Notas de autor al final, favor de leer.

Advertencia: Contenido sangriento [Gore] y lenguaje vulgar a través de toda la historia. Contenido sexual e intento de asesinato. Yaoi. Lean bajo su propia cuenta y riesgo, no me hago responsable de nada. Reclamos a mi persona.

Disclaimer: El mundo de Shingeki No Kyojin y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Hajime Isayama. Esta historia fue escrita con la finalidad de agradar y entretener al lector.

Historia 100% original. Propiedad de KingOfMisery. Historia con derecho de autor.

-…-

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Juntó ambas manos con nerviosismo, caminando con la cabeza gacha y los hombros caídos. Odiaba que los demás le observasen puesto que solo lo hacían para comenzar a juzgarle. ¿Qué se creían? No eran los reyes del mundo, no tenían derecho sobre nadie, sin
importar nada. Pero así son los seres humanos, alimentan su ego mediante la humillación ajena, sólo así se pueden sentir bien consigo mismos. Así es esta mierda de humanidad.

Unos chicos pasaron golpeando su hombro, a punto de hacerle caer. Estos rieron al igual que el resto de jóvenes que se encontraban a su alrededor. Lágrimas se acumularon en sus ojos, ¿Cuándo iban a parar? ¿Cuándo iban a dejar de gritarle esas cosas horribles?
¿Cuándo se iban a callar para dejarle en paz?

Todos sus problemas se esfumaron al encontrarse con aquel par de ojos azules, enmarcados por unas largas y espesas pestañas, y que hacían juego con aquella rubia cabellera. Su tez era hermosa, blanca pero sin llegar a perder aquel toque rojizo, con un
bello y suave sonrojo en sus mejillas, haciéndola parecer una muñeca de porcelana. Sus ojos se abrieron de par en par, sintiendo un cosquilleo en el estómago y un golpeteo en su pecho. ¿Quién era ella? ¿Acaso era un ángel? No lo sabía, y no se quedaría
con la duda.

Ignorando los comentarios de todos los que allí se encontraban se levantó para llegar junto a la chica, quien le vio antes de que él le tocara siquiera el hombro. Su mirada era algo fría y penetrante, pero no le aterró, sino que se sintió aún más fascinado
por ella. Rió por lo bajo con cierto nerviosismo, llevando la mirada a un lado mientras rascaba su mejilla con su dedo índice.

— O-oye, yo… M-me pregunto si… Ya sabes… —Se volvió a encoger de hombros, sin poder articular una sola palabra, viendo de reojo a la joven mientras un sonrojo decoraba sus mejillas—… ¿Alguna vez te han dicho…? Eamm… ¿L-lo linda que eres?

La joven arqueó una ceja, viendo de forma rara al chico frente a ella.

— ¡O-olvídalo! —El sonrojo llegó a cubrir sus orejas, sentía como si acabara de correr un maratón luego de haber bebido 7 litros de agua, quería vomitar, huir pero a la vez quedarse—. M-me refiero a… ¿Cómo te llamas?

— Annie. —Su voz fue como un coro de ángeles para sus oídos, una voz tan dura, rígida, directa y monótona. Sintió su corazón acelerarse otro poco, sus piernas temblaron, sabía que en cualquier momento iba a desfallecer.

— Que lindo. —Soltó en un suave susurro, posando una dulce mirada sobre la joven. Reaccionó a los diez segundos y se maldijo por ser tan estúpido—. ¡Oh, perdón! Yo no quería… A-Annie, te gustaría… Ya sabes… ¿Salir alguna vez?

Silencio fue todo lo que hubo entre ellos dos. Una vez más ella alzó una ceja, cerrando ambos párpados mientras soltaba un suspiro. Los volvió a abrir, dispuesta a responder, fijando su hermosa y dura mirada en el mayor.

— No.

Aquella palabra compuesta por dos simples letras calló como un golpe en su corazón. Sintió como su nerviosa sonrisa se desvanecía lentamente, y su mirada se iba opacando, adolorida. Quiso hablar, pedir un por qué, pero ella se le adelantó como si no fuese
ya suficiente dolor.

— Digo, eres atractivo pero… Mírate, a veces no sé si te han lavado el cerebro o qué diablos. —Con cada palabra podía sentir como si le insertaran mil agujas en el pecho, sintiendo que un nudo comenzaba a formarse en su garganta. Esa era la primera vez
que expresaba sentimiento alguno—. Todos en el Instituto lo sabemos, eres alguien jodidamente raro, y muy desagradable. No me gustaría liarme con un estúpido suicida que ni siquiera posee amor propio, y al que ni sus padres amaron. Cosas como tú no
las quiero ni siquiera como compañeros cercanos, ni siquiera para hablar de vez en cuando.

No pudo articular palabra alguna. Sus hombros volvieron a caer mientras una lágrima amenazaba con escapar para recorrer aquella mejilla, la cual se encontraba sonrojada por la vergüenza. Había sido humillado por una chica a la cual se había mostrado tal
y como era. Ocultó su mirada bajo su flequillo, sonriendo de forma adolorida.

— Yo… Supongo que comprendo. Vamos, ¿Quién quisiera acercarse a un tipo como yo? —Su voz tembló en la pregunta, estaba a punto de romper en llanto—. No tengo amigos, nadie quiere siquiera hacer un trabajo conmigo… ¿Qué estaba pensando al venir a hablarte?

Levantó la mirada volviéndose a encontrar con los ojos que le habían atrapado. La chica gruñó al ver las lágrimas acumuladas, poniendo la mirada en blanco.

— Entonces esfúmate.

Y con aquellas dos palabras lo quebró por completo. Una lágrima se derramó al momento que dio la vuelta, volviendo por donde había llegado mientras los que habían escuchado la conversación se burlaban de él. Sí, las personas siempre disfrutan la humillación
ajena. Aceleró el paso, sintiendo las lágrimas correr de forma descontrolada, escuchando aquellos comentarios que lo denigraban más. Corrió lo más rápido que su cuerpo le permitió, huyendo de todos ellos, buscando un lugar seguro en el cual le dejarían
en paz. Corrió como nunca lo había hecho, cualquiera que lo viera ahora creería que pertenecía al club de atletismo de su escuela. Al llegar a su casa tronó la puerta, subiendo hasta su cuarto para echarse a llorar en su cama.

Era la primera vez que se mostraba ante alguien tal y como él era para decirle lo que sentía. Era la primera vez que se mostraba cálido con alguien. Y esa primera vez también se había vuelto su primer rechazo.

Por raro.

.

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Ϟ La gota que derramó el vaso Ϟ

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.

— Eren no ha vuelto, ¿Se han dado cuenta?

— Eh, es cierto, con razón había tanta paz.

— ¿No ha llegado?

— Así es, lleva semana y media ausente.

— ¿Qué habrá pasado?

