FIC CREADO PARA LA NOBLE Y ANCESTRAL CASA DE LOS BLACK EN SU RETO LONG STORY
NADA ES MIO, TODO PERTENECE A LA GRAN JOTAKA, PERO ELLA ME PRESTA A DRACO PARA JUGAR DE VEZ EN CUANDO...
-Excelente, niña, excelente. - murmuró él cuando entró en el hall principal del ministerio, que ahora estaba en ruinas por mi mano. Mi sorpresa fue mayúscula cuando él me puso una mano en el hombro y me lo apretó con suavidad. Yo solo agaché la cabeza y me situé detrás suyo para flanquearlo y caminar a su lado por la destrucción. Él no dijo nada más. A mi lado, Malfoy miraba todo con una ceja alzada y posaba de vez en cuando su mirada en mí.
Sí, el ministerio de magia completo estaba totalmente destruido, porque esa noche pasé por todos los lugares por los que tuviera que pasar para asegurarme que no quedara una sola oficina en pie. Y sí, había guardias por todos lados, pero tuve que sacarlos de mi camino con las maldiciones más hirientes que me conocía, sin atreverme a matarlos, sin embargo estaba segura de que por lo menos alguno murió desangrado por un Sectusempra o por un Repelio Mortem salido de mi varita.
Después de que él inspeccionara mi trabajo y frente a mis narices matara a los pocos guardias que habían quedado vivos, me preguntó dónde estaba el ministro. Luego supe que en sus inicios, Pius Ticknesse llegó al poder gracias a la ayuda de Voldemort, y que él así como daba su ayuda, la quitaba sin remordimientos, sin embargo en ese momento no lo sabía, por lo que se me hizo exactamente igual conducir a mi nuevo "jefe", por llamarlo de alguna forma, a la oficina del ministro. Recordaba haberlo dejado allí la noche anterior, porque sí, ataqué de noche el ministerio de magia ya que Él me había indicado que no quería que haya pánico entre los trabajadores, que solo quería al ministro por el momento. El hecho es que el ministro estaba en su silla, amordazado por cuerdas que mí varita había conjurado, al parecer ya estaba despierto, después de que yo lo dejara inconsciente a golpes.
-Pius, amigo mio, cuanto tiempo sin verte. –dijo Él con un tono de falsa amabilidad que se percibía a leguas. –Me he enterado de que has querido unirte a los pocos aurores que quedan.
-Mi señor, yo nunca le traicionaría, pero a comunidad mágica necesita creer que su ministerio tiene las cosas bajo control. –respondió el ministro aún preso de las cuerdas.
-Excusas, Pius, o estas conmigo en todo, o estas en mi contra. –ahora la voz del Lord era un siseo peligroso. Supe que estaba jugando con su presa antes de darle el golpe de gracia. En un momento asintió hacia Malfoy y este se acercó al ministro y le arrancó algunos cabellos de la coronilla, supuse que usarían en algún momento una poción multijugos o peor, pero no me esperé que ante mis ojos Yaxley –que había estado con nosotros todo el tiempo pero no me percaté de su presencia hasta ese instante –bebiera de una petaca y poco a poco comenzara a tomar la forma del ministro de magia. –Pero ya tengo el perfecto remplazo para ti, te presento a Pius Ticknese, el único superviviente de la masacre en el ministerio, efectuado por mi nueva cazadora, Jean Granger.
En el segundo que tarde en procesar la idea, el ministro clavó la mirada en mí, una mirada cargada de reproche que me hizo sentir pésimo, pero no duró mucho antes de que Yaxley convertido en Ticknesse apuntara con su varita al hombre y sin el mínimo remordimiento, pronunciara la maldición y el asustado Pius dejara de moverse con nerviosismo.
No me di cuenta en ese momento, pero en el salón solo estábamos Yaxley, Malfoy, Bellatrix, Él y yo. Los tres primeros fueron desde que tenía conocimiento sobre el tema y desde que Voldemort tomó el poder, su círculo privado, sus más leales mortífagos. Y ahora yo también estaba allí, como dije antes no como su mortífaga, pero sí como alguien de su confianza. Supuse que me lo había ganado después de mi primer ataque, y luego supe que mis suposiciones eran correctas.
Desde ese momento, se puede decir que las cosas mejoraron. No entendí por qué Él tomó una especial deferencia conmigo, pero se ordenó a todos los mortífagos que yo era intocable. Nadie podía hacerme daño ni atacarme si no era por orden directa del Lord, y que yo solo respondería a sus órdenes, porque yo era directamente de su confianza. Me cambiaron de habitación a otra mucho más lujosa en la mansión, y para mi sorpresa, él comenzó a remunerarme por lo que hacía.
