Aquí el siguiente capítulo de mi reciente nueva colección, disfrútenlo.

Aclaraciones: Digimon no me pertenece. La palabra en que me inspire fue efímero.

Efímero: aquello que dura durante un periodo de tiempo muy corto


Revoloteando en un lugar, donde la armonía fluye como un compás perfectamente organizado, en donde los colores del día y la noche crean sutiles luces del sur y el océano fluía interminablemente al infinito, se encontraba una joven ángel, entonando una breve melodía una y otra vez mientras jugaba con su cabello castaño sedoso que le llegaba a la altura de sus hombros.

—Espero que esta nueva canción le guste a mi pequeño protegido, mi último protegido —suspiró Hikari al recordar que sería el último humano que protegería.

Ella sabía mejor que nadie que el tiempo pasaba diferente para ella que a comparación de Daisuke, su pequeño rayo de sol. La vida de él es efímera como una partícula de polen viajando a la deriva, se ha encariñado mucho con él y dejarlo ir será lo más difícil para un ángel guardián, pero reglas son reglas.

—Aun no puedo creer que el tiempo haya pasado tan rápido, parece que fue ayer cuando lo vi nacer y ahora es un joven guapo, de aspecto encantador, con una mirada cautivadora—al darse cuenta de lo que dijo sacudió su cabeza intentando olvidar sus últimas palabras—. Hikari, acuérdate que es solo tu protegido —se recordó a si misma intentando alejar de sus pensamientos lo que pensaba sobre el físico del chico.

Miró las nubes a su alrededor y bajo su vista a la tierra. Era momento de volver a ver a Daisuke, ella sería la luz en la oscuridad de su vida y nunca dejaría que sus ojos dejaran de brillar, aunque tenga que romper algunas reglas con tal que él sea feliz, todo valdrá la pena.

—Mi pequeño, espero que esta nueva canción cautive tu hermoso corazón—dijo Hikari antes de desvanecerse en dirección a la Tierra.