— Yo digo que otra vez se ha intentado matar, y ojalá lo haya logrado.

— Para mí que por fin le han internado.

— Yo escuché que lo han metido preso por agresión.

— ¿Acaso ha herido a alguien?

— Dicen que está en rehabilitación por consumo de drogas.

— Sabía que por algo se portaba tan raro.

— ¿Ya habrá logrado cortarse de nuevo las venas?

— Creo haber oído que está hospitalizado.

— ¿Hospital normal?

— No, un psiquiátrico.

— ¿Será que vuelve?

— Mejor para nosotros que nunca lo haga.

— Por mí que lo encierren por el resto de su vida.

— Por mí que se mate de una vez, nadie lo necesita.

La rubia cerró el cuaderno con cuidado, dejándolo a un lado para acariciarse las sienes. Nunca comprendería las rarezas del joven Smith, este era un chico muy difícil de leer. Pensó otro poco en aquellos extraños dibujos, todos hechos con la pluma roja
y ninguno poseía un poco de sentido. Tomó una hoja suelta que había encontrado dentro de la libreta al momento en el que la había tomado, sintiendo cierto escalofrío al ver lo ilustrado en ella. Ese era el único dibujo hecho por el joven que sí tenía
forma, y no era lo mejor para apreciar. No iba a negar que Eren poseía un don con las artes, pero ahora dudaba si ese don lo estaba utilizando para lo correcto.

Allí, plasmado en esa hoja doblada, se podía ver el dibujo de un cuerpo colgado en un armario, con las entrañas de fuera y los ojos cargados de desesperación y miedo. En una mano tenía una muñeca, y en la otra algo que parecía ser el marco de una foto.
Al parecer tenía la mandíbula arrancada, y esta se hallaba bajo sus pies.

Negó un par de veces con la cabeza mientras cerraba ambos párpados, volviendo a doblar la hoja y metiéndola de vuelta al cuaderno. Cogió su teléfono, marcando aquel número que todos los profesores conocían y más de alguna vez habían marcado. El teléfono
del señor Smith. Si no le habías llamado no eras maestro de aquel Instituto. Escuchó los pitidos que le indicaban que la llamada se estaba realizando, esperando mientras mordía con nerviosismo la uña de su dedo meñique. Estaba a punto de colgar cuando
alguien contestó del otro lado.

— "¿Diga?"

— Oh, buen día señor Smith, le habla de nuevo la profesora de Literatura de Eren.

—"Es un placer volver a hablar con usted, ¿A ocurrido algo? Dígame que no han decidido expulsar a Eren".

La maestra rió un poco.

— No, descuide, yo solo le quería hablar sobre… Unos problemas "artísticos" de Eren.

No recibió respuesta alguna por al menos un minuto, llego a considerar que la llamada se había cortado pero el otro por fin habló.

— "Y supongo que quiere una cita".

— Así es, ¿Puede venir este viernes?

— "No lo sé, el trabajo me está matando".

— A las dos, por favor. —Aquello sonó más como una súplica, no le caería nada mal que por primera vez los padres de Eren dejaran a un lado su trabajo para poder atenderlo.

— "Lo intentaré. Ahora debo dejarla, tengo una reunión".

— Descuide.

A penas y pudo terminar la palabra pues el otro ya había cortado. Suspiró de forma pesada mientras dejaba en el escritorio su teléfono, pasando sus dedos una vez más en aquella libreta. La curiosidad le volvió a consumir.

¿Por qué rayos Eren dibujaría cosas así?

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Abrió su casillero, volviendo a revolver los libros dentro de este en un desesperado intento por encontrar aquella estúpida libreta. ¿Será que se la habían robado? No podía ser, esa libreta ni siquiera tenía algo útil, no había hoja en la que este no
hubiera dibujado. Suspiró, esperando que esta se hubiera quedado en la clase. Luego de un rato reconsideró esa estúpida idea, no podía haber permanecido allí por casi dos semanas. A veces él mismo dudaba de su propia inteligencia. Se resignó, su cuaderno
de dibujos ya se había ido a la mierda, todo lo que esperaba es que nadie comenzase a hablar sobre el dibujo que había estado haciendo aquel día en la clase.

Ya era viernes, lo que indicaba que se había ausentado por casi dos semanas. A penas y había podido engañar a su madre para que le dejase faltar, puesto que el día siguiente había amanecido con un dolor infernal. Ahora lo que menos quería era recibir
educación física.

Cerró el casillero con molestia, dispuesto a partir, pero una voz captó su atención.

— ¡Eren!

¿Estaban diciendo su nombre? Sacudió la cabeza, eso no podía ser posible, ninguna chica le hablaba.

— ¡Eren, espera! —Bien, esta vez sí habían dicho su nombre. Se giró para encontrarse con una chica de cabello castaño-rojizo, muy similar al de su madre. Ella le dedicó una sonrisa, cosa que sorprendió al castaño—. Bienvenido de vuelta, Eren, ¿Cómo has
estado?

Sintió algo extraño en su pecho, era cálido, un muy lindo sentimiento. ¿Acaso así se sentían las personas cuando les trataban de forma agradable? Llevaba un largo tiempo sin sentir algo así, desde que cierto chico le había botado toda esperanza en la
humanidad. No supo que decir, parpadeó un par de veces, tartamudeando al momento de intentar responder.

— Sa-Sasha, e-eso… Gracias. —Aquella última palabra fue un murmullo que le costó captar a su compañera, la cual tan solo amplió aquella sonrisa—. Nunca antes me habían tratado así.

— Bueno, me siento afortunada en ese caso.

Eren la vio un tanto inseguro, ya muchas veces habían jugado así con él como para que volviese a caer en esa cruel trampa. Sasha pareció notar aquello, por lo que decidió no ser tan energética con el chico.

— Lo lamento, tan solo me emocioné de saber que estabas de vuelta. —Buscó algo en su bolsillo, sacando de este un pequeño papel blanco, entregándoselo al castaño. Este lo observó, tenía escrito lo que parecía ser una dirección; antes de que él preguntara
Sasha habló—. Esta noche tengo planeada una fiesta, y estás invitado. Te estaré muy agradecida si vas.

Sus ojos se abrieron, sorprendidos, sin saber que decir ante ello. ¿Le estaba invitando a una fiesta? ¿Una fiesta donde todos van a convivir y pasar un buen rato? Se supone que a la fiesta solo se invitan amigos, ¿O no? Permaneció con la mirada fija en
el papel, sumido en sus pensamientos, ¿Por qué lo estaba invitando? Se veía que tenía buenas intenciones, y le había hecho sentir muy bien con esa cálida bienvenida. Estaba tan distraído que no escuchó al momento que la chica se despidió. Se giró
de forma rápida, tomándola del brazo.

