No se quejen y sólo gócenlo.

¡Déjenme un review al final del capítulo! Me animan muchísimo a seguir escribiendo y actualizar pese a mi escaso tiempo libre.


El infierno entre tus manos

Capítulo 2

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"Seré la sombra que te acompaña"

¡Vaya manera de iniciar la puta mañana!

Katsuki escuchó sonar muy a la distancia su característica alarma y, como todos los días, a las cinco de la madrugada. No sabía si el eco que también percibía era producto de su imaginación o por la intensa molestia que comenzaba a hacerse presente en su cabeza.

En efecto, tenía una resaca de los mil demonios, sin mencionar que él mismo se consideraba uno. Con un brusco movimiento estiró su brazo derecho hasta alcanzar el maldito celular, dejando caer en el proceso algunas botellas, artículos y demás objetos que se encontraban apilados.

Pese a que el rubio solía ser muy estricto con el orden y la pulcridad, aquella noche después de la cena no se tomó ninguna molestia en seguir sus metódicas acciones. Ni siquiera quiso meterse a la regadera, como acostumbraba.

Intentó abrir los ojos de carmín intenso, los cuales se mostraban irritados, tenía la boca seca y el cabello hecho un desastre.

¡Mierda!

Desde esa mañana, Katsuki no se sentía como él mismo.

Con pesadez apagó el insistente ruido de la alarma de su teléfono y lo terminó botando por una esquina de la habitación, las luces del departamento se habían quedado encendidas y entonces comenzó a desesperarse por no saber qué putas ocurría.

Repasaba los hechos mientras se sentaba en una orilla de la cama y desabotonaba la camisa arrugada, aún tenía el aroma del alcohol en su piel junto con los pensamientos hacia la castaña.

Y con sólo aquello, ya podía sentirse cabreado.

Era consciente de que el día tenía que iniciar, viajar y maldecir el tráfico que se volvía una pesadilla, solo para llegar a la detestable oficina y ver la cara del imbécil de Midoriya con esa patética sonrisa tan característica.

Cuando abrió la llave de la ducha no se molestó en dejar que ésta se calentara, quería que el agua helada le calara en los huesos hasta calmarse. Terminó de sacarse las prendas que aún llevaba puestas y cuando estaba por retirar los boxers, entonces notó que su temperamento estaba a otro nivel. Reconocía que era normal despertarse con una erección matutina, no le causaba problema aquello, pero sí el hecho de que desde hacía aproximadamente dos años que eso le pasaba. Tal vez porque su ritmo y estilo de vida era una porquería, apenas y podía recordar poco de lo que hacía noche con noche al salir de trabajar; pero lo que aún no había podido olvidar era ese curveado cuerpo femenino y esos ojos chocolate que le miraban con temor en la casa de su compañero de trabajo.

─¡Maldita sea! –se quejó ésta vez con la voz ronca.

Esa mujer, sí que lo estaba jodiendo.

El agua que le recorría ya estaba surtiendo su efecto, primero redujo el fastidio del rubio, así como el dolor de cabeza y la furia quemante de su ser. La erección pronto había desaparecido, no se quiso concentrar en ello, tal vez porque no presentaba deseos profundos por auto-satisfacerse. Sólo quería mantener alejados los pensamientos de esa mujer a la que consideraba maldita.

Ya terminado su baño, Katsuki se colocó sólo una toalla sobre el hombro izquierdo, mostrándose desnudo por su amplio departamento. Se dirigió entonces hacia un mueblecillo de su habitación y abrió el primer cajón de los dos que estaban disponibles, removió algunos de los objetos diversos que ahí estaban y sacó un frasco con unas píldoras, aunque le pesara, sabía que ese malestar que tenía un tanto menos presente no desistiría de joderle aún más el día.

Y maldijo, al parecer los desvelos y el exceso de alcohol en su sangre y cuerpo a su edad estaban pasándole una pequeña factura.

Tenía una botella de agua fresca sin abrir detrás de las demás botellas de licor, quizás llevara ahí una semana. Katsuki podría ser extraordinariamente competente y organizado, pero aquello no indicaba que no poseyera malos hábitos o un descontrol en su vida, como lo eran algunos vicios y mala alimentación.

