Los personajes de Yuri on Ice no me pertenece.
Niños.
Bañar a sus niños se ha convertido en un dilema. Todos los fines de semanas que les toca hacerlo, tienen que luchar con la energía, vitalidad y espíritu aventurero de ellos. Y claro, se turnan dicha actividad, porque resulta divertido ver al otro asumiendo el reto y viviendo su faena particular. Mientras que el compañero se queda esperando en la silla a que el otro termine.
Víctor tiene una cámara, con la que inmortaliza el momento. Esta no es digital, sino de aquellas tradicionales que casi no se encuentran, pero que él se hizo de la suya sin problemas. Saborea el sonido del click mientras ve a un Yuuri mojado de pies a cabeza, tratando de jalar a uno de los cachorros al tiempo que los otros dos se escapan entre sus piernas.
—¡Victor, ayudame! —Chilla en medio del desespero, mientras la madre de la camada simplemente disfruta del agua en ese verano tan calurosos. Sus cachorros no piensan igual, evidentemente, y Yuuri se ha resbalado por enésima vez por todo el jabón y agua que han regado en la losa.
—Oh no, cariño, te toca a tí, es el trato.
Inmisericorde, saca su móvil para empezar a hacer una grabación. Primero su enorme sonrisa corazón se graba en la pantalla, saluda como si hubiera un público mirándolo y luego enfoca hacia su pareja, quien está alzando su pantalón porque se acaba de dar cuenta que lo tenía más abajo de lo permitido.
—Oh Yuuri... me gusta la posición que tienes ahora. —Yuuri gira hacia él y frunce su ceño, de forma tan adorable que Víctor no puede evitar reír. Con el cabello mojado y despeinado y sus lentes amenazando con caer, la vista no puede ser más perfecta.
—Te castigaré esta noche. —Afirma, mientras toma en sus manos a uno de los cachorros. Este chilla en compás a sus hermanos y Yuuri lo regresa a la zona de baño.
—Oh, muero por eso. Castígame.
Víctor lo ha logrado: el rojo llena las orejas de Yuuri y gruñe. Es imposible no relamer sus labios y desear con anticipación. Mucho menos cuando su pareja está así, húmedo de pies a cabeza, con el pantalón ajustándose a sus curvas y la camiseta blanca transparente, dejando a la vista sus marrones tetillas.
Sin embargo, auxilia a Yuuri poniendo un pie frente a la cachorra que escapa con mayor ventaja. La perrita da una media vuelta al perder el equilibrio y facilmente es capturada por su pareja, quien ha gateado por ella.
En esa posición sugerente, con Yuuri en el suelo gateando y él sentado mirándolo desde arriba, se estremece. Siente una punzada en todas partes cuando sus ojos se encuentran. Le muestra una sonrisa, Yuuri se la devuelve con dulzura y se gira para dejar a la otra cachorra en la zona, mientras el recién capturado busca la forma de escapar de nuevo. Ahora que sólo queda uno, Yuuri usa todas sus energías atrapandolo y se resbala en el proceso, queda de lado y alza a la pequeña criatura revoltosa que no deja de chillar en sus manos.
—¡Ya los tengo! —Exclama triunfante, y otra foto graba el momento. Yuuri, a gatas, se acerca a los otros dos cachorros dejando al hermano entre ellos en una confortable bandeja de donde espera que no escapen.
Pero es asaltado. Víctor deja la cámara en su silla y lo atrapa por detrás, sin importarle caer en el piso enjabonado sobre el cuerpo de Yuuri. Sujeta su cabeza entre sus manos, como si fuese lo más preciado, y presiona un beso sobre su boca, el cual Yuuri recibe sin queja. Siente los brazos de Yuuri envolverlo, el sonido de sus labios callarse contra los propios y el calor quema, quema en todos lados.
—Vitya... te estás mojando.
—Me estaba mojando de sólo verte —contesta juguetón y muerde su mejilla. Yuuri ríe sin hacer esfuerzo alguno por levantarse. Le mira con los ojos achocolatados que le entibian, y busca otro beso, uno de muchos más.
La cadena de nuevos besos y succiones se alarga indeterminadamente. Víctor ignora la corriente fría que siente en su cuerpo contra su piel caliente. Evade la sensación de temporalidad y sonríe contra la boca ajena, la cual traviesa le muerde el labio. Están doblados, desechos, empapados y felices.
Y en esa burbuja personal que sólo a ellos les pertenece, se incluye las caricias frías de un par de naricitas esponjosas que se han escapado de su bandeja de baño para intentar jugar con sus dueños a lo que fuera que estuvieran jugando. Yuuri se vio asaltado por un par de patitas mojadas y Víctor recibe lamidas animadas en la mano que lo sostiene contra el suelo. Inevitablemente, rien. Víctor ríe contra el pecho de su Yuuri mientras éste pasa una mano húmeda por su flequillo, riendo hasta doler las costillas.
Ríen más cuando la madre de los cachorros se anima a meterse en el juego, y empieza a ladrarle y a agitar su pelaje mojado, pasando encima de la espalda de Víctor y provocando que todos sus cachorros ladran en sincronía.
Eso debería ser llamado felicidad.
Víctor se aparta, mirando a Yuuri recostado contra el suelo, con la camisa pegada a su piel y una parte de ella descubriendo su costado derecho. Con el pantalón al filo de su cadera y la mirada perdida en el deseo, marcando estrellas blancas sobre cielos negros y tierras café.
Yuuri es felicidad...
No puede creer que en algún momento pensó que sería posible vivir sin él...
El segundo prompt por el día de hoy: Mascotas.
Debo admitir que estoy amando escribir estos cortos de su convivenia. Les recomiendo insulina al acabar. xD Para mañana el prompt "Oro"
