Capítulo 2
Resoplo irritado, molesto. El hecho de no haber llegado tarde a clase no me ha hecho sentir mejor. Pasado el primer período camino con desgana hacia la clase del grupo A. Intento no hacer demasiado caso a los estudiantes que cuchichean a mis espaldas. "Si ya se sabe que mala hierba nunca muere" es uno de los murmullos que llego a advertir. Me llevo la mano a la quijada, debe de estar enmoratonada. Al final, opto por cambiar de rumbo, torcer mi camino y bajar hasta las aulas de 2º año. Tal vez con la esperanza de encontrar refugio.
La puerta de 2ºB está abierta. De la misma manera que había localizado a Lexi en el patio, tampoco me es difícil encontrar a su hermana. Lo cierto es que a parte de la nariz y el tono de piel, Kaya y Lexi son polos opuestos. Y no me refiero únicamente al físico. La fría y distante Lexi no tiene nada que ver con su amigable y divertida hermana. Tras una semana y media viviendo juntos, la mayor de las Ichinose ha conseguido convertirse en el alma de la casa, ganándose tanto mi afecto como el de mi madre (que siempre había querido tener una hija). Está sentada encima de una mesa, charlando animadamente con Ayako y Ryota. Cuando me ve, me dedica una sonrisa cálida, invitándome a pasar mientras se pone unos mechones castaño oscuros sueltos detrás de la oreja. Definitivamente nada que ver. Cojo la silla vacía más cercana al grupo y la arrastro hacia ellos. Nada más sentarme Ayako me enseña unas fotos. No tardo ni medio segundo en darme cuenta de quién es la protagonista de las imágenes. Lexi aparece de espaldas y con el uniforme de deporte. Intento mostrar desinterés y las dejo caer encima de la mesa. Los tres esperan a que opine sobre algo, pero lo primero que se me ocurre me parece inapropiado por lo que opto por seguir en silencio.
-La verdad es que tiene un cuerpo muy bonito- comenta Ayako finalmente. Aun no me acostumbro a verla con el uniforme y el pelo suelto y no con las mallas de deporte. Kaya asiente.
- ¿Pues te puedes creer que odia hacer ejercicio?- añade indignada como si el universo hubiese sido injusto con ella. La observo detenidamente mientras se pone una mano encima de la barbilla.
-Sí, bonito como una tabla de planchar- suelto finalmente. No he podido resistirme. Todos me miran sorprendidos, sobre todo Kaya. Aunque no parece estar molesta.
- ¿De verdad no te das cuenta de su culo? - me pregunta Miyagi de sopetón. Y en menos de un segundo se convierte en el receptor de todas las miradas de la clase. Kaya fija la mirada en su falda y aprieta los labios con fuerza, como si intentara contener las ganas de partirse. Su cara bronceada empieza a ponerse colorada al darse cuenta de que su boca le ha traicionado y que lo ha dicho en voz alta. Mira a Ayako, su amor platónico y luego me mira a mí, torciendo una ceja. Ahora mismo es incapaz de decir nada. Le dedico una sonrisa burlona, pues adivino la vergüenza que debe estar pasando en estos momentos. Además, soy yo el que suele actuar de manera impulsiva. Quiero disfrutar su torpeza. Al cabo de unos minutos decido que es momento de salvar a mi compañero.
-Deberías decirle a tu hermana que tuviera un poco más de cuidado o conseguirá que los profesores la fichen- Así es como se divierten algunos gilipollas por aquí, tomando fotos de las chicas durante las clases de gimnasia.
- Gracias por preocuparte Hisashi- posa sus ojos también castaños sobre mí ¿De verdad parezco estar preocupado? – Hablaré con ella, lo último que quiero es que se meta en líos otra vez.
¿Otra vez? pienso.
- ¿Otra vez? - pregunta Ayako.
- Digamos que mi hermana puede ser muy conflictiva cuando se lo propone- responde Kaya con un halo de misterio en sus palabras. – Tiene un don para llamar la atención.
Se está acariciando el labio inferior con la yema de su dedo índice y mirando a la nada, cuando de repente, algo parece captar su atención.
-Por cierto, Hisashi, ¿te has peleado? - no puedo evitar volver a resoplar desanimado.
XXXXX
Abro la puerta de la entrada con mi manojo de llaves e invito a Kaya a pasar primero. Mi madre está en la cocina preparando la cena. Cuando me ve el moratón me mira como si fuera una detective y yo el sospechoso de un crimen. Le aclaro rápidamente que uno de los de primero me ha dado un golpe con la pelota durante el entrenamiento. No parece muy convencida, pero al final decide dejarlo estar y centrar su atención en nuestra nueva inquilina. Es increíble lo rápido que cambia de humor.
-¿Y mi hermana? – inquiere la castaña mientras abre el armario de los platos.
- Llamó hace un rato para decir que pasaría la noche en casa de una amiga del conservatorio.
Es la tercera vez desde que se mudaron. Me sirvo un vaso de zumo de naranja que me llevo a mi habitación. Me estiro en la cama y cierro los ojos. No tengo ganas de estudiar. Escucho a Kaya y a mi madre reírse, probablemente por alguna tontería. Recuerdo el vaso que he subido conmigo y me lo bebo de un sorbo. Demasiado dulce.
