Disclaimer:Los personajes no me pertenecen. Son de propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 1: Inolvidable

Otra vez miré mi reflejo en el espejo.

No podía creer que este día tan ansiado había por fin llegado. Soñé toda mi vida con este momento y ahora se hacía realidad.

El vestido se ceñía a mis curvas con perfección. El escote era discreto, acorde a la ocasión. El corsé era ajustado y estaba bordado con hilos de plata. Miles de pequeñas piedras preciosas enmarcaban mi torso. La parte inferior era amplia y también la adoraban piedras que caían despreocupadamente a lo largo de todo el vestido. Los zapatos elegidos eran altos y combinaban esplendorosamente con el traje. El maquillaje era en tonos rosas y muy natural. Mi cabello estaba recogido, pero algunos mechones caían por mi espalda.

- Bella, hija, ¿estás lista?

Me sobresalté al escuchar la voz de mi madre. Me giré lentamente y en su rostro había una deslumbrante sonrisa.

Sólo existía una palabra para definir a mi madre: espléndida. Su vestido rojo con detalles de encaje era deslumbrante y combinaba a la perfección con su tez blanca y su cabello castaño.

Sabía que estaba feliz, pero también tenía ese sentimiento de pérdida. Su única hija se casaba hoy y abandonaba el hogar. Extrañaría enormemente mi vida despreocupada en que sólo ocupaba el rol de hija, pero ahora comenzaba una nueva etapa junto al hombre que amaba y no podía estar más feliz.

Un nudo de formó en mi garganta. Quería llorar, pero de emoción. Deseaba gritar a los cuatro vientos que era feliz y que, con propiedad, tenía todo lo que siempre quise.

Asentí, incapaz de hablar.

Me acercó a mí y me estrechó en un protector abrazo. Con dulzura y procurando no arruinar el peinado, acarició mi cabello.

Mi vida siempre giró entorno a mis padres, Charlie y Renée; o quizás sería más adecuado decir que ellos condicionaban su existencia a la mía. Siempre preocupados por mi y presentes en los momentos más significativos de mi vida. Sería ingrata tener algún tipo de queja contra ellos. No pude haber tenido padres más dedicados y amorosos que ellos.

Charlie nació y creció en una familia de bajos recursos económicos. Sus padres murieron cuando él tenía 18 años. Se esmeró y consiguió varios empleos para costear la universidad. Se tituló con honores y comenzó a forjar su futuro. No quería que su descendencia sufriera lo que el debió vivir, por lo que se esforzó en acumular un cuantioso patrimonio para así satisfacer cualquier necesidad que su familia requiriera. Logró reunir una gran fortuna y es considerado uno de los empresarios más adinerados del hemisferio norte. A pesar de su pasión por los negocios, jamás descuidó a su familia. Puedo dar fe que cada momento libre que tenía nos lo dedicaba a Renée y a mí. Nosotras siempre fuimos su prioridad.

Mi madre, por su parte, proviene de una familia acaudalada. Estudio en las mejores escuelas privadas y sus padres eran de renombre internacional. Sin embargo, a mis abuelos maternos no les parecía correcto que su hija se fijara en un pobretón, como solían calificar a Charlie. Renée prefirió el amor por sobre el dinero y huyó con mi padre. Nunca perdonaron a mamá por esa decisión y murieron sin querer conocerme. Eso jamás me afectó. Mis padres se preocuparon de suplir cualquier carencia afectiva que yo pudiera tener.

Ambos son dignos de admiración por su esfuerzo, constante entrega y dedicación. Son un modelo a seguir y me encantaría que algún día yo pudiese cumplir el rol de progenitor de esa manera tan ejemplar.

Al ver la devoción y dedicación que Charlie demostraba por su vocación hicieron que tomara la decisión de estudiar Economía y luego especializarme en Relaciones Internacionales. Por méritos propios, obtuve un lugar en Swan Corporation, empresa que mi padre fundó hace muchos años y que actualmente trasciende fronteras. Puedo decir con certeza que la labor de mi padre ha sido reconocida y elogiada en todo el mundo, razón por la cual su empresa es una de las más influyentes en Norteamérica.

