En el pasado capítulo olvide mencionar que los nombres delatan un poco las etapas de la memoria. Es decir, la memoria a corto plazo (solo un instante que fue el primer capítulo) la memoria a mediano plazo que es este capitulo y la memoria a largo plazo que sería la siguiente. Quizás mi memoria me falló un poco en las etapas, pero es la idea, que los recuerdos se forman ahí. Esa fue la inspiración de los nombres de los capítulos.
"Algo más duradero"
La mañana alumbraba por la ventana, los pájaros cantaban alegremente y John dormía feliz. Había recordado una de sus aventuras con su mejor amigo, y la sonrisa estaba en su rostro. Hasta que ese mismo amigo empezó a hacer un ruido infernal en el piso de abajo. Con la escasez de un caso ya había pasado la etapa de la tranquilidad y ahora se dedicaba al frenesí del ocio.
John suspiró y bajó de su habitación. Pero, a pesar del ruido, Sherlock seguía hecho bolita en el sillón.
—¿Acaso te fuiste a dormir anoche? — El doctor ya estaba vestido. Iba a ver algunos pacientes, y le rogaría a Lestrade que entretuviera a Sherlock. Si lo conocía, ya estaba llegando a su límite del aburrimiento.
—¿Cómo quieres que duerma cuando las clases criminales no se dignan a aparecer? —Fue la contestación de Sherlock. No sabía si realmente no había ido a la cama o simplemente se había levantado temprano. Por que en días que no tenía nada que hacer dormía muchísimo.
—¿No hay nada de nada? —El doctor camino a la cocina. Se negaba a oír otra queja de dolor de cuello si el detective consultor se había quedado en el sillón
—¿Cuentas como crimen el robo de correspondencia de la Señora Hudson por parte del inquilino del 221A ? — Quiso saber Sherlock. No tuvo que salir de esa habitación para enterarse de todo. El mundo lucía tan deprimente, brillante, feliz, tranquilo.
—Suena peor de lo que debería estar, considerando el último de nuestros casos —Hacía tan solo unos días se habían embarcado en un viaje que los llevó por todo el país en busca de pistas. Era en apariencia una infidelidad que resulto en un asesinato, en la conclusión se dieron cuenta que había una extraña herencia de por medio y una antigua tradición. Tal vez por eso las expectativas estaban altas.
—John, voy a morir de aburrimiento... Ya hasta me esta dando hambre ¿En qué estas pensando? —Sherlock se había desenroscado un poco ante el silencio de su amigo y compañero de departamento. De repente, John se había quedado callado, sumergido en su mundo. Y eso era algo raro. Solo el podía ponerse a pensar así, no iba a permitir que ese doctor no le hiciera comida. Pensar y el aburrimiento le daban hambre.
—¿Qué? ¡Ah, en nada! Si tienes hambre deberías de pararte y hacerte comida. Y no finjas que no sabes cocinar, por que Mycroft me contó que le hacías el desayuno a tu mamá. —John le estaba dando en su lado débil a Sherlock.
—¿Mi hermano te dijo eso? Hump, pues de todas maneras me aburro — John quería reír. Casi pudo ver las mejillas coloreadas de Sherlock. Pero, obviamente el detective no sabía que Mycroft jamás le había contado nada. Él sabía que había querido aprender a cocinar para llevarle el desayuno a la cama a sus padres durante meses. Y todo por que quería cambiarse de escuela. El siempre recordaba.
Era la alegre mañana de las vacaciones de semana santa. Era su último año de la escuela secundaria y John había ido temprano a la casa de Sherlock para que le ayudara con matemáticas. No podía ser de otra manera, por que Sherlock solo estaba en casa en vacaciones. Toda la secundaria lo habían enviado a un colegio privado muy exclusivo para caballeros que era internado y su amigo solo salía en ocasiones contadas, como vacaciones o a veces iba al pueblo cercano. Por esa razón, no era probable que se vieran. Pero siempre se escribían y a veces hasta se llamaban. Cuando estaba Sherlock en la ciudad, eran tan común que se quedara uno en casa de otro que ya hasta parecían que vivían juntos. Sherlock, a veces le decía "Cuando seamos grandes, ya veras John. Viviremos juntos, y podré hacer mis experimentos en paz". John siempre le contestaba "¿Eso crees? ¿No lo ves difícil?" John no podía, en ese entonces, aspirar a vivir lejos de sus padres. Y mucho menos con su mejor amigo "No, ya veras que un día se hará realidad".
Con esa idea, le dejaron pasar con toda naturalidad, y subió a la habitación de su amigo. Pero, a unos pasos, pudo oír las voces alteradas de Sherlock y Mycroft.
—¿Por qué quieres hacer esa tontería? Sabes lo difícil que es entrar en una escuela así ¿Y pretendes cambiarte a una escuela pública? — El mayor de los Holmes había asistido a la misma escuela que su hermano. Era una tradición familiar, y fue gracias a ello que consiguió en la universidad una beca. Era gracias a su estancia en ese colegio privado que ahora, a pesar de seguir estudiando, ya le llovían buenas propuestas de trabajo.
—No es una tontería Mycroft, sabes por que lo hago — La voz de Sherlock había cambiado en esos años. Se había hecho profunda, grave. A John le encantaba que hablara. Inclusive a veces le pedía que hiciera imitaciones, y era excelente para ello. Pero por el tono, se quedo en el pasillo. No quería interrumpir.
—Si, ya lo sé, pero no por eso lo apruebo.¿Qué acaso no te gustan las clases? Dijiste que eras feliz en el club de teatro y practicando violín —Se notaba por la voz que Mycroft luchaba por convencer a su hermano de algo que John no entendía.
—Si, ya se que lo dije pero... no es lo único que me hace feliz. Además, no seré actor y lo sabes—A pesar de estar afuera de la habitación, John casi podía imaginar el gesto con la mano que hacía su amigo.
