Comprobó que ésa fuera su habitación, que el Nomicon estuviese a mano, bajo su almohada, donde siempre lo colocaba antes de dormir, observó la luz que entraba por las rendijas de su persiana y, lentamente, acercó una mano a la parte inferior de su cuerpo.

Escamas.

Todo bajo su cintura había desaparecido, y ahora tenía una cola de sirena. Frenético, buscó cierres, botones, adhesivos, costuras, orificios, lo que fuese que mostrase que era algo artificial, como un traje de baño para niñas pequeñas que querían ser princesas del mar, peor no encontró nada. Era una cola de sirena sin entradas ni salidas.

Randy tomó el Nomicon.

Y se encontró con cientos de hojas en blanco.

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Logró llegar al piso sin caerse, bajando despacio los escalones de su cama. En el camino, observó una botella de agua que dejaba siempre sobre su mesa de luz, y una idea le hizo agarrarla. Desenroscó la tapa y se echó el contenido en la cola de sirena. De repente, lo que había sido un apéndice torpe al que prácticamente había tenido que arrastrar, se volvió utilizable y útil. Hasta le resultaba fácil moverla.

Nadando en el aire como si fuese agua, salió de su habitación.

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Dash, para su completa falta de sorpresa, tenía escamas punzantes.

Bucky nadaba frenético, intentando escapar de un Bash que tenía dificultades para nadar en el aire, y las mismas ganas de causar problemas que antes.

-Quizás con algunos cinturones- le decía Julian a Theresa –Demasiado grandes para la cintura y demasiado pequeños para la cadera.

-¿Y la pollera y las medias?- preguntó la chica.

-La pollera podría ser, aunque me parece poco práctico. Es decir, ¿cuál sería el sentido? Y las medias, bueno, quizás una gran media que envuelva parte de la cola, dejando libre la aleta. Pero de nuevo, ¿para qué?

Cuando se les unió Mayaso a la conversación, Randy se dijo que era hora de entrar en la escuela. Ver a los tres flotando a la altura de primer piso y hablando como si nada extraño hubiese pasado era demasiado extraño. Bueno, más de lo normal. De lo normal tolerable. Normal extraño. O…

-¿Howard?- preguntó Randy al nadar por el aire en los pasillos.

-¡Nada de nadar en los pasillos a altas velocidades!- le dijo, a menos de un metro de Randy, Slimovitz. El muchacho se sobresaltó, y notó que se lo decía a un Bash que manoteaba el aire para poder avanzar –Bash, deja en paz a Bucky.

-¡No le voy a hacer nada!

-Sí, claro, Bash- el director tomó uno de las notificaciones de detención y se la puso en la frente.

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-¿Howard?- preguntó Randy, de nuevo, al entrar en la primera clase.

-¿Quién es ése?- preguntó Mayaso, al oírlo.

-Howard, ya sabes, el que siempre está conmigo- le explicó.

-¡Ah, él! Pues no lo he visto en todo el día- dijo Mayaso.

-¡Atención alumnos!- la profesora Driscoll entró, llevando de la mano al esqueleto de sireno del señor Driscoll –Hoy las clases se dictarán afuera, así que tomen lo que más les interese del aula -¡Y para arriba!

Demasiada alegría. Demasiada… despreocupación.

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-Cunning… ¿ham?

Howard miró hacia el sitio del que había provenido la voz de su amigo, segundos antes, y no encontró a nadie. Bajó la mirada y se encontró con Randy, dormido en el medio del comedor.

-¿Cunningham? ¿Qué te sucede? ¿Es ése libro llamándote de nuevo?- quería decirlo como siempre lo decía, pero había algo raro. Además que Randy no parecía en trance, ni babeaba, sino que parecía dormido. A la fuerza.

Levantó la vista y vio que Randy no era el único: todos en la cafetería habían caído dormidos. Julian, Theresa, Mayaso y Dave estaban en su mesa, con los muñecos de sus más odiadas personas caídos de sus mochilas, el dado en el medio de la mesa, y un envase de leche volcado cerca del borde de la mesa, goteando sobre el piso. Bash y su banda estaban apilados en el medio del pasillo, y hasta la cocinera parecía haber caído, en éste caso, de cabeza en el piso tras el mostrador.

