¡HELLO!

Bueno, bueno, pues aquí está el segundo capítulo de este fic que... por un momento perdí la esperanza de recuperarlo, pero ahora creo que podre subirlo a flote. A ver que opinais...

Aviso que este capítulo ha quedado muuuuuuy cortito en comparación al que viene (Sí, ya lo tengo escrito, yo soy así, o lo escribo de principio a fin o no puedo)

Así que tampoco tardare demasiado en subir el siguiente, depende de los comentarios y de la aceptación que tenga =w=

¡Gracias por seguir la historia a las poquitas que la están sguiendo! ¡En realidad animan mogollón!

Los capítulos no tienen título, pero a partir de ahora voy a poner las frases que realmente me han inspirado en cada capítul a modo de título.

Bueno, no me entretengo más. ¡Ya me callo!


Capítulo 2.

"A veces todo se complica. Uno quiere decir Paz y sale Guerra"

Cuando el doctor se puso la ropa que le había dejado Sherlock –Que además era suya- se percató de que olía enteramente al detective. Tanto tiempo metida en su armario al final había terminado por oler a él.

John no pudo evitar sentirse reconfortado. Hacía mucho que no se sentía tan cerca del moreno, a pesar de que la situación actual de su relación fuera tan catastrófica.

Se escurrió entre las sabanas y trató de dormir, pero le fue imposible. Miles de pensamientos abordaban su mente. Pensaba en mil cosas a la vez, y todas iban a parar al mismo punto. El detective. Intentaba descifrar la verdadera razón por la que él estaba allí. Si había sido una casualidad o realmente el destino le había hecho un guiño, o si simplemente alguien allí arriba se quería reír de él. Se preguntaba si de verdad esa noche la iba a pasar en la cama de Sherlock y después al día siguiente iba a marcharse a su casa, con su mujer, abandonando una vez más al detective, como la última vez que discutieron, o si de verdad iba a hacer algo por cambiar la situación entre los dos.

Y por si fuera poco, entre pensamiento y pensamiento el olor del moreno le inundaba cada parte de su cabeza. Le embriagaba. Sin poder evitarlo comenzó a recordar esas tantas tardes de lluvia que pasaban juntos, mientras uno fumaba y el otro leía delante de la chimenea. O cuando después de un caso empezaban a criticar todos y cada uno de los actos torpes de Lestrade. Mil y una anécdotas comenzaron a pasársele por delante de sus ojos como si de un cinematógrafo se tratase.

Sonrió levemente y al recordar que esos tiempos ya quedaban lejos le entró una melancolía tan fuerte que tubo incluso ganas de llorar. Pero no lo hizo. Frunció el ceño y abrió los ojos, desistiendo de intentar dormir.

Dio varias vueltas atrapado en sus pensamientos. Sintió como poco a poco fue creciendo un dolor en su pecho tan fuerte que llegó a sentir que se ahogaba. Como si en el techo se encontrase la respuesta se tumbó boca arriba y fijo sus ojos azules en el yeso blanco. Entonces se incorporó y le echó un vistazo a toda la habitación, respirando profundamente, tratando de calmarse.

Decidió salir de la cama, ya que le pareció una pérdida de tiempo estar tumbado sin hacer nada, y comenzó a pasearse por aquella sala que le era tan familiar. Se fijó en todo. El cuarto estaba más desordenado que de costumbre. Recordaba a la perfección todos los cachivaches que Sherlock tenía por la mesa. Siempre tenía alguna imagen de él usándolos con ese gesto de entusiasmo y concentración en la cara. Añoraba encontrarlo en su cuarto, enfrascado en un experimento químico. Añoraba incluso entrar por la puerta deseoso de verlo y pasar un rato con él, y que el detective, por el contrario, le dijera con un tono seco algo parecido a: "Ahora estoy ocupado, Watson, esto es importante".