— Pues si tú lo dices... a veces eres demasiado dramático — Mycroft estaba usando las ultimas armas que le quedaban. —¿Y qué me dices del violín? Ya se,tampoco serás músico.—Si, era una burla directa para ver si reaccionaba a la tontería que quería.
—No, del violín ya me harte de tocar a Bach. Prefiero componer mi propia música —Entre más rechazos por parte de las personas recibía Sherlock, más nacía en él el deseo de hacer las cosas a su manera
—Siempre así de rebelde. No vas a llegar a ningún lado — A Mycrfot le daba miedo. Sentía pánico por que su hermano menor podría perderse. Podría convertirse en una piltrafa de ser humano si no exteriorizaba su malestar.
—No necesito ir a ningún sito Fatcroft — El apodo lo había elegido Sherlock porque, mientras crecía su hermano, este había subido mucho de peso. Ahora se encontraba en forma, pero eso no quería decir que la imagen se borrara de su cabeza.
—¿Pretendes que te apoye en esta locura? —El tono que usaba rayaba en un enfado poco común. Normalmente Mycroft hacía como si Sherlock no existiera. Y a su vez Sherlock ignoraba a su hermano. Y así, todos eran felices.
—Me da igual que no lo hagas. No necesito de ti —Cuando Sherlock replicaba como niño pequeño, era que no estaba siendo del todo sincero. Si, quería que su hermano lo apoyara, pero le daba igual. Haría lo que fuera necesario.
—Le voy a decir a mi padre por que lo estas haciendo— Esa era una amenaza directa. John no la entendió, para el la única razón por la que Sherlock hacía las cosas era por capricho.
— Solo tienes conjeturas, no tienes pruebas — En la respuesta de Sherlock se podía oír un leve deje de miedo.
—Las conseguiré — Era un reto personal para Mycroft.
—Divierte con ello. No hay nada que compruebes — Y no había pruebas por que Sherlock así lo había pensado. Era lo mejor.
Y dicho eso, salió un Mycroft molesto de la habitación dando un portazo. John fingió que acababa de llegar y que no había oído nada. Pero, por la cara de Mycroft, supo que había fallado.
—¡Hola! —Saludo un poco tímido John en cuanto tuvo a su amigo enfrente. —Vi salir a tu hermano molesto de la habitación
—Si, vino a darme argumentos ridículos para convencerme de regresar a esa prisión que llaman escuela— Refunfuño Sherlock. Estaba con el conocido uniforme puesto. Era evidente que no tenía mucho que había regresado a su casa.
—¿No te gusta estar ahí? — Preguntó el rubio sentándose en la cama. Últimamente se sentía incomodo parado al lado de Sherlock porque, después de toda una vida de ser el más alto, el chico de cabello rizado había regresado un verano midiendo unos centímetros más que él. Y esperaba que solo fueran ese par de centímetros y no más.
—¿Por qué? Detesto el uniforme puaj... — Y para comprobarlo se quito la corbata y el saco. No podía creer que en esa época alguien utilizara un uniforme así de feo.
—Bueno, yo considero que te ves bien así de formal. No creo que seas del tipo que usan playeras — Sugirió John. En todo lo que llevaban de amistad, jamás había visto a Sherlock vestir con algo como una playera de super héroes. No era el estilo de la familia. Tenia jeans y tenis, pero siempre los usaba con una camisa y, en días de mucha suerte, la dejaba abierta y usaba una playera blanca abajo.
—¿Estas queriendo decir que debo estudiar en ese infierno la preparatoria solo por que me veo bien en camisa? — Sherlock sonrió pero se le colorearon la mejillas. Eso era casi un cumplido. Y el no era atractivo como John, así que fue lo mejor que alguien le pudo decir.
—No, lo digo por que es lo que te conviene. No te cambies de escuela — John estaba intentado hacer razonar a Sherlock. Y eso sería algo tremendamente difícil, por no decir casi imposible.
—Tonterías. Yo se lo que me conviene — Fue el contra argumento de Sherlock. Como si esa fuera la verdad del universo.
—Sherlock...— Vamos, no podía rendirse tan fácil. Él tenía que entender. Solo rogaba que ese chico imposible no lo sacara de sus casillas.
—John... Se que oíste detrás de la puerta. Y será mejor que yo te diga mis razones. John, yo quiero estar en la misma escuela a la que vas — Sherlock lo estaba mirando penetrantemente. Esos ojos iridiscentes lo traspasaban. La madre de John aseguraba que el menor de los Holmes no poseía ninguna habilidad, pero John sentía que cada vez que miraba a esos ojos su amigo podía leerle el pensamiento. Y lo hacía sentir incómodo.
—¿Qué? Holmes, no seas ridículo — Ya se habían puesto sus mejillas rojas. Y esa era la mejor defensa que podría dar para calmarse. Era un halago, pero de pensar en su significado le dolía un poco más el corazón.
—¡No lo soy! Estoy harto de que, hasta en una escuela tan "avanzada", me sigan diciendo anormal. Cuando yo pedía vivir con otro chico, no me refería a un internado. Me refería a ti — Esa mirada seguía ahí. La propuesta seguía ahí. A pesar de ya no se unos niños, el seguía diciendo "vivir contigo" "estar contigo". ¿Qué no se daba cuenta? A John no le gustaban los chicos. Prefería no pensar en otra cosa que aumentar a su lista de "cosas especiales". Sería demasiado hasta para el.
—Sherlock, no sabes lo que dices — Si Sherlock supiera lo que causaban sus palabras.
—¡Si lo sé! No quiero ir a una escuela donde no estés tu. — Había algo... Algo detrás de esos ojos que los hacía brillar. Parecían el mar, el cielo y las galaxias al mismo tiempo. El miedo comenzó a apoderarse de John.
—¿Po-po por qué? — Si Sherlock decía algo, él no iba a poder huir. Tal vez ni siquiera podría resistirse. Pero ¡Era una locura! Eran demasiado chicos para pensar en eso ¿o no?
