Capitulo II

La rutina siempre le había parecido exageradamente aburrida. Sobre todo si eso conllevaba comportarse como un adulto cuando únicamente se tiene diez años.

Su estatus, la sociedad, sus padres, hasta él mismo se obligó a adentrarse en un mundo que no le correspondía.

Connor lo sabia, y se detestaba.

Muchas veces, en las reuniones importantes, permanecía callado, apartado de todo vestigio de infancia que ajeno a él, recorría su propia mansión en forma de otros infantes que jugaban libremente….siendo lo que eran: simples niños.

Muchas veces se preguntó que seria no tener responsabilidades, cargas¡una agenda! Estaba tan cansado de si mismo que ignoraba por completo sus propios sueños.

"¿Que es lo que quieres ser cuando seas grande?"

"Me gustaría encargarme de las empresas de mi padre" contestaba como un autómata.

¡Demonios! Ni siquiera podía creerlo él mismo. No quería ser una copia barata de nadie, pero por el camino que iba no le quedaba otra opción; él tenia proyectos, sueños, esperanzas, pero jugar a ser alguien que no eres le acarreó el gran problema de olvidarse de su verdadero yo.

Nunca lo supo, pero sus padres se daban cuenta de aquello y sufrían al verlo llevar cargas que no le correspondían. Hasta que un día tomaron la decisión mas dura de sus vidas: mandarían a su hijo a una escuela lejos, fuera de todo ese ambiente maduro.

Connor nunca pudo agradecerles lo suficiente por haber hecho eso.

De un momento a otro, la rutina ya no era tan aburrida, lejos de casa, lejos de aquella vida ficticia que él mismo había construido. Ese muro con la realidad no estaba interponiéndose entre él y el mundo.

Connor suspiró, intentando llenar sus pulmones de aire más que por demostrar algún tipo de pesar.

Instantáneamente se vio envuelto en un abrazo calido, llevado a cabo por unos pequeños brazos que le guiaban hasta apoyarse en el pecho calido de una chica, pudiendo escuchar así los latidos rítmicos y confortables de su corazón. En un pasado no muy lejano no habría sabido que hacer en esa situación, pero ahora si. Cerró sus ojos dejándose por la sensación de ser querido por quien era y no por que posición ocupaba.

No tardaron en hacerse esperar los otros dos abrazos que faltaban para completar aquel cuadro ya común en la sala de Gryffindor, en el cual tres niñas se abrazaban a un joven, todos tan metidos en sus mundos que no le daban importancia a los murmullos que generaba esa escena extraña.

Un simple comentario de una de ellas le hizo sonreír fuertemente a más no poder, rompiendo así el encanto del momento. Pero rápidamente el grupo entero comenzó a reír con ganas, divertidos por la situación.

Observó con atención los tres pares de ojos que le miraban curiosas de vez en cuando y entre risas.

Los marrones llenos de vida: Cristhy siempre tenía la palabra equivocada para el momento correcto, y en sus ojos podía notar la eterna infancia que desplegaba cada uno de sus actos. La adoraba por ello, por ser todo lo que él en algún momento anheló siendo muy pequeño.

A su lado los negros y soñadores: Emily era poseedora de un cariño y armonía que llenaba cualquier lugar, no era muy atenta en las cosas puesto que siempre terminaba estampada contra algo, pero siempre se esforzaba dando el máximo de si misma, para no dejar dudas, mas a ella que a otros, que había hecho todo lo que podía dentro de sus posibilidades. Su persistencia le impresionaba.

Tuvo que girarse un poco para ver a la tercera que aun permanecía abrazándolo, permitiendo que parte de su cabeza y torso descansara en su pecho.

Los grises traviesos y penetrantes: quien dijo que el gris era un color frío, sobre todo para tener como tonalidad de ojos no conocía a nadie como Avril. Su mirada siempre reflejo la personalidad juguetona de aquella enana sonriente y preguntona. "se quien quieras ser, nadie te lo impide" Le dijo una vez, dejándolo atónito. Nadie le había dicho algo parecido en su vida.

Ya no le preocupaba que los demás dijeran que era extraño por juntarse con tres niñas, ni que hicieran conjeturas con su sexualidad con su tendencia de hablar más con chicas que con chicos.

Ellas tres estaban allí para él y eso le llenaba de alegría.

Por fin alguien pudo salvarlo de si mismo.


Hola!! muchas gracias por su apoyo Chicas, me pone muy contenta que este nuevo punto de vista de la historia le guste!

Sin mas que decir, les dejo el cap dos y espero que lso disfruten tanto como el primero.