Al principio, cuando Sherlock soltaba esas frases el rubio se sentía triste. Esto es importante Eso en especial le hacía pensar siempre que él nunca sería tan importante como para atraer su atención. Al fin y al cabo él era un hombre casado con su trabajo. Pero después aprendió a aprovechar esos momentos para arrimar una silla junto al detective y así poder observarle. Porque en el fondo estaba prendado del detective, y le encantaba ver como trabajaba, y cada segundo que pasaba con él era un momento perfecto en el que el mundo se paraba. Para el doctor solo existían ellos dos. Su querido detective y él.

Se dio cuenta de cuanto le había echado de menos, y entonces lo tubo todo bien claro.

-John, acaba ya con esta tontería… -Se dijo así mismo en un murmullo y se dirigió a la puerta.

Cuando estuvo a punto de poner la mano en el pomo para abrir, para su sorpresa, éste se giró solo. La puerta comenzó a abrirse despacio, y para dejar paso a ésta John se retiró un poco hacia atrás.

El moreno, que en ese momento miraba el pomo fijamente mirando de no hacer demasiado ruido, se percató de la presencia del doctor de forma tan brusca que no pudo evitar asustarse. El corazón le dio un vuelco.

-Yo… vengo a buscar mi pipa, creía que estarías durmiendo

-No. No puedo dormir –Respondió el doctor despacio, sin dejar de mirar al detective cabizbajo, pero al moreno no pareció importarle ese dato.

-Bueno, solo será un momento –Paso deprisa por su lado.

John le siguió en silencio con la mirada. Cerró la puerta y observó cómo Sherlock buscaba a tientas el objeto sobre la mesa.

El detective buscó sobre el simfonier, sobre los altillos, debajo de las mesas, dentro de los cajoncillos. La dichosa pipa parecía haberse escondido, lo que no sabía era que el doctor ya la había encontrado antes, pero no le dijo nada.

-No entiendo dónde puede estar… maldita sea… -Abrió un par de cajones y al tercero encontró su jeringuilla. Se quedó mirándola en la oscuridad del cajón y se aprovechó de la poca luz que había para cogerla, envolverla en un pañuelo y guardársela en el bolsillo.

-¿La has encontrado? –Preguntó el doctor, fingiendo no saber nada del objeto. Se había percatado de que el detective había hallado algo, y no era la pipa, así que se temió lo peor.

-Si, ya está –Atravesó de nuevo la habitación y cuando pasó por el lado del rubio éste le paró poniendo una mano en el pecho del moreno. Al contacto con su mano éste se quedó petrificado.

-Has vuelto a tu vicio con la droga, ¿verdad?

-Oh,¿Qué te hace pensar eso? –dijo irónico.

-La rojez de tus ojos y las marcas en tu brazo… las he visto esta tarde mientras te remangabas.

-Disculpe, el detective observador soy yo, no usted

-Sabes de sobras que deberías dejarlo, creía que ya estaba claro, te lo he dicho mil veces

El moreno suspiro y retiró la mano del doctor de su pecho.

-¿Y que más te da? Ahora ya no es necesario que te preocupes por mí, ya me lo has dejado bien claro

-Como médico es natural que me preocupe…

-Ya, porque lo que es como amigo…

-¿A qué te refieres? –El doctor frunció el ceño mirándole.

El moreno respiró profundamente.

-Toma tu dichosa pipa… -Le tendió el objeto- dame esa jeringuilla

-¿Pero tú quién te crees que eres? –Entrecerró los ojos con un gesto de desafío

-Sherlock, cuando te quedas solo eres autodestructivo

-Vaya, ¿Y se ha dado cuenta usted solo, doctor? –Se hizo el sorprendido.

-Y además insoportable…

-Disculpa, no he pedido tu opinión –Cogió la pipa de la mano de John con brusquedad y este aprovechó para agarrarle del brazo y acercarlo más.

-¿Estas enfadado porque me declaré? –El rubio rompió el silencio, pillando por sorpresa al detective, que no pudo hacer otra cosa que fruncir el ceño y mirarle a los ojos por primera vez en toda la tarde.


Y eso es todo por hoy ùwú siento que sea tan pequeñín. Realmente creo que este es un "capítulo puente" (o así lo llamo yo).

Comentadlo, porrrfavorrrr DDDD:

¡Un gran abrazo y gracias por leer!