Esa mañana estaba muy nublada y él se fue tranquilo a su nuevo trabajo a pesar de que el mayordomo le dijo que debía tener cuidado con la lluvia, lo cual ignoro completamente. Su oficina ya no estaba llena de papeles amontonados en todos lados ya que había implementado su tecnología para digitalizar todos los papeles, incluso había traído computadoras nuevas para todos y cámaras para así también poder revisar el perímetro desde ese mismo lugar.
Como cada mañana la mujer le dejaba sobre su escritorio un café con olor a canela y unas galletas de animalitos que usualmente les daban a los niños. La miraba caminar por el corredor a través de la ventana de la puerta, siempre corriendo y riendo, ahora mucho más ya que tenía compañeros de trabajo nuevos que eran mucho más animados y dedicados. A la hora de almuerzo ella le llevaba algo de comida de la cafetería, y que a pesar de que no tenía el sabor de la cocina de Alfred, al menos era balanceada. Ella siempre decía solo cosas de los niños, a lo que escuchaba atentamente, algunos de estos tenían problemas en sus familias, falta de dinero o cosas por el estilo, así que los niños podían comer dos de sus comidas en la escuela y a las más necesitaban la fundación facilitaba los grandes comedores comunitarios en especial a los niños.
-va a llover…-hablo mirando por la ventana
- ¿debemos preocuparnos por eso?
-los niños se mojarán, espero que traigan sombrillas cuando vengan a buscarlos
-compre sombrillas
-eres muy precavido, Damian-dijo sonriente-entonces no hay de qué preocuparse
- ¿acaso alguna vez dudaste de eso?
-por supuesto que no… ¿viniste en motocicleta?
-Alfred tenía que llevar a mi padre al aeropuerto, de nuevo-dijo leyendo algunos informes
-va a llover, torrencialmente-dijo con el ceño fruncido- ¿acaso piensas irte así?
-es solo lluvia
La mujer seguía con el ceño fruncido y se fue del lugar, claro que ella no le conocía del todo, solo eran unos cuantos kilómetros hasta la mansión, no le pasaría nada malo, solo era agua. Pero la mujer tenía razón, lluvia torrencial cayendo sobre Gotham, además de un espantoso frio, Alfred accedió en llevarlo a casa más tarde, pero se negó rotundamente, no quería que pensara que era un niño pequeño que no podía cuidarse de la lluvia, además debía esperar que todos se fueran y cerrar el lugar.
En la entrada el esperaba que todos se fueran, la mujer le sonrió al ser la última en salir y junto a su lado aguardaba el mismo niño que había cargado la noche que la conoció, con una mirada curiosa y algo asustada ante él, ella le extendió una sombrilla y con una sonrisa dijo
- ¿vendrías a cenar a casa?... hoy es noche de espagueti-dijo riendo
-interesante oferta
-vamos, vendrás luego por tu motocicleta… dijeron que por la noche ya no lloverá
-si insistes
La mujer tomo al pequeño entre sus brazos, el pelinegro cargo su bolso y abrió el paraguas, el niño tenía al menos uno años y miraba un poco intranquilo al pelinegro, cada vez que él le observaba se escondía en el cuello de la mujer apretando su camiseta con sus pequeñas manos. El niño tenía el cabello negruzco al igual que sus ojos, muy diferente a la mujer, sabia por supuesto que no era su hermano ni su hijo, pero tenían el mismo apellido, vivían juntos y se preocupaba como si fuera suyo.
Llegando al departamento el chico se sentó sobre la alfombra, donde como sala de estar y comedor tenían una mesa baja y varios almohadones, él se sentó viendo algunas revistas y libros junto al pelinegro que revisaba con su teléfono algunas noticias sobre una de las "hazañas" de Red Hood y su compañero mientras la mujer cocinaba. El niño le miraba un poco desconfiado de que estuviera ahí a pesar de lo confiada que estaba su protectora.
Cenaron charlando un poco, alguna que otra palabra mientras la mujer le limpiaba el rostro al niño de vez en cuando, comentando una que otra cosa de la escuela mientras se escuchaba el golpeteo de la lluvia en las ventanas. Luego la mujer retiro los platos y trajo consigo un libro que le leía todas las noches al niño, Sherlock Holmes.
El joven Wayne quedo impresionado, realmente no le gustaban para nada las historias de detectives, para él era poco real, pero este le había gustado, era emocionante e incluso se podía imaginar con su padre en la vieja Londres resolviendo crímenes… y luego recordó su trabajo, tarde o temprano tenía que volver a ser Robin esa noche, Robin… y no Nightwing
Entre sus pensamientos sintió el toque de la mujer, pero no la veía, se había ido la luz, busco en su bolsillo su teléfono e ilumino el cuarto, ella lo tomo y se fue a la cocina, encendió algunas velas para iluminar el lugar y seguir leyéndole al niño que abrazaba fuertemente a la mujer a su lado. El pelinegro alzo la vista para ver algunas estrellas fluorescentes pegadas en el techo que iban hasta la habitación mientras la voz de la mujer le hacía sonar como una melodía lejana que sonaba con suavidad, todo parecía tranquilo y melodioso, no necesitaba la musica de todas las noches para callar sus pensamientos.
