, había comenzado a doler. Sin embargo, no se quejó. Le daría a Victor todo el tiempo que necesitara para que luego pudieran decidir juntos sobre qué hacer.
Yuuri había sido un completo idiota, y lo sabía. Estúpidamente había creído que el tratar bien al menor para que luego le aceptase, mientras intentaba mantener una cierta distancia para así no sentirse como si estuviera abusando demás de su confianza dada; era lo mejor a hacer en aquel caso. Idiota realmente ya que, sin darse cuenta, al obviar aquello él rompió una de las principales reglas de aquella disciplina que hacía tiempo había abrazado para regir su vida. Había fallado a dos de las principales reglas en cualquier relación pero con aún más importancia para un dominante como él; la comunicación, y por ende el respeto hacia Victor.
Un buen dominante no es aquel que solo toma la voluntad de otra persona para simplemente dictarle y ordenarle qué, cómo o cuándo hacer qué, sino que piensa ante todo en el bienestar del otro.
Un buen dominante no utilizaba a sus sumisos para solo su propio único placer porque, algo que a veces se confunde, es que a pesar de que el dominante pueda quizás ser el único con gratificación física, la del sumiso se halla en justamente complacer a su dominante. Y el hecho de que Victor tenga esa aparente naturaleza innata en él, no significa que vaya a someterse de una a él, menos si con lo que hizo terminó, queriendo o no, por faltarle el respeto al no creerlo capaz de ser lo suficientemente abierto o maduro como para charlarlo de entrada.
—Pasa.
—Permiso —dijo Yuuri de todas maneras al entrar a aquel lugar hasta entonces vetado. Observando rápidamente como el silencio y la oscuridad predominaban en el departamento a pesar de que fuera un adolescente quien lo habitara.
—¿Gustas algo de tomar?
—Solo agua, por favor.
—Enseguida —dijo Victor, escapando presuroso hacia la solitaria cocina para poder dar un hondo respiro tratando de mantener la calma.
Minutos antes, cuando al fin pudo calmarse lo suficiente como para volver a mirar al mayor a la cara, se sorprendió ante la mirada cálida y triste que éste le dirigía. Pero antes de siquiera intentar alejarse, Yuuri cambió su agarre para sostenerlo desde sus hombros, antes de bajar el rostro hacia el suyo y darle un beso que pronto hizo que su sangre ardiera de deseo y anhelo de más. Sorprendiéndose cuando, en lugar de alejarlo como había sido la regla hasta entonces, el moreno movió una mano hacia su nuca y la otra hacia su espalda baja, afirmándolo aún más contra él, haciéndole jadear de cruda necesidad cuando, a pesar de las capas de tela que les separaban, pudo sentir su obvia necesidad enhiesta prensada contra el lado de su cadera.
En aquel momento, Victor no pudo hacer o pensar en nada que no fuera el sentir y disfrutar todo lo que el mayor le daba, rindiéndose, acoplándose al cuerpo del otro en busca de ese refugio cálido en el que hasta hacía poco se había cobijado. Ahora, sin embargo, no sabía qué pensar de todo aquello.
La frialdad con la que el moreno le había tratado en la cena, la forma vaga en la que le había hecho saber sin decirlo que ya no quería saber más de él. Aquel beso que aún ahora, minutos después del mismo, podía sentir hormigueándole sobre los labios mientras que su piel continuaba ardiendo tras las firmes caricias a su piel. Toda esa noche le tenía confuso. Desde el comienzo hasta el final, Yuuri le había hecho pasar por una gama demasiado amplia de emociones y ya no sabía qué pensar o esperar. Y le asustaba.
—¿Está todo bien? —dijo una voz baja a su espalda, causando que, por la sorpresa, casi tirara la jarra que aún seguía sosteniendo en sus manos— ¿Victor?
—¡Sí! sí, lo siento. Todo bien.
Rápidamente, Victor guardó la jarra de nuevo en la heladera, apresurándose a tomar los vasos servidos y seguir al moreno hacia la sala, más temeroso que entusiasmado y para nada preparado para lo que sea fuera a escuchar.
—Entonces...
El silencio que llenó la estancia no fue ni cómodo ni incómodo, fue contemplativo. Y Yuuri, tomándolo como tal, le dio tiempo al menor de procesar todo lo que él le había dicho ya que no era todos los días que una persona que te gusta pero que recién conoces, te dijera que su estilo de vida era la de un dominante y que lo que le había atraído de ti, era la naturaleza sumisa que parecías emanar inconscientemente de manera innata.