—¿Vas a hacer preguntas obvias? Tu eres mi amigo, y casi no nos vemos. Y todo por la estúpida tradición de ir a ese estúpido y pomposo colegio— John respiro cuando Sherlock dijo amigo. Era su único amigo, esa era la razón. Casi quiso reír de alivio. A veces olvidaba que Sherlock no sentía como los demás.
—¿Cuanto llevas... ?— ¿Desde cuando su mejor amigo llevaba maquinando esa idea?
—Desde principio del semestre. Hable con mis padres. A mi madre no le importa, pero mi padre no es tan flexible. Les he llevado el desayuno hecho por mi todo este tiempo. Bueno, todo el que estoy en casa y lo están empezando a considerar.¿John, estas bien? Luces pálido. — Sherlock vio como John temblaba un poco del miedo. O de la anticipación. Tenía que controlarse.
Y mientras hablaba, Sherlock lo había sujetado de los hombros. Ya era un poco más alto que John, y eso le facilitaba las cosas. Y, en cuanto tocó a su amigo, John vio como esos ojos imposibles se desenfocaban. Rara vez usaba ese misterioso poder que tenía. Había logrado dominar algunas cosas, pero esa era la primera vez en el que lograba canalizar su poder. Fue demasiado poder para su organismo por que colapso.
John se desmayó, y cuando volvió en si, Sherlock no volvió a mencionar el cambio de escuela. Lo había hecho. Había borrado una idea de la cabeza de Sherlock. Pero era por su bien.
El adulto doctor Watson salio de sus recuerdos cuando el teléfono sonó. Vio la ilusión de Sherlock mientras corría por el aparato. Y le dio mucha risa el tono frió y profesional con el que contesto.
Vio como, con cada detalle que le contaba Lestrade del caso sus ojos se hacían más grandes. Debía ser algo bueno, gracias al cielo, por que cerro con la conversación con un "gracias por el aviso."
—John... ¡Tenemos caso! ¡Y es triple asesinato! Mataron a una familia entera, tenían mucho dinero, pero eso no es lo raro. Ninguno de los miembros tenía testamento o más familia. El único testigo es una anciana con Alzheimer. Ah... el dulce olor al crimen —Sherlock fue corriendo a su habitación y John quiso comer algo antes de que fuera arrastrado lejos del departamento. Aun recordaba el primer caso que había resuelto Sherlock. Esa había sido la razón de que tuviera que hacer lo que hizo. Era un sentimiento amargo.
John se había graduado de la escuela preparatoria. En solo unos meses iría a tomar su plaza como estudiante de Bart's en el área médica. Después de pasarse toda la vida cuidando de Sherlock, ahora le pagarían por cuidar de otra persona. Le hacía mucha ilusión. Además, con su poder quizás en algunos años se convertiría en neurocirujano o psiquiatra y podría explotar su habilidad. Con ese pensamiento entró a su habitación a cambiarse e ir a ver a Sherlock. Aun se sentía un poco mal por que a Sherlock no le gustaba la escuela y siguió yendo hasta concluirla. Pero, sabía que solo había modificado el recuerdo de su amigo, lo que había "borrado" había sido la idea. Desde el incidente a sus ocho, John se había puesto a practicar mucho para controlar o explorar su poder. Tenía sus progresos y eso le daba gusto. Al fin, todo parecía en orden.
—Hola John, Sherlock no esta, pero pasa —El señor Holmes lo había recibido. Eso era muy extraño, el casi nunca lo recibía. Y era más extraño que Sherlock no estuviera. Habían quedado de salir para festejar que al fin habían terminado su educación preparatoria y que pronto irían a la universidad. Se estaba comenzando a hacer preguntas cuando la puerta se abrió y deposito a Sherlock en la entrada. Lucia un nuevo abrigo negro que combinaba muy bien con la bufanda azul (el color favorito de Sherlock) qué él le había regalado en la navidad pasada. Sabía el el frío no era algo que le agradara a a su mejor amigo por que este siempre se quejaba. Cuando eso ocurría John le regañaba "Usa un suéter como el mio" y él contestaba "No gracias, con esas cosas puestas me siento perseguido por un borrego".
—¡John! ¡Felicidades casi médico! — Y le dio un fraternal e incomodo abrazo.
—¡Felicidades también a ti Sherlock por la beca para química— John estaba feliz por que su amigo, a pesar de estar tres años repelando con la escuela hubiera decidido estudiar una carrera. Pero le dio miedo que volara todo Londres en uno de sus experimentos.
—Aun no te he contado lo mejor— Dijo Sherlock con una sonrisa mientras se adelantaba rumbo a su habitación. Había sido una de las mejores semanas de su vida, una de esas que recordaría por siempre, y todavía no terminaba.
—¿Hay más? — John se sorprendió. Era demasiada emoción el haber terminado sus estudios y ahora no solo eso, su amigo tenía alguna buena noticia.
—Oh, que si lo hay, ven vamos, deja que me quite el frío un poco — Y dicho eso, se quito el abrigo,lo colgó en su armario, se quitó la bufanda, los guantes y se sentó en la orilla de la cama.
—Lindo abrigo —Apuntó John. Con él Sherlock parecía una especie de vampiro. Uno menos temible. En ese entonces ya media 20 centímetros más que él y aun le molestaba ese hecho.
—Regalo de mi familia. Como una especie de despedida ahora que viviré lejos —Sonrió satisfecho Sherlock. Amaba su abrigo, y probablemente nunca dejaría de usarlo. Ya no pasaba frío con él. Y detestaba el frío.
—No te ves muy triste por la partida de tu hogar —John había oído de propia boca del chico de los rizos una innumerable cantidad de veces sus deseos de salir de su casa.
—Si lo estoy... No la verdad no. La ciudad me encanta —Los ojos de Sherlock brillaban como nunca. Y John comenzaba a sentirse, por alguna extraña razón mal. Tenía un presentimiento de que su amigo haría una locura. O ya la había hecho y solo venía a pedirle ayuda para esconderse.
