HOOOOOLA! SomBrereRa Loca reportándose!… tarde, tardísimo u.u me siento tan avergonzada, pero me disculpo con todos. Por favor disfrútenlo.

By your side

And that's how I met you, how I knew you and how I love you

Y así es como te encontré, como te conocí y como te amo

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La primera vez que la vio, fue cuando tenía 8 años.

Recordaba perfectamente cómo su padre le había llevado a dar un paseo por el parque y cuando éste se distrajo porque se había encontrado con un conocido, le había dado unos cuantos centavos para comprar helado y pasear por ahí. No tuvo más opción que distraerse hasta que su padre se cansara de estar con aquel señor.

Paseando por el parque, se dio cuenta de que había muchos niños de su edad jugando a la pelota, algunos en el trompo y otros en las resbaladeras. Estaba tan distraído observando el ameno ambiente que no se dio cuenta de que alguien también pasaba por allí y se chocaron.

El pequeño pelinegro solo se tambaleó un poco por el impacto, pero la niña con la que se había chocado terminó en el piso.

Se quedó observando el curioso tono de cabellos de la niña más pequeña que él, eran muy azules encima de que tenía unas singulares marcas en las mejillas coloradas. Nunca se había topado con una persona tan extraña

— Mi helado…—aquella voz lo sacó del escrutinio que estaba sometiendo a la niña enfrente suyo— Mi dinero desperdiciado—la pequeña, una vez levantada, hizo un puchero mientras miraba al piso.

Fon, confundido ante sus palabras, siguió la mirada y vio un helado de fresa desparramado en la tierra y se dio cuenta de que cuando él se chocó con ella, se le debió haber caído— Lo siento.

— Me debes un helado—le reclamó con una voz resentida, podía sentir la mirada en su persona, pero no estaba seguro; ella estaba algo despeinada y su cabello (el cual sobrepasaba un poco los delgados hombros) cubría esa parte de su anatomía.

Debió habérsele quedado mirando mucho tiempo intentando encontrar los ojos de la pequeña porque ésta le llamó la atención— ¿No piensas pagar por lo que hiciste?

Ante esas palabras, recordó el dinero que le había dado su padre y, sin decir nada, fue al puesto del heladero a comprarle el helado que ella quería.

Después de unos minutos, cuando regresó, aquella pequeña ya no estaba, la buscó con la mirada y no la encontró.

Y ahora que lo pensaba, cuando le reclamó sobre el helado, la peliazul hizo unos pucheros muy graciosos.

La segunda vez que la vio, fue cuando tenía 10 años.

Ciertamente, estaban en una juguetería. Sus padres le habían dicho que por su buen desempeño en la escuela, se merecía un buen premio, por lo que lo llevaron a escoger el juguete que más le gustara.

Gustaba de muchos juegos (aunque ninguno le provocaba aquella ansiedad de que se lo compren), pero sentía un gran apego a los peluches de animales, no los compraba sino deleitaba su vista y curiosidad con verlos.

Al acercarse a unos monitos de peluche, se dio cuenta de que no era el único en aquella sección de juguetes y se sorprendió de volver a encontrarse a aquella extraña niña de hace un par de años del parque, todavía se acordaba porque era difícil de olvidar a una niña tan rara.

La peliazul, por instinto, dejó de mirar a las ranas de peluche y miró en su dirección, observándolo penetrantemente, podía sentirlo.

Después de varios segundos de permanecer así, la peliazul habló.

— Tú eres aquel niño que aún me debe un helado—llegó a aquella conclusión y dicho esto, se fue.

En ese momento había pensado que le iba a obligar a pagar la deuda, pero no lo hizo. Ante ese extraño escenario, el pelinegro se limitó a encogerse de hombros.

La tercera vez que la vio fue sorprendente e inesperado.

Tenía 16 años y la peliazul se presentó a mitad del ciclo escolar en su colegio como una nueva estudiante. Le tomó un par de minutos recuperarse del fuerte dejavú y recordar el singular rostro, los recuerdos estaban refundidos en algún rincón de su mente, pero lo logró.

