Capítulo 2: Reencuentros

El coche se detuvo quince minutos después cerca del centro de la ciudad. Adrien abrió la puerta, se bajó y volvió a cerrarla. No habían hablado mucho en el trayecto, tan solo intercambiado algunas palabras y cortos monosílabos.

A pesar de que sus verdes ojos brillaban por la luz del sol, lo que sentía en esos momentos no era precisamente felicidad, sino rechazo.

No quería volver a entrar en la mansión que había sido su casa desde que nació, y ahora teniéndola enfrente suya, le parecía más lúgubre de lo que podía llegar a recordar.

El chófer abrió el maletero para agarrar las maletas, pero Adrien se las quitó de las manos. Eran suyas y prefería tenerlas a mano para irse lo antes posible.

-Bienvenido a casa – Le dijo Nathalie para avanzar antes que el propio Adrien. El chico contestó con una tímida y no muy sincera sonrisa. No sabía si se le podía llamar casa.

La mujer abrió la puerta y entró primero. Antes de acceder al interior, Adrien respiró hondo. El tan solo pasar le hacía agobiarse

-Sí, así es. El desfile será mañana por la mañana – Gabriel estaba hablando por teléfono mientras recorría una y otra vez tres metros en direcciones opuestas en el mismo sitio, enfrente de la escalera que daba a la planta superior de la casa – No, déjalo, ya me encargo yo, no podemos contar con él. – En cuanto se percató de que la puerta se abrió, fijó su mirada en ella. – Luego te llamo, apáñatelas solo – Colgó, escuchándose el pitido por todo el lugar

Adrien se metió las manos en los bolsillos y agachó la cabeza suspirando. Solo esperaba que todo pasara rápido. Levantó la cabeza, dispuesto a hablar con la mayor tranquilidad que le era posible tener

-Adrien...

-Hola, papá – Dijo tratando de mantener la cordura y la serenidad

-Ya veo que has decidido volver... – Gabriel miró a Nathalie. Solamente bastó esa mirada para que su asistente se retirara tras asentir con la cabeza y se perdiera por la casa

-Sí...Ya te lo dije, ¿no?

Su padre se quedó mirando a su hijo. Apenas había cambiado físicamente, pero por su reacción, se le veía más maduro, aunque quizá solamente era con él.

-Me alegro...de que estés bien – Pudo decir con su característico frío tono de voz – Ve a colocar tus cosas en tu habitación – Como si nada hubiera pasado en años, Gabriel se dispuso a retomar sus llamadas telefónicas

Lo único que Gabriel tenía en mente eran sus desfiles, sus diseños y los beneficios de su empresa. Después de dos años, ni siquiera se había dignado a darle un simple abrazo...

-No – Pronunció Adrien antes de que su padre continuara con su rutina. Gabriel miró a su hijo confundido – Solamente he venido para saber cómo estabas, no tengo intención de quedarme, de hecho, no pienso vivir aquí por más tiempo

-¿Qué? ¿Qué estás diciendo, Adrien?

-Estoy diciendo que no quiero quedarme en esta casa

-Por supuesto que te quedarás; eres mi hijo Adrien, harás lo que yo te diga que hagas

-Me temo que ya no soy un niño. Tu hijo tiene veinte años y la capacidad para decidir por sí mismo.

-¡No digas tonterías! – Su padre había empezado a enfadarse desde el 'no' rotundo de Adrien, pero el cabreo fue en aumento cuando su hijo se le opuso

-¡No son tonterías! Es lo que yo he decidido, es mi vida.

-¡Claro que son tonterías! Te quedarás aquí, y volverás a retomar todo lo que hacías antes...

-Papá... – Adrien trató de que la conversación volviera a encauzarse – Desde que era niño he hecho todo lo que querías que hiciera para ser el hijo perfecto: clases de piano, de esgrima, de chino...Ni siquiera tenía tiempo para hacer las cosas que me gustaban. ¡Fue un milagro que me dejaras ir al instituto como todo el mundo! – Por primera vez, Adrien levantó el tono de voz verdaderamente desde que había llegado

Gabriel se masajeó las sienes con los dedos, intentando asimilar las palabras de su hijo

-Adrien, entra en razón, yo tengo planes para ti y...