—No es como que vivieras en el campo — John no entendía la urgencia de Sherlock por irse "a la ciudad". Su amigo ardía en deseos de ya no estar en su casa.
—Tienes razón, pero en el corazón de la nación siempre hay algo interesante — Le había dado la espalda y en ese momento estaba siendo dramático como siempre.
—¿Y qué paso? ¿Qué es lo que querías contarme? —John comenzaba a buscar dulces en la habitación de su amigo. Era poco probable que los tuviera, o eso creían todos por que el sabía muy bien donde los escondía de "Fatcroft" como decía él.
—Resolví un caso John. ¡Uno de verdad! —Cuando se giro a darle la cara John retuvo el aliento. La sonrisa era la más grande y bella que jamás hubiera visto en Sherlock. Sus ojos iluminaban el cuarto como si fueran el espacio infinito cubierto de estrellas. Y las comisuras de su boca casi abarcaban todas las mejillas. Estaba hinchado de orgullo, de alegría. De eso no había dudas.
—¿A qué te refieres? —John había encontrado un chocolate que empezó a devorar, sobre todo para ocultar un poco el asombro de la visión de su amigo en su elemento. Para robarle comida a Sherlock solo había que recordar no tocar sus galletas favoritas , además su amigo estaba tan feliz que podía haber destrozado la habitación y este no le hubiera dicho nada. Y él estaba muy interesado. Durante todos esos años se había aguantado los comentarios de "yo podría haberlo resuelto, era obvia la respuesta". Al parecer el sacrificio había valido la pena.
—Apareció muerto el papá de Victor Trevor ¿Lo recuerdas? —John asintió — Pues bien, Victor me llevó a su casa por que querían ejecutar a su madre. No fue muy agradable decirles la verdad, pero ahora su madre esta libre de culpas y el verdadero asesino tras las rejas —Sherlock palmoteo. Amaba la química, pero saber que podía usar todo para encontrar la verdad le producía más placer que los matraces. No olvidaría la experiencia jamás.
—¡Impresionante! ¡Conseguiste tu sueño! —El chico Watson estaba impresionado. Quizás su amigo, con todo eso descubría que podía hacer bien a la gente. Y cambiaba un poco su carácter altanero. Se haría consciente de que los demás son personas.
—¡Lo sé! Pero... — La sonrisa se aligero un poco.
—¿Paso algo malo? Bueno, algún otra cosa — Era surrealista hablar de un asesinato real. De una persona muerta como si se tratara del clima. Pero a John no le incomodaba. Era cuestión de tiempo para que Sherlock llegará a usar su habilidad. Su madre le había dicho que las habilidades eran para eso, para usarse.
—No, todo fue bien. Bueno, para la mayoría —Rió levemente de satisfacción — Simplemente dar solución a algo verdadero me dejo...
—¿Deseando más? — Aventuro a decir John. Conocía a su amigo. En muchas cosas era un insaciable. Una vez que probaba un punto o algo que le gustaba no le dejaba ir. Al menos que descubriera que había algo mejor. Y eso en raras ocasiones pasaba.
—Si, la verdad si —Dijo tímidamente Sherlock. La sangre había recorrido su cuerpo, el corazón le había palpitado del miedo y la emoción, el cerebro se había llenado de cosas interesantes. Sentía todas y cada una de esas cosas. Suponía que era una sensación cercana al verdadero amor.
—¿No iras a matar a alguien verdad? Por que yo no pienso matar a... — John bromeó. Pero era muy capaz de hacer locuras. Aun tenía una pequeña cicatriz de cuando a Sherlock se el ocurrió arrastrarlo a una de sus aventuras.
—No, no. Me metí en terreno peligroso. Creo que necesitaría estar loco para seguir ese camino — Señalo con seguridad Sherlock. —Bueno, un poco más loco de lo que estoy — Había jugado un juego peligroso, pero la adrenalina lo hacía sentirse vivo.
—¿Nunca lo harías?— preguntó extrañado John. Alzo la ceja, por que no le creía a su amigo.
—Supongo que mientras no se convierta en trabajo .— Desdeño Sherlock. No era de los que se aficionaban al peligro ¿o si?
—¿Estudiaras para policía? — Los sentimientos de su amigo eran una montaña rusa. Y por lo que veía, y sabía de primera mano, podían cambiar fácilmente.
—Nah, no creo pasar ni la primera prueba psicométrica. Terminaría rayando la hoja con insultos de sus preguntas como "¿Es usted un psicópata en potencia?" Es ridículo, si lo fuera no lo contestaría, y si la contesto es que soy un imbécil.— John rió y acepto que era poco probable que aceptaran a su amigo en Scotland Yard. Era, a decir verdad, demasiado excéntrico como para la estricta disciplina. Ojala y eso no le causara más problemas —Bueno, me da gusto que ya estés aquí— Expreso con la mejillas ligeramente coloradas.
—¿Porqué?— John creía que esa aventura había activado la humanidad del menor de los Holmes.
—Así podemos discutir con calma donde vamos a rentar — Contesto con simpleza el chico de los rizos mientras iba a su escritorio a revolver papeles.
—¿Rentar? ¿De qué hablas?—Oh, no. Después de todo, seguía con la idea. Tal vez la idea era su amigo. Y no era que le desagrada vivir juntos pero...
—¿No pensaras quedarte en tu casa verdad? — Sherlock ahora le dedico una de esas extrañas miradas de "no te estoy entendiendo."
—No, iré a Bart's, ya lo sabes — El colegio de médicos le había dado una beca parcial por sus notas y John no la iba a desaprovechar. Y era lo mejor para sus planes. Planes que nunca había comentado con su amigo. Que alguien le ayudara, por que en cuanto terminara de hablar Sherlock se enojaría.
—Yo a Oxford, pero no creo que haya tanto problema — Fue la simple respuesta. Nada ni nadie podía arruinar su felicidad. Al fin, después de años, las cosas serían como siempre debieron ser.