Con los meses, mis trabajos fueron siendo cada vez menos frecuentes, pero nunca faltaba algún trabajo pequeño como ir a traerle a fulano o llevarle un pequeño mensaje a mengano. Ese era mi trabajo, esos que siempre requerían de brutalidad y negociación hostil. Y no tenía problemas en hacerlo.
Permítaseme aclarar un punto: hasta el momento en el que llevamos de mi narración, habían transcurrido casi seis meses desde que entré en el servicio de Voldemort, y en todo ese tiempo, las cosas que veía, hicieron mella en mí. Los tres primeros meses de mi entrenamiento empezó mi proceso de endurecimiento, a tal punto que luego de soportar los golpes, las imperdonables y las humillaciones diarias, a nivel físico habían pocas cosas que me sorprendieran, pero mi personalidad no sufrió cambios visibles, sin embargo, los tres meses que le siguieron a esos, después de presenciar la muerte, después de ser yo misma un instrumento que llevaba caos y destrucción a todo aquello que el Lord señalaba, fui cambiando sin darme cuenta. Cambié mi inocencia por indolencia, cambie mi respeto a la ley por irreverencia con todos, cambie mi vena justiciera por absoluta frialdad. Acepté que este era el camino que me tocaba seguir ahora, que había perdido y que de hecho eso de rendirse no estaba tan mal, aunque mi consciencia me molestaba las veinticuatro horas del día, no me costó acallarla de a pocos y aceptar mi realidad. Ya no había una causa por la cual luchar porque la causa estaba perdida, ya no quedaban ideales de un mundo de respeto y tolerancia porque todos habían caído con Harry, ya nadie se atrevía a levantar la cara buscando la luz del sol después de la tormenta, porque nuestro sol se había ido. Así eran las cosas y así serian siempre.
Unos meses después, llegaron las tarjetas de invitación a la gran boda del año –que probablemente sería la única porque no muchos se atrevían a casarse. – Para mi sorpresa, también yo fui invitada muy cordialmente, a la celebración del matrimonio de Astoria Greengrass y Draco Malfoy. Está por demás decir que cuando leí la invitación, me entró la risa floja hasta que terminé carcajeándome como neurótica en el piso, pero mi reacción fue lógica, de hecho me reí por no sentir lástima por la pobre desafortunada que contraería nupcias con la persona más arrogante, cínica y por qué no, estúpida que conocí jamás.
A estas alturas de mi vida, muy pocas cosas podían sorprenderme, pero saber que una mujer como Narcissa Malfoy era capaz de planificar una boda en un par de semanas me dejó estupefacta. Claro, la ceremonia fue hermosa y la recepción muy pomposa, pero no hubo mucha concurrencia, de hecho solo vi a los mortífagos y uno que otro encargado del ministerio, nadie más. Para ese momento, me permití cambiar mis ropas negras ya habituales por un vestido largo, de color uva y poco vuelo. Increíblemente, el Lord también asistió al compromiso, y de hecho se permitió intercambiar unas palabras con quienes compartían la mesa de honor. Hubo quien me invitó a bailar, muy pocos pero no inexistentes, y acepté a todos hasta que me vi envuelta en una complicada coreografía de la que estaba saliendo airosa por pura suerte. Y si, después de casi dar una vuelta al salón –que era de proporciones épicas – yendo de mano en mano, me tocó bailar con el novio.
-Así que viniste, Granger. –me dijo en medio del baile. Yo levanté una ceja de manera burlona antes de contestarle.
-No, soy una ilusión óptica. –inmediatamente su gesto arrogante se vio tornado en uno de molestia. –Fuiste tú quien me invitó, ¿recuerdas?
-Mi madre envió las invitaciones, Granger. –respondió él haciéndose el indolente. En ese momento él me tomó de la cintura y me alzó para hacerme girar y así continuar con el baile, pero justo ahí, por una de las ventanas abiertas de la Mansión Malfoy entró un haz luminoso que viajó por todo el salón ante la atónita mirada de los presentes, para luego tomar forma y situarse en medio del salón, a pocos pasos de donde me encontraba aún de la mano de Malfoy.
Era un león plateado, que batía su larga y frondosa melena y se exhibía majestuosamente. Los murmullos de admiración crecieron al contemplar a la magnífica criatura semitransparente. Un patronus.
-La resistencia aún no se ha rendido. Nos has diezmado, Lord Voldemort, pero no podrás proclamarte el nuevo señor de nuestra sociedad mágica hasta acabar con cada uno de nosotros. Y ahora somos muchos más. –el león habló con una voz que se me hacía vagamente familiar, pero no podía decir con seguridad a quien le pertenecía. –El ejército de Dumbledore sigue en pie.
