Capítulo 2
Steve no tenía absolutamente ninguna experiencia con bebés, -claro que se había tomado fotografías con ellos en su tiempo de guerra, pero eso era todo – pero conectó inmediatamente con Peter. Tanto, de hecho, que, cuando llegaron al hospital, el personal creyó que era su padre.
Lo peor (o seguramente, lo mejor –aun lo estaba pensando) era que eso no era lo peor que podría pasarle. Peter era adorable.
Para cuando terminaron de estudiar al pequeño (y tuvieron que prometerle que Steve estaba simplemente en el pasillo para que dejara de llorar), Steve había dado las placas médicas a la enfermera del mostrador, y habían encontrado su archivo médico. Sus tutores legales, según la ficha, eran Ben y Mary Parker, y si ellos eran identificados como los cuerpos encontrados en el fuego, Peter era ahora –como Steve había sospechado – huérfano.
"¿Qué va a pasar con él?" preguntó, con el ceño fruncido.
"Se quedará aquí hasta que esté completamente recuperado," le dijo la enfermera con amabilidad, "pero tendremos que llamar a los servicios sociales por la mañana para que empiecen a rellenar su informe para cuando esté bien. Probablemente será transferido a su cuidado en un par de días, siempre que no hayan complicaciones."
"¿Así que entrará en el sistema?" suspiró, sin gustarle nada como sonaba eso. Ningún niño merecía crecer en un orfanato.
"Si no pueden encontrar ningún pariente, o alguien que lo acoja sobre la marcha, me temo que si," asintió la enfermera. "Es tan triste, perder a su familia tan joven."
"Sí," le dio la razón Steve, sonriendo entonces al ver a dos enfermeras empujando una cama y el suero por el pasillo. El pequeño Peter estaba apoyado sobre unas grandes y esponjosas almohadas, y parecía demasiado contento para un niño con un tubo enganchado a su nariz y su brazo. Al menos ya estaba limpio.
"¡Stiv!" gritó el pequeño, alzando los brazos con excitación al verlo. "¡Stiv, mira!"
Le enseñó la venda alrededor de su brazo que cubría la vía que tenía unida a su muñeca, y donde alguien–probablemente otra enfermera – había puesto una tirita de arañitas para mantenerlo en su sitio.
"es genial, chaval," replicó, asintiendo con agradecimiento a la enfermera con la que estaba hablando, y siguiendo al chico a una habitación individual.
"¿sabes? Si no eres familia, en realidad no deberías estar aquí," le dijo una de las enfermeras, pero él simplemente le lanzó una de sus mejores sonrisas de Capitán América, y ella suspiró, señalando a una silla para visitas. "Este pequeño debe ser especial, si tiene al Capitán América cuidándole."
Steve frunció el ceño porque él había hecho sus visitas al hospital para animar a los niños, pero se sentía diferente esta vez. Los niños lo adoraban, claro, pero nunca había conocido a ninguno que lo necesitara como Peter lo hacía. Más que eso, se dio cuenta de que él mismo ya estaba igual de unido a él, y sabía que era una mala idea, pero simplemente no podía encontrar las fuerzas para dejar al pequeño a su cuenta. Recordaba cuando había sido un niño, sentado, solo y sufriendo, en una cama de hospital mientras sus padres estaban trabajando. Eso ya había sido bastante malo, y él sabía que seguían con vida. Pero ¿por lo que estaba pasando Peter? ¿Acaso el niño entendía si quiera lo que le había pasado? Después de todo, apenas había dejado de ser un bebé.
"Bueno, si te vas a quedar, no lo alborote. Lo que realmente necesita ahora es dormir," continuó la enfermera, revisando la vía de Peter una última vez, antes de girarse y seguir a su compañera fuera. "Si vuelvo y lo encuentro saltando por las paredes, lo echo, serñor."
"Si pasase eso, creo que preferiríais tenerme aquí para cogerlo," replicó Steve, sonriendo. "Tengo buenos reflejos."
La enfermera, por alguna razón, no pareció muy impresionada por su sentido de humor, y sólo rodó los ojos al mismo tiempo que salía de la habitación. Sin darle importancia, acercó la silla a la cama y se acomodó.
"¿Cómo te va, hombrecito?" preguntó con suavidad, inclinándose para quitar el flequillo de Peter de su cara. "Hoy debes de haberte asustado mucho, ¿verdad?"