No le preocupaba por el momento, aunque en esa fría mañana, se dio a la idea de que algo de eso deseaba cambiar.

Para cuando se decidió por volver a tocar el teléfono que permanecía sobre su alfombra ya eran las 5:37 a.m. soltó un hondo suspiro y apresuró su rutina. Tomó una de las camisas con perfecto aspecto que estaba colgada con otro tanto en su armario, los pantalones de vestir y una corbata que recién había comprado, si en algo era un tanto de más selectivo, era su aspecto y las corbatas. Se miró al espejo de cuerpo completo que estaba en su misma habitación, colocado específicamente frente a su cama y puso más atención en su cabellera desatendida, ya pasaría después a comprarse unos productos que le ayudaran con esa inquietud, pero a pesar de que no se mostraba en su mejor estado, lucía estúpidamente sexy.

Sonrió ante aquello.

Ya había terminado de calzarse los zapatos, ajustar los detalles de su vestimenta, revolverse más el cabello y se colocó el reloj que su madre le había regalado por su cumpleaños hacía tres meses atrás. Y él sabía que no había en definitiva nada que no le pudiera lucir simplemente estupendo.

Tomó las llaves de su departamento, en conjunto con las de su oficina y su coche, además de su cartera decidiéndose por salir siendo ahora las 6:22 a.m. marcados en aquel fino reloj.

Un quejido ahogado de molestia salió de sus labios, notaba que todo estaba mal.

El demonio de ojos carmesí estaba desvariando.

Una vez dentro de su automóvil deportivo, ponerlo en marcha no fue complicado para él. Conocía todo lo que le pertenecía a la perfección. El tacómetro indicaba una velocidad mayor a la que el rubio acostumbraba, eso desde la noche anterior.

Ya su resaca se encontraba desvanecida en lo mínimo, su cuerpo resentía los cambios y acciones que él tenía. Volvía a estar en sí. Movió la palanca de velocidades e intentó obtener el control, relajándose. Se encontraba a escasos cinco minutos de la empresa. El tráfico había decidido favorecerlo.


─¿Preparado para el día de hoy, Katsuki? –Eijiro Kirishima le sorprendió dándole una palmada por la espalda. Hacía aproximadamente una semana y media que no veía ni un rastro de aquella cabellera roja molesta.

─¡Ah! ¿Qué carajos crees que haces Kirishima? –saludó Bakugou ─¿Dónde putas te habías metido bastardo? –continuó quejándose con su característico tono de enfado.

Aunque Bakugou se comportara como un hijo de puta con la mayoría del mundo, para Kirishima Eijiro aquel trato ya era parte del pasado. Si bien, considerarlo amigo podría representar una seria amenaza a su salud mental y persona, no se arrepentía de tener la oportunidad de convivir con aquel rubio.

─¿Empiezas la mañana con ese mal humor? Parece que la chica que te atendió durante la noche no hizo muy bien su trabajo –se atrevió a burlarse Eijiro.

El rostro de Katsuki volvió a tornarse con una mueca de desprecio, ¿cómo era posible que aquel idiota se atreviera a opinar de aquella forma tan desinteresada?

No respondió ante el comentario, como hubiera acostumbrado, en su lugar formó una media sonrisa y siguió caminando hacia la enorme puerta giratoria que era la entrada a la empresa en la que llevaba trabajando desde que se graduó. Eran aproximadamente dos años y medio los que formaban parte de su impecable historial. Por un lado era para poder alejarse de casa, volverse independiente y no tener que escuchar a su madre reprochándole sobre el estilo de vida que el rubio había decidido seguir. No era nada de lo que quisiera sentirse orgulloso, pero le ayudaba a quitarle las ideas estúpidas a su progenitora sobre conseguir una esposa y tener hijos.

─Aizawa me mandó a unas conferencias para prototipo. No pude avisarte con tiempo y supuse que no me necesitarías, así que decidí ocuparme en otros asuntos.

Al no obtener respuesta de parte de su apático amigo, Eijiro continuó relatando el porqué de su repentina desaparición de la oficina.

