*nota*
¡Hola gente! hora de otro oneshot. y esta vez espero que no quieran tirarme tomates por la demora, o por lo triste del fic. lo hubiera subido antes, pero me quedó larguísimo y lo tuve que partir, así que este no va a ser un onshot, si no un 2 shot.
disclaimer: no sé si lo dije antes, así que lo digo ahora para todos los ca´pítulos que sigan.. los personajes no me pertenecen, si fuera así, las canciones en inglés sonarían más entendibles (?)
Inseparables.
Tú tenías 7 y yo 9 cuando te conocí, y aún entonces me mirabas con ese brillo en los ojos, tan parecido al de las estrellas.
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La pequeña de cabellos castaños caminaba junto a sus padres hacia la casa de ladrillos amarillos, Donde esta tierna historia comenzaría.
Los Sakine solo habían ido a visitar a unos viejos amigos, pero este día, en un futuro sería más importante de lo que cualquiera de ellos podría haber imaginado.
A penas tocaron el timbre de la casa, una mujer alta, de ojos rojos y cabello muy, muy blanco los invitó a pasar. La niña de 7 años miraba todo marabillada Sus padres
le habían dicho que sus amigos —los Sion— vivían en una casa muy grande, bonita y lujosa, pero la pequeña no imaginó que fuera algo tan espectacular. Aquel lugar era digno de una de esas películas de reyes y princesas.
Tan absorta se encontraba la niña observando todo, que ni si quiera notó que le hablaban.
—Sakine Meiko!— la regañó su padre después de que la señora Sion desapareciera por uno de los muchos corredores. —es de mala educación que no le respondieras el saludo a Haku San, y también que estés escudriñando todo con la mirada.— cuando la niña estaba a punto de preguntar el significado de "escudriñar," la señora Sion volvió seguida de un hombre de cabello azulado, quien debía ser el señor Sion, y un niño pequeño, también de cabello azúl, y hojos de un azúl más oscuro, que usaba una bufanda en pleno verano, y tenía la cara llena de pintitas de helado.
Sus padres le presentaron a los adultos como Haku y Akaito sion, y siguieron en su aburrida charla de adultos.
Meiko no era alguien que supiera iniciar conversación,—tampoco es que fuera antisocial—, solo que era demasiado curiosa y solía mirar y escuchar más que hablar.
De cualquier forma, el niño le parecía agradable, así que le sonrió y se presentó.
—hola, me llamo Meiko, dijo simplemente e intentando no reírse de que el chico siguiera teniendo la mitad de la cara pintada de helado.
—mucho gusto Meiko chan, yo soy Kaito— respondió él con entuciasmo.
Ella se quedó callada, no sabía que más decirle y no podía dejar de observarlo, algo en él llamaba su atención.
—oye, ¿por qué usas una bufanda en verano, , Kaito— preguntó esperando sacar un tema de conversación.
—es que.. ¡esta bufanda es mágica! Quiero decir, ¡que tiene poderes mágicos!— dijo él sin rodeos.
Meiko no pudo contener más sus ganas de reír, ella era muy madura para su edad, y creer en cosas mágicas y cuentos de hadas no era lo suyo.
—¡es imposible que esa bufanda tenga poderes!— replicó ella por fin, y se enfrascaron en una discusión sobre eso hasta que Akaito —el padre de Kaito— los mandó a jugar afuera.
Los cuatro adultos se quedaron viendo a sus hijos correr enérgicamente y no pudieron evitar sonreír —parece que se llevan bien— comentó Haku satisfecha
—sí, eso parece, y creo que le hará muy bien a Meiko tener un amigo de su edad, a veces le cuesta integrarse con otros niños. Le hará bien tener a alguien que le enseñe a ser más sociable.— analisó Meito.
—y quien sabe, tal vez cuando crezcan terminen enamorándose— concluyó Akaito bromeando mientras el señor Sakine se partía de risa y las dos mujeres rodaban los ojos como diciendo "imposible"
Mientras tanto en el patio los niños jugaban en la casa del árbol de Kaito.
—Bien, yo seré Mario y tú la princesa Peach, la casa del árbol puede ser una torre..— instruía Kaito mientras Meiko lo miraba confundida.
—y, que hace esa tal princesa Peach? Nunca he jugado algo parecido a esto.—
Kaito abrió los ojos como platos. —¿Qué? ¿Cómo que nunca has jugado a ser una princesa en peligro?.. se supone que tienes que dejar que te rescate! Es muy fácil! Y
no es eso a lo que les gusta jugar a las niñas?— preguntó confundido
—es que, me aburre estar aquí sin hacer nada! si eso es lo único que tengo que hacer, no juego!— dijo encaprichada la castaña.
—está bien, entonces tú serás el dragón y yo tendré que luchar contra ti.
Meiko sonrió satisfecha y así volvieron a su juego. Hasta que a Kaito se le escapó la
rama que usaba como espada, golpeando por accidente a Meiko en una rodilla y dejándole un raspón.
La niña sse levantó enfurruñada, con la cara más roja que un tomate, dispuesta a gritarle, o a salir corriendo.
Kaito al ver su rostro, se apresuró a disculparse, pero no había caso, lo único que salió de los labios de la pequeña fue un sonoro:
—¡dejame en paz, eres un, un, un bakaito!— gritó indignada a punto de correr de vuelta a la casa.