Minutos pasaban y el silencio continuaba. Yuuri se acomodó mejor en aquel raído sillón, observando con ansia cada uno de los gestos que Victor hacía mientras éste seguía perdido en sus pensamientos.
—Mi padre era estricto —susurró Victor aún perdido en sus memorias, llamando la atención de Yuuri, y haciendo que éste se concentre completamente en todo él—. Él no era abusivo ni nada, pero era muy, estricto. Le gustaba el orden y la disciplina, se enojaba mucho cuando algo no iba como quería... —Yuuri vio como el menor apretaba sus manos entre sí hasta dejarlas blancas y supo que allí había mucho más de lo que aquella noche se diría. La tensión que irradiaba le hacía querer acercarse a reconfortarlo, mas sabía que aquel no era el momento para eso—. Mi madre nos dejó cuando tenía cinco. Mi padre era de la fuerza naval, por lo que solíamos mudarnos de una base a otra constantemente, creo que ella no aguantó el hecho de no poder ser más que una ama de casa, quizás frustrada por tener una carrera que no podía ejercer al tener que estar siempre pendiente de lo que mi padre quisiera. Recuerdo haberla visto llorar mientras me abrazaba el día que me dejó en la puerta del jardín donde iba. Fue el día que lo dejó. Que nos dejó a ambos. Mi padre, al encontrarse de pronto solo conmigo a cuestas y sin querer dejar de ser lo que era, me enseñó desde muy temprano la importancia de la obediencia, de seguir las reglas y adecuarse a las que hubiera en cada lugar. Crecí entre bases, así que no fue demasiado difícil porque no varían mucho pero...
—Victor... Yo, sé que no nos conocemos demasiado y que confiarse a alguien de esa forma es algo muy importante, pero necesito que entiendas que el ser el sumiso no te hace débil o menos en una relación.
—Pero, ¿acaso no es el dominante quien toma todas las decisiones? ¿Acaso no tendría que obedecerte y hacer lo que sea que digas? Respeté mucho a mi padre, pero no creo que pueda estar en una relación con alguien que solo quiera una marioneta por pareja.
—¡No es así! —gritó en tono ronco y bajo. Le frustraba no poder hacer que Victor comprendiera el verdadero poder que un sumiso tenía en una relación como aquella.
—Yuuri, yo no...
—No. No lo digo por convencerte, en serio, Victor. Te lo expliqué antes, si no te dije de entrada cuáles eran mis gustos fue porque estoy harto de que los erróneos estereotipos que han surgido a raíz de novelas baratas sin fundamentos que hacen que yo quede como un maldito sádico abusador. No es eso lo que ser un dominante significa, así como tampoco es cierto que el sumiso es un pobre esclavo indefenso cuyo único deber es hacer lo que cualquier idiota que se diga 'amo', le ordene —le interrumpió acaloradamente.
—¿Entonces? ¿Qué hay más allá de ordenar al otro y castigarle luego?
—Hay más, mucho más, Victor —le dijo ahora con mirada dulce. Yuuri podía ver el recelo en sus ojos claros, pero también pudo notar aquel pequeño atisbo de duda y creciente curiosidad, y se aferró a ello—. No es cuestión de digas soy sumiso y sin más hagas y aceptes todo lo que se te diga. Hay reglas. Algunas escritas y otras tantas sobreentendidas. Sin embargo, lo más importante, es que en una relación de dominante-sumiso, quien tiene el verdadero poder es el sumiso. Es él quien pone los límites, él quien marca qué aceptará hacer y en qué cosas no va a ceder, es él quien constantemente prueba la valía de su dominante, comprobando si es merecedor del honor que es el que un sumiso te elija. No te confundas, un dominante manda, pero lo hace todo en base a lo que sea que el sumiso haya estipulado previo a cualquier tipo de juego. Es decir, por ejemplo, si aceptas probar pero dices que esa noche solo serán palmadas, sin juguetes ni nada, yo me atendré a ello. Es una prueba para ambos realmente, tanto de confianza como de compromiso. Hay cosas que obviamente estarán muy lejos de un comienzo y que se pueden charlar más adelante. Un sumiso cede sus riendas para solo ser, disfrutando del cuidado y protección que un dominante le da, mientras que el dominante procura darle todo lo que el sumiso necesite, haciendo todo lo que sabe será mejor para éste, quitándole el estrés y peso de encargarse de sí mismo en esos momentos de juego.
—Pero, ¿solo será un juego? —preguntó Victor con evidente dolor.
