Perspectiva de Fliqpy
Segundo día
Había comenzado a llover y el agua caía a chubascos, no esperaba menos de unas nubes tan oscuras como las que había visto durante todo el final de ese día.
Miró por la ventana empapada por las gotas y empañada, curioso por la gran precipitación, era una verdadera tormenta con fuerte lluvia y rayos, charcos de lodo se hacían fácilmente en ese terreno lleno de tierra y entre esos charcos estaba el mocoso de antes sentado en el suelo.
Dejaba que el agua lo empapara, a esas alturas no debería de haber ni un centímetro de ropa seca que cubriera su cuerpo, lo extraño era que no intentaba cubrirse ocultándose bajo algún árbol cercano.
'¿No puede moverse?, ¿es tonto? o ¿espera a que vaya por él y lo deje entrar?, como si eso fuese a suceder' De hecho la puerta estaba rota, podía haberse cubierto de la lluvia cuando hubiese querido, pero no lo hacía. Fliqpy no hubiera hecho tontería parecida imitándolo, sin importarle quien estuviera adentro hubiera entrado a la casa para dejar de mojarse, a menos que su orgullo se lo impidiera por algo. Bueno no importaba, no duraría mucho tiempo en ese lugar, con la fuerte lluvia y la fría noche.
Se apartó de la ventana, olvidándose del niño por el resto de la tarde.
La lluvia había cesado después del anochecer, pero el cielo aún no se despejaba, a través de las nubes no podía ni un rayo de luz de luna pasar, dejando todo en penumbra como es el verdadero color de la noche, aquel a quien el humano siempre ha temido por ocultar a cuanta criatura imaginable pudiera haber tras sus sombras. Por extraño que pareciera le traía recuerdos, pero no todos los recuerdos debían ser buenos, esa oscuridad le recordaba los días que estuvo prisionero en cuartos de celda, los que eran escavados dentro de la piedra, no tenían ventanas, solo una puerta, no podía entrar ni un rayo de sol o una corriente de aire, además de que eran húmedos y fríos, si era día o de noche no se sabía, todo lo anterior le recordaba a esa noche.
Echó un vistazo por la ventana de su habitación en el segundo piso antes de dirigirse a dormir, aunque no podía ver bien sabía que el muchacho seguía en ese lugar sentado, ¿qué pretendía?, su insistencia no serviría de nada. Fue a dormir sin que su presencia lo inquietara.
Era una mañana fría, todo seguía mojado por una lluvia nocturna que volvió a caer, Fliqpy había escogido ese día para descansar mente y cuerpo, no saldría de su casa por ninguna razón que no valiera la pena.
'Vaya sorpresa' Pensó con sarcasmo al mirar por la ventana.
Seguía ahí, sí era tonto como pensó, un mocoso idiota que también pescaría un resfriado, un verdadero fastidio terminando con su calma, imaginó la posibilidad de una cabeza adornando su alfombra, solo de pensamiento, porque para ser francos Fliqpy tenía mucho en cuenta la pulcritud, no le gustaba ver sangre seca manchando todo, mucho mejor era la fresca.
Era inusual, pero ese mocoso le traía recuerdos, ¿su apariencia debía de tener algo que ver también?, sabía lo que era pasar horas con ropa húmeda y con frío atroz atormentando al cuerpo, después de un tiempo en el frío ya no lo sentías, pero tampoco sentías otra cosa por el entumecimiento de los músculos y la insensibilidad de la piel, si no se tenía cuidado se podía entrar en hipotermia. Que fastidio, si el mocoso se moría tendría que procurar quitar el cadáver de donde estaba, frente a su casa.
Que irónico, rió de manera aterradora con sarcasmo, verlo muerto sería como verse a él también, solo en apariencia, pero en una versión de sí mismo pequeño, algo interesante. Sin más demoras, tenía hambre.
¡Sí!, se regocijó por dentro, sabía que el otro peli-verde no duraría mucho, probablemente el frío se haría cargo del niño y no él con su cuchillo.
Ya era medio día, el sol había secado el suelo junto con los charcos de lodo y no había rastro del mocoso por ninguna parte, el hambre también debía de estarle afectando al pequeño, resultaba tan débil como esperaba.