— ¡E-espera! ¿A qué…? —No acabó la pregunta, se sintió un poco extraño por haber actuado de esa forma. Estaba emocionado, ¿Qué le podía hacer?

— A las siete. —Como si le hubiera leído la mente Sasha respondió, volviendo a sonreír antes de despedirse por segunda vez, dejando en el pasillo a un sorprendido e ilusionado Eren. Tal vez las cosas malas ya habían acabado.

Tal vez podría tener la oportunidad de hacer un amigo.

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— "¿A trabajar en otra casa?" —La voz de su madre se escuchaba algo sorprendida, nunca antes le habían invitado a casa de alguien más, ni siquiera para realizar trabajos puesto que nadie lo tomaba como compañero.

— Así es, con Sasha no hemos terminado el trabajo de historia en clases así que– —Eren fue interrumpido por un chillido, haciéndole poner la mirada en blanco. Estaba seguro de que su madre estaba saltando de la emoción, y que luego iría a contarle la
noticia a todos sus compañeros de trabajo.

— "Bien, Eren, así se comienzan a hacer amigos".

— Ya basta, no actúes como una estúpida, me das pena. —Gruñó por lo bajo, escuchando unos lloriqueos infantiles por parte de la mayor. ¿No le pudo adoptar una madre más madura?

— "Eres muy cruel, ¿Lo sabías?" —De nuevo estaba usando ese tono infantil, cosa que no conseguía algo que no fuese molestar al castaño.

— Ya basta, Hanji, harás que me lance de un risco.

La mujer soltó una fuerte carcajada, cosa que hizo que el chico se alejara el móvil de la oreja por el exceso de ruido.

— "Ya, ve con cuidado, Eren". —El aludido agradeció para sus adentros que esta usara ya su voz normal. La mujer hizo un ruido que parecía ser un beso—. "Sabes que te quiero, no llegues tarde".

— Ugh, no te aseguro nada. —No permitió respuesta alguna, tan solo colgó, guardando el teléfono en su bolsillo derecho.

Continuó caminando con las manos dentro los bolsillos de su chaqueta, viendo como salía el vaho cada vez que suspiraba por el cansancio. Las noches en octubre eran más largas, por lo que no le sorprendía que ya todo estuviese oscuro. Por fin llegó al
lugar que indicaba el pequeño papel que le habían entregado esa mañana, la música se escuchaba desde afuera y las luces eran opacadas por las cortinas que cubrían cada ventana. Respiró hondo, atreviéndose a atravesar el jardín delantero, tocando el
timbre.

La castaña abrió la puerta, recibiendo al chico con entusiasmo, al principio actuó como si estuviese alerta, pero luego de un rato se calmó.

— Me alegra que te hayas decidido por venir, los chicos van a alegrarse cuando te vean.

— ¿Chicos?

Sasha le golpeó un par de veces el hombro, iba a hablar pero el sonido de un cristal rompiéndose le hizo retirarse.

— ¡Oigan, más cuidado, mis padres me mataran si se enteran que simios invaden su casa! —La chica desapareció entre las personas, dejando solo al joven, sin que nadie más notara su presencia.

Una mano alcanzó su hombro, haciéndole saltar al momento que se giraba. Suspiro con alivio cuando vio a su querida amiga azabache, en parte saber que ella estaba allí lo tranquilizaba.

— Mikasa, que bueno que–

— ¡Oye, Eren! —Una mano grande sobre su hombro le hizo callar, encontrándose con el capitán del equipo de fútbol americano. Reiner sonrió, señalando a una puerta que se hallaba bajo las escaleras que llevaban al segundo nivel—. ¿Quieres venir con nosotros?
Sé que no te gustan los lugares repletos de personas y con mucho ruido, el sótano es más tranquilo.

Dudó un poco, y pensó en agarrarse de Mikasa para evadir la oferta, pero al momento que vio a una joven rubia salir por la puerta su miedo se esfumó. Sus mejillas tomaron un tono carmín y su mirada se tornó algo dulce.

— Annie. —Soltó en un susurro que claramente había llegado a los oídos del rubio. Esbozó una pequeña sonrisa, apartando la mano sobre su hombro—. Está bien, gracias por la invitación, Reiner.

— ¡Perfecto! —El chico lo comenzó a empujar por la espalda, sin tener siquiera la intención de ocultar su entusiasmo. Eren le vio sorprendido, ¿Por qué habían decidido comenzar a tratarlo bien? Se detuvieron al llegar junto a la chica, la cual ni siquiera
se inmutó ante la presencia del de orbes esmeralda—. Mira, Annie, traje al que será tu marido.

El rostro de Eren ardió en su propio sonrojo, Leonhardt tan solo se dio la vuelta, volviendo a bajar al sótano con el resto de chicos, siendo seguida por los otros dos.

Al momento de estar abajo Smith ya no se sintió tan cómodo, personas como Jean y Ymir se encontraban allí, y ellos le caían como patada en el culo. Al verlo bajar la chica soltó una fuerte carcajada, siendo reprendida por una pequeña rubia.

— ¿Qué? ¿Sí viniste? —Volvió a reír sin importar lo que la otra dijera, en verdad que no lo podía creer—. Wow, tu fuerza de voluntad es más grande de lo que pensé.

— ¡Ymir, ya basta!

— Déjala, Christa, que se exprese. —Jean salió a la supuesta defensa de su casi hermana, atrayendo a la aludida hacia su cuerpo con un abrazo—. Se nota que nunca podrás estar sin defender a los débiles.

— ¡Ya basta! —Christa le apartó con un empujón, sorprendiendo un poco a los presentes—. Yo no… ¡Yo no puedo participar en estas cosas! —Y luego de aquello salió corriendo del lugar, cerrando la puerta de golpe.

— Ah, eso fue raro. —Jean suspiró, deteniendo con la mano a la chica que intentaba correr tras la pequeña. Llevó su mirada hasta donde Eren se encontraba, frunciendo un poco el ceño—. Bueno, ya que estás aquí, ¿Qué dicen si comenzamos?

— ¿C-comenzar qué? —Retrocedió un par de pasos, topando con el cuerpo de su amiga medio asiática. Mikasa le dio un pequeño empujón para animarle un poco, sería bueno que Eren hiciese más amigos, aunque eso implicara perderlo.

— ¿Reiner no te dijo? —Esta vez fue un joven con la cabeza rapada el que habló, si mal no recordaba ellos estaban en la misma clase, su nombre era similar al de una vaca de un programa que veía cuando era niño, ¿Conny? O algo similar—. Estábamos por jugar
"Siete minutos en el paraíso".

Su rostro se volvió a enrojecer, ¿Hablaban en serio? Eso explicaba por qué habían decidido estar en un lugar más tranquilo, a pesar de que aún se escuchaba un poco de música ese lugar era… ¿Pacífico? No sabía cómo describirlo. Llevó la mirada a una puerta
que se hallaba en la pared izquierda de la habitación, estaba abierta y parecía llevar a un pequeño cuarto de almacenamiento. Debía de medir unos sus 3x7 centímetros y no tenía foco.