─Te hubieras quedado por allá –expresó Katsuki para molestarlo mientras se encaminaba ahora para su oficina.

─Tampoco es que me fuera por meses. Me regresaron antes, al parecer un nuevo personal más especializado fue contratado, pero no sé demasiado al respecto. No quisieron darme detalles. ¿Sabes algo de eso Katsuki? –cuestionó el pelirrojo con la esperanza de que su amigo estuviera algo enterado al menos por rumores, ya que él era quien había estado presente en la empresa y si era alguien dedicado al prototipo de armas, por lo que fuere, debía involucrarse con él.

De inmediato le vino a la mente Midoriya, quién parecía ser más previsible y estaba mostrando una mano en alto como saludo a su compañero que se acercaba.

─¡Buen día! Katsuki –sonrió dirigiéndose al impaciente rubio que atemorizaba a todo el personal que ahí laboraba, y también para sorpresa de Eijiro que se quedó con el rostro boquiabierto.

Bakugou no respondió el saludo y pasó de largo a Eijiro quien aún no salía de su sorpresa de que aquel hombre con apariencia gentil estuviera estableciendo contacto humano con su amigo rubio sin temor a que éste terminara con aquel atrevimiento.

─El bastardo de aquí es Izuku, el novato de la oficina que entró ayer –dijo apuntando al peliverde que se ponía nervioso ante aquellas palabras que lo "presentaban" al extraño joven amigo de Bakugou.

El rubio no mencionó más y sin mayor interrupción se dedicó a ingresar a su oficina, ya estaba lo suficiente enfadado por todos los acontecimientos de la tempestuosa madrugada como para tener que lidiar con ese par de idiotas. Dio unos pasos largos con decisión y sólo llegó a sentarse sin reclinarse, mientras tomaba los laterales de su cabeza con ambas manos… al volver a ver a Izuku tan despreocupado y con una naturalidad alegre lo hizo molestar de nuevo.

En el pasillo aún continuaban los conocidos de Katsuki un tanto sorprendidos porque el comportamiento de su compañero llegara hoy a un nivel tan irritable.

─¡Vaya! Creo que de verdad hoy anda como un demonio –exclamó Eijiro ante Izuku para intentar persuadir la mala presencia que su amigo había dejado entre ellos.

─No es una mala persona –respondió Izuku para continuar con la conversación.

─De verdad que no lo es. La mayoría malinterpreta su cometido, pero Bakugou es un buen tipo –dijo el pelirrojo sonriéndole ─Soy Eijiro Kirishima. Bienvenido a la empresa U.A –hizo una pausa ─No sé tu nombre…

─Izuku Midoriya, es un gusto conocer que más personas soportan a mi nuevo compañero de trabajo.

─¡Ni que lo digas! Katsuki puede llegar a ser muy pesado –dijo esto último en un ligero susurro, como si supiera que el rubio pudiera estar escuchando desde su elegante oficina.

Izuku sonrió de nuevo y empatizó con gran facilidad con el que parecía ser el 'amigo' de su compañero de trabajo. Para ser sincero no esperaba que un hombre tan simpático pudiera resistir demasiado tiempo al lado de Katsuki, o al menos no sin tener consecuencias a su autoestima.

Midoriya estiró su brazo derecho para ofrecerlo como saludo formal hacia Eijiro y emocionado porque sus días en aquella oficina no estarían desbalanceados con los cambios de temperamento de Katsuki.

─Kirishima Eijiro, es un placer Midoriya. Gracias por soportar a Katsuki –correspondió al estrecharle la mano y sonreír con emoción por encontrar algo sumamente descomunal en aquella empresa desde que había ingresado.

Sí, se refería al hecho de que alguien más a parte de él tratara con su amigo.

Desde el último año de universidad no recordaba que alguien más se hubiera dirigido a Katsuki con la misma decisión que como lo hacía Midoriya. Y eso que ni siquiera sabía que ellos habían compartido la cena en la misma mesa.

