Disclaimer: Fairy Tail es propiedad de Hiro Mashima, la historia me pertenece.
Rated: M +18, lenguaje fuerte y temas adultos.
One In A Million
Capítulo dos: Lu Heart.
Los preparativos de la fiesta de bienvenida para Paradise City estaban listos. Makarov se encargó de que cada detalle fuera perfecto y preciso para que los muchachos sintieran el privilegio de pertenecer a la disquera. Tanto así que había reservado ya el Pegasus Club, uno de los lugares más bohemios de todo Fiore con el espacio suficiente para una fiesta de la talla de Fairy Tail. La prensa era la más entusiasmada, muchos artistas de la disquera presentarán y habría mucho de lo que hablar en las revistas del país.
La esperada noche cayó en el calendario. Una extensa alfombra roja daba lugar entre la llegada de las limusinas hasta la entrada principal rodeada de guardias y periodistas, específicamente todos los medios de farándula. Poco a poco las más grandes estrellas iban entrando, el código de vestimenta era libre, sin embargo nadie perdió la ocasión para lucir sus más sofisticados atuendos.
―No tengo idea qué hago aquí. ―balbuceó Lucy observando por la ventana de su camioneta a punto de llegar al recinto. A su lado la acompañaba Levy, como siempre. Ambas vestían para la ocasión aunque indudablemente Lucy ocuparía un gran lugar en el top de las mejores vestidas con su reciente vestido de colección hecho por Rufus, uno de los diseñadores más respetados del rubro.
―Si no venías Makarov se pondría furioso, también Loke. Recuerda que ellos son prácticamente tus jefes. ―se bebió la copa de champagne que permanecía sobre un mesón.
Lucy hizo lo mismo con la que estaba a su costado. Lo que le decía su asistente de verdad que le daba un mal sabor, detestaba depender del resto.
―Recuérdame hacer algo por esos dos idiotas. Me las pagarán, ya verás. ―arregló su cabello con precaución antes de que el chofer les abriera la puerta para salir.
Los flashes abundaron al momento de levantarse del asiento del auto, ambas mujeres salieron con dignidad y saludando a las cámaras. Todo el mundo conocía a Levy como la mejor amiga de Lu Heart, prácticamente lo era. No faltaban los rumores de homosexualidad y relaciones paralelas, la prensa amarillista jamás faltaba.
Posaron para unas cuantas fotos y luego entraron. Lucy tenía un enorme talento para fingir armonía frente a un fotógrafo aunque al entrar al local su cara cambió rotundamente.
―Tratemos de pasarlo bien…―le aconsejó Levy observando atontada el lugar.
Había música increíble y moderna a manos de Dj Cobra, un conocido músico con una peculiar cicatriz en su ojo derecho.
El ambiente era muy grato dentro de Pegasus Club.
―Miren nada más a quién tenemos aquí…―al verlas llegar, Gajeel no desaprovechó la ocasión para burlarse de ambas frente a sus compañeros de grupo―…la princesa y su plebeya alias el hobbit. ―rompió en carcajadas seguido de sus amigos.
Lucy giró la cabeza como la niña del exorcista, dejó su vaso sobre la tarima y quedó frente a los bromistas con una expresión temerosa. Levy llegó atrás tratando de calmarla pero no le resulto en lo absoluto.
―Ríanse mientras puedan, aprovechen su momento de fama porque los niñitos drogadictos como ustedes no duran mucho en la industria. Ya los quiero ver caer en los vicios y esas cosas…―contestó la rubia con recelo, mirando especialmente a Dragneel quien no le había agradado el reciente comentario.
Natsu se saboreó los labios. ―Me encantan las nenas intensas…―murmuró en tanto la desnudaba con la mirada―…sobre todo cuando denotan no tener sexo en años, digo, ¡demonios!, necesitan una terapia urgente con Dragneel, ¿qué dicen chicos? ―chocó la mano con Gray como si hubiera anotado diez puntos.
―Son unos idiotas. ―balbuceó Jellal desde su lugar, nunca fue deseoso de participar en los juegos infantiles de sus compañeros.
Heartfilia estaba a punto de explotar, pero de ira. ¿Acababa de decirle que le hacía falta sexo?, ¡en su propia cara!, esto era demasiado. No obstante se negaba a caer en la provocación ridícula de su contrincante, pensó uno segundos optando por el sentido común, caminó unos cuantos pasos hasta tener la diminuta distancia suficiente para pasar uno de sus delgados y bien cuidados dedos rozando su uña sobre el perfecto cutis de Natsu que atónito recibía todo.