—No. Yo, realmente quiero algo contigo, una relación. Pero la realidad es que mi lado posesivo y celoso no va a conformarse con solo estar presente en los juegos de cama —dijo, afilando la mirada cuando notó como el otro se ruborizaba.
—Me gustó cuando te mostrabas posesivo —murmuró el menor.
—Lo sé, y no sabes cuanto me agradaba que fueras tan receptivo a eso. Hay sumisos que no se hallan del todo a gusto con eso en un comienzo.
—Ha... —Victor dudó y calló.
—Adelante, pregunta. Prefiero que te saques todas las dudas que tengas antes de que me des un 'no' sin más —le dijo con una pequeña sonrisa que el menor le correspondió. Estaban siendo más ellos mismos ahora, más como ambos se conocían de las citas.
—¿Has, tuviste muchos?
—¿Sumisos? —Victor asintió, preparándose para la respuesta que fuera, mas nada lo preparó para los celos que le surgieron cuando el mayor asintió a su vez en respuesta—. He tenido un par. Casi todos en juegos de una noche de club, uno como ocasional y uno en forma permanente.
—¿Permanente?
—Pareja.
—Oh.
—No funcionó, obviamente. Él necesitaba mucho más de lo que yo sabía le podía dar.
—Oh —repitió, entre celoso de aquellos que habían ya sido parte de la cama y juegos de Yuuri, y alegre de que ya no lo fueran.
Sin embargo, ahora venía el dilema porque, ¿qué iba a hacer?. Él en verdad quería seguir viendo a Yuuri, intentando ver hacia donde iba lo que habían comenzado a tener, pero esto, aceptar meterse en algo que ni conocía... Aunque, si lo pensaba de esa forma, tampoco había tenido mucha idea sobre el sexo, y aún menos sobre sexo gay su primera vez, y así y todo había accedido a ello a pesar de haber conocido al chico esa misma noche.
Victor bostezó, estaba cansado, no podía evitarlo. Las noches pasadas el estar ansioso tanto por la falta de dinero como por la distancia de Yuuri, le había causado insomnio y, entre estar corriendo de una entrevista a otra, y diferentes trabajos del día, sumado al estrés que había sentido aquella noche. Se sentía mental y físicamente agotado.
—Creo que será mejor que me vaya. Necesitas descansar y pensar. Sea lo que sea voy a respetarlo, Victor. Lo único que te pediré es que no vayas a comentar esto a nadie en el trabajo porque a pesar de ya tener algo de nombre, no estoy en buscas de ningún escándalo.
—¡No pensaba decirlo a nadie! —gritó Victor, ofuscado por el simple pensamiento.
—Solo lo aclaraba, tranquilo. Ya me dirás mañana, o cuando sea que te decidas, ¿de acuerdo? Y, si tienes más preguntas o dudas, solo envíamelas, prometo responder lo mejor que pueda a cada una, incluso...
—Yuuri...
—¿Sí?
—Quédate.
Invitarlo a quedarse en su pequeño departamento, en su muy pequeña cama, obviamente no fue pensado. Pero no se arrepentía.
Victor se moría de ganas de pasar algo de tiempo a solas con Yuuri. No necesitaba tener sexo, solo quería sentir ese cuidado y compañía que el mayor le ofrecía sin que se lo pidiera. Quería dormir a su lado. Sentir su piel rozando la suya. Sus latidos bajo su oído. Quería estar con él.
—¿Estás seguro, Victor? —preguntó una vez más.
—Sí, Yuuri, por tercera vez, sí. No, no tiene porqué pasar nada, ¿o no?
—Por supuesto, solo quiero asegurarme de que estés completamente seguro ya que nunca me habías invitado a siquiera entrar a tu casa. También me ayudaría saber qué esperar —aclaró, acercándosele.
—Yo... —Victor cerró sus ojos unos segundos, sabía que había riesgos, pero Yuuri le hacía sentir tan seguro. Y hacía ya mucho tiempo que no se sentía así. Quería sentirlo un poco más, quería sentirse cuidado, mimado. Apreciado. Una sola lágrima resbaló por su mejilla cuando recordó su vida hasta entonces.
—¿Victor?
—Solo quiero que te quedes —contestó rápidamente—. Que me abraces —agregó en un murmullo, aferrándose con fuerza cuando un segundo después Yuuri extendió sus brazos y lo atrajo hacia él. Afirmándolo en su contra, tal y como había sucedido antes en el auto.