Ambos hombres intercambiaron un par de frases más para después retirarse a realizar sus labores en sus áreas indicadas. Izuku continuaba con las mejoras a unos proyectos que deseaba introducir al mercado y Eijiro… bien, él solo continuó perdiendo un poco el tiempo ante la imponente montaña de papeleo que se le había acumulado como pendientes en su ausencia.


Ochako llevaba ya tres horas sin descanso desde que retomó su labor de ordenar y atender todos los detalles que aún continuaban pendientes para terminar en su nuevo hogar, aún sentía esa pequeña punzada de emoción de verse casada con Izuku y poder disfrutar de la dicha de estar viviendo juntos. A pesar de que el cambio repentino de ciudad la tomó desprevenido y no esperaba separarse tan pronto de sus amigos y el lugar donde había crecido y conocido a su ahora esposo, no dudó ni por un instante en seguirlo. Conocía bien el talento que su marido poseía, además de las metas que él aguardaba por cumplir y ella le demostraría que sería su apoyo para todo aquello que aún le hiciera falta.

La casa no se mostraba demasiado desordenada, pero si hacían falta algunos materiales para perfeccionar pequeños rincones, quería que Izuku se sintiera en un lugar cálido y cómodo junto a ella, sin que fuere demasiado ostentoso, por ello, si bien tenían el poder adquisitivo y le preguntó la zona en residencia en la que le gustaría vivir, ella se negó y optó por un pequeño apartamento que la mantuviera acogida con él.

Ya había limpiado cada rincón y acomodado los pocos muebles que habían llegado y estaban instalados, donde colocó los objetos más indispensables y cotidianos, en especial en la habitación que compartían, aquel lugar deseaba que permaneciera tan íntimo para ambos, por ello puso especial esmero en éste y, con aún más atención, en la cama donde dormían.

Un sonrojo en sus redondas mejillas la acosó y golpeó su rostro con dos palmaditas mientras sentía su rostro caliente. Todavía tenía tanta vergüenza por querer comenzar a fantasear de esa forma a medio día.

Mientras se perdía en sus pensamientos, el teléfono celular de ella comenzó a sonar. Se acercó hasta donde lo había dejado abandonado y atendió a la llamada. Era Izuku.

─Espero que no estés haciendo demasiado en casa, ya te había dicho que dejaras las cosas como están, no me molesta en absoluto Ochako. ¿Necesitas algo?

─Ah… está todo bien por aquí. Aún no termino de ordenar, me hacen falta algunos materiales. –mencionó mientras se sentaba sobre el cómodo sofá que recién habían comprado.

─Saldremos a buscarlos el fin de semana, ¿te parece? Hoy tengo el presentimiento de que saldré más tarde que el día de ayer.

Aquella noticia le quitó un poco los ánimos a la castaña.

─Estaré esperándote…

─Haré lo posible por no darte preocupaciones.

─Izuku…

─Dime.

En sus palabras se quedó un 'Te amo' en el proceso, no deseaba que aquellas palabras las escuchara a través de una llamada telefónica.

─Regresa con cuidado.

Un pequeño nudo en la garganta se le formó al peliverde, el hecho de ser recién casados pesaba demasiado cuando tenían que separarse. Él sabía que este nuevo trabajo le absorbería el tiempo, sin embargo, ambos estuvieron de acuerdo en la decisión.

─Descansa Ochako –se despidió cortando la llamada.

El peliverde llenó su oficina con un suspiro ligeramente frustrado, no le gustaba preocuparla pero no tenía opción, al menos por aquel día. Se tomó diez minutos para poder despejar su mente y continuar con su trabajo, si se esforzaba demasiado era porque estaba esperando una recompensa que después podría compartir con su esposa, aunque aquello indicara paciencia por parte de ambos.

Pasaron cuatro horas más desde la llamada que Izuku le había realizado a Ochako y le tomaría un par de horas más por delante. Aquel día Izuku no laboró junto a Bakugou, ambos tenían ciertas partes del trabajo designadas individualmente y con el genio que se cargaba ese día su 'simpático' compañero, prefirió mantenerse alejado y estudiar algunos otros asuntos de la empresa que él aún desconocía.