Reiner le invitó a sentarse con un movimiento de cabeza, luego de incorporarse al círculo le entregaron un vaso de agua, el cual dejó frente a él. Tragó grueso al momento de Ymir giraba la botella, sonriendo de forma pícara al momento que esta se detuvo.

Se le heló la piel al ver el fondo de la botella apuntando hacia él, y la boquilla señalaba a Annie. Por tercera vez en la noche sus mejillas enrojecieron, no solo por quien sería su secuestradora, sino también por las risas y chiflidos que soltaban los
allí presentes.

— Eren, eres un afortunado. —Reiner rió, invitándole a ponerse de pie y entrar en la pequeña habitación.

Jean le detuvo, entregándole al rubio una venda.

— Recuerda lo que dijimos.

Reiner volvió a reír, vendándole los ojos a Smith. Luego de asegurarse de que no veía nada lo entró a la habitación, Eren escuchó unos pasos a su lado y la puerta fue cerrada. Sus piernas temblaban, aún no lo podía creer, estaba seguro de que su sonrojo
era notable a pesar de que el cuarto estaba sumido por la oscuridad. Sintió una gota de sudor recorrer su sien, respiraba con dificultas y su corazón iba a diez mil por hora. Esperó a que la chica hiciera algo, pero esta ni siquiera se movió.

Un minuto.

Diez minutos.

Dieciocho minutos.

Llevó una mano hasta su rostro, retirando la venda de sus ojos, luego esperó a que su mirada se acoplara. No podía ser, ellos no podían haberle hecho eso, ¿Verdad?

Entre la oscuridad pudo distinguir una gran sombra, la tocó, parecía ser el mueble de metal en el que se guardaban las cosas. Giró sobre sí mismo, viendo lo mismo a su alrededor. Ni una sola sombra humana. Sus ojos se llenaron de lágrimas, una vez más
había sido engañado. Llevó una mano hasta la perilla, tratando de girarla, no cedió. Lo hizo una vez más, comenzando a desesperarse, luego de un rato se aventó contra la puerta, sintiendo que era sostenida por algo más. Así que lo habían atrapado.
Golpeó la madera con fuerza, comenzando a entrar en desesperación.

— ¡Ayuda, por favor! ¡Sáquenme de aquí! ¡Mikasa! ¡Sasha! ¡Reiner! ¡Alguien! —Las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas, estaba asustado, ¿Por qué no lo sacaban? Ya llevaba allí casi veinte minutos—. ¡Mikasa, sácame de aquí! ¡Ayúdenme!

Los gritos y golpes hacían eco en un sótano vacío, gritos que eran opacados por la música más allá de la puerta cerrada.

Ymir rió, derramando sobre su mano la bebida del vaso rojo, recibiendo entre sus dedos el pequeño imán.

— ¿Ven? Les dije que con esto no tardaríamos tanto.

— Ha sido grandioso, ¿Vieron su cara cuando supo que Annie sería su secuestrador? —Conny soltó una fuerte carcajada, recostándose en el refrigerador de aquella cocina blanca. Eso era lo bueno de ser grandes amigos de Sasha, ellos sí tenían acceso a todos
los cuartos.

— Pero han sido unos inútiles. ¿Por qué yo? Su mirada me dio… Asco.

— Vamos, Annie, desde un inicio sabías que serías la carnada. —Jean canturreó de forma burlona, abrazando a la rubia por los hombros. Ésta tan solo chasqueó la lengua, apartando su brazo con desprecio—. Bueno, quitando eso, ¿Creen que Christa le dirá
algo a Sasha?

— No creo, Christa es buena pero se asusta rápido. —Ymir acabó de lavarse las manos, arrojando unas gotas de agua en el rostro del castaño. Caminó hasta donde un chico alto y de cabello negro se encontraba, picándole la nariz con una sonrisa en su rostro—.
Pero, solo para prevenir, ¿Qué dices si vas a hablar con ella, Bertholdt? De igual forma, Sasha le sacará al acabar la fiesta.

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Soltó un suspiro pesado al momento que terminaba de recoger el último vaso que se encontraba en el suelo, luego de la fiesta su casa había quedado hecha un desastre. Menos mal sus padres habían salido a causa del trabajo, y volverían hasta el martes a
medio día. Observó con disgusto la sala, tal vez había recogido todos los vasos, servilletas, serpentinas y cosas así, pero todavía le tocaba barrer y pasarle la aspiradora a la alfombra. Notó una pequeña mancha sobre el sofá blanco de su padre, ¡Mierda,
la iban a matar! Necesitaba usar rápido el kit de limpieza especial de su madre.

El sonido del teléfono le sacó de su pequeña desesperación, corrió a la pequeña mesa que se encontraba junto a las escaleras y contestó, volviendo a caminar a la habitación anterior.

— ¿Diga? ¿Quién habla?

— "Disculpa, ¿Estoy hablando con la señorita Sasha Braus?"

Sasha dudó en responder, ¿Cómo rayos habían conseguido su número? Revisó el identificador para ver si no era algún familiar, pero nunca antes le habían llamado.

— Eamm ¿Sí? ¿Por qué?

— "Es un gusto, soy Erwin Smith." — ¿Smith? Ese apellido se le hizo familiar, pensó un rato hasta que la idea le cayó encima, era el padre de Eren—. "Soy el papá de Eren, él está en tu grado".

— Oh, de Eren. Es un gusto señor Smith, ¿En qué le puedo servir?

— "Verás, tengo un pequeño problema, Eren no ha llegado anoche a casa". —La sangre se le heló, ¿Eren no había vuelto? Pero si nadie había quedado en su casa, los últimos que se fueron abandonaron la casa antes de las 3:00 de la madrugada—. "Sé que fue a hacer un trabajo contigo y por eso llamaba… ¿Por casualidad no se ha quedado en tu casa?"

¿Trabajo? Supuso que esa era la excusa que Eren había puesto para poder asistir a la fiesta.

— ¿Trabajo? —Se le hizo inevitable preguntar, y para cuando ya se había dado cuenta ya era tarde.

— "¿Entonces no ha ido a trabajar nada contigo?"

"Mierda, Sasha, eres una estúpida". En aquel momento hubiera querido golpearse la cabeza contra la pared, pero esa no era una opción. Eren había desaparecido. La culpa la comenzó a carcomer, se sentía fatal por haberlo descuidado la noche anterior.
Pensó que había una posibilidad de que se hubiera atrasado por algo, pero al ver el reloj de la pared la culpa la volvió a golpear. Eras las 10:36.

— Eren no está aquí. —Eso fue todo lo que pudo responder, no quería botarle la mentira al castaño, ya mucho había hecho mal.