Ella llevaba un gran abrigo gris, su cabello era corto, y cuando antes ella tuvo el cabello largo, despeinado y algunos gruesos mechones cubrían sus ojos, ahora ella lo llevaba medianamente peinado y un flequillo que caía perfectamente como una cortina por encima de la nariz. Su rostro se mantenía impertérrito y debido a que sus ojos eran cubiertos, lo primero que llamaba la atención eran sus labios y las marcas moradas en sus pálidas mejillas.

Cuando el profesor la hizo presentar enfrente de todo el curso, también notó el obvio cambio de voz, ahora era un poco grave pero femenino.

Viper, al fin sabía cómo se llamaba.

A partir de su llegada, obviamente el número de las veces que se encontraban acrecentaba.

Solo compartían una que otra clase en la semana, así que no sabía si acercarse a ella o dejarla pasar como a otro conocido.

Lo que más lo inquietaba en el fondo era si ella lo recordaba tan vívidamente como él lo hacía.

Se decidió por una de las opciones que más suele tomar: dejar que las cosas fluyan tal y como están. Si realmente ellos debían compartir algo más que cortos recuerdos de la infancia, entonces el encuentro iba a pasar tarde o temprano y si no era así, bueno pues…

Más allá de su inquietud, secretamente esperaba a que se crucen sus caminos y temprano de ser posible…

Otra de las veces que se la encontró (o más bien que los juntaron) fue cuando en la salida del colegio un profesor desesperado los llamó para hacer un par de favores.

Fon no tuvo problema en aceptar, pero todavía recordaba como Viper refunfuñaba cada cinco segundos mientras le cumplía el favor al docente.

Cuando terminaron, ambos recogieron sus mochilas y se dispusieron a salir.

Lástima que repentinamente empezó a llover por lo cual impidió el camino de los dos.

Fon notó como la peliazul soltaba un par de maldiciones y dudaba en salir a la calle con tremenda lluvia sin paraguas. Cuando al fin se decidió a salir, el pelinegro la llamó— Toma—le extendió el paraguas que su madre le había metido en la mochila esa mañana.

El labio de la peliazul tembló y se resistió a tomar el objeto, pero Fon era tan insistente que terminó aceptando.

Cuando el pelinegro salió a la lluvia descubierto y a paso rápido hacia su casa que tan solo quedaba a un par de cuadras, Viper se lo quedó mirando un momento y luego tomó su propio rumbo.

La verdad es que nunca supo por qué le había dado el paraguas, pudo haberse ido sin prestarle atención y dejarla sola…

Al día siguiente se sorprendió de encontrar a Viper dirigiéndose hacia él tendiéndole el paraguas diciendo cosas como: "No me gusta tener deudas sin saldar" y, una vez devuelto el paraguas, se alejó murmurando algo; pudo notar la intención de querer decírselo de frente pero al último momento se arrepintió.

Todavía me debes un helado.

Y se dio cuenta de que ella también lo recordaba como él lo hacía.

— ¿Quieres salir conmigo?

Recordó como Viper se tambaleó un poco ante la inesperada pregunta, pero rápidamente recuperó su compostura— ¿Qué?—preguntó con voz incrédula, sobretodo extrañada.

— ¿Quieres salir conmigo?—preguntó nuevamente, esta vez más tranquilo, alejando los nervios y tratando de contener los alocados latidos de su corazón. Ya no se podía echar para atrás.

Pareció dudar un poco— No— y caminó hacia su casillero.

— ¿Por qué no?

La peliazul se detuvo y se volteó a observarlo detenidamente— ¿Por qué ahora?

Fon se limitó a encogerse de hombros— Aún te debo un helado.

Viper se sorprendió un poco ante esa respuesta— Hmm

La cita fue un poco incómoda al principio, pero a lo largo se fueron sintiendo algo más cómodos con el otro aunque Viper aún seguía siendo algo difícil a su manera.

