Si había algo de lo que la belga pudiera presumir, sin duda no era su discreción o sus habilidades lingüísticas en momentos de tensión (pues en cuanto se ponía un poco nerviosa su cerebro parecía pensar que era un buen momento para echarse una siesta hasta que la situación se pasara y ella no necesitara ser capaz de formar una frase con sentido).

-¡T-Tú eres...! ¡Y-Yo...! ¡E-Esto es...!

Por supuesto hoy no había sido una excepción, tenía que mostrarle al mundo que era una mujer tan torpe hablando que daba hasta vergüenza el verla ¡Párense a mirar damas y caballeros! ¡Vean como esta chica termina con todo su orgullo sin necesidad de usar ni una frase ni una acción! Y lo mejor de todo, había jugado a imaginarse la situación en la que se encontraba tantas veces que ya había perdido hasta la cuenta.

Frente a ella, en persona y arrodillado recogiendo unos papeles, se encontraba la belleza nórdica, el joven músico más prometedor de la época, la comidilla en los círculos de entendidos y el ídolo de la pobre muchacha belga quien no podía hacer más que mirarle sin creer lo que sus ojos veían, con sus mejillas teñidas de un profundo carmín del que pensaba que iba a ser capaz de librarse hasta que no se muriera.

-¡T-Tú...! -Tras el quinto titubeó, él ya había terminado de recoger lo que se había caído al suelo y se disponía a marcharse, dejando a Emma sin ser capaz de terminar su frase ¡Y no podía permitirlo! ¡No iba a poder seguir viviendo consigo misma si dejaba escapar la oportunidad de hablar con él- ¡Tú eres Lukas Bondevik!

No preguntó pues no tenía ninguna duda, no estaba equivocada, ese rostro casi inexpresivo estaba frente a ella y la miraba sin ninguna emoción. Pero seguía encantada, como si acabara de arrodillarse y pedir su mano en matrimonio en lugar de observarla como sino estuviera allí, como si fuera transparente y como sino se hubiera planteado la posibilidad de estar incomodándola al mirarla de esa manera.

-¡P-Por favor! ¡Fírmame un autógrafo! -Él no ha asentido para confirmar su identidad, pero ella estaba tan segura que no le hacía falta ningún gesto y tan emocionada por conocer a su ídolo que tampoco le importaban las miradas extrañadas de los transeúntes que no reconocían al joven noruego.

Todo su auto control se estaba yendo en no pellizcarse para comprobar que no era un sueño, que frente a ella y garabateando algo sobre su pequeña agenda realmente estaba el violinista cuya música había logrado que su perspectiva del mundo cambiara por completo, que había sacudido su vida con solo un par de notas musicales y quien no parecía ser consciente del efecto que tenía sobre ella.

-¿Cómo te llamas?

La pregunta fue simple, no más de tres palabras y tan clara que hasta un infante podría entenderla, pero a ella le sorprendió tanto que tardó unos segundos en titubear las dos silabas que componían "Emma". Acaso...¿Estaba ligando con ella? Tal vez debajo de esa faceta fría se encontraba un Casanova, alguien que disfrutaba de coquetear con las muchachitas y hacerlas sonrojar o que sus corazones fueran a mil por hora antes de-

Su fantasía se detuvo a mitad cuando el joven le entregó de vuelta su agenda y se encontró con un pequeño "Para Emma" encima de su firma. Mentiría si dijera que no estaba decepcionada y que no habría aceptado una oferta para cenar por su parte, lo habría hecho incluso si supiera que se estaba metiendo de cabeza en la boca del lobo, pero hubiera ido corriendo hacia él ¡Incluso se habría sazonado para que su sabor fuera agradable para el animal! Pero tampoco podía quejarse, no solo se iba a casa con el autógrafo de su ídolo, sino que sus hombros se habían rozado cuando él pasó por su lado para seguir con su camino.

No iba a volver a lavar esa camiseta en la vida.