Capitulo 2: Un nuevo nombre
Karin se quedó petrificada. El la llamó por su nombre antes de irse y dejarla con la jarra entre sus manos, que dé la impresión por poco vuelve a caérsele. Sin embargo se recompuso y después de suspirar intensamente, entró a la habitación de su ama, quien la esperaba impaciente. La señora Mahdi, como ella lo imaginó, después de arrebatarle la jarra le dio un manotazo tan fuerte en la cara que la tiró en el piso. Karin tenía prohibido llorar, así que contuvo las lagrimas mientras recordaba las palabras que el predicador de su aldea solía decir: "Amen a sus enemigos, oren por ellos al Señor nuestro Dios, ya que esa es la manera mas grande de demostrar nuestra verdadera devoción. Saber perdonar es la mayor virtud que un cristiano puede atesorar". Karin se aferraba ciegamente a esas palabras y al recuerdo de su madre, una mujer piadosa y que siempre le decía que el amor a Cristo y el apego a sus enseñanzas la salvarían de cualquier peligro.
Sin duda alguna, eso debía ser cierto, ya que seguir esa creencia y no albergar odio hacia sus captores, ni hacia las mujeres que la tenían esclavizada le había traído la presencia de un ángel en su vida. Si, que el joven Taleb la ayudara y le mostrara un poco de cariño era sin duda una señal divina, y ella todas las noches a partir de ese día, oró fervorosamente pidiéndole a Dios por sus amas y por ese ángel hermoso. La niña llenaba su mente de pensamientos llenos de fe, y procuraba no llorar, se consolaba creyendo que así como Dios cuidaba de ella, de la misma manera cuidaría de su familia. "Gracias Dios mío, por haber enviado a Taleb para cuidar de mi, y gracias por que de esa misma manera, Tu cuidas de mis hermanitos y mis padres."
Después de esa ocasión no volvería a verlo en meses. Como heredero del jeque, Taleb pasaba sus días ocupado estudiando con maestros y sabios traídos desde diferentes partes del mundo civilizado exclusivamente para instruirlo en los conocimientos que su cargo requeriría en el futuro. El jovencito era de una inteligencia notable y a su edad hablaba varios idiomas. Tenía facilidad para las matemáticas, la astronomía y las artes. Gozaba del dibujo y tocaba virtuosamente el laúd. Su padre disfrutaba escucharlo tocar cuando el joven creía estar solo, ya que no le gustaba ser observado mientras interpretaba sentidas melodías de amor. Por las tardes salía a montar por horas, y llegada la hora del ocaso, se dirigía a sus aposentos sin dirigirle la palabra a nadie. El, al igual que su madre, practicaba en secreto el catolicismo. En silencio escuchaba a su madre rezar por horas y horas el rosario, con dolor la miraba llorar y pedir entre susurros perdón a Dios por sus pecados. Taleb sabía que había sido engendrado en pecado, el cual era agravado por haber nacido fuera del sagrado matrimonio. Palabras como culpa, penitencia y purgatorio eran comunes en sus pensamientos. Conforme fue creciendo y sus conocimientos se ampliaron gracias a su formación académica, dejó de darle importancia a estas creencias, sin embargo, esa sensación de ser alguien defectuoso e indigno nunca lo abandonaba, no importaba lo mucho que tratara de ignorarlo u olvidarlo ocupando cada instante de su día con miles de actividades. Realmente era un muchacho solitario y aislado, pues su condición de hijo de la "infiel", de cierta manera lo marcaba y distanciaba del resto de su gran familia.
Excepto de su tía Mahdi y su hija, Mayra. La mujer deseaba con todas sus fuerzas que llegado el momento, su hija terminara desposándose con Taleb, y de esta manera asegurar su lugar en la dinastía. Si su hija era la primera esposa eso les otorgaría privilegios y poderes que de otra manera no podrían tener una vez que el jeque pasará su liderazgo a su heredero. Mayra desde muy niña conocía las intenciones de su madre para su futuro, y tan pronto tuvo conciencia, estaba segura de que se casaría con su hermoso primo. La jovencita soñaba día y noche con ese momento, y a pesar de no convivir mucho con él, actuaba con prepotencia y altivez de saberse la futura ama y señora del emirato. Aun así y debido a su juventud, disfrutaba jugar como cualquier niña de su edad, y para eso también estaba Karin. Las dos pasaban horas jugando con las muñecas que a Mayra le traían por montones. Los días se convirtieron en meses, y los meses en años. La vida dentro de la fortaleza continuó placida y sin muchos cambios. Eran años de paz relativa, en la que el poder de amo moro de esas tierras era férreo y no tenía rival.