—¿Si sabes que están en extremos diferentes de la ciudad verdad? Son dos horas o más de camino. Tu universidad técnicamente esta afuera de la ciudad ¿Cómo pretendes que rentemos juntos? — La racionalidad tenía que estar en alguno de los dos. Y era eso o decirle a Sherlock que quería estudiar y luego su padre le había sugerido la milicia.
—John es que... — Había duda en los ojos de Sherlock .Esta conversación ya la habían tenido. Ese día, el que borro aquella idea. No por favor, no repitas lo mismo, pensaba el chico Watson. — Yo no quiero estar sin ti — Cuando terminó la frase, supo que la situación estaría peor.
—¡Ya me lo haz dicho muchas veces! Por que tu eres mi amigo me queda claro — John estaba molesto. Pero no sabía a ciencia cierta porque. Tal vez por que Sherlock decidía algo que el no quería y por que estaba implicando cosas que no entendía. A lo mejor era por que no estaba considerándolo, por que, a pesar de todo lo que había hecho para ir quitando poco a poco esa idea esta resurgía. ¿Para que le servía entonces poder borrar recuerdos si no podía contra la tenacidad de un Holmes? Miedo, ira, incomprensión. Lo peor de su espectro emocional golpeaba su sistema. No era justo, pero era lo que siempre hacía Sherlock. Desde que lo conoció. Toda su vida. Y lo seguiría haciendo. Tomaba todo sin preguntar, sin dejar opciones a oponerte. John caía a la incertidumbre, un poco más profundo con su silencio. Si aceptaba su propuesta jamás podría separase de él, y tenía que hacerlo. Sus sueños no estaban al lado de Sherlock. Estaban en la medicina, en la milicia. Tenía que entenderlo. El no iba a arrastrar a Sherlock a ningún lado para que sufriera. Para que les llamaran anormales.
—No, no es eso. Quiero estar contigo porque... — Sherlock se veía confundido. La mente más brillante que conocía se confundía. Dio una bocanada aire de grande antes de declarar, como si lo estuvieran torturando— ...tengo sentimientos por ti.
—Si, yo también, soy tu amigo pero no por eso... — Si, el que fueran amigos no hacía a Sherlock dueño de John. Holmes tenía que entender que el que hiciera un vida lejos no él no significaba que no seguiría ahí para él. Serían diferentes circunstancias y todo, pero nada imposible. ¿Por qué Sherlock parecía librar una batalla interna? ¿Qué no entendía que normalmente los amigos convivían pero respetaban ciertos limites?
—John, no me refería a eso. Me refiero a sentimientos románticos — Logro sacar a la fuerza el menor de los Holmes. Se estaba exasperando por que intentaba poner en palabras algo que no entendía del todo. Sus mejillas estaban rojas. Sentía vergüenza por que todo mundo siempre hablaba de esas cosas y el sentía que prefería ver otro cadáver que seguir ahí, explicando sentimientos.
—¿Románticos? ¿Solo estas tomándome el pelo verdad? —Tenía que ser una broma. ¿Sherlock sintiendo algo parecido al amor? Ja, imposible, no. Era hasta de risa.
—¿Eres idiota o solo te haces el imbécil? Te quiero Watson. — Sherlock ya había pasado el umbral de la risa. Tanto tiempo que le costo saber que la incomodidad, los deseos de estar juntos y todas aquellas cosas componían a un amor sólido para que el rubio fuera a burlarse de él. Pero no, no se burlaría, él no era igual a los demás.
—Yo... — El cerebro de John se había ido de vacaciones. Ya no sentía nada. Era todo un sueño. Era, era demasiado como para responder. Sherlock de un lado, el futuro del otro. ¿Cómo iba a decirle ahora lo del ejército?
—Como pareja. Como más que amigos. Y te quiero como amor. No me preguntes más, ni siquiera lo entiendo yo — Sherlock cayó en la alfombra de su habitación. Las piernas le temblaban, el corazón había pasado a latir más violentamente que cuando vio al padre de su amigo. Todo daba vueltas. Sentía un nudo en la garganta. Era algo parecido al terror. Pero, si en su mano estaba, estaría con John. Ya no había vuelta atrás. Lo hecho, estaba hecho.
—¿Tú me...?¿Yo te...? ¿Desde cuándo?¿Cómo? — John tenía una reacción similar a la su amigo. Le palpitaba la cabeza. Pero tenía que controlarse. O las consecuencias serían fatales. Había recibido golpes emocionales, pero eso era una paliza. Y su mente podría romperse bajo el peso. Y nada bueno saldría.
—No lo sé ¿Cómo voy a saberlo? — John no había visto llorar jamás a Sherlock. Ni cuando le pegaban, ni cuando se burlaban de él, ni cuando cortaba con sus novias. Y ahora, ahí en la alfombra, el cielo con estrellas de sus ojos se había convertido en un mar de tormenta.
—Pero tuviste novia... — "Pero yo no lo sabía", eso quería decir John que estaba entrando en pánico. Si lo hubiera intuido, tal vez hubiera decidido diferente. Ahora, todo empezaba a tener sentido. ¿Cómo reaccionar?
—Tú también tuviste novias — Le reprochó su amigo. Con eso logró mantener un poco de su dignidad.
—Pero yo no … a mi no me gustan los hombres — Fue la replica aireada. A él solo le gustaban las chicas. Por eso siempre que le pedían los datos de su amigo se acercaba a ellas. Aunque nunca les proporcionaba la información. Oh...
—A mi tampoco ¿Acaso has visto que tenga novio? — Sherlock declaraba su posición así. No se trataba de escoger un lado de una linea. Se trataba de que en la humanidad solo resaltaba John.
—No, pero yo pensé... Debe ser una broma... — Tenía la cabeza revuelta. Pero no podía ser, el no era normal y eso mandaba al universo normal muy lejos.
