» Disclaimer: Ni los personajes, ni la obra en la que ésta historia está basada, son de mí propiedad.

» Advertencias: OoC'. Vocabulario soez. Algo de Incesto. Infidelidad. Líos Amorosos. Yaoi. Insinuaciones de Mpreg.

» Nota: "La Casa de Bernarda Alba" trata, para quien no la leyó, de como tres de cinco hermanas luchan por el amor de un solo hombre. La madre de ellas era muy estricta y no quería que se casaran, y sólo accedió al matrimonio de éste hombre con una de sus hijas porque ella ya era muy mayor.


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Łα Сαѕα đє Яєвσяη
Λcтσ II •

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La previa lluvia que abasteció los campos se había convertido en una delicada llovizna que sólo alcanzaba a empapar un reducido páramo.

Eran las seis de la tarde y el humeante café de Reborn acababa de ser servido en la mesita de la sala de estar. El que bebería la infusión leía un libro de páginas amarillentas, sumido en una relativa calma, con el ama de llaves custodiándole.

—¿Por qué no te retiras, Lal Mirch? Ya no prescindo de tus servicios. —Sugirió a su empleada, sin despegar la vista del manuscrito.

—Mi turno terminó formalmente hace tres minutos, señor. —Dijo con la frivolidad misma de un soldado, inmutable.

El moreno sonrió de costado, cerrando el texto añejo sobre sus muslos, y miró a la mujer a sus espaldas.

—Entonces, ¿De qué hablamos informalmente? —Fue el turno para ella de sonreír. Pasó al lado del sofá ocupado por el terrateniente, sentándose en el otro sillón de un cuerpo desocupado.

Del trío de sirvientes que cohabitaban la casa, sin duda alguna, Lal era la favorita por muchos motivos. El más sobresaliente era su vieja amistad con Reborn. Ambos asistieron al mismo parvulario, a la misma escuela primaria y a la misma escuela secundaria. Juntos entrenaron sus habilidades de combate con el abuelo de ella durante la época de la Guerra Civil, que tras perder toda su fortuna por deudas de apuesta, condenó a su nieta, única familiar viva, a la pobreza extrema. Allí estuvo la familia de él, que la acogió como su criada, por ende, Lal Mirch era casi como su hermana, y la relación profesional que mantenían ante los ojos de terceros –sus hijos, los empleados, e incluso Colonnello– nada más era un cínico chiste para mantener vivo el estereotipo de sequedad entre amo–ciervo.

—¿Cómo te encuentras? —Preguntó la dama.

—¿Con respecto a qué? ¿A Verde, los mocosos, la boda…?

—Respecto a todo. —Puntualizó, cruzada de brazos y piernas.

—Bueno… —Suspiró, sorbiendo la cafeína. — La ausencia de Verde nunca pesó menos. Dino sigue sin ser apto para nada más que cuidar a Kyoya. Kyoya seguirá siendo un brabucón que quiere ver muerto a Mukuro, aunque desde el funeral está más taciturno, y no sé la razón. Mukuro es como su madre: ensimismado con sus cosas más que con sus obligaciones, al igual que Kyoya está metido en algo raro que desconozco, y Lambo… morirá inútil.

La que lucía cicatrices en sus mejillas agachó la nuca, queriendo ocultar su risa.

—Y en cuanto a la boda… supongo que marcha sobre ruedas…

—¿Supones?

—Sí.

—¿En serio? —El hombre la apreció con un gesto que denotaba obviedad. — Me parece extraño, tú eres el tipo de persona que nunca supone nada, tus órdenes son… ley divina.

El que usaba una fedora se encogió de hombros, resignado.

—Soy humano, ¿Recuerdas? —Vaciló. — Pero la verdad es que Xanxus se niega rotundamente, complicándome las cosas. Hace dos días tuvimos una conversación que no terminó bien, y desde entonces pasa más tiempo fuera que en la casa. —Hablaba no abatido por el aislamiento de su hijo mayor, sino agotado por todo el esfuerzo que conllevaba criar a un rebelde.

—¿Acaso le mencionaste a Superbia Squalo? —No hizo falta emitir palabras para que la respuesta se dijera. — ¿Eres tonto? ¿En qué pensabas al decirle? Era obvio que reaccionaría así.

Otro de los privilegios que gozaba la antigua militante era el llamarle "tonto" a Reborn, sin perecer acribillada en el proceso. Nadie osaba insultarle tan descaradamente y vivía para ver el alba.