―Lo siento, pero no me acuesto con críos…―sonrió con ironía retirando la mano de su rostro―…quizá en veinte años más, cuando hayas aprendido a usar esa cosa. ―apuntó sin escrúpulos, su entrepierna.
Levy cubrió sus ojos con vergüenza, cuando su amiga quería pasar los límites sí que lo conseguía. Ambas chicas se arrinconaron dejando al vocalista de Paradise City con la palabra en la boca. Gajeel y Gray lloraban de la risa. ―¡Te han humillado, amigo! ―se burló el guitarrista.
―Dijo eso solo porque le gustan los penes arrugados. ―se excusó con amargura, no le gustó para nada que ella lo dejará en silencio y se refiriera a él como disfuncional en el sexo. Debía auto convencerse de que su teoría era correcta, después de todo lo que se había enterado, ella estaba casada con un tipo mayor.
―No te expreses así de una chica, dios mío. ―como siempre, Jellal salía a defender. A diferencia de su grupo parecía ser el único poseedor de madurez en los momentos indicados. Sí, salía y disfrutaba pero siempre ponía sus propios límites. Los chicos siempre agradecían el tener a alguien que los tuviera con los pies en la tierra.
La música se detuvo, era tiempo de que Makarov diera su discurso de bienvenida. Todos dejaron de beber, bailar, ligar y sacarse fotografías para enfocarse en el escenario del local.
―Sean todos bienvenidos a la fiesta de iniciación del grupo Paradise City que ahora forma parte de nuestra compañía. ―durante los aplausos carraspeó un poco para sacar la voz― Recuerdo cuando fundé esta empresa con un gran sueño en mi mente, lograr que la música hiciera feliz a las personas. En ese entonces éramos pocos y artistas como Gildarts Clive sacaron a Fairy Tail Records adelante convirtiéndola en una de las mejores disqueras. Para nuestra empresa cada artista nuevo es una nueva oportunidad y por eso nosotros los ayudamos e impulsamos para que sean los mejores en lo que hacen. Hoy, espero que los chicos de Paradise City logren sentir que han llegado a la mejor compañía de música. ―Alzó una copa― ¡Salud por Paradise City!
Todos repitieron la misma acción para luego beber el champagne del brindis. Cuando Makarov bajó del escenario la música regresó a dominar el lugar hasta que nuevamente alguien desconocido subió al tablado con el micrófono en mano. ―Ahora con ustedes para abrir la noche, ¡Trimens!
Entre aplausos, humo y luces de colores se apreciaron tres siluetas masculinas. Los gritos de las chicas se hacían oír cuando se pudo ver el rostro de los chicos.
Suena: Girlfriend - 'N Sync
El del medio era Hibiki Lates, alto, esbelto, de cabello anaranjado y ojos oscuros. A la izquierda estaba Ren Akatsuki, un moreno de cabello negro y encantos afrodisiacos. Finalmente a la derecha se encontraba Eve Tearm, más bajo que sus dos compañeros, de cabello rubio. Los tres tenían lo suyo, bailaban como si hubieran nacido para ello. Su música era una mezcla de pop, hip hop y baladas. Llevaban un par de años de trayectoria y sus principales fans eran las chicas, locas por ellos.
Levy se echaba aire con la servilleta, los pasos pélvicos y movimientos insinuantes le habían causado un calor tremendo.
A ratos cambiaban de posición demostrando que nadie era el protagonista, sino los tres. Sus voces eran melodiosas, dulces y sensuales, tremendamente sensuales. Talento tenían de sobra. Cada quien tenía su momento para demostrar su voz.
Ninguna bailarina los acompañó, con ellos bastaba para calentar el escenario y así fue, el público pedía más.
La canción acabó y los chicos saludaron para luego retirarse a sus camarines y regresar a la fiesta. Luego vendría el turno de otro artista hasta que fuera el turno de Lucy quien no estaba muy animosa por cantar en la bienvenida de esos engreídos como ella los llamaba.