-Cunninham, esto no es gracio… so- de verdad quería pensar que era una broma, pero sabía que no lo era.

Y el escuchar a los robosimios llegar por el pasillo no ayudó a calmarlo.

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No encontraba su máscara.

Si lo del Nomicon había sido malo, esto era de terror. Randy buscó por toda la escuela, diciendo a quien preguntase que era una de las búsquedas del tesoro que se habían organizado, pero no logró encontrarla. Ni a Howard. Temía que alguien se convirtiese en monstruo, porque sabía que sin la máscara sería aplastado.

Y entonces, escuchó el primer rugido.

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-La mitad de los alumnos de la secundaria Norrisville han sido ya inducidos- dijo Viceroy a su celular –Quizás vea algunas caras conocidas por aquí, señor.

-¡Da lo mismo que sean uno, la mitad o todos! ¡Haz lo que te dije!- incluso desde su escondite, en el cuarto de las escobas, Howard pudo oír a McFist chillando.

-¿Alguna orden en especial para Bash?

-No, mejor que duerma. Es el único que sé que no tiene nada que ver con el ninja. ¡Y dormido no causa problemas!

-Como diga, señor- dijo el científico, antes de apagar su teléfono y comprobar cómo lo estaban haciendo sus pequeñas mantis.

Howard, por el ojo de la cerradura, pudo observar cómo pequeñas mantis religiosas robots, similares a aquélla cosa gigantesca que había atacado en el medio del simulacro de monstruo, se pegaba a la cabeza de todas las personas dormidas. Una vez asentadas, sus diminutos ojos comenzaban a brillar, y la persona en cuestión, despacio, sonreía. Incluso estando en un charco de leche, como Dave. O de cara al piso, como la cocinera.

-Una hora y terminamos- le indicó Viceroy a un robosimio que pasaba por allí, con una caja en la mano, de la que salían mantis apenas divisaba a una persona dormida –No tienes nada que temer, todos están dormidos, incluso quienquiera que sea el ninja.

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Apenas dejó de oír ruidos en el exterior, y después de comprobar siete u ocho veces que no había nadie a la vista, Howard fue hacia su amigo y lo sacudió.

-¡Cunningham! ¡Despierta! Viceroy tiene planes, lo que quiere decir que McFist tiene planes, ¿y tú duermes?

Randy siguió durmiendo, sin sonreír pero empezando a hacerlo.

Howard intentó todo lo que se le ocurrió. Arrancar a ése maldito bicho mecánico terminó en su mano siendo mordida, y lo mismo le sucedió a los guantes de horno y los alicates que acercó para deshacerse del insecto robótico. Arrojarle agua a la cara tampoco sirvió de nada. El sentarlo para luego dejarlo caer no tuvo efecto, y estaba pensando seriamente en taparle la nariz y la boca cuando escuchó pasos robóticos acercándose.

-Y revisen si tienen algo sospechoso- escuchó que decía Viceroy.

Howard entró en pánico.

Buscó en los bolsillos de Randy hasta tocar la máscara del ninja, la sacó de un tirón y se la guardó en uno de los bolsillos con botones de su propio pantalón. Salió corriendo hacia el baño de chicas, se subió a uno de los últimos inodoros y cerró la puerta, esperando que a nadie se le ocurriese revisar allí.

Cuando pensó que no podía ponerse más frenético, escuchó a uno de los robosimios.

-Señor, hemos encontrado la máscara.

Howard, pálido como nunca en su vida, buscó en su bolsillo y se encontró con un agujero que no había notado hasta ése entonces.

-Bien- oyó decir a Viceroy –Hace mucho que quiero probar mi rayo destructor.

Helado y aterrorizado, atreviéndose apenas a respirar, Howard escuchó un sonido extraño, rápido y horrible.

-Pues no resistió mucho- dijo Viceroy, algo decepcionado.

Cuando Howard al fin tomó el valor para asomarse al lugar de los hechos, de la máscara del ninja sólo quedaban hilachas quemadas y un montón de cenizas.

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O "veamos si estás a la altura de ser más que el ninja de la simulación", pero no de la forma esperada.

Nos leemos

Nakokun