"Aja," replicó Peter, bostezando mientras jugaba con el borde de su manta. Frunciendo un poco el ceño continuó, "Tío Ben y Tía May no despedtaban. Etabamos en la siesta y hubo un duido, pedo eyos no despedtadon. Ya eztan despiedtos, Stiv?"
Steve sabía que el niño preguntaría por su familia en algún momento, pero pensó que tendría más tiempo para poder contestarle. Era consciente que debía empezar a alejar esos pensamientos de largo plazo también, pero no pudo evitarlo cuando se encontró a Peter sentado mirándolo y preguntándole dónde estaban sus tíos. ¿Qué se suponía que debía decirle? No sabía que entendía el pequeño sobre la muerte ni nada.
"Ellos, um," empezó, y suspiró –decidiendo decirle la verdad. "Ellos no despertaron, no. Ahora están en el cielo, Peter. ¿Sabes lo que eso significa?"
"Como Mamá y Papá," contestó Peter, pero parecía más frustrado que alterado. "¿Quién va azedme sanwiches de mantequiya de cacahuete y medmelada ahoda?"
Eso fue… una respuesta tan de niños que Steve no pudo evitar reírse. ¿En qué estaba pensando? Por supuesto que Peter no entendía la verdadera gravedad de todo lo que le había pasado ese día, o como eso iba a afectar a su futuro. Sólo le importaba ser alimentado y querido.
"No lo sé, pequeño," suspiró. "¿Por qué no duermes, y mañana te traigo uno?"
Hizo una mueca, esperando que el niño empezara a llorar de nuevo ante la idea de quedarse solo, pero para su sorpresa, sólo suspiro y se recostó en sus almohadas.
"¿Cuento?"
"¿qué…?" se paró Steve sorprendido por su petición, pero luego se encogió de hombros, porque, claro, eso lo podía hacer. "Claro. ¿Quieres un cuento sobre el Capitán América?"
Peter negó con la cabeza.
"Ok…¿Por qué no te cuento sobre lo que pasó cuando mi amigo Clint encontró un nido de pajaritos en nuestro tejado?" intentó de nuevo, y eso pareció llamar la atención del niño. "Vale, fue-"
"No, Stiv," le cortó con firmeza Peter. Cuando le miró con confusión, el pequeño levantó la esquina de su manta y le miró expectante. "Tienes que sentadte aquí pada cuentos."
Ah. Quitándose las sucias botas y colocándolas al lado de la cama (por hábito), movió un poco a Peter y se sentó a su lado. Sobre la marcha, el pequeño se acurrucó contra él, metiéndose el pulgar en la boca, apoyando la cabeza en el pecho de Steve como si lo conociera de toda su vida. Pillado un poco de sorpresa por eso, Steve se recompuso y pasó un brazo alrededor del niño, abrazándolo.
"¿Así mejor?" preguntó, y Peter asintió. Sus pequeños párpados ya estaban empezando a cerrarse. "A mi amigo Clint le gusta estar en lugares altos, y el tejado de nuestra casa es muy muy alto-"
Al final, sólo pasaron diez minutos antes de que Peter cayera rendido. Steve no era un profesional en este tipo de cosas, pero creía que lo estaba haciendo remarcablemente bien, ahora que lo consideraba. Moviéndose lentamente, para no moverlo mucho y despertarlo, salió de la cama y lo arropó. No creía haber visto nunca algo tan adorable –acurrucado en sí mismo, y chupándose el pulgar tranquilamente, Peter era demasiado mono como para describirlo con palabras.
"Que te mejores, pequeño," susurró, aguantándose las ganas de quitarle el flequillo de la cara antes de coger sus botas y salir de la habitación.
El área de recepción parecía mucho más escandalosa ahora que salía de una relativa tranquilidad, y se colocó las botas con rapidez antes de tropezarse con nadie. La enfermera que le había dado el aviso antes pasó por su lado, y le dio un asentimiento de aprobación.
"¿Steve?¡Steve!"
Alzó la cabeza con confusión, y sonrió cuando vio a Tony abriéndose paso entre la multitud con una actitud bastante frenética. "Ey, Tony, ¿qué estás-?"
El resto de la frase quedó perdido con un uff cuando el moreno le abrazó con fuerza. Después de un momento de sorpresa, Steve alzó los brazos para palmear la espalda del hombre.
"Um…¿estás bien, Tony?" preguntó, mirándolo a la vez que éste le dejaba ir.