-Lamentablemente, yo ya tengo mis propios planes. Hace años hiciste que dejara de lado lo que más feliz me hacía... – Adrien suspiró, abrumado – Lo siento papá, pero no voy a dejar que controles mi vida otra vez. Voy a recoger mis cosas, las pocas que me quedan aquí – Adrien se dirigió a su habitación y su padre le siguió, queriendo obtener más explicaciones

-¿Recoger tus cosas? ¿Y a dónde vas a ir?

-Me da igual. Cualquier lugar es mejor que esta casa – Abrió la puerta de su habitación, malhumorado

-Sin mí no eres nada, Adrien

-Ah, ¿eso es lo que has pensado hasta ahora? Desgraciadamente, hay personas que no piensan igual que tú...

-¿En serio crees que podrás vivir tú solo y que será tan fácil?

-Sí... – Tardó unos segundos en responder – Sabía que no debería haber venido. Adiós, papá – Y tras esas duras palabras, le cerró la puerta de su habitación de manera brusca

-¡Adrien! Adrien, ¡abre la puerta! – Gabriel pegaba gritos y golpes en la puerta para que su hijo le abriera y, probablemente, seguir discutiendo, pero Adrien no escuchaba más que un tono de voz lejano deseoso de control

Adrien se apoyó en la pared, cansado de esas situaciones. En ese momento, Plagg salió de la camisa de Adrien, flotando a su lado a la altura de la cabeza con su típica actitud despreocupada

-¿Acabas de llegar y ya montas un escándalo? – Le preguntó el kwami al borde de la carcajada

-¿Crees que es fácil para mí? Es mi padre, Plagg, tanto si me gusta como si no. Es solo que no puedo tolerar que me siga tratando como si fuera una máquina de la que sacar provecho, no como un hijo al que querer. Ya no – Adrien avanzó unos pasos con decisión hasta tener entre sus dedos una caja de cartón en la que metió una por una todas sus pertenencias mientras la conversación con Plagg seguía su curso – Ni siquiera me ha preguntado cómo me encuentro después de dos años sin verme. Guardaré todo lo que me falta y nos iremos de aquí cuanto antes

-¿En serio piensas renunciar a este estilo de vida tan lujoso?

-¿Qué estilo de vida? ¿Ser la marioneta de mi padre? ¿Esperar a que me preste un poco de atención y me dé un poco de cariño que nunca llegará como he hecho durante toda mi vida? Por supuesto, puedo disponer de todo lo que se pueda comprar por dinero, pero eso no es lo que quiero. Nunca fue lo que quise. – Adrien seguía metiendo sus cosas en la caja sin descanso –Nos iremos en cuanto acabe con esto

-¿Hablas en serio? Tan solo de pensarlo me da hambre

Adrien se rio, destensándose un poco. A veces Plagg era tan...como él era. ¿Qué decía de a veces? Siempre era así

-Vamos Plagg, ya sabes dónde viviremos. Además, te daré todo el queso que quieras, no te preocupes

-En ese caso, acepto

Adrien volvió a reírse

-Más vale que aceptes a ayudarme, así tardaremos menos

Y, milagrosamente, Plagg estuvo de acuerdo en ayudar a Adrien sin ninguna queja reseñable, acercándole los objetos menos pesados como pequeñas libretas o fotos, hasta que una de ellas pasó por sus manos, quedándose paralizado

Su kwami iba a preguntarle por qué había parado de repente, pero Adrien abrió la boca primero

-¿Qué crees que estará haciendo en estos momentos, Plagg? – Introdujo la foto en el interior de la caja con indecisión y se dirigió a la ventana, en la que apoyó un brazo en el que depositó la frente, cerrando los ojos – ¿Crees que todo le irá bien? Que...después de todo, será feliz... – Llegó a manifestar con pesadumbre

Escuchó el ruido de unas voces en el exterior, muy cerca de donde él se encontraba. Concretamente, dos personas estaban caminando por la acerca que se veía desde su ventana y la curiosidad por saber de dónde provenía el jaleo le hizo abrir los ojos

-Es increíble. ¡Hemos estado tan cerca de él! He conseguido muchos primeros planos e incluso una pequeña entrevista. En los próximos días trabajaré sin descanso y haré un buen reportaje. ¡A mis profesores les va a encantar!