—¿Qué esperabas que hiciera? Naturalmente tenía que decirle algo para detenerlo…

—Y en cambio lo arruinaste. —Resopló la de cabellera larga, aún con sus extremidades encimadas. — Ahora Xanxus tiene tres opciones: aceptar el compromiso, rechazarlo o… irse. Posee el capital suficiente como para comprar una estancia perfectamente equipada, con mobiliario; personal y una vasta granja. ¿Tú qué crees que hará?

—… no lo sé. —Hoy era un día de sorpresas para la consorte del mayordomo, su jefe no solía desconocer los pasos a seguir. Éste tema lograba sacarle de sus inestables casillas.

—¿Por qué no ofreces a Kyoya o a Mukuro? Ellos tienen una edad más próxima con Tsunayoshi. —Ella chasqueó los dedos, como festejando la realización de una grandiosa idea.

—No lo menciones. —Gesticuló negativamente el contrario. — Iemitsu sólo considera digno a Xanxus.

Lal consideraba acertada aquella afirmación, ya que los hijos del medio eran completos pandilleros, en cuanto al apodado Cavallone; éste estaba en negociaciones con la familia de pescadores desde hace ya ocho años, independientemente de la clandestina relación que mantenían los primogénitos ambos clanes. La vaca cobarde llevaba un anillo en el dedo anular con la última hija de los Sawada, así que no podía contársele para nada. El único que restaba era el que tenía graves problemas con la ira.

… ciertamente, ninguno de los herederos de Reborn era aconsejable ni para el dictador más cruel.

—Falta poco para las ocho, Colonnello debe estar buscándome. —Se puso de pie, sacudiendo el inexistente polvo de su falda blanca. — Sea lo que sea que vayas a hacer, piénsalo bien.

Despidiéndose con una leve reverencia, se marchó rumbo al ala de la casona destinada al servicio.

El de las patillas rizadas acabó el café frío de un trago, masajeándose las sienes. "Lo hecho, hecho está, y así seguirá hasta la consecuencia más trágica", se dijo a modo de consuelo.

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Los hoteles no eran conocidos en ésos lares de Italia, menos los burdeles. Aunque estos últimos sitios tuvieran cero relevancia, el punto es que no existía un lugar de encuentro ilegítimo para los amantes, excepto… aquella cabaña que servía de resguardo a los viajeros, situada a las afueras del pueblo; en medio del bosque. Allí, acobijados por las mantas gruesas, preparadas con el fin de proteger a los huéspedes del invierno, un hombre de piel pálida se acomodaba en el regazo de otro de dermis bronceada.

Squalo intentaba conciliar el sueño, pero las constantes vacilaciones silenciosas de Xanxus le afectaban. ¡Se trataba de su futuro, mierda! El maldito padre de su novio quería separarlos a toda costa, no le importaba absolutamente nada ás que sus bolsillos. Lo odiaba, Reborn no sabía cuánto tuvieron que discutir para establecerse como estaban hoy, juntos; abrazados en una cama después de hacer el amor. El tiránico no los separaría, no… claro que no…

Inconscientemente, el de largo pelo blanco apretó su puño real –porque el otro muñón lo perdió– en impotencia. El mayor lo notó y le encaró.

—¿Ya tomaste tu decisión?

—No… —Susurró el más joven. — Irnos no es la solución, sabes cómo es él, te buscará por todo el mundo con tal de que… te cases con ése mocoso, sólo por su fortuna. —Mordió su labio inferior, Tsunayoshi carecía de culpa en éste asunto. La verdadera responsabilidad era de sus padres. — Y cuando me encuentre a mí, me… matará.

El moreno mostró un gesto de pura ira, que sorprendió al espadachín.

—Sí llegara a hacer eso, lo mataré yo a él. —Aseguró con severidad, sus orbes carmín destilaban un fuego que habría arrasado con montañas.

Un brillo extraño iluminó los ojos celestes del campesino.

—¿Y luego? ¿Te suicidarás para venir conmigo al infierno? —Dijo, empleando una cierta burla que no llegó a tapar la ilusión de sus zafiros.

—No, pero al menos me habré vengado del bastardo por todo lo que me ha hecho. —La iluminación desapareció tan fugaz como vino. Sonrió el menor, ellos no eran ése tipo de pareja. — ¿De qué te ríes?

