El idioma del amor
Disclaimer: Shaman King no me pertenece.
Capítulo dos: Intriga.
Las visitas en el café fueron varias, en un inicio la excusa fue aprender francés. Él sería un magnate del mundo comercial y debía ser tan instruido como pudiera. De haberlo querido podría haber contratado a uno o varios profesores de renombre. Pero no, él estaba allí con una muchacha cuatro años menor que él quien le observaba con infinita paciencia. La parte más difícil del francés, le había comentado ella, es la forma de pronunciarlo correctamente. Lo era al menos para él.
El español sólo usaba sonidos producidos en la boca, sin necesidad de vocalizaciones o el uso de la garganta. El japonés igual. El portugués era algo distinto, pero no variaba demasiado del español. El mandarín era su idioma natal, y aprender inglés fue para él pan comido. Por lo tanto el francés no suponía un mayor reto.
Salvo por Jeanne.
¿No había pasado ya, a sus dieciocho años, la etapa en la que las mujeres lo distraían con facilidad? Él habría afirmado que sí, sin dudarlo, de no ser porque estaba intrigado con la muchacha. Había reacomodado toda su agenda para ese viaje por las mañanas de tutela. Además de eso, había informado que se quedaría en París hasta finales de diciembre. Sus padres no se habían opuesto ni preguntaron motivos, como siempre.
¿Por qué su cabello era tan plateado? ¿Ella arreglaba su cabello cada día o era naturalmente ondulado, de modo tan perfecto? ¿Usaría maquillaje o la adolescencia no había afectado su piel? ¿Sería su voz tan suave capaz de alcanzar notas altas al cantar?
—¿Joven Tao? — Ella lo llamó, por tercera vez.
Ren subió su mirada hasta la de ella y la vio temblar por primera vez, realmente hacía frío. Pero ella no había temblado por el frío o por alguna clase de temor. La francesa había tiritado cuando él la observó tan penetrantemente, como si pudiera leer cada pensamiento suyo, ver cada error y sentir cada emoción suya como propia. Abrió la boca para reiterar su pregunta cuando él negó con la cabeza.
Era una pérdida de tiempo aprender un idioma cuando no podía dejar de observar a su pequeña profesora. Jeanne no comprendió el gesto, aunque con los días había aprendido a interpretarle. Ren pidió la cuenta y pagó, ese era el acuerdo. Él pagaba la comida y ella, a cambio, le enseñaba. A Ren no le había parecido del todo justo para ella, pero nada pudo hacer contra la obstinación de Jeanne.
"No aceptaré otro pago, no lo considero un trabajo sino un tiempo agradable con un viejo conocido. Un amigo."
—Vamos a caminar. — Él ordenó y ella alzó una ceja. — Por favor.
Ren por su parte había entendido que para ella lo primordial eran los modales. Si lo pedía amablemente y era prudente, ella accedería.
—No hemos concluido la clase, usted aún no maneja el pretérito simple. — Le advirtió, y era casi gracioso ver a alguien tan suave siendo estricta.
—Lo aprendí— Respondió en francés y se levantó de su sitio. — Ahora, vámonos. No hay mejor forma de practicar un idioma que hablándolo.
—Muy acertado, joven Tao.
París podía ser una ciudad preciosa con su invierno era frío y tormentoso casi de modo poético. El tiempo era cambiante aunque las nubes grises eran una manta constante sobre el cielo. Ese día en particular era ventoso como pocos pero el viento no impidió que conversaran sin prisa por las calles transitadas.
—¿Conoce usted los bazares franceses? — Ella preguntó.
—No salgo de las grandes avenidas, no tengo necesidad.
—¿Le gustaría conocerlos, ahora? Son muy vastos y agradables, en especial en esta época. — Agregó. — Además, debo ir por unos adornos. Si usted gusta acompañarme, podría aprender a negociar precios en francés.