La mujer se deslizo lentamente en la oscuridad, despertando al pelinegro que le sujeto el brazo para encontrarse con sus ojos, se había levantado para mover al niño hasta su cama no sin antes apagar cada vela encendida, subiendo las empinadas escaleras hasta el pequeño cuarto del chico que solo tenía la cama con un angosto y alto mueble donde seguramente estaba la ropa, lo acostó con cuidado y beso su frente antes de cubrirlo y dejarle a solas.
Las estrellas les guiaron hasta el cuarto de la mujer, que era un poco más amplio, la lluvia caía más fuerte que antes, a lo que claramente la mujer le impediría irse por su seguridad. Así que ella en silencio se acomodó sobre la cama con un grueso edredón sobre ella y palmeo con cuidado el otro lado de la cama sin mirar, el pelinegro dio un sonoro suspiro y se deslizo hasta la cama, su lado estaba bastante bien, seguro que la mujer dormía siempre del mismo lado, se cubrió con el grueso edredón que calentó rápido su cuerpo
- ¿es tu hermano?
-sonara raro… pero cuando me vine a Gotham lo primero que encontré fue a Johnny… su madre estaba muy enferma, tuvo que irse al extranjero y no tenían como llevarlo… vino a la escuela buscando el orfanato… lo dejo a mi cuidado
-así tan fácil… ¿solo confió en ti?
-no sé cómo explicarlo, su mirada estaba tan angustiada… le dije que me ocuparía de el sin pensarlo dos veces… fue hace casi 2 años… su enfermedad podía matarla, incluso quizás contagiarlo, necesitaba tratarse pronto por eso lo dejo aquí, una vez al mes me envían un poco de dinero para los gastos… el solo tenía 3 años, Damian
- lo entiendo… ¿y tú?
- ¿yo?... bueno… fui a la escuela de arte, viví siempre con mi abuela hasta que ella murió, mis padres viven lejos… en Irlanda… y a ellos les molesto mucho que Johnny viviera conmigo, pero lo aceptaron… -dijo soltando una risita- … me dedique solo a la escuela y a él apenas llegue aquí… pero ¿por qué tan interesado?
-quería saber más de ti… eres demasiado amable para ser de Gotham
-y tú también
- mi madre me crio por todo el mundo… no soy de Gotham y no soy amable
-conmigo lo eres… bueno, sabes que me hizo ser amable… pensar que siempre va a haber alguien más amable, alguien capaz de arriesgar su vida por cualquiera… mi grano de arena es la escuela
-hablas de Batman
-hablo de toda su familia… para decirte que incluso Robin recogió mi identificación el otro día
- ¿Robin? -dijo mirándole- no creo que sea capaz de eso
-oh, Damian Wayne-dijo riendo-se quién eres…
-no sabes
-claro que lo sé, lo supe desde que te vi, chico maravilla… tranquilo no se lo he dicho a nadie
-la cena estuvo deliciosa
-claro, desvía el tema… ven a cenar con nosotros cuando quieras, a Johnny le agradas… y a mí también
Fue lo último que se escuchó antes de que ella se quedara dormida, así que siempre lo había sabido a pesar de las semanas que había estado juntos y ni siquiera se lo había dicho a su pequeño hermano, confiaba en ella, sabía que era buena persona.
No podía dormir, le era muy difícil conciliar el sueño, en especial queriendo salir a trabajar, una noche menos, al menos le haría bien dormir más de 4 horas, además era día de semana, no había tanto crimen como en lo viernes o sábado.
La mañana siguiente la mujer se alzó asustada al escuchar un teléfono sonar en la parte baja de la casa, observo al pelinegro que estaba profundamente dormido así que se levantó a prisa a contestar el teléfono, era el mayordomo preocupado por su protegido, ella le explico un poco la situación y le dio la dirección para que le trajera algo de ropa, ya que debían volver a trabajar pronto.
Mientras tanto el pelinegro sintió que alguien movía su brazo, abrió los ojos para ver el rostro del niño junto a él, le estaba mirando y no dijo nada, el mayor se sentó sobre la cama y dio un bostezo, el niño tomo su mano e hizo que le siguiera hasta el piso de arriba. Cuando subieron él pudo ver que la mujer de verdad era una artista, había más de un buen cuadro pudriéndose en ese lugar, también pudo ver que su casa se está prácticamente muriendo, la humedad no le había hecho nada bien y seguro que se caería con cualquier cosa. El pelinegro busco un viejo porta-dibujos y guardo el que más le había llamado la atención, era completamente negro con destellos de colores, le recordaba la cuidad de noche. Bajaron y la mujer le miraba asombrada con el objeto que tenía en las manos, pero no alcanzo a decir mucho antes de que llegara el mayordomo
-el amo Tim se llevó su motocicleta anoche cuando la encontró
-Drake va a arruinarla-dijo molesto- iré esta noche a casa
-avíseme cuando
-Pennyworth-dijo entregándole el porta-dibujo - llévate esto y déjalo en mi habitación
- ¿seguro que quiere llevarlo? -pregunto la mujer
-solo será un préstamo
Jamás había visto aquello en la cara del pelinegro, una sonrisa confiada con la mujer, sabía quién era ella, pero no sabía que eran tan cercanos, no dijo nada, solo se retiró en silencio dejándole la ropa al pelinegro.
