Luna de Medianoche
Notas del autor: Aquí va el segundo capítulo, que me costó un poco escribirlo, pero por fin me convencí. En este capítulo Alice y Jasper se conocen. Luego explicaré un poco como creo que funcionan las visiones de ella en la historia.
Agradecimientos: Sus reviews me alentaron a escribir y continuar esta historia, por lo que quiero agradecer a Natalia, Caaami, x P3K3 xD, a Romy92, a MiitzukoO-Chan, a Reneesme (a quien le agradeceré por la escena xD), a Vampire Girl Yumi (tienes razón, lo escribí mal, un pequeño error, gracias por corregírmelo), a Arizbe Hilka y a KibaPGG.
¡Este capítulo va dedicado a ustedes!
Advertencia: PoV (Punto de Vista) de Jasper. He leído, además, Crepúsculo y la primera parte de Luna Nueva (He conseguido el libro por fin!) Así que si hay datos o actitudes que no concuerdan, les agradeceré que me avisen. Gracias.
Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephanie Meyer, y yo escribo sin fines de lucro.
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Capítulo 2: La razón de mi vida.
Joseph Menger me entregó las llaves de la puerta. Me pidió que antes de que terminara el día saliera a cazar, por las dudas. Asentí, sabiendo que luego de haberla conocido, nada podría satisfacerme y llenar mi cuerpo como aquella muchacha pálida llamada Alice.
Pero aún así lo haría, iría a cazar para no levantar sospechas. Volvería cerca del atardecer, cuando el pueblo comenzara a vagar entre las calles, saliendo del trabajo, cuando el cielo se oscureciera y el sol no develara mi proveniencia.
Y así lo hice. El guardia seguía mirándome mal, pero al menos sabía que comenzaba a destilar miedo por sus venas. Las primeras estrellas habían aparecido cuando logré (después de perderme un par de veces) encontrar la habitación de Alice. Joseph Menger la observaba desde el regazo de la puerta con una sonrisa paternal.
Me acerqué a él y observé como Alice deslizaba sus manos alrededor de una tela negra que brillaba y resplandecía, similar a la de su camisón. Parecía estar cociendo y cortando la tela con suma destreza, como si se hubiera dedicado a ello toda su vida.
-Impresionante, ¿Verdad?
No pude más que asentir, sabiendo que Alice estaba tan absorta, que no sabía que yo estaría allí. Me había deslizado con suma sutileza, casi sin tocar el suelo para que no me descubriera. Además, debía hablar con el doctor para que me guiara hasta la habitación que ocuparía.
Unos instantes después, cuando Alice se detuvo, giró su rostro y su mirada oscura se posó en la mía. Dejo de hacer lo que estaba haciendo y caminó hacia atrás, antes de sentarse en su cama.
Parecía realmente alterada. Cerró los ojos, nerviosa y se volteó dándonos la espalda, tomando un cuaderno y escribiendo en él.
-Discúlpala-habló Joseph-Está algo nerviosa con tu presencia. Creo que piensa que tú podrías hacerle daño, no estoy seguro.
Odiaba pensar que ella estaba en lo cierto. Parecía una criatura tan grácil y hermosa que me daba pena matarla, pero cada vez que pensaba en ello, el aroma dulzón de su sangre interrumpía mis fosas nasales y hacía cortocircuito en mi cerebro. Sabía que en ese momento me dejaba guiar puramente por los instintos, pero estaba seguro que su sangre me quería volver loco.
- o.O.O.O.o -
La noche estaba oscura y las nubes anunciaban una pronta tormenta. No estaba seguro de que era lo que estaba haciendo, pero una vez parado frente a la puerta de Alice con las llaves en mi mano, sabía que estaba abandonándome a mis instintos asesinos. Por más que odiara matar a una criatura tan inocente, estaba seguro que si su hermoso cuello pálido no descansaba bajo mis colmillos, no podría soportar su cercanía.
Rasgué un poco de ajo y destrabando las puertas me acerqué sumido en el mayor silencio que mi cuerpo podía soportar. Estaba durmiendo, pero parecía asustada. Quizás estaba teniendo una pesadilla.
Me acerqué lentamente a ella, apretando con fuerza el ajo en mi mano. El olor de su sangre era potente, pero llevaba alrededor de su cuello un collar de ajos, como si realmente esperara que alguien fuese a atacarla.
Mis pasos eran dudosos a medida que se acercaban al cuerpo que yacía allí, respirando levemente. No pude evitar preguntarme que ocurriría si tuviese la oportunidad de controlarme y convertirla. Miles de opciones se revivían en mi cerebro, incluso aquellas que eran imposibles.
Estuve lo suficientemente cerca para tocarla unos segundos después de terminar de cruzar la sala. Había cerrado la puerta antes de ingresar y ahora me agachaba para observarla más de cerca.
Era impresionante la palidez de su piel y el contraste con su cabello y sus labios. Llevaba el mismo camisón negro de seda con el que la había visto y combinaba a la perfección con su cabello oscuro. Tenía que admitir que su belleza la hacía ver una muchachita tan débil y frágil que llegaba incluso a dolerme pensar en matarla.