"Natasha dijo que estabas en el hospital, así que…" fue diciendo Tony, mirando sus pies. "Admito que me entró un poco de pánico, vale, y debí haberla dejado terminar, pero-"
"Creíste que estaba herido," terminó Steve al darse cuente. "Bueno, ¡estoy bien! Ningún rasguño. Sólo quería asegurarme de que Peter estaba bien antes-"
"¿Peter?" preguntó Tony. "¿Quién es Peter?"
"Es el niño que saqué de una casa en ruinas," le dijo Steve. "Sus tíos murieron, y él empezaba a llorar cada vez que intentaba soltarlo, así que vine con él en la ambulancia."
"Oh," asintió el genio, y parecía…¿aliviado? "Me pregunté que estaba pasando cuando la señora de recepción me señaló a pediatría. Bueno, esa es tu buena acción del día. Vámon-"
"Espera, Tony, yo-" Steve agarró el brazo del hombre cuando este iba a irse, pero su mente se quedó en blanco antes de poder terminar su frase. No podía decir lo que estaba pensando –ni siquiera debería estarlo pensando, en realidad, porque habían muchas cosas que podían salir mal- y, aun así, continuó, "voy a volver mañana. ¿crees que podría colar un sándwich de mermelada de cacahuete y mermelada sin que las enfermeras se dieran cuenta?"
En vez de soltar una carcajada como esperaba que hiciera por su pregunta, Tony le miró preocupado por sus palabras.
"Steve, sé que intentas ayudar, pero… ese no es nuestro trabajo," contestó, señalando a su alrededor. "Aparecemos y salvamos el día, pero hay una razón por la que no nos encariñamos."
"No lo estoy," se defendió Steve, aunque sabía que era una completa mentira. Ya estaba totalmente a merced de Peter, y, aún peor, ni siquiera le importaba.
"Lo único que digo," continuó Tony, alzando las manos con calma, "es que no es nuestra responsabilidad. Hay otra gente encargada de estos temas-"
"¡Pero no la hay!" explotó Steve, y ni siquiera se sintió mal de haber ofendido a Tony. "Están intentando encontrar a algún pariente con vida, pero parece cada vez más claro que está solo, Tony, y sólo es un bebé -"
"Y no es tu problema," replicó el genio con suavidad, y levantó una mano antes de que Steve pudiera regañarle por su insensibilidad. "No es que esté intentando ser un capullo, estoy intentando ser realista. ¿Qué crees que va a pasar? No puedes quedártelo, Steve -¡mira la clase de vida que llevamos! ¡Es demasiado peligroso para un niño!
"Lo único que saldría de esto es un corazón roto," continuó, suspirando con pesadez, para luego mostrar su sonrisa pública, "Y nadie quiere ver al Capitán América llorar, ¿verdad?"
Lentamente, mientras digería las palabras de Tony, Steve se desinfló. Sabía que el hombre tenía razón, claro, pero eso no hacía la verdad más digerible. Por supuesto, sabía que podría poner a Peter en peligro si alguien se enteraba lo encariñado que estaba, ¿pero no sería bajo su cuidado el mejor lugar para el niño, en todo caso? Lo protegería con su vida, después de todo.
Guau, espera, ¿de dónde había salido esa idea?
Antes de que pudiera pensar demasiado sobre ello, suspiró, agachó la cabeza, y murmuró, "Sólo… vayámonos a casa, Tony.
El genio parecía listo para enseñarle la salida.
Ignorando su sentido común, Steve se levantó temprano la mañana siguiente con la intención de volver al hospital. Había pasado la mitad de la noches despierto pensando en sus opciones, y había tomado la decisión de que cuando Peter estuviera lo suficientemente bien para dejar el hospital volvería a pensar sus opciones, pero, hasta entonces, le había prometido al niño un sándwich de mantequilla de cacahuete y mermelada.
Justo antes de marcharse cogió (porque sabía por experiencia lo aburridos que eran los hospitales) un par de cuadernos de dibujo y una caja de lápices de su escritorio antes de dirigirse a la cocina a hacer el sándwich.
"¿Vas a algún lado?"
Intentó esconder lo mucho que le había sobresaltado la voz de Clint mirando con firmeza al arquero. En vez de acongojarse como debería, el hombre sonrió desde su posición sobre la nevera y se metió una cucharada de cereales en la boca del bol que tenía en las manos.
"No está bien asustar así a la gente," le dijo Steve, yendo hacia la alacena para coger los ingredientes.
"Es mi trabajo," le respondió el arquero, sorbiendo lo que le quedaba de leche. "pero estás evadiendo mi pregunta; ¿Vas a algún lado?"