Y yo me tuve que sujetar muy fuertemente a Malfoy para evitar caerme por la sorpresa. Varias cosas pasaron en el segundo que tardó el león en desaparecer. La primera, el Lord se puso de pie y observó fijamente el lugar donde antes había estado el león, la segunda, muchos de los invitados se convirtieron en formas etéreas de humo negro y salieron por todo hueco que había en el salón con el objetivo de atrapar a quien había conjurado el patronus ya que no podía estar lejos, la tercera, un estremecimiento me recorrió de los pies a la cabeza.
Todos los que nos quedamos en nuestros lugares, miramos al Lord, esperando indicaciones. Él no habló hasta minutos después y yo me tomé esos minutos para analizar lo que acababa de suceder. El patronus de león, que nunca en mi vida había visto, había dicho que el ED seguía en pie. Y eso significaba directamente que mis amigos aún podían estar vivos, aunque yo me había resignado a no volverlos a ver nunca, vivos o muertos.
-Retírense, quiero hablar con mis generales. –la primera en enfilar hacia la puerta fue la novia, seguida de los mortífagos más leales a Voldemort que vivían en la mansión. En la sala solamente quedamos Yaxley con la apariencia de Ticknesse , Bellatrix, Malfoy, el Lord y yo. Ese era el código, cuando él ordenaba ver a sus generales, era también una invitación para mi. Había sacado una teoría al respecto, que iba de que él procuraba que yo supiera cosas de más para así tener más con lo que poder traicionarlo y menos motivos para hacerlo, aunque la realidad era que solo Harry me haría traicionar a Voldemort en esos momentos.
-Mi señor, ¿No creerá que lo que ha dicho el patronus pueda ser real? –comenzó Bellatrix mirando fanáticamente a Voldemort.
-No, querida Bella, pero no voy a poner en riesgo mi poder. Los que se hacen llamar el ejército de Dumbledore no tienen mayor edad que mi joven Jean, pero son los únicos que se han atrevido y han logrado estar a punto de derrotarme, su error fue confiar en el poder de Harry Potter, pero si continúan en pie después de que he acabado con casi todos mis opositores, es porque van a dar pelea. –dijo él mirándonos a todos –Y eso es algo que no voy a consentir.
-Mi señor, ¿entonces cuáles son sus órdenes? – preguntó Yaxley.
-Paciencia, mi amigo. –le contestó esbozando una mueca sonrisa. Una mal presentimiento se apoderó de mi cuando el clavo su mirada en la mía y su sonrisa pasó a ser sádica. No necesité oír lo que él iba a decir para saber qué era lo que quería de mí, sin embargo no quise aceptarlo hasta que él lo expresó con palabras frías e indolentes. –Jean, mi joven sirviente, este será un trabajo para tus prodigiosas habilidades.
-Lo escucho mi señor. –expresé pese a que por primera vez en seis meses me sentía horrorizada por lo que iba a hacer.
-Quiero saber de quién es ese patronus, quiero saber quienes están en las filas del ejercito de Dumbledore, quiero saber quien los está liderando….quiero saber todo sobre mis nuevos enemigos, querida. –fruncí el ceño porque era la primera vez que me habían encargado un trabajo en el que no tuviera que asesinar, golpear o advertir a alguien.
-¿Qué quiere que haga con ellos? –pregunté reparando vagamente en la sonrisa sardónica de Malfoy a mi lado. Unas virulentas ganas de golpearlo comenzaron a fluir por mis venas, ganas que ignoré por instinto de conservación.
-Nada, pequeña, no quiero que piensen que me he interesado en ellos y su intento de resistencia que esta destinada al fracaso.
Estuve de acuerdo con él. Una vez desaparecido mi asombro inicial, lo siguiente que sentí fue cólera. ¿Por qué demonios estaban poniéndole trabas al lord cuando podían desaparecer y ser solo el recuerdo de los guerreros de Hogwarts? ¿Por qué tenían que seguir siendo tan nobles? No lo entendí en ese momento, pero lo que provocaba mi cólera era que esa aparición del patronus me hacía sentir como una vulgar traidora, y aunque lo fuese no me gustaba que me lo recriminaran. Como fuese, sabía que el ED no tenía una sola esperanza, y menos si al Lord se le ocurría mandarme a dispensar muerte. Y no es por vanagloriarme, claro que no, pero sé que si la situación se pusiera así de escabrosa, yo no dudaría en matar aunque estaba dispuesta a morir.
-Como usted ordene, mi señor. –asentí y me dispuse a salir del lugar. Necesitaba respirar aire frio y aclararme, pero la voz de Voldemort hablándome me detuvo.
-Por cierto, Jean, quiero devolverte tus objetos personales. –mis ojos se abrieron desmesuradamente y una sola idea me invadió. La capa. –Te esperan en tu recámara.
Disculpas por no actualizar pero los estudios y todo me tienen dramáticamente atareada. Agradecimientos a esas siete maravillosas personas que me dejaron comentarios en el otro capítulo.
Un beso de Luna