Segundos después la banda de apertura apareció, las modelos invitadas caían sobre Trimens como gaviotas al mar al atardecer, ansiosas por lograr algo con alguno de ellos. Sin importar su insistencia, uno de los integrantes más populares prefirió acercarse al bar localizándose específicamente al costado de Lu Heart, pidió un tequila margarita y soltó un suspiro de cansancio. ―Las modelos jamás se rinden.
Lucy carcajeó por el comentario, le había leído la mente. ―No las culpes, ustedes tenían el escenario encendido. Además con esos pasos de baile ¿quién no querría estar con uno de ustedes?, es como el sueño de toda adolescente.
―¿Te gustaría estar con alguien como yo?
«Demasiado cerca», pensó ella alejando un poco su rostro del susto. Hibiki susurró en su oreja con la gloria en su boca, algo que evidentemente anhelaba hace años podría ser suyo esta noche.
O tal vez no.
―Buen intento Lates, pero no me gusta ser una más del montón ―respondió sin perder su gracia―, además recuerda que soy una mujer casada.
―Al menos lo intenté. ―bromeó él para no quedar tan mal. Era costumbre que Lu Heart siempre lo rechazara.
Ella también conocía esa historia, rechazar propuestas por parte de hombres y mujeres era cosa de todos los días. Siempre debía lidiar con eso y decir que no, excusándose en su matrimonio que estaba en la cuerda floja. Mientras nadie conociera su verdad era suficiente.
Un poco más a la izquierda de la barra se encontraban los chicos de Paradise City chocando un par de miradas con unas cuantas modelos que merodeaban por ahí. Las chicas no eran tontas, sabían que la fiesta rondaba alrededor de ellos. Era tiempo de acercarse. Justamente eran cuatro, una de ellas tenía el cabello negro hasta la cintura con un flequillo que favorecía sus facciones. Dos de ellas eran hermanas albinas con su pelo un poco más arriba de los hombros mientras que la última que se les acercaba tenía el cabello negro con un extraño peinado tipo oriental, ojos rasgados y labios color lila opaco. Las cuatro vestían muy elegantes y seductoras, de altos tacones y joyas costosas.
―¿Podemos hacerles compañía? ―preguntó una de las albinas, a diferencia de su hermana era un poco más osada.
―Claro. ―respondió Natsu con una sonrisa matadora en el rostro, las chicas eran su materia favorita. Siempre ha sido un galán nato desde que tiene memoria. Su cabello rosa y despeinado, sus ojos verdes y aquella sonrisa sublime jamás les fueron indiferentes a las mujeres.
Cada chico del grupo tenía lo suyo, Gajeel era el chico malo, Gray el romántico, Dragneel era el rompe ovarios según él y Jellal el misterioso.
―Atiende a las chicas, por favor. ―le pidió Gray al bartender. Había puesto sus ojos en la chica del flequillo, su nombre era Ultear Milkovich, era imposible desconocerlo cuando ocupaba casi todas las portadas de las revistas. ¿Cuál era su gran fuerte?, su retaguardia.
La otra morena era Minerva Orland quien ya estaba rodeando a Dragneel con sus sortilegios. Sorano Agria se sentó al lado de Gajeel y Yukino Agria se acomodó cerca de Jellal, este la saludó cordialmente, ella era mucho más cohibida que su hermana mayor.
Desde su lugar, Lucy y Levo los observaban.
―Mira cómo caen, qué débiles son…―la rubia alzó su copa antes de beber de ella. Ver la cara de estúpido de Dragneel dándoselas de don juan le hervía la sangre.
―Las modelos son como cuervos con los músicos. ―concluyó Levy sin despegar la vista de la nueva banda y sus acompañantes.
Durante su observación, Loke aparece entre la gente. ―Es tu turno, Lucy. Acompáñame al camarín. ―Era hora de que Lu Heart se preparara para dar su pequeño show en el escenario de Pegasus Club.
La diva siguió a su representante junto a su asistente personal siendo continuados por la mirada esmeralda del vocalista de Paradise City. ―¿Me esperas un poco? ―le pidió a Minerva, esta no parecía muy a gusto con la idea pero no le quedaba de otra, no volvería a tener otra oportunidad de relacionarse con un músico de esa talla. El hombre la dejó junto a sus amigos y las demás modelos con una sucia y maliciosa idea en su cabeza, venganza.