Steve suspiró, concentrándose intencionadamente en los frascos frente a él cuando respondió, "Vuelvo al hospital."
"Oh, vale."
A medio camino de extender la mermelada en el pan Steve se detuvo y lo miró –completamente anonadado por la simple aceptación del arquero. La verdad es que no pasaba tanto tiempo con Clint como hacía con los demás –al hombre le gustaba ir a su aire (y, en el fondo, Steve creía que sentía que no pertenecía igual al equipo por lo que había pasado con Loki) – por lo que sus opiniones siempre eran territorio desconocido, porque Steve no estaba acostumbrado a ello.
"No…¿No vas a decirme que es una mala idea?" preguntó, bajando el cuchillo para concentrarse completamente en el hombre. "¿No me vas a decir que no me encariñe?"
"Alguien tiene que hacerlo," se encogió Clint alegremente, aunque sus ojos se oscurecieron. "Stark mencionó algo sobre que el niño probablemente sería huérfano anoche después de que te acostaras, y, bueno… sé lo que es eso, ¿vale? Lo único que te voy a decir es que no juegues con el niño si no vas en serio, porque eso será peor. Por lo demás, ya sabes… dale muchos abrazos y cosas. El cuaderno de dibujo también es buena idea."
"Um… ¿gracias?" contestó Steve, un poco de piedra por la sinceridad del hombre. Había leído todos los expedientes de sus compañeros de equipo claro –conocía sus trágicos pasados –así que ahora que lo pensaba, no había ninguna duda de que Clint estaba en contra del sistema si había una opción mejor.
"Y, eh, puedo mantener a Stark a raya para que no se entere si por casualidad sale de su taller," sugirió el arquero, sonriendo.
"La probabilidad de que eso pase es minúscula," se rio Steve, girándose para terminar su sándwich. Sabía, que después de su pequeña discusión de ayer en el hospital, el genio estaba enfurruñado, y eso significaba que no saldría de su taller por lo menos en unos días.
Steve tenía que recordar llevarle algo de comer cuando volviera del hospital. Demonios, hasta tenía ganas de hamburguesa; llamaría para pedir cuando volviera. Tony siempre estaba de buen humor después de una hamburguesa, después de todo, hasta podría usarlo como disculpa.
"Gracias, Clint," asintió, guardando el sándwich en una bolsita para que se mantuviera fresco. "Llámame si pasa cualquier cosa."
"Sí, lo mismo digo," replicó el arquero, y dejó que Steve le diera una palmada en la espalda mientras pasaba por su lado.
Ese hombre era un potencial aliado con el tema de Peter, decidió mientras entraba en el ascensor. Ahora mismo, le vendría bien tener aliados.
Las enfermeras parecían tan sorprendidas de verle de nuevo tan pronto, y aunque no fuera tan común, se sintió un poco resentido por ello. Era el Capitán América, por amor de dios –sin nada más, toda su imagen personal estaba construida sobre la idea del bueno y amable americano. Probablemente no deberían estar tan sorprendidas, ¿no?
Sin darle más importancia entró en la habitación de Peter, y se lo encontró tarareando la canción de una serie infantil que estaba en la tele y bebiéndose la leche de un vaso con boquilla.
"Hola, Peter," sonrió. "¿Te acuerdas de mí?"
El niño se sentó recto en seguida y sonrió entusiasmado. "¡Stiv!"
"Así es," asintió, algo aliviado. Una pequeña parte de él había estado preocupada de que no lo recordara. "Bueno, ¿has desayunado ya o aun tienes tiempo para-"
Cuando sacó la bolsa con el sándwich de su bolsillo, los ojos de Peter se abrieron de una forma muy cómica y chilló, "¡mantequiya de cacauete y medmelada!"
"Exacto," sonrió, atravesando la habitación para sentarse en el borde de la cama. "Te lo prometí, ¿no?"
"Ajá," asintió Peter, estirándose para coger el sándwich. "¿Porfi?"
"Aquí tienes, pequeño."
Steve le dio una de las mitades y el pequeño lo cogió en seguido. Más de la mitad del relleno acabó más por su cara que en su boca, pero sus sonrojadas mejillas estaban graciosísimas por su gran sonrisa, y el feliz canturreo que soltaba mientras masticaba, así que Steve se lo tomó como algo bastante bueno.
"¿Está bueno?" preguntó, tomando las cortezas que le daba el niño a cambio de la otra mitad. Peter asintió, demasiado ocupado con su sándwich como para malgastar tiempo con palabras.