Al ser una familia de connotado prestigio, acudíamos con frecuencia a eventos exclusivos y cenas de beneficencia. Mi madre forma parte del comité de caridad de New York y su labor es destacada.

En una de aquellas fiestas conocí al hombre al cual hoy me uniré por el resto de mi vida. Todas lo deseaban. A sus 26 años era un distinguido economista y, sin duda, el sueño de cualquier mujer. Además de ser exitoso y de buena familia, era guapo: rubio, de ojos azules y cuerpo atlético. Debo reconocer que en un principio Mike Newton no me atrajo en lo más mínimo. Lo consideraba un superficial y arrogante. Lo rechacé en innumerables ocasiones, pero él no desistió y me conquistó con pequeños detalles. Cambio por completo los perjuicios que sobre él tenía. Me alegro que no se haya dado por vencido por que, gracias a su constancia, conocí el amor. Nuestro noviazgo se prolongó por 3 años y la noticia de la boda fue celebrada por ambas familias.

Mis amigas, Alice Brandon y Rosalie Hale, se emocionaron cuando les comuniqué que serían mis damas de honor. No tardaron en planificar la despedida de soltera en Milán, que en el fondo fue un viaje de amigas dispuestas a comprar lo que estuviera a la venta. Con Alice somos inseparables desde la escuela y Rose se nos unió cuando Alice comenzó a salir con su hermano, Jasper.

Ambas eran diametralmente opuestas. De pequeña estatura, cabellos negros apuntando en distintas direcciones y profundos ojos verdes, Alice tenía un aire infantil. Era una reconocida diseñadora. Su máxima adoración era la moda.

Rosalie, en cambio, se desempeñaba como una prominente abogada. Su aspecto distaba mucho del de una mujer recatada. Su esbelta figura, cabello rubio e intensos ojos azules hacían creer que era una modelo. Jasper, su hermano, poseía los mismo rasgos que Rose.

A mis 25 años de edad puedo decir con orgullo que tengo todo lo que alguien podría soñar: padres ejemplares, novio devoto y amigas incondicionales.

Si bien es cierto que en lo económico lo tenía todo con creces, no le daba al dinero más valor que él que realmente tenía. Sirve para costearme ciertos gustos como viajar y comprar lo que se me antojase, pero no para determinar a una persona. En el círculo social al que pertenezco, existen muchas personas que tienden a categorizar a los demás de acuerdo a su apellido y fortuna. Nunca he sido objeto de ese tipo de discriminación, pero me irrita. He conocido a incontables millonarios frívolos e insensibles que no dudarían un segundo en pisotear a quien sea con tal de acumular riquezas. También me he relacionado con personas nobles de estratos socioeconómicos bajos, cuya calidad humana es totalmente destacable. Charlie jamás ha olvidado su origen. Mis padres, a través de su crianza, me han inculcado valores y principios que van más allá de lo pecuniario.

Salí de la retrospección en que me encontraba al sentir las manos de mi madre acunar mi rostro.

- Estás radiante! – exclamó

Recién en ese momento me percaté que mi visión estaba nublada. Mi madre secó con sus pulgares las silenciosas lágrimas que recorrían mi mejilla. No era necesario especificar que eran lágrimas de felicidad y emoción. Ella me entendía a la perfección.

Aclaré mi garganta y rodeé sus manos con las mías.

- Soy feliz - declaré

Me abrazó nuevamente

- Tu felicidad es la mía – me susurró al oído

Nos separamos lentamente y arregló unos mechones de cabello que se habían soltado.

- ¿Dónde está papá? - pregunté

- Amenazando a Mike – contestó, rodando los ojos

Ambas reímos.

- Más le vale no asustar al novio – bromeé – No quiero que me dejen plantada en el altar

- Eso no sucederá – aseguró – No puede vivir sin ti

Sonreí ampliamente.

Renée me observó de pies a cabeza y frunció el ceño.

- ¿Qué pasa? – pregunté desconcertada

- Te falta algo - contestó

Me giré velozmente para observarme nuevamente en el espejo. Analicé rápidamente mi apariencia y, según mi opinión, todo estaba en orden.