-Ya lo estoy viendo: Alya Césaire, la mejor periodista de toda Francia – Marinette levantó los brazos juntando las manos y las separó, recreando un cartel o un letrero en lo más alto. Las dos chicas se rieron, víctimas de la emoción

-Tampoco es para tanto, Marinette…

-¡Claro que sí! Confía en mí, serás una excelente periodista en cuanto nos graduemos – Marinette apoyó su mano en el hombro de su amiga, dándole ánimos. El último trabajo de Alya no había sido del todo del agrado de sus profesores, por lo que se encontraba bastante decaída, sobre todo cuando el espíritu periodístico residía en ella desde hacía mucho tiempo

-De acuerdo – Alya sonrió, convencida

-Por cierto, ¿me dejas ver otra vez uno de los vídeos que has hecho? Quiero ver de nuevo cómo Jagged Stone nos ha saludado a nosotras – Marinette le quitó el teléfono de las manos con impulsividad

-¡Eh! Marinette, ¡devuélvemelo! – Alya trataba de quitárselo al mismo tiempo que Marinette era capaz de evitar que lo agarrara moviéndose hacia los lados – A veces eres demasiado torpe, ¡no quiero que acabes borrándolo todo como ya te pasó o algo peor!

Pero Marinette seguía empeñada en retener el teléfono por mucho tiempo con una gran sonrisa en los labios resultado de la diversión de ese momento

-¡Marinette! – Seguía esquivando sus manos, inclinándose hacia derecha e izquierda y dándole la espalda, hasta que al final, no tuvo más remedio que salir corriendo

-¡Tendrás que atraparme para conseguirlo! – Le dijo Marinette

-¡Eh! ¡Vuelve aquí! – De acuerdo, Alya tenía que admitir que también se estaba divirtiendo, así que puso los ojos en blanco y salió corriendo tras su amiga, riendo igual que ella – ¡Marinette, espera!

Y las dos se perdieron en el horizonte entre falsos gritos de enfado y risas

-Ahora ya sabes cómo le va – Dijo Plagg, que había contemplado la escena de las dos amigas junto con Adrien

-Se la ve feliz... – Dijo Adrien con una sonrisa melancólica – ¿verdad? – Preguntó esperanzado, recordando el día de la tan fatídica discusión que les había separado dos años atrás

-Si quieres mi opinión, está bastante feliz. Ya veo que ha conseguido olvidarse de ti muy fácilmente

-Muy gracioso... – Se separó de la ventana no sin antes dirigirle una mirada envenenada a su kwami. Se sentó en lo que había sido su cama dejándose caer, agachando los hombros y mirando al suelo – pero tienes razón... – Sonrió con tristeza durante unos segundos en los que no pensó en nada más que ella, pero pronto apartó esos pensamientos – Voy a continuar con esto – Dijo al levantarse de repente. Agarró la caja, metió unos pocos chismes más y la cerró – Plagg, escóndete – Adrien abrió un poco su camisa para que Plagg entrara, como solía hacer – Vámonos, ya nada nos retiene aquí...

Con todas sus pertenencias, Adrien salió por la puerta de su habitación y bajó las escaleras para salir por la puerta principal de la casa. Intentaba no mirar atrás, pero estaba seguro de que su padre lo estaba observando desde las escaleras con las manos apoyadas sobre la barandilla, a punto de perder los nervios. El no tener el control de todo lo de su vida le enervaba.

Abrió la puerta y se quedó parado unos segundos, como si quisiera volver la cabeza y la palabra 'adiós' estuviera dudando si salir de su boca o no. Al final, suspiró y salió definitivamente, pegando un sonoro portazo. Así que ahí se acababa toda relación con su padre, por poca que hubiera sido


-En serio, Marinette, me pregunto cómo has sido capaz de no tirar mi teléfono al suelo o algo parecido – Alya había recuperado su móvil y lo atesoraba entre sus manos, protegiéndolo de cualquier otro robo furtivo por parte de su amiga

-Vamos, vamos, qué poca confianza tienes en mi – Ella sonrió con sorna. Si lo pensaba bien, ella misma también se había sorprendido de que el teléfono de Alya no se hubiera llevado un buen golpe contra el suelo de la calle

Después de su improvisada carrera, las dos habían decidido tomarse un respiro y descansar en una pequeña, pero acogedora cafetería cerca de la Torre Eiffel. Se sentaron una frente a la otra y pidieron algo para beber y reponer líquidos o, al menos, no sentirse tan asfixiadas

-No exagero. Te adoro, ya lo sabes, Marinette, pero a veces eres muy patosa – Le dijo Alya con una sonrisa

-Lo sé, lo sé – Marinette se puso una mano en la nuca y rio tímidamente, tratando de excusarse – Me alegro de que puedas hacer un reportaje sobre la llegada de Jagged Stone. Como ya te he dicho, eres una estupenda periodista

-Y si consigo convencer a mis profesores, ¡quizá incluso me puedan permitir trabajar de becaria en algún periódico o revista! Sería genial, ¿no crees?