—ba, kaito? Y que es un bakaito?.. Oye! Ya te dije que fue un accidente! No me insultes, Mei, Mei, mei algún sobrenombre que ya se me ocurrirá!— reclamó él
mientras veía a Meiko bajarse del árbol y sentarse en el suelo mirando hacia otro lado.
Kaito entró a la casa, resignado, no le gustaba que lo ignoraran! Así que decidió hacer algo para animar a la niña.
Meiko seguía enfadada cuando él volvió con un cono de helado que le ofreció mientras con su bufanda le limpiaba el raspón que se había hecho en la rodilla.
—Mei chan, me disculpas? Ya te dije que no lo hice apropósito, pero si disculparme ayuda a que no me ignores.. ten.
La niña lo miró sorprendida, lo poco que había aprendido de Kaito en las dos horas que llevaban de conocerse, era que él amaba el helado y a su bufanda.
—gracias— murmuró sonrrojada, —pero ahora tu bufanda está sucia, y te quedaste
sin helado, y son tus dos cosas favoritas en todo el mundo.— dijo ella sacudiendo sus manos como hacía siempre que se ponía nerviosa.
—no es cierto, tengo más helado, y mamá labará la bufanda, a de más, tú eres mi amiga favorita en todo el mundo, Mei chan—
La niña sintió como su cara se ponía roja otra vez, y sin saber como responder a un gesto tan tierno, dijo: —No hay dudas de que bakaito es el nombre perfecto para ti.—
la verdad es que le daba algo de culpa quitarle el helado a su amigo, así que hizo lo primero que se le vino a la cabeza. Salió corriendo y desde la distancia gritó: ¡te reto!,
si me alcanzas y me das un beso, te devuelvo tu helado— fue el turno de Kaito para sonrojarse, pero aún así se acercó a ella e intentó darle un beso en la megilla. intentó.
Ganándose un golpe en la cabeza y el tercer —¡bakaito!— del día, —solo estaba bromeando! Baka!— dijo ella y salió corriendo. Otra vez.
Tenía 16 cuando me di cuenta que, había dejado de ser esa niña a la que solías proteger.. pero tus ojos aún brillaban cada vez que me mirabas.
Era la fiesta de cumpleaños de Meiko, y como era de esperarse toda su clase estaba allí. En los últimos 9 años, Kaito y Meiko habían sido inseparables, desde el día que se conocieron se volvieron los mejores amigos, siempre juntos, y siempre estando ahí cuando se necesitaban.
Kaito increíblemente, se había convertido en el chico por el que todas suspiraban, aunque no le importaba mucho, y Meiko no era exactamente popular, pero tenía unos cuantos amigos, y lo más importante para ella, tenía a Kaito que soportaba su mal carácter.
Ese día Meiko estaba segura de que todo cambiaría entre ellos, ya que Neru, una de sus amigas, se había pasado persiguiendo a Kaito desde hacía semanas, y a él no parecía molestarle tanto como generalmente lo hacía.
La idea de ver a su mejor amigo salir con alguien, le resultaba incómoda aunque claro, sabía que en algún momento tenía que pasar, después de todo él era torpe, y no era precisamente guapo, pero tampoco era feo, y su bondad compenzaba a su torpesa.
Meiko se encontraba bailando con sus amigas cuando vio a Kaito que caminaba hacia ella.
Él se acercó gritando —¡felíz cumpleaños! Mei chan!— y despeinándole el cabello. Las amigas de Meiko le hicieron espacio para que pasara y él pudiera invitarla a bailar.
Mientras bailaban Kaito se sentía muy nervioso, tanto que le dio unos cuantos pizotones, a lo que Meiko comentó
—Bakaito, que pasa contigo hoy, estás más torpe de lo normal, y eso es decir mucho.
—es que, hay algo que quiero decirte desde hace un tiempo, pero no sé como.. no quiero que me termines golpeando.—
—no seas tonto, sabes que mis golpes van con cariño!— rió divertida ella.
—bien, yo quería,— en ese momento un tornado de pelo rubio pasó por donde estaban, arrastrando a Kaito con él.
Meiko se quedó de piedra en su lugar, vio como Neru se alejaba con Kaito, y por alguna razón se sintió mal.
Pensó que seguramente ella se le declararía, él le diría que sí, y todo comenzaría a cambiar entre ellos dos.
Perdería a Kaito,
A su Kaito.
En ese momento se dio cuenta de todo.
Él no solo era su mejor amigo, si no que también era su primer amor. desde aquel día, a sus tiernos 7 años, el chico se había convertido en alguien especial para ella, sin siquiera pretenderlo. sin que ella lo notara, y sin hacer más esfuerzo que el ser el mismo.
que el de ser la única persona capáz de sacarle una sonrisa cuando estaba de mal humor, la única persona que siempre había estado ahí para ella,
fin?
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*nota*
bueno, la verdad que se me había ocurrido la maldad de eliminar la otra parte del capítulo, y dejar el fic hasta acá, pero me di cuenta de que con esa introducción kilométrica y aburrida.. no podía borrar la parte que más me gustó escribir, así que..
Esta historia continuará!