— "Mierda… Por favor, si sabes algo de él no dudes en llamarme". —Su voz se escuchaba desesperada, era obvio que la angustia lo mataba, ¿Quién no siente que el mundo se le termina cuando un hijo no vuelve durante toda la noche a casa? Sasha pensó
en calmarlo, pero eso seguro no serviría.

— Estaré al tanto.

Recibió un agradecimiento por parte del adulto, y pudo escuchar un par de sollozos al fondo. Cortó la llamada, sintiendo un frío sudor recorrer su frente. Solo esperaba que no le hubiese pasado nada al volver, porque era más que obvio que Eren no había
llegado en auto, como todos los demás, y nadie le habría dado jalón.

Sacudió la cabeza, tratando de sacarse la preocupación de la cabeza, tenía que ser positiva, Eren estaba bien. Volvió a dejar el teléfono en la mesita, abriendo la puerta del sótano para bajar por el kit de limpieza. Al bajar le pareció extraño ver un
par de sillas que estaban trabadas a la perilla del cuarto de almacenamiento, su madre no hacía eso, y ella era la única que tocaba ese cuarto. Recordó que cuando estaba tomando el desayuno había notado la ausencia de un par de sillas del comedor,
esos malditos, ¿Habían bajado? Apartó las sillas con un poco de dificultad, quien las hubiera puesto allí las había trabado muy bien. Luego trató de girar la perilla, pero esta estaba trabada. "Putos" pensó mientras giraba la llave que permanecía
trabada en aquel metal plateado, girándola de nuevo y abriendo la puerta.

Un peso muerto le cayó encima, haciéndola soltar un fuerte grito, ¿Qué diablos? Se congeló al notar una cabellera castaña, no podía ser él, ¿O sí? El chico se removió con dificultad, apoyándose de sus brazos temblorosos para poder ver mejor a la joven.

— Ca-catorce horas… —Murmuró con voz temblorosa, aún sin alzar la vista. Su voz sonaba algo sombría, provocándole algo de terror a Braus—… Catorce… Putas…. Horas… Encerrado… ¡En tu maldita habitación!

Eren tomó entre sus manos el cuello de la chica, apretando este con fuerza. Sasha trató de gritar, pero nada salía de su garganta. Sus manos llegaron a las muñecas del joven en un vago intento por que le soltara, removiendo todo su cuerpo mientras su
rostro enrojecía. Levantó uno de sus brazos, asentándole un golpe en la nuca al castaño, aquello fue suficiente para que le soltara, permitiéndole retroceder un poco.

Mala idea.

Por primera vez en dos años Sasha se encontró con la mirada de Smith, y el pánico se apoderó de ella al momento que vio ese par de orbes color esmeralda. Esa mirada no parecía ser de un humano, mostrada una furia inmensa, intimidándola y haciéndola sentir
en peligro. Muchas veces había salido de caza con su padre, y podía comparar esa mirada con la de un lobo hambriento a punto de atacar. Sus instintos le dijeron que corriera, y eso hizo. Con dificultad se puso de pie, corriendo escaleras arriba, siendo
perseguida por el chico. Intentó cerrar la puerta, pero Eren se lo impidió, así que prefirió correr lo más lejos que pudo.

Soltó un grito mientras subía las escaleras, sintiendo como la tomaban del tobillo, haciéndola caer y golpeándole la nariz y frente contra las gradas, su mirada se nubló por un momento, pero volvió a la realidad al momento que el chico la arrastraba escaleras
abajo. Volvió a gritar, intentando patearlo, sintiendo como al volver al suelo le daba un puñetazo en el rostro. Eren volvió a intentar apoderarse de su cuello, pero ella se aprovechó de su distracción y le empujó de una patada, aventándolo contra
la pared. Volvió a subir, buscando la seguridad de su habitación, derramando lágrimas por sus mejillas.

Eren se incorporó, crujiendo la quijada, subiendo de forma lenta las escaleras, Sasha no podía ir muy lejos y el teléfono parecía estar abajo.

— Sasha~ —Soltó en un travieso canturreo al momento en el que puso un pie en el segundo nivel, comenzó a caminar por el pasillo de una forma calmada, su rostro mostraba una sonrisa sádica, al igual que su mirada—. ¿Dónde estás? Sal, maldita perra.

Sasha cubrió su boca con ambas manos en un vago intento por acallar sus sollozos, estaba sumida en pánico, ¿Qué iba a hacer?

— Vamos, enfréntate a las consecuencias. —Con cada palabra la hacía temblar, utilizando un tono infantil y burlón—. Tú lo sabías, por eso me invitaste.

Sus pasos eran lentos y delicados, haciendo lo posible por no hacer ruido, le encantaba saber que Sasha no sabía por dónde andaba hasta que escuchaba su voz. Rió por lo bajo al momento que escuchó un suave sollozo, ya la tenía.

— ¿Lo disfrutaste? —Detuvo sus pasos, fijando la mirada en la única puerta que se encontraba cerrada—. Me imagino que sí. Pasé toda la noche gritando, rogando porque me salvaran, ¿Y qué hicieron? —Su tono cambió a uno más frío y ronco, pero en la pregunta
se le cortó la voz—. Me dejaron allí, abandonado, burlándose de mi miseria.

Sasha escuchó la voz demasiado cerca, era obvio que ya la había encontrado. Salió del armario con sumo cuidado, tratando de recordar dónde guardaba su padre el bate de metal. Se arrastró por toda la habitación de sus padres hasta que llegó al otro lado,
allí, junto al cesto de ropa sucia, se encontraba el bate que su padre solía usar cuando escuchaba ruidos extraños en la casa antes de que compraran la escopeta. Lo tomó, incorporándose, colocándose junto a la puerta, lista para golpearlo por si entraba.

— ¿Pero sabes qué? Ya estoy más que acostumbrado a que todos me hagan esa mierda. A todos les encanta verme sufrir. —Eren caminó otro poco, posicionándose frente a la puerta de madera, apretando ambos puños con fuerza—. Y por eso a mí me encanta verte
temer.

Pateó la madera con fuerza, derribando la única puerta que le apartaba de su objetivo. Estaba decidido a entrar pero algo le golpeó en el estómago, haciéndole caer de rodillas al suelo, luego el golpe fue a caer a su mejilla, terminándole de botar. Sasha
comenzó a correr, pero el castaño logró sujetar su nueva arma, dispuesta a arriesgarlo todo soltó el bate, corriendo escaleras abajo, tomando el teléfono y buscando ir a la cocina, el único lugar de la planta baja que tenía puerta a parte del baño.

Se detuvo de golpe mientras soltaba un fuerte alarido al momento que vio caer al chico frente a ella, el cual había decidido que era más sencillo lanzarse del barandal cuidando la forma en que caía. Sasha le esquivó, entrando a la habitación y empujando
la puerta, pero Eren la sostuvo del otro lado, empujando con fuerza para que abriera.