Sacó un cigarro de la cajetilla en su bolsillo tomándolo con los labios mientras tenía las manos ocupadas buscando el encendedor, fumar no era un buen hábito ni su sabor lo era, pero a quién demonios le importaba, uno al día ayudaba con los nervios, ¿cuáles? Toda esa tensión acumulada que solía escapar en un desenfreno de muertes.
Pero el maldito encendedor que por fin encontró no funcionaba, debía haberse acabado, con cara de pocos amigos optó por algún cerillo, debían estar en la concina, registrando los cajones y alacenas los encontró, aunque a la caja le restaban pocos, pero tenía.
Un crujido lo detuvo de encender alguno, seguido del sonido de hojas siendo sacudidas y ramas rompiéndose, alguien debía de estar queriéndose meter en su casa 'de nuevo', pero de forma muy descuidada, esos gemelos que no habían aprendido su lección.
Mala suerte para quien fuera, aparte tenía motivos para enfadarse, se suponía que ese día era de relajación, con una sonrisa torcida olvidándose de los cerillos buscó en los cajones algo útil, los cuchillos de cocina no servían, eran demasiado delgados y frágiles se rompían con gran facilidad, ¿dónde lo había puesto?, ese cuchillo de carnicero que creía tener, por fin lo encontró escondido debajo de muchos otros, lastima, su cigarrillo tendría que esperar para más tarde, se lo quitó de la boca y lo dejo sobre la mesa aún sin encender.
El ruido venia del jardín, antes de salir se asomó por una ventana, como cazador tras su presa siendo sigiloso.
"¡Pero qué demonios!..." Gruñó apretando más el mango del arma blanca y sus dientes.
Ahí estaba el mocoso, debió ser quien hacía todo ese ruido, pero haciendo ¿qué?, miró más atento hacia afuera de la ventana.
El color carmesí destacaba entre todo, ese color brillante muy visible que cubría las manos del pequeño peli-verde, ¿se había lastimado? Parecía estar halando y despedazando algo sentado en el suelo a un lado del árbol que había escalado. Pero... que le importaba lo que hacía o no, o si estaba lastimado, al mocoso podía pasarle lo que fuera y él seguiría igual, aunque tenía curiosidad, no veía bien desde el lugar donde estaba, caminó hacia otra ventana, olvidándose del cuchillo que dejo caer sobre un sofá.
¡Vaya sorpresa!, no era tan tonto después de todo, el niño no llevaba puesto más que los pantalones, debió quitarse la ropa mojada y haberla dejado por algún lugar para que se secara, pero respecto a los pantalones, era fácil deducir que no se los quitó por la pena de quedar completamente desnudo, el pudor le ganó al mocoso.
Lo más interesante era porque tenía las manos bañadas en rojo, con una piedra aparentemente afilada, desollaba a un pequeño animal, preparándolo para hacerlo comida, todos esos ruidos de antes debieron ser cuando lo estaba persiguiendo, siguiéndolo hasta el árbol, por el tamaño de lo que solía ser un animal y el color del pelaje de las tiras de piel arrancadas, ¿una ardilla?, quizás.
"No se te ocurra cometértela cruda" Dijo en voz baja y monótona.
¡Qué!, ¿qué fue lo que dijo?
No, debió ser otra cosa, no podía preocuparse por el bienestar del peli-verde, era un mocoso al que ni siquiera conocía y un completo fastidio del que se quería deshacer.
Como si hubiera escuchado lo que dijo, aunque no era posible por las gruesas paredes, Flippy se puso de pie una vez que terminó de limpiar la comida y se lavó las manos con agua sobrante acumulada de la lluvia en algunas hojas limpias.
'Incluso es limpio' Pensó Fliqpy
A quien veía, se sentó en el mismo lugar del día anterior con la excepción de que ahora tenía una pila de palos y hierba seca acomodada frente a él.
No era tonto, nada tonto, pero ¿cómo?...
No le costó esfuerzo encender una fogata improvisada con las hojas y palos que recogió cerca, cosa que solo podría hacer alguien con experiencia o instrucción. Fliqpy se tragó todo lo que sería su desagrado por los demás y salió a donde estaba el mocoso sin considerar muy bien lo que hacía, un acto impulsivo, pero ¿quién le podía afirmar un poco de autocontrol?
"¿Dónde aprendiste eso?" Le preguntó sin emoción en el rostro y voz, en cuanto cruzó la puerta saliendo al exterior.
El niño se sorprendió de ver al adulto, caminando hacia él hasta tenerlo a su lado.