-Sí...Genial – Marinette agachó los hombros. Era muy consciente de cuánto podían llegar a explotarla en el sitio en el que hacía las prácticas. Y apenas le daban la oportunidad de demostrar su talento diseñando alguna prenda de ropa, se limitaba a llevar los cafés a los empleados, recoger cartas y otras tareas similares propia de la chica de los recados.

-¿Qué te pasa? – Por fin, llegaron las bebidas que pidieron

-Ah, ¡nada! Estoy segura de que podrás conseguirlo, es solo que...

-No estás contenta con tu trabajo, ¿verdad? – El tono de voz de Alya derrochaba algo de soberbia. Solía adelantarse a los pensamientos de Marinette

-¿Cómo lo sabes?

-¿Que cómo lo sé? Veamos... – Alya depositó su dedo índice en la barbilla, tratando de fingir que lo había adivinado todo por casualidad – Soy tu mejor amiga desde hace bastantes años, te conozco bastante bien. Además, hace mucho que no me hablas de algún progreso que hayas hecho en la empresa, eso significa que, con lo alegre que eres, no te ha pasado nada especialmente bueno, ¿me equivoco?

Marinette pestañeó varias veces sin abrir la boca.

-En serio, Alya, a veces das miedo – Marinette agarró su vaso y se lo llevó a la boca con disimulada incredulidad

Su amiga no pudo más que reírse

-O sea, que estaba en lo cierto

-Sí...No hago otra cosa que servir a las personas que ya trabajan allí y que son mayores que yo. Ni siquiera puedo demostrar mi talento, pero empleo mucho tiempo en mi casa diseñando prendas de ropa que no tendrán la oportunidad de ver la luz...Es... – Marinette tomó aire. Había pronunciado muchas palabras en unos pocos segundos – frustrante. ¿De qué sirve trabajar allí si no puedo dar rienda suelta a mi creatividad?

-Ya veo. Así que sientes que estás estancada

-Sí... – Marinette había empezado a darle vueltas al vaso sobre sí mismo, observando cómo su contenido daba ligeras vueltas

-Tal vez deberías renunciar...

-¿Qué? – Marinette la miró con una expresión que quería decir '¿estás loca?'. Le había costado mucho ingresar en esa empresa, y algún día, por lejano que fuera, tenía la esperanza de ir ascendiendo

-¡Piénsalo! No sirve de nada hacer lo que haces si no te compensa. Puedes buscar otra empresa

-Sí, pero no será tan prestigiosa como en la que ya trabajo

-Vamos a ver... – Alya desenfundó su teléfono, en busca de datos e información que le mostraran cuáles eran las compañías de moda más destacadas – ¡Lo tengo! Aquí esta... – Se quedó un rato mirando la misma página de internet, haciendo que su decepción aumentara – Pues...tienes razón. Ahora mismo, no hay muchas empresas que destaquen por su reputación

-¿Lo ves? – Preguntó Marinette, resignada. Llevaba toda la vida queriendo ser diseñadora y no veía una salida al túnel en el que había entrado

-Solamente hay dos que en este momento que están en lo más alto. La empresa en la que trabajas y la de... – Alya amplió la imagen de su pantalla para ver mejor – Gabriel Agrest... – Se calló de repente en cuanto se dio cuenta de lo que estaba leyendo

Marinette se irguió en el sitio, incómoda, y Alya pareció notarlo, apurada

-Lo siento, no quería...No era mi intención, Marinette – Se guardó el teléfono en el bolsillo. No merecía la pena tenerlo más tiempo en sus manos; primero, Marinette lo pone en riesgo de golpe hacía unos minutos, y ahora, sacaba a la luz el pasado

-No, no pasa nada. Tienes razón, Gabriel Agreste sigue siendo uno de los mejores diseñadores del país – Sonrió tratando de transmitirle a su amiga que no pasaba nada, pero la tristeza se abrió camino en su expresión sin que pudiera evitarlo. El tan solo recordar a...