A través del cristal, vi a mi madre depositar una hermosa tiara de diamantes en mi cabello.

Renée vio la confusión reflejada en mi rostro.

- Es lo único que conservo de mi madre - señaló

- Pero…

- Mi hermano Peter me la envió cuando mis padres fallecieron – me interrumpió

- Es bellísima – exclamé, rozándola con mi mano

- Es tuya – declaró

- No puedo aceptarla – repliqué

Esa joya seguramente tenía un valor emocional muy alto para Renée. Como ella misma dijo, era lo único que conservaba de su madre. A pesar de lo conflictiva que fue su relación en los últimos años de vida de su madre, Renée guarda los mejores recuerdos de su familia. No podía tomar algo tan preciado para ella.

- Es tuya – insistió

Negué con la cabeza.

- Esta tiara data del siglo XVIII – informó – y ha estado en la familia desde entonces. Se traspasa de generación en generación. Es tu turno de tenerla y luego obsequiársela a tu hija en su boda.

Sólo atiné a asentir y abrazarla fuertemente. Acataría la voluntad de mi madre. Sabía que ella se veía a sí misma en mí. Aunque no lo reconozca, ella hubiese dado cualquier cosa, menos el amor por mi padre, para que su madre hubiese estado con ella el día de su boda. Esta joya representaba mucho par Renée. La conservaría y la entregaría cuando el momento llegase.

Unos suaves golpes en la puerta rompieron el mágico momento.

- Pase – dijo mi madre, secándose unas rebeldes lágrimas y dedicándome una sonrisa

Al instante, Alice y Rosalie aparecieron desfilando sus hermosos vestidos azul metálico. La pequeña duende había impuesto su voluntad de diseñar nuestros vestidos y, Rose y yo, gustosas acatamos. Tenía un gusto impecable.

Sus vestidos eran similares. El color les sentaba bien a ambas y era mi preferido. El de Alice era de finas tiritas y le llegaba un poco más arriba de las rodillas. El de Rose, en cambio, era largo hasta el suelo, pero dejaba a la vista una de sus largas piernas.

- Se ven increíbles – las elogió mi madre, abrazando a mis amigas

Alice me miró y cruzó los brazos bajo su pecho.

- La novia nos opaca – dijo con fingida frustración

- Esa es la idea – contestó Rosalie

- Lo sé - sonrió Alice - ¿Quién habrá sido la brillante diseñadora? – alzó los brazos al cielo de forma teatral

- No lo sé – dije con aire pensativo – Lo compré en una rebaja

Alice me fulminó con la mirada, mientras las demás soltábamos una carcajada.

- Iré a ver a Charlie – anunció mi madre – Debe estar nervioso

Asentí. Se supone que la nerviosa debe ser la novia, pero podría asegurar que papá estaría histérico. Mi madre se iría con Mike y luego mis amigas. Al final llegaríamos Charlie y yo.

- Luces espectacular – me alabó Rose

- Sí – secundó Alice - Quiero ver la cara de Mike cuando entres a la iglesia

- Espero que no se arrepienta de casarse conmigo – bromeé

- ¿Estás loca? – chilló Alice – Eres una mujer trabajadora, inteligente, guapa, noble…

- Detente Alice – la interrumpí, exhibiéndole las palmas de mis manos– O me lo creeré

- Deberías – señaló Rose

- Las adoro- confesé – Gracias por todo

Ambas me abrazaron en señal de reciprocidad y un par de lágrimas se me escaparon. Si pudiera haber escogido hermanas, sin duda ellas hubieran sido mi única opción.

Sex bomb sex bomb you're a sex bomb
You can give it to me, when I need to come along
Sex bomb sex bomb you're my sexbomb
And baby you can turn me on

Comenzamos a reírnos y Rose se apresuró a contestar su móvil.