— Acéptalo, Sasha, hoy es tu último día con vida. —Su voz denotaba que Eren había perdido todo rasgo de cordura, era hasta delirante, haciendo que a la chica se le tensara hasta el último músculo. Empujó la puerta con su cuerpo, pero Sasha no cedió—.
¡Maldición, estúpida perra, deja de ser tan puta y abre de una maldita vez!

Repitió la misma acción un par de veces más hasta que logró derribar a la castaña, esta se le escurrió entre las piernas, pero no fue lo suficiente rápida. La volvió a tomar del pie, arrojándose sobre ella, esta le volvió a empujar, cambiando rumbo una
vez más, intentando volver a la cocina, pero Eren se volvió a posicionar sobre ella, apresando sus muñecas con una mano, ahorcándola con la otra.

Lágrimas llenas de pánico corrían por sus mejillas, intentando librarse der agarre, su cuerpo le exigía por oxígeno y la cabeza le había comenzado a doler. Eren le soltó las muñecas sólo para apretar su cuello con ambas manos, empleando mayor fuerza.
Sasha golpeó el suelo con sus pies, pero ya no había nada que pudiera hacer. Sus ojos se pusieron rojos y todas las venas de su rostro se remarcaron, Smith sonrió con sadismo, era una imagen hermosa. Estaba dispuesto a quebrarle la tráquea, pero un
golpe seco le detuvo, seguido por un horrible dolor en el brazo. Cayó al suelo soltando un grito de dolor, sonaba más como una bestia herida que como un humano.

Un hombre de cabellos rubios corrió con su arma entre las manos, posicionándose a un lado de la joven que respiraba con dificultad, tosiendo de forma descontrolada, tratando de sentarse mientras llevaba una mano a su pecho. Otra persona entró por la puerta
ahora abierta, también era rubia y, al igual que el tipo de bigote, llevaba un arma, apuntando al castaño.

Eren se incorporó, sujetando la herida, lanzándole una mirada bestial al hombre que se interponía en su camino. Gruñía como un animal, no parecía tener ni un rastro de humanidad en él.

¡Mátalo, te está estorbando!

Te va a llevar preso, lánzate y golpéalo en la cabeza.

En el cuello mejor, así morirá más rápido porque quebrarás la tráquea.

Pero es hermoso ver sus rostros agonizantes. Mejor golpéalo hasta quebrar su cráneo.

— No intentes nada. —Recargó el arma, alarmado por los jadeos que soltaba el muchacho. ¿Esa era una persona? Eren se le lanzó, recibiendo un nuevo disparo antes de poder poner siquiera un dedo sobre el rubio.

Volvió a caer, jadeando sin control, lanzándole una mirada de odio a la mujer que se encontraba apuntándole desde la puerta. Sasha apenas y pudo soltar un grito, apoyándose en el pecho del mayor el cual la cubría en un abrazo protector.

— Ya paso, Sasha, estás a salvo.

— Mike… —Soltó entre sollozos segundos antes de romper en llanto, aferrándose a la camisa del aludido.

— Nanaba, espósalo por cualquier cosa, no quiero que le volvamos a disparar.

La mujer asintió, tomando las esposas que llevaba el rubio en el bolsillo trasero de su pantalón, llevándole las manos a la espalda al castaño para esposarlo. Este volvió a gruñir, tratando de darle una mordida; Nanaba estaba un poco sorprendida por la
resistencia de ese joven.

No pasó mucho para que llegaran los refuerzos y la ambulancia. Mike no permitió que atendieran al chico diciendo cosas como que "era un disparo superficial, y que le podrían atender luego". Le metieron a la patrulla a pesar de los jalones e intentos de
mordidas, y sin perder un segundo más lo llevaron. El rubio de bigote llegó junto a la ambulancia donde estaban atendiendo a su joven vecina, acariciando con delicadeza su cabello.

— Lamento haber tardado tanto, Sasha.

— Descuida, igual me han salvado. —Sus ojos se volvieron a llenar de lágrimas las cuales Nanaba se apresuró a secar con un pañuelo que le quitó a su esposo.

— Por cierto, ¿Quién era él?

Hubo un silencio que le desesperó un poco, no le gustaba esperar, y gracias a su trabajo esa poca paciencia que antes tenía se había esfumado. La rubia le dio un par de palmadas en el hombro como si supiera lo que su marido estaba pensando. Luego de un
tiempo por fin respondió.

— Eren Smith.

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El golpeteo de sus uñas contra la mesa hacía eco en la pequeña habitación, esa era el único ruido que se podía escuchar. No apartó la mirada del joven que se encontraba frente a ella, este mantenía la cabeza gacha, ocultando su rostro con su cabello,
sin intensiones de hablar. Bufó una vez más, acelerando el ritmo de los golpecillos.

Riko Brzenska era muy conocida por su poca paciencia, cosa que compartía con su compañero, Mike Zakarius; era una persona no solo desesperada, sino que también poseía un mal temperamento. A ella se le podría considerar como la "policía mala" durante cada
interrogatorio, había hecho llorar a mil y un escorias como a la que ahora tenía adelante. A pesar de su baja estatura era una mujer temible y muy respetada entre los oficiales. Con un cabello de un rubio casi plateado y ojos grises, era una de las
bellezas del equipo de investigación número 16, como algunos decían, hermosa pero letal, como la viuda negra.

Golpeó la mesa con ambas manos al momento que se levantaba, aventando la silla, el chico no hizo movimiento alguno, cosa que consiguió enojarla aún más.

— ¡Maldita sea, habla de una vez! ¡Si tanto querías matar a esa pobre chica ahora acepta ser tratado como la mierda que eres! —Se podía notar que la vena de su cuello estaba remarcada, quería golpear a ese mocoso una y otra vez hasta que hablase, odiaba
su apatía—. ¡Dame una razón para no correr a meterte tras las rejas al menos por 15 años!

La puerta se abrió dejando entrar a un hombre alto y de cabello castaño claro con un corte tipo militar. Riko calló, soltando un suspiro, caminando a su encuentro.

— El caso ha sido encargado al equipo de investigación número 38, al parecer es un caso especial.

Riko rió por lo bajo, volviendo la mirada al chico sentado frente a la mesa, ¿Un caso especial? Entonces con más razones lo iba a meter tras las rejas. El más alto le extendió un folder, pero ella lo rechazó de forma inmediata, caminando hasta quedar
al lado del menor.

— Dime, ¿Qué pasa por tu cabeza?

El chico alzó un poco la mirada, dejando ver sus ojos color esmeralda los cuales estaban sumidos por el terror, lágrimas amenazaban por correr por sus mejillas dándole una apariencia inocente. Brzenska chasqueó la lengua, si no estuviera enterada por
Mike de lo que había ocurrido no creería que ese chico hubiese sido capaz de intentar matar a alguien, se veía tan indefenso. Pero ella no confiaba, ni en él ni en nadie. Una lágrima corrió por su mejilla al momento que separaba ambos labios, dispuesto
a hablar.