—Bien, probaré mi sentido del humor — Y de dos zancadas logró atravesar la habitación y sujetar a John de los hombros. Con fuerza lo jaló hacia sí, levantándolo de la cama y lo beso. John estaba en en otro mundo. Su mejor amigo lo estaba besando. Y, a decir verdad era el mejor beso de su vida. Sherlock movía los labios con una cadencia adictiva, lo aferraba como si el mundo se fuera acabar. Lo hacía sentirse vivo. El casi médico Watson estaba temblando debajo del agarre de su amigo. Sherlock lo estaba rompiendo. Estaba destruyendo cada parte de su vida. Era la persona más especial que había conocido. Su madre se equivocaba, Sherlock tenía un poder: el poder de acabar con sus ideas, con su razón, con su corazón, con él. Cuando se dio cuenta de lo que pasaba forcejeo un poco. Pero el aliento le empezaba a faltar, y se vio aferrándose a las solapas de su ridícula camisa. Todo estaba mal. Y antes de que procesara su cerebro otra cosa que no fueran sus células fundiéndose con Sherlock, se separaron. John bajo la cabeza, no quería ver la expresión de Sherlock. No, no podía.
—Sherlock, esto esta mal— John lo dijo con poca firmeza y cuando levanto la cara se arrepintió. La expresión de su amigo era de dolor. Y vio como tensaba la mandíbula antes de decir:
—Tienes razón, esta mal. Por que el amor es una estupidez. Probaste mi punto— Solo había decepción en los ojos iridiscentes del chico.
—Sherlock espera... — ¿Qué podía decir? John no estaba seguro de sus sentimientos. No sabía que tipo de amor le tenía a ese hombre imposible. El tampoco sabía muchas cosas. No le había desagradado el contacto, pero no era lo correcto. Eran dos hombres, por eso no era correcto. Bueno, tal vez... Todo fue demasiado. Pero vio como su amigo se quebraba. Se sintió una basura de persona.
—Sal de la habitación John — Sherlock fue a abrir la puerta y la sostuvo del pomo. Era todo resolución e ira. Pensó... creyó que John podía llegar a sentir algo. Que entendería que las cosa eran diferentes. Pero como siempre, el único que sentía era él. Qué estúpido fue por pensar que alguien lo iba a llegar a querer.
—Yo... — ¿Yo también te amo? ¿Haré lo que me digas? ¿No me dejes? ¿No se qué hacer? John tenía que calmarse. Si no se calmaba no quedaría nada de que recoger. Nada de los dos. Nada de nada.
—No, fue una ridiculez pensar que llegaríamos a una solución. Que tú querías lo mismo — Orgullo y llanto en contención era la expresión de Sherlock. Sus ojos tenían un tipo de brillo diferente. Y su amigo no se andaba con juegos. Era todo o nada. El no entendía de sutilidades.
—Sherlock no era mi intención... — ¿No era su intención qué? ¿Qué se enamorara? Cada cosa que salía de su boca sonaba a una mala disculpa. Y era una mala disculpa. ¿Qué otra cosa podía hacer? Ojala y Sherlock entendiera. Ojala y...
—Ojala y no te hubiera conocido. Ojala y te pudiera olvidar — Sherlock parecía habitar su mente. Pero se estaba llevando la peor parte. Estaba destrozado y lo sabía. Y sabía que, él tenía la solución en las manos.
—Esta exagerando. No sabes lo que dices— Tenía que hacele entender que lo que decía era peligroso. Hacerlo entrar en razón. Estaba rayando la irracionalidad.
—Si, exagere. Por un momento pensé que esto no dañaría nuestra amistad. Pero no siempre puedo estar acertado. Perdona si mis sentimientos te incomodaron —La mano que estaba en el pomo comenzaba temblar, al igual que el chico que la sostenía. La voz, esa voz que tranquilizaba a John en sus peores días había bajado su intensidad hasta tornarse en un susurro amenazante.
— Sherlock tienes que... — ¿Recapacitar?¿Entender las cosas?¿Sabes que todo esto nos puede hacer daño? No podía ni terminar las frases.
—No, no tengo por que. En unas semanas estaremos ¿como dijiste? "En extremos diferentes de la ciudad" Admítelo, estas harto de cargar conmigo. Quieres tener una paz que no conseguirás — Ahora, lo que salía de esos dulces labios era veneno. Parecía que, por alguna razón, el menor de los Watson se había llevado toda la bondad y la dulzura del cuerpo del menor de los Holmes.
—Debes estar... — El miedo, solo era miedo lo que sentía. No podía perder a su amigo. No por algo tan tonto. Tenía que arreglarlo. Como fuera. Costara lo que costara. Pero no sabía que decisión tomar, que hacer. Si borraba ese evento, volverían a ser amigos pero ¿Por cuanto tiempo? Sherlock había probado que las ideas se reconstruían y tomaban un nuevo camino, que saltaban el puente de los recuerdos y se volvían a formar. Y si no lo hacía, se separarían irremediablemente. Tenía que pensar y decidir rápido. La estabilidad mental de Sherlock empezaba a tambalearse y lo que quedará no sería suficiente para que le fuera funcional.
—¿Bromeando o equivocado? Por que son las soluciones a las que tu pequeño cerebro llega.— El insulto había activado todo. El no iba a permitir que nadie decidiera por él. Ni insultos. Quizás tenía razón, quizás ya estaba cansado. Como lo veía, la solución ya se había presentado.
—Bien, ¿Te quieres olvidar de mi? Hasta luego Holmes. — Y cuando estiro su mano para estrecharla, sin que Sherlock estuviera prevenido, lo hizo. Se borró de la mente de Sherlock. Modificó sus recuerdos. Elimino de la mente su idea. Todo.
La ira lo había empujado, cierto, pero también otra cosa. Vio un futuro en donde Sherlock saltaría de un edificio por él, moriría por él. Y no era justo. Merecía un futuro mejor que encadenarse a él. Ninguno podría ser feliz si él no lo hubiera hecho. No era egoísmo, era un gran sacrificio. Por el bien de su amigo. No importaban sus sentimientos o lo destrozado que quedara, era algo que se tenía que hacer. Porque su promesa había sido quererlo por siempre y protegerlo. Ahora lo protegía de si mismo. Y eso, era más difícil que solo quererlo.