Karin en sus momentos libres, soñaba despierta recordando ese breve instante en su vida en el que fue inmensamente feliz. Esos bellos ojos azules llenaban su mente y su corazón, y al recordar la forma tan atenta como él la ayudó a ponerse en pie, las palabras que le dirigió y como la llamó por su nombre… No podía sacar ese recuerdo de su mente y así vio ella pasar el tiempo. Sin volver a tener contacto con él, y solo viéndolo pasar ocasionalmente por el enorme patio cuando salía a montar.
Cuando ella tenía casi los 14 años, acompañó a Mayra y otras doncellas a la playa. Como musulmanas solteras llevaban sus cabelleras sueltas. Karin vestía las sencilla saya que su condición de esclava la obligaba a portar, y su hermosa cabellera rubia generalmente estaba recogida en una sencilla trenza. Se quedó a la orilla cuidando de las elaboradas túnicas de las jovencitas quienes jugaban y correteaban por la orilla de la playa. En ese momento ella sonrió feliz de ver como ellas se divertían, ya que como servidumbre, no tenía permitido jugar. Entonces decidió deshacer su trenza, quizás no tenía derecho a meterse al agua y debía vigilar las túnicas, pero eso no le impediría gozar de la brisa marina enredándose en su cabellera, esa expresión de libertad nada habría de prohibírselo. Una vez que soltó su cabello, dejó caer levemente su cabeza hacia atrás, disfrutando del aire que se colaba entre sus rizos dorados.
En ese momento escuchó un hermoso sonido que venía de algún lugar cercano entre las colinas de arena. Ella volteó alrededor para tratar de averiguar que producía tan hermosos sonidos. Varios metros a su izquierda lo vio. Miraba hacía el océano mientras sostenía entre sus manos un instrumento extraño, que él hábilmente acariciaba y producía una melodía dulce y que la llenaba de melancolía. Al parecer el muchacho no había notado su presencia, o la de las otras jovencitas. Su atención se fijaba en el mar. En la majestuosidad con la que las olas se rompían en una formación rocosa y miles de gotas reventaban produciendo el efecto de un arcoíris multicolor. Karin miraba extasiada como si presenciara un espectáculo exclusivo para ella. No supo en que momento sus pies caminaron sin pedirle permiso, no supo en que momento sus pasos la llevaron hasta donde él permanecía sentado observando el azul horizonte. Taleb cerró sus ojos y detuvo la música, ella se paró en seco, en ese instante Karin se percató de que había abandonado su puesto al cuidado de los ropajes y que osadamente se había acercado demasiado al joven. Intentó darse la vuelta para regresar, cuando la potente voz de Taleb la hizo detenerse.
-No te vayas, Karin, ya te vi.
-Oh, su usía. Disculpe mi atrevimiento, m-me retiro…!
-No te vayas, Karin, te he ordenado que permanezcas aquí.
Taleb la miró fijamente, sus ojos eran serios e inexpresivos, la rubia agachó avergonzada la cara. Entonces el joven sonrió al mirar su humilde reacción.
-Te gustó la melodía que tocaba, Karin?
Ella volteó y al mirarlo sonreír, no pudo evitar corresponder la sonrisa.
-Oh, si, mi señor! Es la cosa más hermosa que he escuchado!