"¿Q-Qué?" Preguntó asustado tartamudeando, sentía como si hubiera hecho algo malo por el humor amenazante que veía en el otro
Señaló la fogata el oji-amarillo, haciendo una mueca de descontento por lo mucho que tardaba en responder a su pregunta.
"N-No lo sé" Respondió más por reflejo que por causa de un cerebro siguiendo instrucciones.
El menor estaba atemorizado, sus ojos verde olivo miraban a aquellos amarillos.
...
Perspectiva de Flippy
Primer día
"¿Cómo te hiciste todo esto?" Preguntó Flippy amablemente mientras presionaba el algodón con alcohol sobre los raspones, cuidando de que no le doliera demasiado.
No contestó el niño, solo miraba al mayor con cara de pocos amigos. Era impresionante el como éste no se quejaba de dolor o hacía alguna mueca ante la sensación de ardor o tampoco intentaba impedir que lo curara por la misma razón de que sabía que le dolería, tampoco los ojos se humedecían con lágrimas o siseaba tan siquiera un poco .
"¿No te duele?" Preguntó finalmente después de un largo tiempo a punto de terminar, presionando el algodón apropósito sobre uno de los diferentes corte en su brazo, lo hizo únicamente con motivos de curiosidad.
"¡Idiota!" Le gritó con enojo dando un brinco para alejarse de inmediato.
Pequeñas perlas de lágrimas hicieron su aparición en esos ojos amarillos, esos ojos vidriosos que miraban a Flippy con disgusto enorme.
"Pensé que no te dolía" Se disculpó nervioso Flippy.
"¡No lo hagas!" Le advirtió deshaciéndose de esas lágrimas de dolor, con más fiereza que antes por haberlo permitido.
"No lo haré" Le prometió solemne "Pero tampoco está mal que me digas que te duele, si no me dices no sabré donde no lastimarte"
"¡No lo hará!" Fliqpy fue cortante.
"Eres valiente" Le dijo Flippy con una sonrisa viendo divertido como el pequeño hacía un coraje a su manera.
"¡No es eso!" Si el rostro del pequeño ya en sí era serio, ahora también tenía un atisbo sombrío "¡Eso sólo demuestra tu debilidad a las otras personas!" Giró la cabeza y no quiso mirar más a Flippy.
No toleraba ver como ese rostro siempre tenía una sonrisa grabada, le desagradaba, le molestaba, pero no sabía cómo explicar el porqué de eso, solo era extraño, no le agradaba, no estaba acostumbrado y como no estaba acostumbrado no le gustaba.
El mismo Flippy se entristeció un poco, pero siguió insistiendo en sonreír, que palabras más desoladoras decía alguien tan joven, alguien que debió volverse frío por dentro.
"Eres muy fuerte" Lo halagó "Pero no todo el tiempo necesitas ser así, solo por ejemplo con tus enemigos" Sonrió más "Soy tu amigo, puedo reforzar esas debilidades" Trataba de convencerlo hablándole como era debido a los niños.
Fliqpy regresó la vista con sorpresa, la sonrisa de Flippy era tan brillante, se sintió un poco raro recibiendo toda esa amabilidad, en sí todo en el mayor era extraño ¿cómo no sentirse de esa forma?
No solo la sonrisa, también la mirada que le dedicaba con calidez, podría decir con certeza que nadie antes lo había visto con el mismo valor... ¿humano?
Apartó la mirada de los ojos olivo, sintiendo la cara algo caliente, aunque no sabía por qué. Ese tipo no le traería nada bueno, además le parecía demasiado ingenuo.
De mala gana se volvió a sentar en la silla, permitiendo que el mayor terminara de limpiar las heridas, por supuesto que le dolía y no quería que lo tocara, pero bien sabía que si no hacía algo se infectarían.
"¡Ay!" Se sobresaltó Fliqpy por el dolor sorpresivo "Idiota" Siseó con enojo.
"Lo siento, lo siento" Se disculpó rápidamente y echó aire a la herida con un ademán de la mano "Por eso te dije que me dijeras si te dolía"
Fliqpy masculló a lo bajo algo que Flippy no entendió y algo le decía que era mejor no saber.
"Listo" Anunció cantarín dejando el algodón sobre la mesa "Ya terminé" Flippy se levantó de la silla y salió a guardar todas las cosas de primeros auxilios.