Dentro del vestidor había un montón de trajes llenos de brillo y plumas como a la diva de Fiore le gustaba. Aunque para esa noche ya tenía la vestimenta prevista. Un vestido color crema bordado de lentejuelas doradas hasta el tobillo con un corte en la pierna izquierda y strapless arriba, guantes de satín blancos que cubrían casi todo su brazo y tacones del mismo color. El maquillaje y peinado ya estaban.
―Debes salir, Loke. ―lo echó McGarden indignada por su imprudencia.
―¿No me puedo quedar? ―preguntó haciéndose el que no entendía la indirecta.
―¡Vete ya! ―exclamó terminando por empujarlo fuera del camarín. Lucy estaba desvestida tras una cortina. Su asistente le entregó la ropa mientras guardaba es vestido de noche en un bolso para que nadie se lo llevara mientras hacía su espectáculo.
Cuando ya estaba lista corrió la cortina dejando a su amiga impactada. ―¡Espléndida! ―le sacó una fotografía con su teléfono―. Ahora iré a verificar que todo esté listo, las bailarinas, luces, música, etcétera. ―le comentó antes de salir dejándola sola frente al espejo.
Se puso a retocar los últimos detalles para robarse la película esta noche, ese era su plan. Sacó un poco de polvo compacto para aplicarlo a sus mejillas y dar rubor. Estaba tan concentrada arreglándose que no se percató que por el mismo espejo la silueta de su rival la contemplaba apoyado desde la puerta.
―Si te presentas así no será necesario que cantes para dejarlos a todos desquiciados.
Notó la presencia de Dragneel a sus espaldas y giró asustada como si hubiera sido pillada con las manos en la masa. ―¿No te enseñaron a tocar?
―Estaba abierto, princesa. ―cerró la puerta con seguro― Ahora no.
La osada acción del muchacho alarmó a la cantante, quedando atenta a su siguiente movimiento. ―¿Qué pretendes? ―se aferró ante la mesa tras de ella sin quitarle la vista de encima. Miró de reojo su teléfono, quizá era conveniente llamar a Elfman. Desconocía los límites de ese chico que cada vez estaba más próximo.
Sus manos eran enormes, marcadas, no podía dejar de observarlas. Poco a poco fue subiendo una de ellas para acomodarlas en el delicado rostro de la rubia, mimó desde su cien hasta su mentón para levantar su rostro dejándolo justo a su medida.
―Me pregunto…―relamió sus labios sin perder la vista de aquellos ojos chocolate―…¿hace cuánto tiempo que ningún hombre se ha atrevido a tocarte?
Desde su rostro sus dedos se trasladaron hasta el cabello dorado adentrándose en su cuero cabelludo, aspirando su aroma. Entrelazándose entre las perfectas cerdas que caían en cuanto iba avanzando. Lucy estaba perdiendo el sentido. ¿Por qué no lo podía detener?, era tan fácil como empujarlo lejos, tomar el teléfono y llamar a su guardaespaldas.
Pero algo en su interior le decía que no debía ser salvada esta vez.
El olor de Dragneel era dulce como el cacao. Pensó que se terminaría drogando si tenía un segundo más el cuello del vocalista tan cerca, inconscientemente lo inspiró, cerrando sus ojos mientras él exploraba su cabello bajando su otra mano por su espalda.
¿Qué diablos estaba haciendo?
―De-detente. ―pudo decir entre dientes, deseando que él no le obedeciera para seguir siendo un completo imbécil y continuar con sus juegos.
Es que todo lo que decía era tan cierto como que su matrimonio era un desastre, meses, no, años sin que Bora la tocara, sin que la amara ni la hiciera sentirse mujer. Era frustrante para una de las figuras más deseadas del país tener una vida sexual denigrante. Tanto tiempo sin que nadie la hiciera sentir así le iba a pasar la cuenta.
Pero olvidó algo importante, estaba cayendo en las redes de su mayor rival y eso superaba todo.
―¡Dije que te detengas! ―logró liberarse de él con un poco de fuerza alejándose unos cuantos pasos dándole la espalda. Estaba avergonzada, por unos segundos había aflojado.
Natsu distinguió la piel de su dorso erizada y sonrió con victoria, algo es algo. El tema es que iba bien encaminado. Optó por proseguir con su idea sin dejarle opción para llamar al gorila que siempre estaba con ella. Esta vez atacó por detrás. Realmente lo estaba disfrutando aunque lo hiciera solo para fastidiarla, sacaba cierto provecho de ello. Era un hombre después de todo, creía él.