— No lo sé. Ni siquiera recuerdo lo que me dice. —Su voz era entrecortada, era obvio que estaba asustado—. Quiero ir a casa.

Riko apretó ambos puños con fuerza, segundos después le plantó un puñetazo en la cara, escuchando crujir su quijada. El chico sollozó, ella le volvió a golpear, y así otras dos veces hasta que su compañero la detuvo.

— ¡Suéltame, Ian, déjame partirle la cara!

Ambos oficiales forcejearon un rato hasta que la chica se calmó. Tronó sus dedos, le dolían un poco pero eso era lo de menos. Volvió a ver al castaño el cual continuaba llorando, quiso volver a golpearlo pero algo le detuvo. ¿Por qué su mirada parecía
ser sincera?

Caminó hasta quedar frente a él, acuclillándose, quedando a la altura de su rostro el cual otra vez estaba hacia abajo. Suspiro, acariciando la mejilla golpeada, buscando levantarle la mirada, apenas lo logró el joven la dirigió a un costado, evadiendo
sus ojos.

— ¿Podrías verme? Haz que te crea.

El castaño llevó su mirada hasta encontrarse con esos ojos grises, buscando demostrar así su inocencia. Pero no pudo sostenerle la mirada por más de tres segundos, luego de eso la volvió a apartar, extrañando un poco a la mayor.

— ¿Qué ocurre? —Ian llegó a su lado ofreciéndole una mano para que se pusiese de pie.

— Es raro, ni siquiera me puede sostener la mirada, todo el tiempo ve a un punto cie–

La puerta se abrió de golpe, interrumpiendo su amena conversación. Una mujer de cabello largo y castaño-anaranjado entró captando su atención.

— El abogado Erwin Smith está aquí.

Ambos se mostraron sorprendidos, ¿Qué hacía allí? Ese día no le habían llamado.

— ¿Por qué? —Ian indagó sin poder ocultar su curiosidad, no es normal que el mejor abogado del país llegue solo porque sí.

Al cabo de unos minutos la chica se atrevió a responder.

— Viene por su hijo, Eren Smith, detenido número 178 928, acusado por intentar matar a la joven Sasha Braus.

Y en ese momento se les heló la sangre.

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— Oye, ¿Qué te ha tocado hoy? —Un joven moreno llegó a sentarse sobre el amplio y ordenado escritorio, tomando un poco del capuchino que tenía en la mano. Su mirada se fijó en el pequeño hombre de cabello negro corto y rapado en la nuca, el cual se encontraba
con la mirada fija en unos papeles.

— Gunter, deja a Levi en paz, tiene un caso complicado. —Una joven de cabello corto y castaño-anaranjado le reprendió con tono dulce, el chico estaba por quejarse cuando ella le fulminó con sus ojos avellana, callándole cualquier reclamo y haciendo que
abandonara el escritorio.

Levi le agradeció con la mirada a lo que esta solo sonrió.

— Petra, ¿Por qué a mí?

— Al parecer es un caso que nadie había tratado por lo que ha llegado a un nivel casi extremo.

El azabache le volvió a dar una ojeada a los papeles que le habían entregado hace no mucho, acariciando su sien con su mano derecha.

— 17 años, perdió a sus padres a los 6… ¿37 psicólogos? ¿Es una broma? —La chica negó con la cabeza, todo lo dicho en ese folder era cierto. ¿Una persona que no había podido ser diagnosticada ni siquiera por haber pasado por 37 putos psicólogos? — Voy
a hablar con estos malditos y–

— Todos están retirados. —Petra le interrumpió haciendo que apartara la mirada del folder, poniéndole toda su atención—. Los 37. Retirados y desaparecidos.

Levi frunció el ceño, eso no era algo común. Volvió a ojear los papeles volviendo a abrir los ojos un tanto sorprendido.

— ¿No posee datos antes de los 6 años? —Esta vez su pregunta fue cargada de ironía, eso era imposible, tenían que estarlo jodiendo, intentando tomarle de los cojones—. Esa mierda sí no me la creo.

— Lo primero que está registrado es la muerte de su madre y la condena de su padre, en serio, no hay nada antes de eso, solo su fecha de nacimiento.

Ambos permanecieron en silencio, Levi sabía que Petra pensaba lo mismo que él, ¿Cómo podía haber pasado seis años de su vida como si nunca hubiera existido? Sonrió de forma juguetona pasando las yemas de sus dedos por encima de la pequeña foto del muchacho,
se estaba muriendo de ganas por conocer a ese mocoso, amaba recibir casos "extremos" y que nadie más podía manejar, él era el mejor, no por nada se encontraba dónde estaba ahora.

— Así que Eren Smith. —Soltó un pequeño susurro, deleitándose con la belleza de aquel muchacho, no parecía un futuro asesino en serie, a penas y podía creer que ya había intentado matar a alguien; la inocencia estaba pintada en su rostro—. Será un gusto
atenderte, mocoso.

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Habían pasado ya cinco días desde su pequeño incidente con Sasha, sus padres no le habían regañado pero tampoco le habían recibido muy gustosos, Erwin sólo había peleado por los golpes en la cara, o al menos por aquellos que no habían sido causados por
la chica en su intento por defenderse. Al final la decisión había sido clara, arresto domiciliario por una semana, luego sería acompañado por un oficial todos los días el cual, para colmo, era un maldito psiquiatra. ¿Qué clase de tortura era esa?
¿Por qué no otro psicólogo? Esos le caían mejor, y eso ya era mucho decir.

La azabache le acarició la frente con dulzura, calmándole un poco. Una vez más no había ayudado a Eren, eso al convertía en una mala persona. Ahora él estaba en cama, herido, encerrado como si fuese un perro.

Voces se escucharon al otro lado de la puerta alarmando a los dos jóvenes, Eren se sentó en la cama al escuchar unos pasos, esperando a ver quién iba a entrar. La puerta se abrió dejando ver a un pequeño hombre de cabello azabache, sus ojos fríos y afilados
le recordaron a aquella chica que tanto le gustaba, fue inevitable no perderse en su mirada.

— Ah, tú eres el famoso mocoso. —Levi cerró la puerta, tomando asiento en un banco que se encontraba junto a la cama, el cual Hanji había dejado allí para cuando le daba ganas de ir a acompañar a su hijo.

— No me agrada. —Mikasa tomó una posición defensiva, Eren frunció el ceño, gruñendo de forma involuntaria.