-¿Sabes lo que podrías hacer? – Alya interrumpió sus pensamientos y Marinette la miró con atención – Podrías hablar con Adrien para...

Pero Marinette no la dejó continuar hablando. Negó rápidamente con la cabeza, convencida de que aquello no era una opción viable

-Hace años que no veo a Adrien. Ni siquiera sé dónde está. – Marinette suspiró y miró a un lado, concentrándose en lo que ocurría a lo lejos para evitar en mayor medida el contacto visual con su amiga. Si la miraba a los ojos en esos momentos, estaba totalmente segura de que las lágrimas asomarían por sus ojos – Y probablemente se haya cambiado de número o ido del país. Al principio, cuando le llamaba, el contestador decía que el número que había marcado había dejado de existir

-¿Ya has dejado de intentar llamarle?

-Sí. ¿De qué serviría?

-Podríais hablar tranquilamente y...

-No. Él me dejó hace dos años de mala manera. Incluso me dijo que no sentía nada por mí. ¿Para qué iba a arrastrarme? No tiene ningún sentido...

-Pero tú sigues sintiendo algo por él..., ¿no? – Se atrevió a preguntar Alya

Marinette no respondió, tan solo centró su mirada en sus manos que tenía apoyadas en su regazo y su aura destilaba aún una mayor tristeza, haciendo que Alya quisiera haberse tragado sus palabras. No debería haberle preguntado eso...

-Esta noche he vuelto a soñar...eso

-¿Eso? ¿Te refieres a...?

-Sí – Le confirmó con rotundidad. Por lo visto, Alya estaba al corriente del sueño que martirizaba a Marinette la mayoría de las noches

-...Sigo pensando que deberíais hablar.

-¿Y cómo lo hago? No tengo su número. Y aunque lo tuviera, no sería capaz de hilar más de dos palabras juntas. Sería como cuando aún estábamos en el instituto y me ponía nerviosa al hablar con él – Marinette sonrió, recordando con diversión aquellos momentos

-No sé, pero... – Con el riesgo de entrometer su teléfono y fastidiarla de nuevo, Alya le enseñó una página, pero consideraba que Marinette debía ver aquello – Mira

Marinette levantó la vista con curiosidad. En la pantalla del teléfono pudo ver a Adrien en lo que era una noticia en una página de alguna revista del famoseo, lo que hizo que se le iluminara la mirada, aunque tratara de disimularlo a toda costa. Pero la alegría le duró poco. A su lado había una chica morena, con una sonrisa de oreja a oreja. Y más guapa de lo que Marinette podría llegar a ser, o, al menos, eso es lo que ella pensó en ese momento, momento en el que se vino abajo por completo cuando un afilado cuchillo invisible le atravesó el corazón

-Esto es lo que quería contarte. – Dijo Alya con miedo tras unos segundos de golpe contra la realidad – Al parecer, Adrien está saliendo con esta chica...

-B...Bueno, ya no estamos juntos, está en su derecho – Dijo con aparente templanza, aunque por dentro, quisiera ponerse a llorar y a maldecirse interiormente. Se sentía engañada, traicionada, desencantada. No solo había estado jugando con ella y con sus sentimientos al decirle, como últimas palabras, que no estaba enamorado de ella, sino que se exponía con otra chica que era su novia. En ese momento, Marinette recordó cómo Tikki la había incitado la noche anterior a salir con otra persona que le devolviera la ilusión. Ella no quería, no estaba preparada para empezar una nueva relación, por joven que fuera, pero una parte de ella, una pequeña parte, aún tenía la esperanza de que Adrien volviera junto a ella – ¿Y Adrien lleva mucho tiempo en China? – En el titular de la noticia, ponía que Adrien Agreste había sido visto en China con aquella chica

Alya se encogió de hombros y miró la pantalla de su teléfono, por si lograba captar algún dato que se le hubiera escapado

-Es todo lo que sé, pero pensé que querrías saberlo

-...Gracias

Marinette terminó de beberse el contenido del vaso, dejó un poco dinero en la mesa, pero el suficiente como para pagar su bebida. Se despidió de Alya con su característica sonrisa, como si no hubiera pasado nada, pero de manera apresurada diciendo que tenía algo que hacer que había olvidado. Aquello había supuesto un mazazo directo a su moral y quería deprimirse en su casa, sin que nadie la viera


La llave fue introducida en la cerradura con algo de torpeza hasta que, al final, la puerta se abrió. Adrien trató de pasar con sus dos maletas y su caja en el brazo izquierdo. Acceder al interior de lo que sería su nueva casa era complicado con tantos bártulos, bastante complicado.