El turno de Katsuki finalizó hacía una media hora atrás, pero el rubio se había tomado su tiempo para llegar a su deportivo. No tenía muy en claro si aquel día iría a beber a un bar, como era su acostumbrada rutina insana de dos años. Cuando subió a su auto, en el espejo retrovisor notó de nuevo que su cabellera estaba revuelta y recordó entonces que había pensado en pasar a un supermercado a comprar algún producto si le daba la gana, para atender a ese detalle. Hizo una mueca de hastío, no quería que aquellas ideas que él consideraba superficiales comenzaran a metérsele en la cabeza. Entonces, con resignación tomó rumbo a un centro comercial que consideraba adecuado, sin demasiadas personas, pero lo suficientemente amplio y con variedad para poder tomarse la libertad de elegir.

De nuevo estaba sintiendo que se comportaba extraño.

Mientras conducía con un poco más de calma que la noche anterior, notó que aunque ciertos de los bares que solía visitar con menuda frecuencia estaban bastante animados y sobretodo, había mujeres con un perfil que le agradaban, pero en absoluto se atrevió a girar el volante.

¡Mierda, mierda!

A los veinte minutos de conducir con las manos apretadas al mando del automóvil y la palanca de velocidades, se estacionó a la entrada de su destino. Eran entonces las 7:15 p.m. y la ciudad ya se encontraba entre penumbra del marcado atardecer y la naciente noche con luna brillante. Una vez que aseguró el deportivo caminó por el estacionamiento hasta la puerta automática del supermercado. No tenía ni una maldita idea de dónde carajos podrían encontrarse productos para el cabello y tampoco quería preguntar a los empleados, le parecían inútiles y una pérdida de tiempo. Caminó un poco más por los pasillos que parecían sin fin, ya había pasado bastante tiempo desde que no tenía la necesidad de acercarse a esos lugares.

Mientras recorría los pasillos atraía las miradas curiosas de las jóvenes, que notaban su presencia con agrado y algo de temor por la mirada que parecía arder por la profundidad del carmín y el contraste pálido de su piel.

Retomó entonces una sonrisa orgullosa, estaba más que enterado de que podría follarse con facilidad a la mujer que él decidiera señalar con su dedo y mientras se concentraba en ello y su manó se guió sola hacia la derecha, por un pasillo de artículos para el hogar, entonces notó con sorpresa de que a la mujer que estaba señalando era la misma que debería estar en casa, junto al imbécil de su compañero de trabajo.

Sus ojos que, por lo general marcaban el entrecejo fruncido y un desagrado ante el mundo, se abrieron por esa ocasión con un poco de sorpresa y se quedó observando a la mujer que estaba señalando con su dedo índice.

¡Mierda, mierda, mierda!

─¿Bakugou-san?...

Sí, ella había notado su presencia. ¡Maldición! como si alguien no pudiera hacerlo.

Katsuki se quedó por unos segundos sin responder al débil llamado de la mujer castaña, pero entonces retomó de nuevo su seguridad y se acercó para visualizarla de nuevo con detalle.

─¿Hay algún problema conmigo? –le preguntó con un tono que no le indicaba ninguna cortesía e impuso de nuevo esa presencia que tanto le atemorizaba.

─No, no. De ninguna manera. Me disculpo si estoy interrumpiendo sus… compras –terminó la frase de nuevo con apenas un poco de aliento.

─¡Maldición! sólo vine a buscar un puto gel. –exclamó sin medir sus palabras.

Se encontraba lo suficientemente frustrado con estar tratando de evitar sus pensamientos hacia ella como para que ahora, en ese jodido momento tuviera que encontrársela mientras ya se había logrado relajar.

Ochako quedó inmóvil por unos momentos, encontrarse con ese hombre siempre le parecería una experiencia nada disfrutable, al menos esa idea se había comenzado a formar, ¿cómo era posible que su esposo simpatizara con él y lograra soportarlo al mismo tiempo por más de cinco minutos seguidos?

─Si no le molesta yo podría ayudarle un poco con eso –habló ella desviándole la mirada, en definitiva no podía observar a esos ojos intensos que la atemorizaban más que sus palabras.