— Pero que tensión hay en esta habitación. —Una vez acomodado se cruzó de brazos, esperando a que el joven se calmara. Era mil veces más hermoso en persona, esa piel canela se veía suave y olía bien, cabello sedoso y brillante, era una lástima que no
le enseñara bien sus ojos—. Bueno, Eren, yo soy Rivaille aunque me puedes decir Levi, seré tu maldito psiquiatra y te sacaré tus putos problemas mentales, o al menos lo intentaré.

Eren no respondió, tampoco le volteo a ver, ante eso Rivaille sacó una pequeña libreta del bolsillo de su pantalón junto con un lapicero, escribiendo un par de cosas.

— ¿Qué está haciendo, maldito enano de mierda? —Mikasa apretó ambos puños, molesta por las actitudes de aquel tipo—. Lo voy a sacar a golpes.

— Ya basta, no quiero más problemas. —soltó un pequeño suspiro, volviéndose a recostar en la cama.

Rivaille le vio arqueando una ceja.

— Es un maldito arrogante, se le nota en cada puta cana.

— Ambos sabemos que no tiene canas.

— Vamos, Eren, ambos sabemos que tú no necesitas un psiquiatra. —Mikasa se alteró, apoyando ambas manos en la cama, no era común que ella se pusiera así.

— Pero esa ha sido la decisión que han tomado, agradece que no estoy ahora en una celda. —El castaño le reprendió con la mirada, haciéndola retroceder un par de pasos—. En parte estoy agradecido.

— Pero pudieron enviarte a alguien mejor. Es más, saber ni que ha de estar escribiendo sobre ti.

Rivaille escribió otro par de cosas, negando un par de veces con la cabeza.

— Mientras no escriba mentiras yo estoy bien. Ya, deja de ser paranoica.

— Perdón. —El azabache por fin habló, volviendo a llevar la mirada al joven, retiró un par de mechones de su rostro antes de hablar—. Sé que estás muy cómodo conversando pero… ¿Con quién hablas?

Eren arqueó una ceja, confundido, ¿Acaso ese tipo era un idiota? Mikasa hizo una mueca ofendida, cada segundo ese duende le caía peor, y eso que no llevaban ni diez minutos de conocerse. Eren se volvió a sentar, sin llevar la mirada al rostro del adulto.

— ¿Con quién más? Aunque, ahora que lo menciona, no se ha presentado. —Eren señaló a Mikasa mientras esbozaba una sonrisa cargada de inocencia—. Ella es Mikasa, Mikasa, ya oíste su nombre.

— Es un gusto. —La joven hizo una reverencia, su educación no peleaba con nadie, o al menos no por ahora.

Rivaille llevó la mirada a su lado izquierdo, lugar al cual señalaba el menor. Allí él solo podía ver una pared, ni más ni menos. Levi había escuchado de sus padres que Eren hablaba sobre una tal Mikasa como si esta fuese alguien real, y que por más que
ellos le dijeran que no existía él seguía pasando el tiempo "a su lado". Pensó en decirle que él no veía a nadie, pero prefirió indagar otro poco.

— Mucho gusto, Mikasa. —Rascó su mentón, volviendo la mirada al castaño quien seguía con aquella dulce sonrisa en el rostro, la cual se desvaneció al notar la confusión del mayor—. Oye, soy una persona que le cuesta diferenciar aspectos, ¿Podrías describírmela?

Eren le vio un poco confundido, ¿Eso era posible? Bueno, tal vez solo estaba buscando sacarle más conversación, aunque ese era un método demasiado extraño y estúpido.

— Bien. Cabello negro, corto y sedoso, tez blanca, ojos grises y fríos, nariz y labios finos, rasgos asiáticos… ¿Por qué estoy haciendo esto?

Rivaille volvió a fijar la mirada en la libreta, pasando la hoja al notar que esta ya estaba llena. Ignorando la pregunta del joven se dedicó a escribir de forma rápida su conclusión.

"Esquizofrenia".

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~Notas de Autor

Si estás leyendo esto es porque he decidido continuar con la historia, ¡Gracias por la aceptación del capítulo piloto!

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¡Hola! Es un gusto poder presentarme con el segundo capítulo de esta extraña historia. Sé que esta vez me he emocionado un poco y lo he hecho muy largo, nunca me había extendido tanto, pero todo lo que está escrito en este capítulo era necesario y no podía dejarlo para el siguiente. Gracias a eso les vengo a dejar 8,311 palabras, y por el momento este es mi record (?).

Antes que nada quiero agradecer por la forma en la que ha sido recibido el capítulo piloto, sé que la idea puede parecer un poco trillada, más con todo lo que iré agregando, pero a mí me hace muy feliz que a algunos les haya agradado. Por eso mismo sí publicaré la historia. Una vez más, no sé cuántos capítulos contendrá, pero no creo llegar a la necesidad de que sean 20, será una historia algo corta.

Bueno, aquí las cosas que quiero explicar. He dado una referencia extraña con el nombre de Conny, así que lo explicaré: Cuando era pequeñoyo miraba un programa llamado Connie La Vaquita, o La Vaca Connie, me gustaba tanto que hasta le puse ese nombre a un peluche que aún conservo (?); por eso mismo he decidido que Eren asimilaraa nuestro avatar con esa vaca, aunque fue más por joda que por otra cosa. Con lo mismo de la fiesta, Christa huye porque sabe que van a encerrar a Eren, aparte de que está enterada de otras cosas. No, Sasha no sabía sobre la broma, ella quería buscar una forma de ser buena con Eren y sus amigos le dijeron que le invitara, pero fue porque ellos querían hacerle eso. En resumen, todos participaron en eso menos Christa y Sasha.

Para los que no saben cómo se juega Siete Minutos en el Paraíso, se comienza como con el juego de la botella, al que le apunta la parte gorda o de debajo de la botella es la víctima, y a quien le apunta la boquilla es el secuestrador, estos se encierran en una habitación normalmente oscura, y durante siete minutos el secuestrador le puede hacer todo lo que quiera al otro, todo dependiendo del nivel, puede ser desde caricias hasta sexo.

También se preguntarán por qué Eren no tiene datos de antes de la muerte de sus padres, y eso lo explicaré más tarde, así que no se preocupen. Sí, Mikasa no existe, por eso es amiga de Eren, ella es una de sus voces interiores y es su favorita. Ahora pueden leer las conversaciones que se supone tenía Mikasa con Erwin y Hanji en el capítulo anterior, omitiendo los diálogos de la asiática, y verán que eso no afectará.

Well, creo que es todo, gracias a los que han leído hasta aquí, y a los que no pues también, todos son un amor. Espero poder seguir compartiendo y leyéndonos en esta historia tan enredada. Lamento si hay algún error ortográfico o de mi posible dislexia, no tengo Beta.

No olviden que los comentarios de un lector motivan al escritor a seguir con su labor, así que sean un amor y dejen un pequeño review, pero por favor, que diga algo más que un "conti".

Eso es todo.

KingOfMisery
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