Fliqpy se quedó mirando sus brazos llenos de rasguños, lucían bastante mejor que antes y ya no dolían tanto como cuando estaban manchados con la sangre seca, pero los curitas que le puso Flippy... hizo una mueca... Los arrancó evitando hacerse daño uno por uno, aunque eso le dolía.
"¿Por qué te los quitas?" Se quejó Flippy con tristeza pensando que el niño rechazaba sus cuidados.
"Porque son inútiles" Fliqpy extendió la mano para dárselos a Flippy, con expresión sería, pero no de molestia "Son un estorbo, no dejan que el aire pase y cuando se mojan ya no sirven de nada, al igual que pueden dar origen a una infección, si acaso te acepto una venda, pero en este momento no la necesito" Al terminar de hablar la mirada se desvió un poco hacia una pared.
Flippy sonrió feliz, no era nada de lo que creyó y por esa razón se alegraba de haberse equivocado, los tomó y dejó en la basura, el pequeño se quedó mirando su mano, donde la otra mano más grande del mayor lo había rozado.
El contacto humano era igual o más extraño que la sonrisa amable del mayor, la calidez y suavidad de un toque que ya había olvidado y recordarla lo hacía sonrojarse de pena.
Mirando a Fliqpy, éste parecía estar mejor en todos los aspectos, incluso su postura, más recta y derecha, también parecía estar confundido en que hacer, ahí de pie miraba a la puerta, la silla, el resto de la casa, debía estar nervioso.
"¿Te gustaría tomar una ducha?" Le ofreció amablemente el joven ex-militar.
Mirándolo con esos ojos amarillos llenos de confusión, no respondió de inmediato, el ofrecimiento fue una gran sorpresa que le tomaba tiempo entender.
"Aún estas lleno de sangre seca..." Se acercó y le acaricio los lacios cabellos "... y de nudos" Rió alegre, efectivamente sus dedos entre las carisias se topaban con mechones enredados.
Fliqpy gruñó y se alejó, haciendo que el otro riera más. El menor después de gruñir se sumergió en una confusión mayor, no entendía ¿por qué no se quitó de inmediato? o ¿por qué en vez de haberse retirado no le dio un manotazo?
"El baño está al fondo" Señaló el otro lado de la casa, a donde un pasillo se extendía "Puedo lavar tu ropa mientras tanto" Le echó una mirada a las telas sucias y rotas que lo cubrían.
"No" Se apresuró a decir Fliqpy, incomodo bajo la mirada del oji-verde, un rubor más grande se extendía en su rostro infantil mientras que inconscientemente tocó su cabeza, precisamente en donde la mano enguantada había jugado con su cabello.
Flippy se rió al verlo avergonzado, era una mirada muy diferente de éste.
"¿Es qué tienes pensado usar la misma ropa sucia estando limpio?" Agregó muy divertido.
Era divertido hacerlo enojar y sería más divertido hacer enrojecer a ese niño terco. Fliqpy no respondió, evitando verlo directamente a los ojos.
"Puedo prestarte ropa mientras la tuya se seca" Ofreció persuasivo.
Con eso dicho se dispuso a buscar unas prendas que le quedara chica sin esperar a recibir un sí por parte del oji-amarillo.
"¿Por qué?" Preguntó Fliqpy deteniéndolo antes de que saliera de la cocina.
"¿Hum?" Flippy se dio la vuelta para encararlo, pero antes de hablar fue interrumpido.
"¿Por qué me ofreces todo eso?, ¿por qué eres tan amable?, no me conoces, ¿es que quieres algo a cambio?" Casi gritando dijo aquello
El semblante de Flippy se puso serio, aunque no enojado antes de sonreír forzosamente lo meditó un poco, la sonrisa no llegaba a sus ojos, era demasiado falsa.
"No quiero nada a cambio" Su mirada era pensativa "Porque hay que tratar a los demás como te gustaría que te trataran" Hizo una pausa en que sus ojos se llenaron de un sentimiento semejante a la tristeza "...o quizás sea porque me recuerdas mucho a mí y por eso quiero ayudarte... o solo me gustaría ver que tus ojos sonrieran, no sé... no sé porque te ayudo tanto, pero lo hago de corazón, no tienes por qué desconfiar" Le dio una sonrisa más natural y dio media vuelta para retirarse.
CONTINUA…