Como pudo, pasó y cerró la puerta, dejando la caja en el suelo de la entrada. Suspiró. Estaba cansado de todo el viaje, de la conversación con su padre, y del trayecto a su apartamento.

No era demasiado grande, pero no necesitaba un espacio inmenso para vivir bien. Todo lo contrario, con dos habitaciones, un cuarto de baño y un salón continuo con la cocina, que no tenía puerta, podría apañárselas perfectamente. Además, el salón, aunque no era extremadamente amplio como el de la casa en la que había vivido con su padre, poseía un gran ventanal que tenía vistas de una gran parte de la ciudad.

Adrien avanzó hasta tener el cristal a unos pocos centímetros, contemplando los edificios y las personas hacer su vida. Sonrió. Podría disfrutar de aquellas vistas y aprovecharlas para relajarse

-Bueno, no me puedo quejar. El sitio parece bastante acogedor – Plagg había asomado la cabeza por la camisa de Adrien y también había estado contemplando las vistas desde aquella altura

-¿Adrien? – Una voz femenina provino del interior de la casa, de una de las habitaciones. La persona habría escuchado el ruido que había formado al entrar muy probablemente – Adrien, cariño, ¿eres tú? ¿Ya has llegado?

-Sí, estoy aquí – Dijo

Escuchó unos pasos que se acercaban cada vez más hasta que ella se colocó a tan solo unos metros de él. En cuanto le vio, ella sonrió, tranquilizándose

-Menos mal, ya estabas tardando. Estaba preocupada – Ella le dio un cariñoso beso en la mejilla, haciendo que el chico le devolviera la sonrisa – Todavía queda mucho trabajo por hacer – Ella avanzó hasta ponerse enfrente de Adrien. De solo pensar en todo el trabajo que tenían por delante, se agobió. Se recogió el pelo en una coleta, aunque algunos mechos rebeldes quedaran sueltos – ¿Por qué no me ayudas a colocar todo lo que está en las cajas que hay al lado de la cocina? Yo empezaré por las habitaciones. Tardaremos años en poder colocarlo todo...Los de la mudanza han llegado unos minutos antes que tú y han traído más cajas aún...

-Claro, no hay problema – Dijo Adrien con ilusión. Lo que más deseaba era colocarlo todo para ver su nueva casa en orden


No sé por qué, me he tirado buena parte de la madrugada escribiendo como una loca. Quizá porque las ideas no han parado y no paran de bullir en mi mente, no lo sé, pero he sacado tiempo de donde no lo tenía para escribir el segundo capítulo. Es un poco más largo que el anterior, tal y como me gustan a mi

Sonrais777: No te preocupes, seguiré el fic ;) Y con este segundo capítulo ya puedes saciar tus ganas de seguir leyéndolo ^^ Y en cuanto a la discusión y el porqué del regreso de Adrien, solo puedo decir que lo esperes con ansias *risa malvada*

Dianis Mar: Muy seguramente, solo lo publique en fanfiction. Wattpad no es de mi agrado, si soy sincera. Lo siento :(

Neko Baba's: Wow es lo que debería decir yo ante tu comentario. Me dejó de piedra, en el buen sentido, claro. Me hizo muy feliz recibir tus palabras. Gracias. Y en cuanto a cómo narro la historia...bueno, me gusta escribir para relajarme y plasmar todas las cosas que una persona puede sentir o pensar con palabras que hagan ágil la lectura. Supongo que será por eso, aunque hace años, era horrible escribiendo jajaja. Gracias por tus ánimos para los exámenes que tengo, aunque mis ganas de estudiar vayan más allá del subsuelo :( Y el tercer capítulo ya sí que lo publicaré la semana que viene, no quiero tirarme otra madrugada escribiendo sin parar por mucho que me guste.

¡Gracias por los comentarios y por leer mi historia!