No supo qué lo llevo a aceptar, si la sonrisa sincera de Jeanne, o el hecho de que no encontró una excusa para negarse a ir. No le agradaban las multitudes y estaba seguro de que el lugar estaría abarrotado de compradores de última hora. Ese día sería noche-buena. Se dejó guiar por la muchacha entre los peatones; ella le tomaba de la mano enredando sus delicados dedos entre los suyos sin demasiada ceremonia.
Si ella supiera que era la primera a quien dejaba que lo tironease de un lado a otro, que en lo que a él refería comúnmente sería un atrevimiento, estaba seguro que ella se reiría y le diría algo como "siempre hay una primera vez para todo, joven Tao." De alguna manera, le irritaba y agradaba que la muchacha lo llamara de ese modo. Respetuoso pero cercano.
—Es allá. — Indicó, mientras aceleraba el paso.
La gente se volteaba a verlos, estaba seguro que resultarían una escena graciosa. Una chica de poco más de un metro cincuenta, delgada y frágil, tirando de un muchacho de un metro setenta y cinco de un lado a otro. En especial porque eran básicamente una contraposición. Ella era pequeña, delicada, de cabello claro y ojos oscuros, amable y cálida, el era casi su antípoda. Alto, gélido, de cabello oscuro y ojos claros, introvertido, lejano y austero. Además, ella era europea a todas luces y él claramente chino. Por supuesto que llamaban la atención.
—¿Joven Tao? — Jeanne estaba sorprendida de lo distraído que él lucía.
Desde su modo de ver Ren era siempre curioso y estaba al tanto de lo que sucedía a su alrededor, vigilante como pocos. Pero los últimos días parecía disperso. Ella lo había dejado atrás para ir a comprar los pocos adornos que quería agregar al árbol que había decorado en su casa. Aquella que habitaba ella hacía pocos meses.
Caminó hacia él cuando se dio cuenta que sus llamados no eran capaces de captar su atención. Tomó un collar navideño de colores brillantes, que normalmente rodeaban al árbol como las luces, y lo envolvió en su cuello poniéndose de puntillas. Se rió.
—¿Qué mantiene su mente ocupada de modo que no logra oírme aunque esté a su lado?
Él quitó el collar que ella había formado de su cuello y lo enredó en el de ella, tratando de no llamar la atención más de la cuenta. Jeanne esperaba una respuesta.
— Tú— Respondió con total honestidad— Deberías devolver el collar o pagarlo, el encargado no nos saca los ojos de encima.
Ella devolvió el collar al instante, pero no dejó que el tema se escapara.
—¿Por qué sería yo la causante de tu ensimismamiento?
Ren Tao suspiró. La chica era inocente de más o lo estaba exasperando a propósito. Pero luego se planteó que, en realidad, no conocía el verdadero motivo de su distracción continua.
— No lo sé, a decir verdad. Me intrigas.
Entonces Jeanne se rió sin poder evitarlo. Trató de calmar sus risas ocultando su boca detrás de la manga de su vestido pero fue completamente inútil. Ella negó con la cabeza, sonriente, una vez que pudo contenerse.
— Joven Ren, entonces debo decir que es mutuo— Él no pasó por alto el hecho de que lo llamó por su nombre. — ¿Se comprometería usted a responder mis preguntas, y saciar su curiosidad, a cambio de que yo haga lo mismo con usted?
Él asintió y apreció el breve pero marcado color que tomaba su cabello bajó la luz del sol invernal. Ella resplandecía.
Muchas gracias por sus comentarios, en especial porque al ser mi primera historia de este Manga estaba un poco nerviosa. Estoy satisfecha por haber interpretado bien a los personajes según su punto de vista, espero que siga siendo así. Subiré un capítulo todos los días, o lo que queda para terminarlo; es decir mañana y pasado-mañana.
¡Ojalá les guste!
Comparto su idea de que amaría ver más historias de esta pareja. ¡Saludos!