Estiré mi mano y con el dedo índice toqué la piel marmórea de Alice. Tuve que cerrar los ojos ante aquel tacto tan delicioso, y sobre todo cálido. Deslicé mi dedo sobre su hombro hasta el codo, disfrutando el olor que desprendía su piel. De pronto la ponzoña se acumuló en mi boca y tuve que apretar el ajo en mis narices, soportando el horrible aroma que desprendía. Rocé su piel una vez más con embelesamiento, acariciando con mi dedo desde su hombro hasta el codo.
Pero apenas despegué mi piel de la de ella, abrió los ojos y me sostuvo el dedo, incorporándose y mirándome, todo al mismo tiempo.
De acuerdo… ¿Cómo había hecho para sorprenderme tanto si yo tenía los sentidos más agudizados que ella? Observé su mirada plantada en mis ojos y no pude evitar sentir remordimiento ante lo que iba a hacer.
Sus ojos eran negros y me miraron con una intensidad que desconocía en cualquier humano. Pero lo que más me extrañó fuese que pudiera mantenerme la mirada como si todo fuese normal entre nosotros. Como si yo no fuera el depredador y ella mi presa.
Podía sentir la calidez de su piel rodeando mi mano y no pude evitar pensar que era deliciosa.
Sin embargo, antes que pudiese entender que ocurría, echó su cabeza hacia atrás, cerró los ojos unos segundos y los volvió a abrir jadeando, como si hubiese corrido una maratón.
-¿Qué… que rayos…?-titubeé. ¿Querría contarme acaso?
Y por primera vez sus labios se deslizaron suavemente en una mueca que me dejó horriblemente impactado. Me sonreía. Sus labios estaban curvados mostrando sus dientes blancos y la fiereza de su mirada se había suavizado.
Su mano se desasió de mi dedo y de pronto extrañé su calidez.
-Tuve… tuve una visión-murmuró. Su voz me tomó por sorpresa.
-¿Una… visión?-repetí incrédulo. ¿Qué acaso podía ver el futuro? Y en ese caso, ¿Por qué me sonreía si estaba a punto de… de matarla?
Alice asintió sonriéndome nuevamente.
-No creí que fuese posible, pero no me matarás.
-Yo no… ¿Qué?-gruñí asustado. ¿Cómo que no iba a matarla? ¿A transformarla quizás?
-No lo harás-negó suavemente y dirigió una mirada hacia la puerta.
-¿Y cómo lo sabes?
-No rompiste la puerta. Si estuvieras completamente seguro de hacerlo, no te hubiese importado ese mínimo detalle. Tengo entendido que ustedes tienen fuerza sobrehumana.
La miré, en estado de shock. Seguía sonriendo, como si hubiese logrado ganar algo. Tragué la ponzoña que se me acumulaba en la boca y la miré asustado. ¿De que carajo se trataba esto? ¿Tenía visiones una simple mortal?
Si hubiese sido humano, me hubiese puesto totalmente pálido y hubiese sudado ante aquella indagación. ¿Quién era esa simple niñita como para saber como iba a actuar?
Por alguna razón totalmente desconocida, sentí pánico. Caminé hacia atrás lentamente observándola, como si ella fuese a atacarme y a una velocidad sobrenatural corrí hacia la puerta, cerrando todo tal como estaba antes. E incluso sin detenerme, crucé el hospital hasta la habitación que me había asignado y me encerré en ella, sin permitirle el paso a nadie.
- o.O.O.O.o -
Habían pasado ya dos días desde que había ocurrido nuestro encuentro y solo había salido de mi habitación para cazar a la hora del crepúsculo. Joseph Menger había venido a visitarme una vez desde aquello, comunicándome que sorprendentemente, Alice parecía ya no tenerle miedo ni a mi tampoco. Si la sangre hubiese corrido por mis venas, me hubiera sonrojado.
Lo único que pude hacer fue sonreír forzadamente y agradecer dubitativamente su invitación a visitarla, ya que según él era una niña realmente inteligente y simpática. No lo dudaba, pero tampoco quería asegurarlo.
Mi mente había comenzado a hacer conjeturas respecto a cómo atrapar a James, porque había escuchado unos pasos veloces y silenciosos acercarse. Internamente sabía que lo que quería era alejarme de ese hospital lo antes posible, o al menos, ver a Alice la menor cantidad de tiempo.
No lograba entender como podía querer evitarla con tanto ahínco, pero cada vez que pasaba por su puerta y escuchaba sus débiles pasos acercarse, me tensaba. No podía evitar recordar su tacto cálido sobre mí y desear con todas mis fuerzas sentirlo nuevamente.
Pero me sentía débil a su lado, como si pudiese controlarme a su gusto, por más que fuese una simple y débil humana. Sentía que podía leer mis movimientos y mis pensamientos con tan solo mirarme y eso me asustaba, porque hasta ese momento, siempre había tenido el control de todo y todos, sobre todo de mis presas.