Abrazó a Heartfilia por la cintura adaptando su rostro entre sus cabellos buscando su oreja con la boca para proporcionar un ligero mordisco que la hizo quejarse, pero de gusto.
―¿Sabes?, no me molestaría hacer que te sientas…bien. ―desde su ombligo bajó despacio su mano rozando su abdomen hasta cruzar el límite. Era demasiado, debía detenerlo.
Pero quería más, necesitaba más con mayor razón cuando la áspera y cálida lengua de Dragneel pasó por su cuello, oreja y parte de su espalda descubierta. ¿Qué pasaba con Lu Heart?, una mujer que jamás tuvo complicaciones para rechazar, para decir que no, lamentablemente estaba en una situación compleja. No podía hacer nada.
Él tampoco lo hacía de caridad, lo estaba disfrutando hasta quizás más que ella. Tenía delante a una mujer anhelada por muchos, un enorme deseo lo abundaba desde la primera vez que la vio sentada secando sus lágrimas. Su bragadura se manifestó en segundos, jamás lo olvidaría.
Pero aquella mujer que lo tenía cazando moscas también era terriblemente odiosa y eso era como una patada en el hígado. Cómo la detestaba. No le importaba si fuera la más hermosa de todas, le enseñaría a no burlarse de Natsu Dragneel. Así, decidió continuar sin recatos pasando su mano por el corte de su vestido tocando desde su muslo hacia arriba.
―¡Señorita Heartfilia!
El sonido de la puerta había sido la salvación de la acorralada diva del pop. Se despegó de empellón de su acosador pegándole una mirada fulminante. ―Me las vas a pagar, estúpido. ―arregló su vestido husmeado por el rockero y sostuvo la manilla de la puerta para quitar el seguro. ―¿Sabes algo?, ni siquiera un pelo me moviste, eres un fracaso.
―No te creo nada, tu cara decía otra cosa.
―¿Te mencioné que también soy actriz?, te falta mucho para complacer a una mujer como yo. Ahora si me disculpas, tengo un show que atender. Ve y aprende. ―salió del camarín sin dejar de lanzar sus chinches hacia quien era su rival dentro de la disquera.
Ahí estaba Elfman que antes de seguir a su ama hizo una seña de cautela para Natsu, era indudable que lo tenía bajo la mira. El gorila, como él le decía, era de temer.
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Era el turno de Loke de anunciar a una de sus clientas más importantes. Orgulloso se dentro en el escenario con su traje oscuro y las típicas gafas que jamás se quitaba.
―Hace doce años llegó a mi vida una bella muchacha de cabellera rubia, grandes y achocolatados ojos con sueños lejanos. La escuché cantar en un local de Magnolia y su voz me capturó enseguida. En ese entonces era solo una niña, por lo que me contuve, ya saben…―bromeó causando que gran parte de la audiencia se riera―…hoy en día esa niña se transformó en una mujer de armas a tomar, una de las cantantes más talentosas de todo el país y del mundo. Con ustedes, la diva de Fiore, Lu Heart.
Los aplausos comenzaron junto con la música.
Se escucha: Greedy – Ariana Grande.
Primero se presentó con una versión lenta de jazz deslumbrando a todos con su sensualidad, quitó los guantes con sus dientes y los lanzó al público. Su voz propasaba todo, era potente, afinada, firme.
Sin que nadie lo esperara comenzó el ritmo más rápido por parte de la orquesta que permanecía atrás en compañía de las bailarinas que entraron a hacer lo suyo. Lucy arrancó la parte de abajo de su vestido dejándolo en un traje corto con sus perfectas y torneadas piernas a la vista. La gente enloqueció.
Presentó una de las canciones pertenecientes a su último álbum con modernos pasos de baile sin perder la afinación y soltar el micrófono. Se notaba que llevaba años de experiencia en el rubro.
Desde su lugar, Natsu había perdido la atención por completo a su acompañante para enfocarse en el escenario. Había oído que era buena, pero ahora entendía por qué la respetaban tanto. Esa facilidad de llegar a los tonos altos no la tenía cualquiera, era un don y formaba parte de mucho trabajo. Se veía que tomaba las cosas enserio y amaba lo que hacía. Hasta en un punto, llegó a sentir cierta admiración. Minerva estaba furiosa, que él la ignorara de esa forma no era justo para ella.
Nadie pudo hacer que Natsu perdiera la vista de Lucy. El resto de la banda también permanecía muy atento.