Victor sabía que aquello seguramente no fuera lo más sensato teniendo en cuenta que aún no había pensado ni decidido nada, pero estaba cansado, confundido, y demasiado anhelante de esa tranquilidad y protección que el mayor le hacía sentir. Mientras que Yuuri, en solo aquellas dos pequeñas oraciones, había sabido entender lo que el menor anhelaba de él, dándole aún más ganas de lograr que Victor le aceptara para poder darle todo ese confort, cariño y cuidado que podía sentir el otro tanto necesitaba.
—Ven, vamos ya a la cama. Es hora de que descanses —susurró Yuuri suavemente contra el oído de Victor, apretándole con firmeza una vez más cuando lo sintió tiritar, antes de guiarle a la cama y acomodarlos a ambos para poder descansar. Prometiéndose en el mismo instante en el que lo sintió relajarse entre sus brazos, no dejar ir al menor sin al menos luchar un poco más.
Victor podía renegar y decir cuanto quisiera de la boca para afuera. Pero no podía mentirse a sí mismo; estaba emocionado.
Después de aquella noche donde durmió acurrucado contra el calor del cuerpo de Yuuri, sus posteriores noches en solitario se le habían hecho eternas y vacías; huecas. Como si algo esencial le faltara, algo que debía recuperar si quería volver a sentir esa breve paz que tuvo el placer de sentir mientras esos brazos le rodeaban, ocultándole, pretegiéndole. Sosteniéndole de una manera que no había sentido en años.
Así y todo, la mañana siguiente trajo consigo nuevamente la realidad de su situación, y con ella, las dudas, recelos y confusión del menor. Algo que afortunadamente, Yuuri, entre los sorbos de un café cargado y los bocados de unas cuantas tostadas, supo calmar con una charla tranquila.
Aquella mañana, Victor notó con asombro como todo él respondía a cada una de las acciones del otro, calmándose cuando hablaba, tranquilizándose cuando comentaba algo sobre una de las tantas dudas que temía expresar. Confiando cuando le pidió le hablara libremente para así poder intentar ver si esa relación que ambos querían podría llegar a funcionar. Simplemente dejándose guiar.
Por eso es que estaba allí ahora, a meros pasos de la entrada del departamento de Yuuri y a tan solo un minuto de la hora que habían acordado. Porque aunque lo había debatido, dudado y negado, la respuesta fue siempre la misma; él confiaba en Yuuri. Confiaba en él para cuidarlo y sostenerle. Para protegerlo y guiarlo. Y si, como Yuuri le había dicho, la confianza era el mayor pilar de aquello, ya tenían al menos algo de recorrido a favor, ¿o no?
—Viniste —fue lo primero que le dijo el moreno al abrir la puerta.
—Dije que lo haría —le sonrió, justo antes de lanzar una pequeña risilla porque el moreno no demoró ni dos segundos en tomar su rostro hasta acercarlo para poder devorar su boca a gusto.
Los mensajes y llamadas que habían mantenido en esos días en que Victor peleaba consigo mismo habían estado bien; más que bien si tenía en cuenta que le había dado la fuerza y confianza suficiente en sí mismo como para finalmente (después de haberle seguido el juego e incluso hasta iniciar más de una insinuación), decidirse a pedirle que quería verle, y probar. Pero en nada se comparaba a sentir el calor de aquel cuerpo contra el suyo, ni la necesidad que solo un beso había hecho crecer en él
—Yuuri... —ronroneó.
No podía decir que no estaba nervioso, pero las ansias le estaban ganando. La necesidad que se había ido construyendo dentro suyo con cada uno de esos mensajes y respuestas. Con cada una de esas ideas que por las noches el moreno le había narrado con lujo de detalles le gustaría hacerle. Con el recuerdo de cada sueño que le había hecho despertar agitado, húmedo y enredado entre sus sábanas en los últimos días.
—Lo sé —respondió Yuuri con los labios ahora pegados a su níveo cuello, mordisqueándolo entre palabras—. No sabes lo feliz que estoy de que hayas decidido intentar al menos.
—Yuuri... —pedía, rogaba, ya no lo sabía.
—Sí, dí mi nombre, bebé. Repítelo y grítalo cuanto quieras, quiero saber cuánto placer estoy haciéndote sentir.
—¡Yuuri!