Logró sacarle unos exquisitos sonrojos a la peliazul pero ésta en seguida le decía un comentario cortante para que dejara de interesarse. Aun así él se fijaba en el rostro de ella.

Al final, él insistió en acompañarla a su casa, porque se había hecho algo tarde. No pasó nada importante cuando se despidieron, solo compartieron un largo cruce de miradas que lo decidió a invitarla más seguido.

Fon no le compró el helado que le debía.

Ya en la Universidad, las cosas fueron distintas.

Después de la graduación, ambos tomaron carreras totalmente diferentes y casi no se veían.

Las pocas veces que se encontraban, él hacía lo más que podía para que sea duradero y ella cada vez se dejaba convencer más por él. Tenían charlas cortas pero el silencio era cómodo y relajante, se sentían satisfechos con la presencia del otro.

Al principio, los que los conocían, decían que eran novios, por que salían juntos y Viper tenía cierto apego al pelinegro, mientras que a éste se le notaba el cariño que sentía hacia la peliazul.

Viper lo negaba a las personas que realmente valían la pena, pero con el tiempo ya ni decía absolutamente nada, no daba negativas pero tampoco lo aceptaba. Fon lo notó en seguida.

Cuando la besó por primera vez, fue en una cafetería.

Los labios de Viper se sentían suaves, húmedos y dulces, impregnados del sabor del pastelillo de fresa que se había comido anteriormente.

Cuando se separó de ella, Viper se notaba rígida y ruborizada, no sabiendo cómo reaccionar por el repentino tacto.

Fon se encontró igual de nervioso pero decidido— Te quiero demasiado—de alguna manera logró soltar esas palabras, se encontraba ansioso— y quiero que seas mi novia—debía decirle de frente lo que sentía, sino nunca llegarían a ninguna parte.

Se sintió aún más de nervioso y le empezaba a invadir la inseguridad cuando ella no decía absolutamente nada, ni siquiera le daba algún gesto.

La incertidumbre se hacía presente en él poco a poco.

No se esperó que en respuesta él obtuviera un beso de ella.

Y todas las dudas que pasaron por su mente segundos antes, se fueron por la borda.

Varios años después, seguían siendo novios: era idéntico, hacían casi las mismas cosas que antes, solo que ahora eran un poco más íntimos y las veces que se encontraban eran mucho más frecuentes.

Fon aprendió que Viper era celosa, aunque ella no lo admitiera, lo era y eso le gustaba, porque esa era otra manera que la peliazul le demostraba que le importa. Fon también era celoso, pero en menor escala y silencioso, no debería tener dudas por que él confiaba mucho en ella, por lo que alejaba las inseguridades de él y le demostraba a Viper que a él le importa.

Ambos se ganaron la confianza del otro.

También aprendió que la peliazul tenía pocas y extrañas maneras de querer que él tuvo que reconocer. El resto podía decir que Viper era fría, hasta calculadora, que solo se pasaba en su cuenta de banco y viendo alguna manera de ganar más dinero, pero Fon podía ver más que eso en ella, no era fría, solo distinta y un poco difícil de leer. Sí había mucha calidez dentro de ella.

Además, su relación no siempre fue miel sobre hojuelas, hubo algunos problemas, pero con cada uno de esos inconvenientes su relación se afianzó cada vez más.

Viper era insegura y él quería alejar las incertidumbres en ella, compartir buenas cosas con ella, saber más de ella, estar cerca de ella.

La amaba y quería seguir amándola por siempre si era posible.

Por siempre…

Un hombre de unos 26 años de edad con cabellos negros largos recogidos en una trenza, se encontraba en una cafetería, observando la pequeña caja que sus manos sostenían nervioso.