Taleb levantó su mano y le hizo una seña para que se acercara, ella tímidamente le obedeció, el palmeó la arena indicándole que se sentará frente a si. Una vez que ella se sentó de rodillas donde el muchacho le había indicado, volvió a tocar la misma melodía. Ella no pudo evitar entrecerrar los ojos dejándose llevar por las dulces notas que salían del laúd. Ella veía extasiada las manos de Taleb, admirada de la habilidad con que el muchacho arrancaba los sonidos del objeto inanimado. El la miraba a ella, no sabía a ciencia cierta por que esa niña le resultaba tan difícil de ignorar. No era que siempre pensara en ella, de hecho, desde la última vez que la vio cuando lo del incidente de la leche, no se había acordado de ella, pero él nunca pudo ignorar su existencia desde la primera vez que se cruzó con ella a la entrada de la fortaleza. Después la vio en alguna otra ocasión y preguntó a los sirvientes por el nombre de la pequeña rubia. Por alguna extraña razón nunca olvidó su nombre, a pesar de que después de lo del accidente, nunca se volvió a cruzar en su camino. Pero ahí estaban ahora, de frente al mar y en silencio mientras ella miraba embelesada el laúd y él la miraba fijamente.
Sin duda era una jovencita muy hermosa, ya su rostro había perdido las redondas facciones de la niñez. Su rostro ovalado, estaba enmarcado por una hermosa cabellera rubia y rizada que le llegaba hasta la cintura. Su piel era de un color nacarado y en su nariz respingada, las pecas sonrosadas solo acentuaban la delicadeza de sus facciones, y los ojos… esos ojos verdes que parecían atravesar como centellas lo que miraban. Taleb se deleitó observándola a placer, cada centímetro de su piel, los labios sonrosados y voluptuosos. De pronto una necesidad de tocarla se adueñó de él, y dejó de tocar, ella volteó a mirarlo extrañada y le sonrió ingenua. El no le quitaba la vista de encima, lo que la hizo sonrojarse hasta los huesos. Taleb hasta entonces cayó en cuenta de lo irracional de sus pensamientos y tratando de ser amable, volvió a sonreír.
-Te gusta el mar, Karin?
-Si,- dijo ella mirando hacia el agua, donde las doncellas seguían jugando, -Nunca lo había visto en mi vida, en mi aldea lo mas que teníamos a la mano era un arroyito, ahí me encantaba bañarme…
-Y por que no entras al agua tu también?
-Por que…-Karin bajó los ojos, recordó cual era su condición.-Soy una esclava, no me lo permiten.
Taleb la miró fijamente, detestaba las injusticias, y la esclavitud, sin duda, para él era la peor de todas, suspirando tomó una decisión.
-No te preocupes, si gustas, esta noche podemos venir cuando todos estén dormidos, y podrás meterte al agua. Yo cuidaré de ti.
Ella lo miró con una sonrisa deslumbrante, sus ojos danzaron llenos de alegría, y esa imagen a él le calentó el corazón como si fuera el mismo sol. No podía entender por que verla tan feliz a él lo llenaba de una felicidad tan grande.
-Si, si, mi señor! Pero, como haremos para salir del palacio?
En ese instante vieron que las muchachas salían del agua y se dirigían hacia donde habían dejado sus túnicas. Karin dejó salir de su garganta una exclamación de angustia. Sabía que Mayra la reprendería por haber dejado sin cuidado los ropajes. Taleb de inmediato supo la razón del cambio en el rostro de la muchachita y se puso de pie al mismo tiempo que ella.
-Mi ama! Me va a mandar azotar!
-No te preocupes, déjame esto a mí.
El muchacho se adelantó y Karin lo siguió asustada. Mayra los vio venir y de inmediato se puso su aljuba, ya que no era decoroso que su primo la viera con su delgada túnica mojada. Después dirigió una mirada furibunda a Karin, quien temerosa se mantenía detrás de Taleb.
-Karin! Como te has atrevido a abandonar tus obligaciones? Madre te dará una buena paliza por esto!
La rubia se apresuró a recoger las demas aljubas para ayudar a las otras chicas a ponérselas mientras Taleb observaba inexpresivo toda la escena, se dirigió a su prima, quien lo miró encantada. El joven había maquillado sus ojos con kohl como era la usanza y eso sin duda hacia mas penetrantes su mirada azul zafiro.
-Vamos, Mayra, no te enojes con ella, yo le pedí que me ayudara…
-Ah, si, y a que te ayudó?
-Bueno, este… le pedí que me diera su opinión sobre la melodía que acabo de aprender.
Mayra volteó hacia Karin, quien agachaba la cara roja de la vergüenza, astuta y taimada, se mordió el labio celosa de que su primo haya llamado a la esclava para escucharlo, siendo que ella nunca lo había podido hacer. Sin embargo decidió no contradecirlo, y sonrió ladina acercándose a Karin.