El rubio le quitó la mirada de encima, lamentaba no haber tenido tacto con ella en ese ocasión, pero él mismo sabía que sus límites ya no se encontraban estables y en especial, si ella se encontraba cerca de él.

─¿Dónde está Izuku? –preguntó el rubio de repente con un tono de voz más adecuado.

─Sigue en la oficina –respondió aún con la voz temerosa pero sin apartarse del lugar.

No entendía el por qué no había salido corriendo desde que el rubio soltó aquellas palabras.

Katsuki no respondió, sólo formó una media sonrisa y metió ambas manos a los bolsillos.

Así que ella se encontraba completamente sola.

─Entonces, ¿sabes dónde puedo encontrar algo para…? –detuvo sus palabras, parecía que bastaba con intentar señalar la parte superior de su cabellos.

Ochako entonces observó ahora al hombre rubio que estaba atemorizándola mentalmente. Notó que su cabello estaba relativamente hecho un desastre. Quiso soltar una risilla pero consideraba aquel acto como un suicidio inevitable.

Para cuando tomó consciencia se encontraba asintiendo con una sonrisa ligera, coincidía que por primera vez lo miraba a los ojos.

Y le pareció encantador el color de carmín que éstos poseían.

Caminó con silencio a su lado, se encontraban algo retirados del lugar donde acostumbraban exhibir los productos que Katsuki requería, pero Ochako no se atrevió a soltar palabra alguna. Cuando se detuvo en los estantes esperaba que su contacto inusual con el compañero de trabajo de su esposo concluyera.

─Aquí hay algunos productos –habló ─Hay gran variedad por si no tiene un gusto en específico.

Katsuki la miró de reojo.

─¿Vienes sola? –le ganó la curiosidad por afirmarlo.

─S-sí. –a pesar de que Ochako quería salir corriendo de ahí, sus labios no le permitieron mentir.

De nuevo no recibió respuesta y agachó la mirada al suelo para intentar evitarlo mientras él revisaba desinteresadamente la etiqueta de un producto que terminaría por llevar.

─Creo que es mejor éste –se dirigió a él entregándole un frasco de color negro con una etiqueta en azul metálico y letras gruesas de color rojizo.

El rubio arqueó una ceja ante el acto extraño de esa mujer por querer ayudarle a ofrecerle una opinión cuando él no la había solicitado.

Y otra sonrisa soberbia estaba en su rostro.

─¿Por qué?

─La fragancia, siento que queda bien en hombres, pero a Izuku nunca le ha gustado porque le parece que no va con él.

Pese a que se notaba con desinterés, tomó el frasco que ella le ofrecía y dejó el otro producto en el estante. No deseaba seguir perdiendo más tiempo y energía en algo tan ridículo como lo era un gel para el cabello.

─Vamos –le ordenó.

─Yo, yo aún no…

─Dudo que vengas a comprar algo para preparar una cena, además de que estabas en un pasillo de objetos para hogar. Ya ha oscurecido por completo y estás sola. ¿Quieres acabar con mi puta paciencia?

El cuerpo de Ochako volvió a temblar, todo lo que él mencionaba era cierto, el tiempo se le había ido de las manos, cuando salió de casa no quería pensar en cuánto tardaría su esposo en llegar.

Seguía los pasos presurosos de aquel rubio irritado que iba a una caja registradora y con un poco de resignación aceptaba la forzada invitación a ser llevada a casa como un intento 'gentil' por regresarle el favor de la recomendación del producto que necesitaba.

Cuando Katsuki terminó de pagar le indicó con un movimiento de cabeza que lo siguiera y con las piernas aun temblando continuó con aquel atrevimiento.

Los pasos por el estacionamiento le parecieron una eternidad y mientras sólo observaba con notable disimulo el hombro izquierdo del hombre imponente, se percató también de que las miradas femeninas no dejaban de posarse sobre él.

Cuando llegó ante un exquisito auto deportivo que reflejaba la cálida luz intensa de la luna volvió a quedar inmóvil.