―La chica tiene talento. ―comentó Gray, estupefacto.
―No solo talento…―Gajeel hizo un enorme esfuerzo para no abrir la boca lo suficientemente grande para que el resto notara su babosería.
Jellal asintió, dándole razón a sus compañeros.
Cuando acabó la presentación todos se pararon a aplaudir a excepción de Natsu quien quería aparentar que no tenía ninguna pisca de emoción. Lucy se retiró del escenario con el cariño del público encontrándose con Levy y Loke tras bastidores para ir a cambiarse al camarín.
―Lo hiciste increíble, como siempre. ―la felicitó Loke sin evitar sentirse orgulloso por ser su representante. ―Déjame abrazarte. ―lanzó sus manos hacia ella como un pulpo, siempre pensando en aprovecharse de la situación.
―¡Aún sigo enfadada contigo, cabeza de zanahoria! ―lo alejó antes que hiciera algo indecoroso―. Yo jamás olvido, vámonos Levy. ―su asistente se fue con ella al vestidor dejando a Loke con las ganas.
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Como ella había planeado, se terminó robando la noche con su presentación. Los diarios lo gritaban al día siguiente y los medios televisivos no paraban de hablar de aquella fiesta. Los videos de Lucy cantando salían en todos los canales, los periodistas y presentadores estaban locos con su talento trayendo muchos titulares como "La diva del pop lo hace otra vez".
Heartfilia miraba todo desde el sofá de su sala en Fairy Tail Records con una sonrisa de satisfacción en su rostro. No paraba de apretar el control descubriendo que estaba en boca de todos. Superior a todo, es que nadie se acordaba que la fiesta era para los rockeros drogadictos, eso la hacía sentir mejor.
―¿El señor Bora no te ha hablado por tu presentación? ―entró Levy al cuarto con una bandeja llena de dulces y dos tazas de café.
La rubia sacudió su cabeza en negación.
―Lo he estado pensando, quizá debo luchar por mi matrimonio, ¿qué piensas? ―Levy la miró con duda, no parecía muy a gusto con la decisión de su amiga. ―¿A qué viene esa cara?
―Bueno, por lo que me cuentas y he visto, él no parece muy interesado…
―Eso es porque aún no ha visto esto. ―sacó de su bolso un pijama negro de encaje que pondría desequilibrado a cualquiera.
McGarden palmeó su frente.
―No quiero saber qué es lo que tienes en mente.
―Te lo contaré igual ―se levantó del sofá para visualizar el pijama sobre la ropa que traía puesta frente al espejo―. Hoy llegaré a casa y le daré una sorpresa que lo hará arrepentirse de esas tontas ganas de divorciarse, ya verás. ―le guiñó el ojo a su reflejo.
Su fiel asistente suspiró, su amiga jamás se rendía cuando algo se le metía en la cabeza. Sin embargo sentía miedo por ella, no quería que saliera lastimada. Conocía muy a fondo lo que ocurría con Bora y lo poco que él daba por su amiga e intentar hacerla recapacitar antes que cometiera una locura era imposible.
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En su lujoso auto llegó a la que aún era su mansión, su hogar. Elfman la ayudó a bajarse del carro como siempre y la acompañó hasta la entrada.
―Bienvenida a casa, princesa. Su hijo está donde su abuela. ―se adelantó Virgo a que ella le preguntara.
Fue imposible no hacer una mueca de desagrado, detestaba tanto a esa vieja como detestaba hacer dieta.
―¿Con el permiso de quién?
―El señor Bora lo fue a dejar, dijo que sería bueno que pasara unos días con su familia.
Dejó su abrigo colgado en la entrada y subió las escaleras hasta llegar a su cuarto. No podía enfadarse con su esposo por la estupidez que hizo si quería recuperar su matrimonio, así que siguió con el plan. Sabía que él llegaría pronto del trabajo así que no perdió tiempo y se colocó el sensual pijama no sin antes echar una crema de frutas en toda su piel.
Esta noche sería distinta.
No estaba dispuesta a perderlo todo. Bora la descubrió junto a Loke en un cabaret, trabajaba de camarera y cantaba cuando se le permitía a sus catorce años. Era una rebelde que se negaba a seguir con los negocios de su padre Jude Heartfilia, un importante empresario al cual siempre negó como padre. Él jamás aceptó que ella quisiera dedicarse a la música, por eso escapó de su casa y forjó su camino sola.