-No te preocupes, primo, no le diré nada a Madre, pero si me prometes que la próxima vez, me permitirás escucharte.
-Desde luego, prima.
Taleb dirigió su mirada a Karin, quien le correspondió asintiendo tímidamente. Las jovencitas caminaron en fila siguiendo a Mayra quién tomó la delantera. Karin como siempre, se quedó al final, Taleb la tomó por el brazo y se acercó a su oído.
-Hoy por la noche, en cuanto apaguen las luces te esperaré en el pasillo donde se nos cayó la leche. No faltes!
Karin sintió mariposas en su estomago al mirar la sonrisa traviesa de Taleb. Con su cabeza dijo que si muchas veces mientras corría detrás de las muchachas. Claro que iría, ya que presentía que toda su vida y su felicidad dependían de ese encuentro. Una vez que llegaron a los aposentos, Mayra interrogó a Karin respecto a la razón por la que se encontraba con Taleb, la rubia no le contestó gran cosa.
-Sabías que cuando seamos grandes, Taleb y yo vamos a casarnos?
Karin, quien en ese momento le cepillaba cuidadosamente el cabello a la morena, se quedó como petrificada al oír esas palabras, Mayra vio la reacción de la muchachita a través del espejo del hermoso tocador en el que ella estaba sentada y sonrió llena de malicia. Su intuición femenina sabía que la esclava sentía algo por su primo. Decidió divertirse a costa de ella.
-Oh, si Karin, tan pronto él cumpla la mayoría de edad, se casará conmigo, y eso será muy pronto. Que tristeza, pero debido a ello ya no podremos seguir siendo amigas ni podremos jugar. Tú te quedarás al servicio de madre y yo me mudaré a las habitaciones de mi esposo.
Karin guardó silencio, una tristeza muy grande comenzó a germinar en su corazón de niña, no sabía a ciencia cierta por que las palabras de su joven ama la herían profundamente, no era que ella creyera que su ángel pudiera casarse algún día con ella, pero le dolía saber que mas adelante, él le pertenecería a otra. Siguió peinando el hermoso cabello azabache de la joven sin decir nada, y la mora, altiva y segura se olvidó completamente de la presencia de su esclava.
Cuando el sol finalmente se metió y las luces del palacete fueron apagadas, Karin permaneció despierta en sus tendidos al pie de la cama de la señora Mahdi. Al escuchar el suave murmullo de la respiración de su ama, y al cerciorarse que ella estaba dormida, se puso en pie y salió con sumo cuidado de la habitación. Haciendo un esfuerzo para ver en la oscuridad, se acercó hacia el pasillo donde hacia tanto había tropezado con Taleb. A pesar de las palabras de Mayra, ella decidió ir a su encuentro, no estaba segura que la motivaba a hacerlo, pero sabía que tenía que verlo de nuevo. De pronto sintió que la tomaban de la mano y la jalaban suavemente. Presa de la sorpresa estuvo a punto de lanzar un grito. Pero el muchacho de inmediato la tomó entre los brazos y le tapó la boca con una mano para evitar que los escucharan.
-Que te pasa? Quieres que nos oigan y se cause un alboroto?
-Me asustó, señor!
-Discúlpame, Karin, vamos, no hay tiempo que perder!
Tomándola por la mano, hábilmente la guió por los pasillos del palacio hasta que salieron al patio central. La luz de la luna iluminaba con un haz azul todo lo que reposaba en la noche, llegando ellos hasta la caballeriza. Taleb tomó su corcel y con sumo cuidado, lo sacó a pie hasta que cruzaron las puertas del palacio, que permanecían abiertas mientras los centinelas dormitaban sin recato alguno.
-No nos detendrán por salir sin permiso?
-No, yo lo hago todo el tiempo, son unos holgazanes, pero a mi me conviene, nunca se dan cuenta cuando me escapo por las noches.
-Usted hace esto muy seguido?
Taleb sonrió pícaramente, mientras la ayudaba a subir al caballo.
-Todo el tiempo, pecosa!