Y Victor gritó, porque el solo roce de esas manos furtivas marcando los contornos de su cuerpo, así fuera aún sobre su ropa, le hicieron temblar. Porque el sentir esos dientes apretando con fuerza por sobre donde el pulso latía frenético en su yugular, causó que sus rodillas se sintieran demasiado débiles como para seguir sosteniéndole. Porque el solo hecho de haber sido tan fácilmente levantado desde su culo para enseguida ser estampado contra la pared a su espalda, sintiendo como aquel firme cuerpo se apretaba entero contra sí, causó que, sin siquiera pensarlo, comenzara a frotarse en respuesta como gata en celo; maullando además como una en el momento exacto en el que su erección se apretó con la otra, haciéndole gemir y jadear, gritar de pura lujuria porque simplemente quería más y más.
—Victor.
—Oh, oh, Yuuri... Yo, Yuuri...
—Shhh, mírame. Sí, así. Eso es, respira, bebé.
Su respiración era tan errática que parecía como si hubiera corrido por su vida mínimo unos cinco kilómetros. Sentía sus ojos desenfocados y llorosos. Sus piernas temblaban por la fuerza con la que se mantenía agarrado a esas caderas robustas. Estaba cegado por la necesidad, increíblemente ya casi a punto de acabar, pudiendo incluso sentir los espasmos en su bajo abdomen anunciando lo inminente... pero aún así, refrenó sus impulsos lo suficiente como para ver por qué demonios quería Yuuri que parase y respirase cuando todo estaba yendo a la mar de bien.
—Sí, muy bien. Eso es, respira para mí, bonito. Así es, tranquilo.
—Yuuri... —se quejó. A pesar de que sentía su respiración y cuerpo calmarse, la necesidad acuciante de venirse era demasiado próxima para hacerla retroceder así como así. ¡Necesitaba acabar!
—Lo sé, bebé. Puedo sentirlo también. Tu cuerpo respondiendo a mí me ha hecho poner tan duro que duele. ¿Puedes sentirlo, no? ¿Puedes sentir como pulsa mi pene contra el tuyo?
—¡Sí! sí, Yuuri, por favor...
—¿Sientes ese placer? ¿Sientes lo que es estar al borde pero mantenerte aferrado a él? ¿Lo que es que el cuerpo te vibre de placer con solo eso?
—¡Sí! —Victor sacudió su cabeza de un lado al otro. Todos sus sentidos estaban completamente enfocados en lo que sea que el moreno dijera o hiciera. Era aterrador comprobar el poder que el otro tenía sobre él. Era excitante también.
—Te voy a enseñar la diferencia entre el pánico y la sumisión, entre el miedo y el respeto, entre el horror del sufrimiento y el placer del dolor. La diferencia entre el maltrato y la disciplina, entre la violencia y el goce del sometimiento voluntario. Voy a enseñártelo todo, bebé. Y te aseguro que vas a amar cada jodido segundo de ello.
—¡Sí, sí! ¡Por favor! —Victor estaba atento a lo que el otro le decía pero completamente perdido en las olas de placer que no habían dejado de recorrerle entero. Abrumado por como su cuerpo reaccionaba y respondía a las directrices del otro, aumentando su libido a niveles desconocidos porque jamás le había pasado el sentir tanto, nunca. ¡Y ni siquiera estaban sin ropa aún!
—No sabes cuánto me complace verte así por mí. Cuánto me agrada saber que a pesar de que solo bastarían un par de movimientos para liberarte, mantienes tu necesidad a raya solo por mis palabras —le susurró Yuuri, su rostro ahora alejado del de Victor para poder admirar la obra de extremo placer que el otro representaba. Sonriendo al escucharlo gemir y verlo conteniéndose de removerse— ¿Victor? Mírame —le ordenó, apenas aguantando el gruñido que quiso salírsele cuando le vio hacerlo de inmediato, antes de cambiar drásticamente su tono suave a uno feroz de comando mientras preparaba su cadera para arremeter con una fuerte única estocada—. Vente para mí, ahora.
Victor se erizó por completo. Lanzando su cabeza hacia atrás, él abrió su boca para emitir un grito que quedó mudo sostenido en el aire.
Había respondido a la demanda de una manera tan repentina que en un instante todo su cuerpo se había agarrotado, antes de simplemente dejarse ir a la deriva por el sopor y la relajación post orgásmica que le invadió de pies a cabeza. Dejándole completamente laxo y rendido a los brazos de quien sabía ahora le sostenía. Quien esperaba le sostuviera mucho más.
Aquí, trayendo nuevo cap. No sé si lo dije pero serán solo 5 capis como mucho soooo, espero les guste! ;)
Gracias a quienes han pasado a leer, han agregado y hasta comentado! =D
Nos leemos! Besos y cuídense!
*Guadi*