- Te he dicho que no cambies mis tonos de llamada! – gritó mi amiga

Sólo podía ser una persona. Emmett McCarty era el novio de Rosalie hace 2 años y, sin duda, era una persona especial. Cualquiera que lo viera pensaría que es peligroso y rudo por su apariencia de luchador. Todos esos músculos ocultan a un ser humano tierno y travieso. Le encanta bombardear a sus amigos con bromas y yo soy su blanco preferido por mis constantes sonrojos. En él veía cariño fraternal y protección.

- Tranquilízalo, Emmett – dijo Rose – Estaremos ahí enseguida

Cuando cerró su móvil, me encaró.

- Mike está desesperado – señaló – Será mejor que nos vayamos

- Sí – la apoyó Alice – Todos están impacientes por verte, futura Señora Newton

Sonreí al escuchar mi nueva identidad.

- Las veré en la iglesia – me despedí

Asintieron y, antes de salir de la habitación, Alice puso en mis manos el hermoso ramo de rosas blancas.

Sabía que mi boda era considerada por muchos como el evento del siglo. Los invitados estarían pendientes de mí en todo momento. Estaba nerviosa. No quería que nada saliera mal. Hoy debía ser un día perfecto.

Desde lo alto, vi a Charlie. Mi padre estaba en el recibidor y caminaba con ansiedad de un lado a otro como un león enjaulado. Realmente estaba nervioso. Bajé con precaución las escaleras de mármol italiano. Él aún no se percataba de mi presencia, a pesar del notorio sonido de mis tacones. Al llegar al último peldaño, Charlie se giró. La cara de padre orgulloso que tenía era asombrosa. Sus ojos se abrieron de golpe y tenían un brillo especial. Lo mejor de todo era saber que yo era la causante de esa emoción.

Se veía grandioso. Vestía un elegante smoking de tres piezas. El pantalón y el saco eran negro, mientras que el chaleco y la corbata de seda eran de un gris plateado.

Abrió la boca para hablar, pero no dijo nada. Seguramente estaba buscando las palabras adecuadas.

Extendió una de sus manos para que la tomara y terminara de descender. La cogí sin vacilación.

Se llevó mi mano a los labios y depositó un tierno beso en ella.

- Estás hermosa, pequeña – señaló

Rodeé su cintura con mis brazos y me aferré a él. Hundí mi cabeza en su pecho. Siempre había sido su pequeña. No quería que eso cambiara por nada del mundo.

- Siempre serás la niña de mis ojos – respondió a mi inquietud mental

Alcé la vista y le sonreí. Besó mi frente con dulzura.

- Te quiero - confesó

- Yo también te quiero papá

Cogió mi mano y salimos de la que hasta ese momento había sido mi hogar.

El Rolls Royce Phantom de Charlie me esperaba con la puerta abierta y decorado por la ocasión con cintas blancas. Ben, el chofer, se apresuró a levantar la larga cola del vestido para que yo pudiera entrar al coche. Una vez acomodados, el automóvil se puso en marcha. No pude evitar mirar la fachada de mi casa. La silenciosa testigo de momentos felices y el incondicional albergue en caso de tristeza. Había sido mi resguardo durante 25 años y ahora todo cambiaría.

Charlie se percató de mi nostalgia y acarició mi mejilla. Lo miré y tenía una amplia sonrisa en su rostro. Le correspondí el gesto y cogió mi mano.

Los árboles que indicaban la entrada de la residencia Swan pasaban con rapidez ante mis ojos. Estaba inquieta. Quería llegar cuanto antes.

De pronto, sentí un fuerte golpe y luego mi cabeza se azotó contra la ventana. Sangre comenzó a correr por mi rostro y a salpicar mi pulcro vestido blanco. Todo comenzó a girar a mi alrededor.

Quise gritar, pero no pude.

Una mano oscura tapó mi boca.

La oscuridad me rodeó sin previo aviso.

Hola! Muchas gracias por sus reviews! Aquí está el primer capítulo.

PERDÓN!!! Siento muchísimo la demora, pero tengo dos excusas: falta de tiempo y carencia de inspiración.

Juro que trataré de actualizar pronto, al menos una vez por semana!

Cualquier sugerencia, duda, reclamo, comentario o felicitación…. Review!

Besos!

Chemita