Bakugou abrió la puerta derecha ante ella, ofreciéndole ingresar y con la mirada le señaló que no siguiera demorándolo. La impaciencia de él por salir del público era apreciable en el ambiente.

Ella entonces se inclinó un poco para reposar sobre el asiento de piel, que al igual que el resto del auto, era una maravilla.

No era que ella deseara lujos, sabía que Izuku podía dárselos, pero de verdad no era algo con lo que se sintiera cómoda, pero en aquel momento y con ese hombre, ella estaba disfrutando de una experiencia que la atemorizaba, le llenaba de adrenalina la sangre y el cuerpo.

Sus pensamientos se interrumpieron cuando la puerta cerró y se vio en una oscuridad que era acortada por la pobre iluminación que ofrecían los paneles de señalamiento y control del lujoso automóvil. Bakugou no tardó en ingresar también y se encontraba sola con aquel hombre rubio.

Él no quiso prestar mayor atención a los detalles del porqué esa mujer con la que había estado fantaseando se encontraba ahora sentada a su lado en su auto, sólo quería disfrutar de aquello. Salió del estacionamiento lo más pronto que le fue posible y ya en carretera tuvo que forzar su cuerpo y mente a mantenerse fijo sobre el camino, olvidando darse el placer de ver la porción de piel que Ochako estaba ofreciendo con aquel vestido blanco que llevaba puesto y, desde luego, evitar tocarla…

Mientras conducía, le era inevitable al menos el no poder mirarla. Las piernas de ella permanecían tensas y con sus brazos se rodeaba a sí misma, teniendo el rostro fijo a la ventanilla.

─Tranquila ya, que no voy a matarte.

Aquellas palabras le hicieron soltar un suspiro de sorpresa y giró el rostro con detenimiento para intentar observarlo.

El rostro de él permanecía serio, y mientras cambiaba las velocidades con auténtica maestría comenzó a sentirse segura. Pronto, los ojos que parecían contener una furia creciente estaban permaneciendo solamente fijos en el camino y se percató que el aroma de él estaba presente en el automóvil, inundándola.

Aquello era tan extraño, ella no lo había percatado en otra persona que no fuera Izuku, su esposo.

El aroma no le desagradó en absoluto, sólo sintió curiosidad por percibir otra esencia varonil que difiriera de uno tan familiar para ella y quizás el único que conocía. Se sintió avergonzada por fijarse en esos detalles tan fuera de lugar.

─Siento que he entorpecido sus planes –prosiguió ella ─Probablemente debe estar su novia esperándolo.

Una carcajada de burla salió de los labios de Katsuki, que permanecían tensos.

─No me gustan las bromas. Lo dejaré claro. Yo no le pertenezco a una mujer –aclaró volteando a observarla ─No todos tenemos esas ideas estúpidas de formar un matrimonio.

Uraraka se sintió intimidada, ahora de verdad solo deseaba bajar de ese auto y correr a abrazar a su esposo.

La mirada de Bakugou volvió a encenderse y brillaba con mayor fuerza en la penumbra de esa noche que ya estaba enfriando Yuuei. Se estacionó entonces en un pequeño pero elegante local.

─Necesito un café –dijo antes de que la castaña soltara alguna frase.

Si él no bebía algo terminaría por perder el control sobre aquella situación. El aroma dulce de ella ya estaba penetrándole en el cuerpo. Desabrochó el cinturón de seguridad y salió del deportivo, pero antes de cerrar la puerta le indicó que ni se le ocurriera salir de ahí, le lanzó una última mirada y desapareció por unos minutos, tiempo suficiente para que Uraraka se reconfortara.

Bakugou apareció con dos vasitos en una bandeja, abrió de nuevo el auto y cuando se sentó le ofreció uno en las manos.

─Hará frio, bebe esto en lo que llegas a casa.

Para sorpresa de la castaña, Katsuki Bakugou estaba ofreciéndole protección, llevarla a casa y un café; no era tan inhumano como se le había figurado y le sonrió mientras que con ambas manos tomó el vaso que le ofrecía teniendo contacto con las manos de él.

Y en aquel tacto Katsuki notó que traía puesto un puto anillo en su mano izquierda, uno que seguramente le había colocado Midoriya.