Tuvo que soportar demasiadas cosas, entre el constante acoso de hombres que querían acostarse con ella hasta ataques de sus compañeras por celos. Lucy jamás se entregó a alguien por dinero, ella solo quería cantar con la esperanza de que algún día descubrieran su talento.
Y así fue.
Bora fue el primero en creer en ella, en ese entonces él era un contribuyente activo de Fairy Tail Records a causa de una amistad de años con Makarov, su fundador. Al escuchar cantar a quien hoy sería su esposa decidió rescatarla de ese lugar con la ayuda de Loke. Bora intentó representarla y cuidar todos sus pasos, pero el trabajo en la empresa y el tiempo se lo impidieron, dejándola en manos de Loke. No obstante, el acercamiento entre ellos siempre fue más allá de lo profesional. Lucy sentía ese vacío que dejó su padre, la necesidad que un verdadero hombre la protegiera. Bora lo fue todo en ese entonces, él obviamente también estaba atraído por la joven.
Se casaron cuando ella tenía dieciséis años y el treinta, una diferencia de edad mal vista para la sociedad. A ella no le importó nada, quedando embarazada el mismo año de Romeo. Durante esa época fueron muy felices, Lucy conseguía el éxito que toda su vida soñó y los ingresos de Bora aumentaban. Año tras año él se volvía más frío, el trabajo de ambos les impedía entregarse el tiempo necesario.
Esta noche Lucy lucharía por traer todo eso de vuelta.
Al escuchar a Virgo recibir al señor era la señal. Llenó su cuerpo de perfume y colocándose una bata negra para cubrir la sorpresa esperó hasta que él entrara a su cuarto, que por cierto dormían en cuartos separados.
Los pasos del escalón algo acelerados la hicieron mantenerse oculta unos segundos más, al sonar la puerta cerrarse salió veloz por el pasillo.
―¡Por ahí no! ―escuchó un murmullo desde aquella habitación. Su oído no la engañaba, era una voz femenina. Se asomó aún más aprovechando que la puerta estaba medio abierta para observar por el diminuto espacio qué pasaba realmente adentro.
―Hijo de…―maldijo desde su lugar observando cómo su esposo jugueteaba con una joven de no más de veinte años sobre su cama, arrancándole toda la ropa como un animal. No lo pensó dos veces y terminó por entrar interrumpiéndoles la diversión. ―¡Bora Conbolt!
Los involucrados se separaron al oír el grito de la flamante esposa.
―¿Lucy?, creí que no llegarías a dormir.
―Terminé mis ensayos con anterioridad para tener tiempo y venir a verte…―observó a la chica de cabellera rubia como ella, ojos azules y un físico extraordinario. ― ¿Y esta quién es?
―Lo mismo pregunto yo mi amorcito, ¿no que te habías desecho ya de ella? ―le preguntó al hombre de edad sin recato alguno de que su esposa estuviera frente a ellos.
Desde la posición del empresario, no había mucho que decir. Era demasiado evidente que no estaba pensando en Heartfilia mientras trabajaba, más bien, sus acciones decían otra cosa.
Lucy tomó la primera almohada que había y se la lanzó a ambos con una furia desbordante. ―¡Aún estamos casados!, ¿no te podías aguantar antes de traer a una de tus perras a mi casa? ―exclamó recordando a su esposo que este también era su hogar.
―¿A quién le llamas perra? ―la acusada se paró de la cama con intenciones de agredir físicamente a Heartfilia siendo intervenida por su amante que se colocó entre ambas mientras apretaba el botón de seguridad bajo el interruptor de luz.
―Esto jamás te lo perdonaré, Conbolt…cuenta tus días. ―Lucy lo apuntó con reconcomio para luego salir corriendo sin avisarle a nadie que no regresaría a esa casa por el momento.
Fue por su auto y sin ayuda de Elfman arrancó el motor aguantando las ganas de llorar con un único destino en su mente; Fairy Tail Records.
Continuará…
¡Hola!, aquí dejo el segundo episodio de OIAM para ustedes :) espero que les guste y saber qué les parece.
Gracias a Giuly, Deepika, Michelle, Katia e Indigoooo por sus bellos comentarios, se les agradece por el tiempo y la dedicación a dejar su review *-*
Saludos,
Kaya.