El muchacho montó detrás de ella y una vez que se aseguró que nadie los había visto, arreó el caballo dirigiéndose hacia la costa. No tardaron más de 10 minutos en llegar. La luna iluminaba divinamente la playa y las olas rompían en un espectáculo de luces fosforescentes en la arena. Una vez que Karin bajó del caballo se acercó insegura hacia el agua. Nunca había visto un espectáculo tan maravilloso, y Taleb la veía deleitado expresar su alegría. Se paró a su lado. El era muy alto para su edad, y parado junto a ella, podía ver que ella también había crecido desde la vez que la vio como una niñita asustada, ella le miró emocionada.
-Anda, Karin, entra al agua, si esto te parece hermoso, ya veras lo que sigue!
Ella le obedeció y corrió hacia el mar. El agua estaba tibia, pues se encontraban en pleno verano y su sorpresa aumentó al ver que sus manos en el agua generaban pequeñas explosiones de luz al jugar con las olas. Cuando menos lo imaginó, vio a Taleb a su lado quien se metió al agua de un hábil clavado, era evidente que sabia nadar muy bien. Se había quitado la aljuba y solo llevaba las calzas de lino, así que vio con claridad la musculosa espalda del muchacho. Sintió que su corazón se detenía en su pecho. Unos metros mar adentro, el joven se detuvo poniéndose en pie y le gritó entre el oleaje.
-Ven Karin, vamos a nadar!
-No se nadar mi señor!
El regresó hacia ella y chorreando agua salada se le acercó feliz, era evidente que él disfrutaba nadar.
-Yo puedo enseñarte, vendremos una vez por semana y con todo gusto te enseñaré a nadar.
Reaccionando como un chiquillo, la empujó y la jovencita cayó sorprendida al agua, él comenzó a correr por la orilla mientras reía sin parar, a lo que ella, invadida de su espíritu juguetón lo persiguió gritando molesta.
-Es usted un grosero!
-No me diga usted, me haces sentir viejo, pecosa!
-Pues como se supone que he de decirle?
-llámame Taleb! TA-LEB!
-TAE-LIN!
El se detuvo en seco, y ella se estrelló contra su espalda, volviendo a caer de sentón en el agua.
-Como me dijiste?
-Taelin?
El sabia que por su acento extranjero, le resultaba difícil pronunciar ciertas palabras de origen moro, pero escuchar la forma como le llamaba le pareció encantadoramente graciosa. El joven heredero soltó una carcajada que a ella la hizo retorcerse de la vergüenza.
-Taelin, eh? Me gusta, me gusta mucho como se escucha. Bien pues, Karin de Galia, llámame Taelin, pero ese será otro secreto que guardaremos. Esta bien?
El le tendió su mano para ayudarla a ponerse de pie. Los dos estaban llenos de energía y una dichosa sensación de libertad, los dos parados de frente y respirando exaltados se sintieron de pronto invadidos por una extraña sensación de intimidad y deseo. El veía la cara de esa jovencita y de pronto le pareció que era la mujer mas hermosa del mundo, y ella se percató de que estaba a solas con su ángel, lejos del mundo y lejos de sus captores. A pesar de la emoción recién descubierta, él la tomó por la mano para sacarla del agua y regresar al caballo. De pronto su gesto se tornó serio y ella se preocupó al notar su cambio repentino.
-Ya es hora de que volvamos, necesitas regresar temprano para que te seques y duermas un buen rato.
-Volveremos a venir?
-Por supuesto, te prometí que lo haríamos, no es así? La tomó por la cintura y la ayudó a subir al caballo, inmediatamente montó detrás de ella.
-Si…
-Te divertiste?
-Oh, si, mi señor!
-No vuelvas a llamarme "señor", Karin, no cuando estemos solos. Llámame como me dijiste hace rato… ta, ta…
-Taelin…
-Eso, Taelin, ese será mi nombre. Sabes, Karin? Yo no tengo amigos ni mucho menos amigas, soy igual de solitario como tu.
-Pero si yo no estoy sola, se… Taelin, la señora Mahdi y la joven Mayra son muy buenas conmigo…
-Eso ni tú te lo crees, Karin…
-Bueno, me tratan bien, además que el recuerdo de mi familia siempre me acompaña, el amor de Dios me llena de confianza de que ellos están bien, y algún día, si soy buena y rezo con mucha fe, volveré a verlos.