—De nada. —Su mueca graciosa no verificaba lo que decía. — ¿Sabes qué? La idea de fugarnos a la luz de las estrellas con sólo una manta y cien céntimos es muy tentadora, pero… vamos a dormir.

Tenía razón, el llamado de Morfeo le resultaba muy tentador siendo casi las diez de la noche, además, a la mañana temprano deberían volver a sus indeseables hogares.

—Buenas noches, jefe.

—Duérmete ya, basura.

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Paralelamente a lo que ocurría con Xanxus, Kyoya admiraba ausente la lluvia, torrencial a partir de la quinta campanada que indicaba las diez, desde el marco de la ventana, sentado en una silla.

El calor hogareño, que abrasaba cada recoveco de su habitación, le fastidiaba. Hacía que sus poros brotaran transpiración y eso era poco cómodo cuando a tres puertas a la derecha se hallaba la recámara de su peor enemigo. Hablando de él… ¿Habrá salido en algún momento? Suponía que no, ya que el diluvio era demasiado espeso como para "ir a visitar a sus amigos".

Todavía no lo podía creer, ¿Sawada Tsunayoshi y Mukuro juntos? ¿En qué instante dieron el sí a una relación a escondidas? ¿Rokudo sabría que el castaño más codiciado estaba comprometido con Xanxus, su medio hermano mayor?

"Debe ser el que más presente lo tiene", se dijo, suspirando en el acto. "¿Cómo no me di cuenta antes? Ése herbívoro bastardo estuvo todo éste tiempo tras él, sabiendo lo del casamiento, que nuestro padre rechazaría cualquiera de nuestras relaciones y ofertas de desposo mientras éstas no vinieran con un millón de lingotes de oro… sobre todo siendo consciente de que tanto él, como yo, somos considerados indignos por los Sawada…"

Hibari entrecerró la mirada, a la par que esbozaba una sonrisa extraña, típica de sí, ésta mueca pretendía demostrar que había comprendido.

Comprendió que el de pelo piña y el de puntiagudo pelambre siempre se buscaron, sea por los corredores de la escuela a la que los tres asistían, o por el trayecto a casa.

Comprendió que Reborn tenía una crítica situación frente a sus narices, y que aún no caía en cuenta de la verdad que ocultaba su cuarto vástago.

Comprendió que eran dos hermanos peleando por el cariño de un solo chico.

En demasía comprendió que, sí no actuaba ya, perdería.

—No dejaré que ése miserable tome lo que es mío por derecho. —Con esa determinación, emprendió el corto tramo a los aposentos contiguos.

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El de mata índigo terminaba de arreglar una maleta que contenía varias mudas de ropa, objetos personales y otras herramientas para la supervivencia.

Lo llevaban planeando desde Julio del año pasado, poco después del trágico anuncio que unía a su pareja con su no consanguíneo filial. Sería en la trasnoche, no importaba que lloviera o tronara, sólo faltaban semanas para la boda, era hoy o nunca.

Sonrió, austero. "Ninguno de estos idiotas va a quitármelo", gruñó en su fuero interno, manteniendo su sonrisa. "Desgraciadamente no tengo el poder suficiente para enfrentar a Reborn, me hubiese gustado arrancarle las piernas y los brazos, no tener que huir como un cobarde y sin dinero, pero… al menos estaremos más tranquilos que en ésta pesadilla…"

Abrió el pestillo de la puerta de su cuarto, y tras verificar que cada esquina estuviera desolada, se encaminó a las escaleras que daban a la entrada, también sumida en el perpetuo silencio.

Tomó el picaporte que conectaba al exterior, a la libertad inminente. Sintió el viento frío de la tormenta calarle el rostro, por lo que lo aspiró en una oportunidad de relajarse. "Es la fuga o morir lentamente en éste lugar". Ése pensamiento y la cara de Tsuna, junto al futuro que les deparaba, culminó su decisión.

"Adiós, maldita cárcel"

—¿A dónde crees que vas, Rokudo Mukuro?

Los irises heterocromos se contrajeron. ¿Por qué el destino era tan cruel consigo?


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₣ιη

Pяóxιмσ Сαρíтυłσ
"
Λcтσ III"

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N.A.:

Muchas gracias a todas las que me comentaron y pusieron en alertas *-* Ahora pasaré a responder sus beshos comentarios~ sí es que ya no lo hice, porque soy demasiado olvidadiza u.u

De nuevo agradezco todo lo que me dijeron y más. Nos leemos en el próximo capítulo :3 Bye bye~

PD: cualquier cosa review (?