Se tragó la molestia porque sabía exactamente como cobrarse aquel mal gusto que había pasado.

─Con ese vestido que llevas, seguro que vas a helarte –una gran sonrisa volvía a enmarcar su rostro.

Uraraka enrojeció ante el comentario, entendía a la perfección la indirecta e intentó, con torpeza, tratar de cubrir parte de su piel que estaba expuesta a gusto del rubio.

Para Katsuki aquello ya había representado un gran triunfo y diversión, no entendía por qué se sentía tan bien y excitante la compañía de esa mujer castaña.

─Ura-raka…

Ella volvió a sobresaltarse al escuchar su apellido de soltera salir de los labios de ese hombre.

─¿Sí? –atendió ella aún con rubor en sus mejillas.

Esperaba a que él no le respondiera, como acostumbraba perder el interés.

─No esperes que siempre sea tan amable –soltó poniendo en marcha el automóvil.

Ochako solo asintió débilmente, creía que estaba pasando un ligero momento agradable con él, o por lo menos esa era la idea que quería hacerse, pero pronto se dio cuenta que aquello bien podría desvanecerse.

En el transcurso de camino a casa, los negocios nocturnos iluminaban los senderos, las luces neón estaban con mayor presencia y el instinto de Katsuki sólo quería meter el auto en un estacionamiento de algún motel para terminar arrojando a esa mujer, que estaba volviéndolo loco, en la cama y hacerla suya.

De nuevo aceleró intentando evitar esas malditas fantasías que solo lo acosaban sin descanso cuando tenía momentos libres.

Después de sietes minutos más que esa mujer estuvo torturándolo dentro del auto con solo su presencia, llegó finalmente a la puerta principal del departamento, se estacionó en la entrada y salió para dar la vuelta a abrirle la puerta del vehículo a ella.

Podría ser una mierda de persona, pero no dejaba de lado algunos gestos de caballerosidad que lo distinguían.

La ayudó a salir del auto ofreciéndole una mano para sostenerla y ahí tenía de nuevo un suave y delicioso contacto físico con ella.

Satisfecho decidió retirarse después de terminar de ayudarla posando su mano derecha en la delgada cintura que sostenía anteriormente la puerta y el calor de ese pequeño cuerpo le atravesaba la tela del vestido que apetecía por arrancar.

¡Mierda! Como ansiaba llevársela a la cama.

Katsuki se despidió con unas palabras simples y subió de nuevo a su deportivo para ahora tal vez tratar de ir a casa.

Ochako abrió la puerta de su hogar y cuando cerró se recargó sobre está con una mano en el pecho, sentía tanto alivio de poder estar en casa, fuera de la presencia de ese hombre que le intimidaba hasta la profundidad de su ser.

Ya con el aliento recuperado caminó hasta su habitación, donde se lanzó a la cama aún con el vestido que llevaba y abrazó la almohada de Izuku. ¿Qué era todo aquello que acababa de vivir?

No lo entendía, sólo deseaba que Izuku llegara pronto para poder tenerlo cerca; y así, entre los pensamientos revueltos y un gran cansancio, el sueño fue poco a poco sumergiéndola y la llevó a encontrar reposo con una sonrisa y el aroma a ese café que el rubio le había ofrecido.


(N/A): Sólo diré que… esto va a doler, y bastante.

Siento la ausencia, pero estoy muy saturada con las tareas del semestre, ahorita ando de vacaciones y quise darme una escapada para actualizar.

Ya estoy escribiendo el capítulo 3. Espero que los errores que tiene este capítulo me los perdonen, ya intenté corregir lo de los guiones :S aunque no estoy segura de hacerlo muy bien.

Pasen bonitas fechas :D y éste es mi pequeño obsequio.

Para el siguiente capítulo ya vendrá algo mucho, mucho más interesante, aquí quise comenzar con una interacción ligera (sin nada sexual) pero intensa a la vez (que les quedara marcado a ambos) y será más largo :3

Recuerden que esto es la introducción, así que nos vamos con calmita porque aún hay para rato.

¡Nos leemos pronto!