Y me asustaba que una muchachita pudiese controlar mis sentimientos, cuando yo tenía un don para hacer ello. Lo extraño era que de ella podía sentir solamente cuando estaba cerca ansiedad, y eso me desesperaba más.
¿Sentiría eso por mí? No lo sabía, pero estaba seguro que la curiosidad terminaría matándome… figurativamente hablando.
No fue hasta el tercer día que la volví a ver, y juro que fue algo que no premedité. Estaba sentado en la cama del hospital esperando a cazar cuando el Sol se pusiera en el horizonte, cuando me parecieron escuchar golpes provenientes del cuarto de Alice.
Sentí la angustia recorrer mi cuerpo y corrí a una velocidad sobrehumana, importándome muy poco lo que las enfermeras pensaran. Además, de su habitación a la mía había una distancia sumamente corta y circulaba muy poca gente.
Alice estaba al lado de la puerta, golpeando con fuerza y gritando el nombre del doctor, con desesperación.
-¿Jasper? ¿Eres tú, Jasper?
Abrí la puerta, casi enloquecido por saber que era lo que ocurría y ella saltó a mis brazos, temblando.
Sentir su cuerpo caliente alrededor del mío me dejó estático unos segundos. Sus lágrimas se escapaban y mojaban mi ropa. Su cercanía me perturbaba, y tuve que soltarla y alejarme si quería mantenerla con vida.
-Yo… lo siento, es que…
Alice tenía sus mejillas coloreadas y no me miraba a la cara como lo había hecho. Se sentía avergonzada por haber sufrido tanto miedo y haberse abrazado a mí de esa manera. Podía sentir todavía el miedo patente en su rostro y sus emociones alteradas.
-No, no. Sólo déjame tranquilizarme-tragué la ponzoña dolorosamente. Todavía no me acostumbraba a estar tan cerca de ella sin poder evitar las ganas de clavar mis colmillos en su piel.
Saltó hacia arriba y arrancó un diente de ajo. Luego comenzó a aplastarlo con gracia. Sacaba su lengua inconscientemente y hacía fuerza con sus dos manos. Esbocé una sonrisa y admiré como sus mejillas se coloreaban de la fuerza.
-Permíteme-le dije intentando no reírme.
Me tiró el diente de ajo y lo aplasté en mi mano, liberando el horrible aroma que desprendía. El perfume dulzón de su sangre era el paraíso en comparación de ese olor terrible. Fruncí el seño, asqueado.
Sentí el miedo de Alice apoderarse nuevamente de su cuerpo y la miré.
-¿Qué ocurrió?
-Tuve una visión. James está muy cerca y tú te habías ido. Y él… él me mataba.
Tragué saliva sintiéndome culpable. Una de las opciones que había considerado seriamente era fugarme. Le escribiría una carta al doctor Menger diciéndole que no podía resistir el aroma de su sangre y necesitaba huir antes de matarla.
Me sentía frustrado por sus visiones. Sentía como si me leyera el pensamiento, como si pudiera descifrar mis movimientos incluso antes que yo.
-¿Jasper?-murmuró.
Levanté la vista y la observé llorar. Sentí unas terribles ganas de abrazarla, pero me contuve.
-Lo siento-solo pude murmurar.
-¿Te… te irás?
No supe qué responderle. Bajé mi cabeza y observé como sus ojos se llenaban de más lágrimas. La desesperación y el miedo se apoderaron de ella, y con rapidez se volteó, dispuesta a cerrar la puerta de la habitación.
Sin embargo fui más rápido y antes de que pudiera cerrarla ya estaba dentro de su habitación. Volteó y cuando me vio allí parado saltó asustada.
-Vete-murmuró enojándose.
Sus ojos negros brillaban con fiereza. Realmente daba miedo. Sus labios temblaban de ira y sus puños se apretaban haciéndose daño.
Se veía realmente hermosa y no pude evitar sentir culpa. La imaginé más pálida, tirada en el piso, muerta. No pude evitar sentirme terriblemente mal y culpable. Imaginaba la cara monstruosa de James –aunque no lo conociera- acercándose a su cuello, inmovilizándola y perforando su suave piel, probando el delicioso néctar de su sangre.
-No-gruñí.
Estaba enojado conmigo mismo por sentir que la imagen de Alice sufriendo lastimaba mi ser. Pero sobre todo, porque si me quedaba allí a defenderla, era por puro egoísmo.
Quien bebiera su sangre, tarde o temprano iba a ser yo, no importaba si tenía que esperar 20, 50, 90 años para hacerlo o transformarla. No importaba a cuantas personas tuviera que matar, había encontrado la razón de mi vida: cuidar de Alice lo suficiente y necesario para que, cuando estuviera a punto de morir, pudiera disfrutar de la deliciosa sangre de su cuerpo.
Para el próximo capítulo, Alice y Jasper comenzarán a conocerse más. Y eso traerá consecuencias inesperadas para él.
Espero que el capítulo les haya gustado.
¡Dejen sus reviews! Así escribo más rápido.
Saludos!