-Crees en Dios, pecosa?
-Si, creo muchísimo en El y su absoluta misericordia.
-Como puedes creer en un Dios que permitió que te separaran de tu familia y fueras vendida como esclava?
La jovencita bajó los ojos y dejó escapar un gemido de su pecho, Taleb se dio cuenta que su comentario la había herido, con su mano acaricio suavemente su hombro intentando enmendar su mala pata.
-Lo siento, eso que dije fue mezquino, no me hagas caso.
-Yo no soy nadie para cuestionar la obra del Señor. Si estoy lejos de mi hogar es por alguna razón que yo aun no entiendo, pero creo que El me ama y de alguna manera El me protegerá como lo ha hecho hasta hoy.
-Esta bien, si tú lo dices.
Siguieron conversando el camino de regreso, que fue mucho más largo que el de ida, Taleb llevaba el corcel a un paso muy leve, como si no quisiera llegar al palacete, disfrutando de la sencilla y sincera conversación que sostenía con la rubia. Hablaron de ella y su vida en el bosque galo, de cómo era su familia y la forma como en particular ella recordaba su vida hasta el momento que fue raptada. Una vez que ingresaron por las puertas, él la ayudó a desmontar, dejando el caballo a resguardo y se dirigieron sigilosamente a los aposentos. Para esos momentos ella casi se había secado debido al clima seco, una vez a la entrada del pasillo que daba a las recamaras, el le tomó con ternura la mano.
-No se si podamos vernos en el día, pero tan pronto yo sepa que podemos volver a salir como hoy, te lo haré saber. Buenas noches, pecosa.
-Buenas noches… Taelin.
Ella se dio la media vuelta y corrió hacia la recamara. Una vez que entró, se metió corriendo a sus tendidos respirando emocionada y exaltada, le parecía que todo había sido un sueño del que no quería despertar, y pronto el cansancio la hizo quedarse profundamente dormida.
Taleb por su parte corrió hacia su recamara, y después de remojarse la cara y el torso con agua de una jarra que había en un sencillo lavamanos que tenía sobre su tocador, se dejó caer sobre su camastro. Sensaciones nuevas y desconocidas estaban germinando en su cuerpo y pensamientos muy raros le revoloteaban la cabeza. No podía quitarse la imagen del rostro de Karin de su mente, pensar en ella lo hacía sentir extrañamente feliz, sentimiento que quizás solo podía compararse con lo que experimentaba al tocar su laúd o al cabalgar a toda velocidad por la llanura. Pero no, era algo muy diferente y más perturbador. Agotado se quedó profundamente dormido y en sueños volvió a verla. En este sueño volvían a estar en la playa bajo la luz de la luna, pero él se le acercaba de una manera atrevida, acariciándole la cara y acercándose a su delicado cuerpo, ella lo besaba en la boca mientras se abrazaban apasionadamente. No se dio cuenta en que momento terminaron tumbados en la arena mientras se acariciaban de una forma atrevida y pecaminosa. En ese instante del sueño, Taleb se despertó sudoroso y jadeante, era la primera vez que algo así le ocurría, y a partir de esa noche, sería un sueño que la asaltaría con demasiada frecuencia, llenándolo de incertidumbre al despertar.
Muchisimas gracias por acompañarme en esta nueva aventura, pues estamos presenciando el acercamiento de Taleb y Karin, y es obvio que hay una tracción muy poderosa entre ellos, cada quien teien su manera muy peculiar de ser, sus miedos, su creencias, y su necesidad de amar y ser amados... Quiero agradecer muy especialmente a Florentinakane: Mi adorada editora! Mil gracias por tu apoyo incondicional y tus valiosas anotaciones! Cilenita79: Nena, mil gracias por tu amistad, ya sabes aqui seguire dandoles guerra y prometo estar pronta y presta con las actualizaciones, hay mucho trabajo que hacer! Litac: Nena, ya sabes cuentas conmigo, y en lo que pueda ayudarte con todo gusto, estoy a tus ordenes ;D! Mil besos a ustedes y a todos lo que me brinden el honor de leer esta historia. El proximo capitulo espero traer a Alberic, para ver que esta pasando en su vida... Besos y por favorcito, dejen sus reviews, ya que son importantisimos para mi!