Ambos se desmayaron por el esfuerzo. John nunca había usado tanta energía, pero aun así recobró más rápido la conciencia. Rápidamente buscó las fotografías donde aparecían los dos, la tomó y la guardo en una mochila. Eran pocas, por que Sherlock detestaba las fotos. Posó a su mejor amigo en su cama y con un beso en la frente se despidió. Estaba tan agotado que no tenía ni lagrimas para derramar. O estaba tan roto que las lagrimas jamás saldrían.
Prefería mil veces que Sherlock siguiera adelante antes de condenarlo a una vida de dolor en donde su recuerdo le golpeara las ideas. Donde tuviera que verlo en cada esquina, en cada persona. Eso lo consumiría por completo, lo conocía. Era brillante, destacaría fácilmente y eso le ayudaría a todo. Ahora ya no tendría dolor. El dolor se lo llevaba John por que él ya no estaría ahí para ver el éxito de su amigo.. No volvería a formar parte de su vida. Ya no había marcha atrás.
Al salir de la habitación, estrecho la mano de Mycroft. No iba a borrar todo, solo modifico algunas cosas. E insertó un recuerdo falso. El salvando a Sherlock. Su hermano lo necesitaría.
Esa noche, John gasto toda su energía, y explotó su poder a niveles que creía inalcanzables. Borró y modifico a cada una de las memorias de toda la familia Holmes. No quería que nadie supiera de él.
Cuando llegó a su casa, su madre no hizo más que una pregunta. "¿Y Sherlock?". A la que él contestó. "Ya no más mamá". Y se fue a su cuarto. Durmió 2 días completos. Y cuando despertó, sabía que las cosas tenían que ser diferentes. Que la calma, después de tantos años había llegado. Lo mismo que la soledad.
—John ¿estas listo? —El adulto Sherlock Holmes lo miraba con bufanda en mano, ignorante de que, su amigo recordaba todo. Y que estaba un poco nostálgico.
—Si, lo estoy —Y salieron corriendo del departamento. En el taxi, Sherlock hablo rápidamente de todos los detalles del caso y de hacia donde se dirigían.
—Tendremos que hablar con la anciana, no hay otra solución. ¿Crees que le puedas sacar algún recuerdo John? —La naturalidad con la que lo había preguntado desconcertó al médico. Pero luego se recompuso con un:
—Sherlock, soy médico, pero no esa clase de médico. No soy psiquiatra ni nada — La idea le dolía. Su sueño no se había cumplido. Ni ser neurocirujano, ni ayudar. Afganistán había sido un verdadero desastre y se la paso toda la universidad casi solo. Si no hubiera sido por Mike Stramford y algunas novias, hubiera crecido... igual que Sherlock.
—Cierto... no sé, por un momento pensé que eras más de ese tipo de médico. Que extraño... —Sherlock frunció las cejas. —¿Por qué no fuiste psiquiatra? Te gusta oír y escribir historias. Incluso cargas con una libreta de notas... — Sherlock se estaba burlando de él. Sonreía. Y con eso aligeraba el peso de la conversación.
—Eso de sentarme en un sillón a oír problemas de los demás es más tu estilo —Sherlock hizo una pequeña sonrisa con el comentario —La libreta la uso por tu culpa. Lo siento, mi cerebro no puede recordar tanto — John hablaba con la verdad. Era irónico, podía modificar los recuerdos ajenos pero no podía retener los suyos.
—No me gusta oír a la gente, es por necesidad. Además los psiquiatras no oyen problemas. Solo recetan píldoras que nunca ayudan — Comentó , eso ya se lo había dicho. Esa había sido la razón por que que prefirió ser médico general. Ahora que lo mencionaba.
—Y los químicos no van por todo Londres cazando criminales ¿Ves? Son prejuicios—John marcaba un punto especial. Así era siempre, Watson le hacía ver el mundo diferente.
—Cierto. Bueno, ¿Por qué no lo hiciste? — La curiosidad asaltó a Sherlock. Pero a John le pareció algo raro.
—No tuve un buen momento y decidí que ayudar en el ejército era mejor —Recordaba que cada día en la universidad sufría por que jamás podría ve a Sherlock. No podía estudiar psiquiatría estando él poco estable emocionalmente.¿Lo más lógico? Tomar una misión suicida que le diera sentido a a sus acciones.
— ¡Vaya! Alguien te rompió el corazón y cometiste una acción suicida. No tienes moral para quejarte de mi— John abrió la boca impresionado. Si, fue una deducción exacta. Mirado fríamente, se parecía más de lo que le gustaría admitir a Sherlock. Quizás nunca pudo sacarse los hábitos que había ganado con su convivencia.
—No compares un mal momento que duro poco tiempo a toda una vida consumiendo drogas — Eso fue un ataque. Prefería otro balazo en el hombro antes de admitir la verdadera razón de todas sus acciones.
—No fue toda una vida, comencé en la preparatoria — Contestó Sherlock. Y recordaba claramente el porque de todo. Y, no se arrepentía, no lo hacía.
—¿Qué? — ¿Sherlock contando su vida? ¿Cómo es que empezó en la preparatoria y el no sabía nada? Vaya, al parecer su "mejor amigo" le ocultaba también cosas en ese entonces. Eso explicaba por que no había borrado esa idea de su cabeza.
—Si, tenía un caso de aburrimiento. Se empeoró en la universidad. Menos charla, y más acción. Ya llegamos— Sherlock le dio las gracias al taxista , pagó y se bajo rápidamente impidiendo que John ahondara en el tema. Primero el trabajo, después... lo que fuera que estaban haciendo.