Estaba recordando todas aquellas cosas que lo llevaron a conocerla, aún de pequeños, cuando la peliazul le parecía muy peculiar. Cuando de adolescente nunca le compró el helado porque tenía la impresión de que si saldaba aquella deuda jamás podría volver a estar tan cerca de ella como lo había estado en ese entonces, consideraba aquella deuda del helado como una especie de conexión

Rió ante ese pensamiento.

Dejó aquella infantil idea del helado algún tiempo después, cuando pensó que era un poco ridículo y decidió a hacer las cosas por sí mismo como se debe, pedirle que sea su novia, pasar todo éste tiempo juntos y volver a la razón por la cual estaba en la cafetería del día en el cual le robó el beso.

La estaba esperando, nervioso y ansioso.

Realmente lo había estado pensando mucho.

Cuando escuchó la puerta del local abrirse, alzó la cabeza expectante: Viper ya había llegado y se dirigía hacia él.

Momentáneamente, su corazón dio fuertes y rápidos latidos, se calmó, cerró la cajita aterciopelada color azul y la guardó en su bolsillo.

— Hola—le saludó como siempre.

— Nh, hola—la atrajo hacia él para plantarle un casto beso en los labios, luego la soltó para que se siente en el puesto frente a él y comenzaron con una pausada plática…

Tenía que esperar el momento correcto.

Hoy sería el día en que le prometería que la amaría por siempre

Ante su ansiedad, metió la mano en su bolsillo sintiendo nuevamente la caja aterciopelada cuyo contenido era un anillo.

A diferencia de la primera vez en que le pidió una cita y la vez que le pidió ser su novia, en ésta ocasión sí sentía los nervios y ansiedad de antes, solo que no dudaba de la respuesta. No sabía si era demasiado pronto para proponerse, pero ya se había decidido.

Es más, pasó mucho tiempo buscando un anillo ideal para Viper; sencillo y nada ostentoso, de oro blanco y con una piedra preciosa azul en el medio, sobrio… un anillo que pueda describirla.

— Te pregunté algo…—la peliazul le llamó.

— Ah… lo siento ¿Me decías?

Viper le miró fijamente— Estás distraído—llegó a la conclusión.

— La verdad es que sí lo estoy—admitió de una vez, soltando una sonrisa para relajarse.

— ¿Mn?—Viper se sorprendió por la excesiva honestidad, retiró la cuchara de su boca masticando un trozo del pastelillo que ordenó. Le miró expectante.

— Yo te invité aquí por una razón en especial…—comenzó a sacar la cajita del bolsillo y no sabía si arrodillarse o no en el piso a un lado de ella como en muchas ocasiones había visto.

Ahora era el momento perfecto.

Y no iba a desaprovecharlo, después de pensarlo e inspeccionar su corazón por alguna razón que lo convenciera de lo contrario, ella era la indicada.

Si de niño le hubieran dicho que amaría tanto a aquella niña tan extraña del helado rosa, se hubiera sentido muy incómodo y no le creería.

Pero nada de eso ahora era importante. La tenía enfrente y se le estaba proponiendo.

— ¿Quisieras casarte conmigo?—brindó una de sus mejores sonrisas y Viper soltó la cuchara que sostenía su mano y su rostro se puso rojo como un semáforo. Al juzgar eso y por su boca algo abierta, estaba muy sorprendida…

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End?

Holitas! LO SIENTO! Soy una desalmada y una mala persona, no he actualizado en nada y me siento tan avergonzada por eso! Pero es que ha habido ciertas cositas que me tenía bloqueada y que ahora ya pude despejar mi mente. Estoy actualizando lo demás y eso, así que esperen un poquitito más! Ademaaaas… AL FIN mi computadora se puso… umm ¿En sintonía? Con FanFiction! Ya puedo actualizar! SIII!

Bueno, ustedes pónganle el fin que quieran. No me vi en la capacidad de hacerlo, pero para mí terminó feliz!

GRACIAS POR LEER! No soy la mejor escritora del mundo, pero por lo menos les dejo esto como compensación. Gracias.

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