La casa era una residencia, grande, antigua y muy adornada. Con una remodelación reciente, por que tenía una construcción anexa de buen aspecto a un costado. Lestrade los esperaba a la entrada.
—¿Donde esta la mujer Lestrade? — Preguntó Sherlock en cuanto llegaron.
—Si te refieres a la anciana esta en la cocina. ¿No prefieres ver primero los cadáveres? —Lestrade estaba muy atorado. No entendía nada de ese crimen.
—Si, tienes razón. John, ¿Podrías verla? Para que pueda dedicarme a inspeccionar los cuerpos — Era poco usual que Sherlock no quisiera que John viera los cuerpos. Normalmente siempre daba su apoyo.
—Si. En cuanto termine te alcanzó ¿Te parece? —Sherlock solo asintió mientras observaba una jardinera a su costado. John se dirigió al lugar que Greg le indicó.
La cocina era un lugar amplio, con buena iluminación. La anciana estaba sentada tranquilamente. John aprovecho para checar sus signos vitales. No encontró nada fuera de lo usual. Simplemente parecía en shock. John hizo varios intentos para establecer una comunicación, pero no obtuvo nada. Era como intentar interactuar con un mueble. Se dio por vencido y fue a reunirse con su compañero de departamento.
—Sherlock, esa mujer tiene un bloqueo. Esta bien de salud, pero no reacciona. Esta en shock y puede que pase mucho tiempo para que se recupere. Fue una condición agravada por el Alzheimer. — El informe fue puntual. —No tiene heridas o marcas. Solo es una persona, ahí sentada —Ni con narcóticos lo lograrían. Su mejor testigo estaba perdido.
—Es justo lo que pensé. Es una pena que nadie la pueda ayudar. Es imposible extraer recuerdos o borrarlos. Sería algo de utilidad — Si no supiera que Sherlock no sabía nada, hubiera creído que era un provocación directa para que utilizara sus poderes. Vaya, no era una mala idea. Nunca se le presentó la oportunidad. Decidió actuar.
—Olvide... —Un viejo truco que funcionaría. Y que le permitiría estar a solas con la anciana.
—¿La billetera en la mesa de la cocina? Te espero afuera — Sherlock guardo su lupa, se puso de pie y salió por la puerta. John regresó a la cocina.
A John le costó mucho trabajo recuperar el recuerdo. Esa mente tenía lagunas impresionantes que John no podía llenar. Nunca había intentado restablecer un recuerdo, no estaba seguro de que tan peligroso era. Después de muchos intentos, descubrió que el recuerdo estaba ahí, que lo que tenía que borrar era la parte que lo bloqueaba. Modifico un poco el evento traumático. Y espero. La señora se quedo dormida, pero el doctor Watson estaba seguro que, en cuanto despertara recordaría todo.
—¿Y bien? ¿Qué te dijo la anciana? ¿Lograste hacer tu magia? Sherlock estaba en el patio, parado con una seguridad impresionante mientras le esperaba. ¿Cómo lo podía saber? "Watson, tienes que estar alucinando", se dijo John, "Sherlock no sabe nada". Bien, lo mejor era hacerse el inocente.
—La anciana no me dijo nada. Estaba dormida cuando llegue —Era parcialmente una mentira, así que estaba bien. —Solo fui por mi billetera Sherlock. A diferencia tuya, si conozco el límite de las personas —John sentía el orgullo herido. Y una admiración profunda de que Sherlock lo entendiera a ese punto.
—Mmm, si tu lo dices...—Sherlock paro un taxi y se subieron en él — Al 221B de Baker Street por favor — Y sentó molestó.
—¿Tu que piensas que paso? —Inquirió John en cuanto se acomodo en su asiento. Nada mejor que fastidiarse mutuamente para hacer el trayecto a casa más placentero.
—Yo pienso que... — John nunca supo la opinión de Sherlock por que en ese momento sonó su teléfono — ¿Lestrade? Bueno, aja. ¡Perfecto! ¿Eso les dijo? Pues si es así... anotate el récord. No, no hay problema. Gracias por el aviso — Y colgó y se guardo el móvil en el bolsillo del abrigo.
—¿Y?¿Qué paso con el caso? ¿Qué te dijo Lestrade? — Era la primera vez que John no estaba intrigado. Se sentía al nivel de su amigo, por que también había usado sus habilidades en ese caso. Y había arrojado una luz impresionante.
—La anciana despertó de una siesta mágica recordando todo aparentemente, hablo y solo confirmo lo que yo temía. El padre intentó fingir la muerte de toda su familia para evitar las amenazas que había hecho recientemente su hijo ilegitimo con lastimar al pequeño del segundo matrimonio. La anciana vio como montaban todo el número, y como entraba unas personas, a intentar secuestrar a todos. Al final nadie esta muerto, el ilegitimo irá a la cárcel por intento de asesinato, secuestro y la familia esta pasando las vacaciones en Hawaii — Sherlock habló rápidamente y termino todo con un bufido. No había sido suficientemente emocionante, pero al menos no se habían pasado la tarde viendo películas de James Bond.
—¿Y los cadáveres? Yo los vi y estaban muertos... —En eso no había engaño posible.
—Otros muertos. Verás no es tan difícil, solo...Consiguieron unos. —Sherlock quería explicar más, pero en ese momento el taxi se detuvo en el departamento que compartían.
—Bien, eso fue sorprendente, voy a comer algo...— Dijo John un poco cansado mientras entraba por la puerta principal. En la mañana no había tenido oportunidad de desayunar y, aunque ya estaba acostumbrado al ajetreo, prefería la comida
—Me parece bien —Respondió Sherlock mientras atravesaba a su vez la puerta principal y comenzaba a subir las escaleras por delante de John — Así puedes pensar cuando me vas a decir que te conozco desde niño y que tienes la habilidad de borrar recuerdos —Sherlock continuo su camino derecho a la sala pasando por delante de John sin inmutarse a verlo.
La mandíbula de John cayó de la sorpresa. Eso no iba a ser nada bueno.