Mientras veía al pequeño devorando el premio, un cálido y pesado sentimiento se asentó en su pecho. Nunca se había sentido así con un niño antes –protector, y con la necesidad de educarlo y quererlo. La verdad es que siempre se había sentido un poco incómodo cuando estaba rodeado de niños, al principio porque era demasiado débil y enfermizo para estar con ellos, y después por miedo a lastimarlos con su super fuerza. Peter, en cambio, Peter no estaba asustado en lo más mínimo. Peter era adorable, y tenía que ser protegido y amado a todo coste.
"¿Terminado?" preguntó, dándole su vaso con boquilla a cambio de los últimos restos. "Vamos a tener que limpiar esa carita, porque pareces recién salido de la escena de un crimen."
Era verdad –Peter tenía crema de cacahuete por todas las manos, y roja y frutal mermelada por sus mejillas y labios. Parecía como si se hubiera comido el cerebro de alguien. El niño estuvo de acuerdo e hizo un pequeño sonido consternado al tiempo que extendía la mano que no tenía el vaso en su boca hacia Steve esperando que hiciera algo con el desastre.
Pensándolo, Steve se levantó y fue al baño para mojar algo del papel reforzado. Al volver a la habitación, se volvió a sentar en el borde de la cama y empezó a limpiar a Peter. El niño hizo un poco de pataleta pero de por sí la experiencia no fue tan mala, y se veía muy bien cuando hubo acabado.
"¿Ves? ¿A qué no ha sido tan malo?" sonrió, dejando los papeles sucios en la mesilla de noche. Peter se puso de morros de forma adorable, pero no estuvo mucho –riéndose unos segundos después. Steve no pudo evitar sonreír ante eso. "De acuerdo, ¿Qué te parece si ahora pintamos un poco?"
Peter pareció eufórico con la idea.
Colorearon durante casi toda la mañana. Peter era extremadamente bueno para su edad; claro que no pudo evitar salirse de las líneas, pero su forma de trabajo era muy buena. Steve podía adivinar que estaba dibujando en cada momento.
Sin embargo, cuando se acercó la hora de comer, Peter estaba empezando a estar más inquieto – y con buena razón también; habían estado encerrados en la misma habitación sin básicamente nada que hacer durante horas. Por eso, y con el permiso de las enfermeras, Steve decidió llevarse a Peter a caminar por la sala. No podían ir ni demasiado lejos ni demasiado rápido – porque Peter no caminaba completamente bien, aunque Steve lo llevaba de la mano para ayudarle a mantenerse recto, y por el poste de intravenosa que tenían que llevar con ellos –pero Peter pareció disfrutar cada momento. Saludaba adorablemente a cada enfermera o doctor que pasara, e incluso a un par de padres y otros niños enfermos, en realidad, encantaba a todos con los que se encontraban.
Para cuando estaban volviendo a la habitación, Steve no podía negarlo más; había caído completamente bajo los encantos de Peter.
Parecía haber un cambio en la atmósfera cuando llegaron a la recepción de las enfermeras de enfrente de la habitación de Peter, y Steve lo asoció al hombre y la mujer de caros trajes que estaban ahí de pie. Deben de ser los trabajadores sociales, pensó.
"Ah, miren, aquí están," suspiró la enfermera, haciéndole señas a Steve para que acercara a Peter. De mala gana, hizo lo que se le mandó, pero esta vez llevando a Peter en la seguridad de sus brazos. "Estos son John Hammond y Anna Patricks de Servicios del menos, Sr Rogers. Están aquí para revisar el caso de Peter."
"Así que los rumores son ciertos," el hombre –Hammond – sonrió, estirando la mano para dársela a Steve. "El Capitán América ha quedado deslumbrado contigo, ¿eh, Peter?"
"¿Stiv?" susurró Peter, golpeando nerviosamente el pecho de Steve cuando Hammond se inclinó hacia ellos escrutándole.
"Me recuerda a mi cuando era niño," respondió Steve con tranquilidad, aunque esa explicación no fuera ni la mitad de la verdad. Sutilmente, removió a Peter a su cadera para alejarlo de Hammond. "Él parece haberse quedado deslumbrado conmigo también."
"No estamos intentando discutir con usted, Sr Rogers," cortó Patricks suavemente. "Todos queremos lo que sea mejor para Peter, después de tod-"
"Poner a un bebé en el sistema no es lo mejor para nadie," espetó Steve, mucho más frío de lo que había pretendido, "Y ciertamente no para Peter."
"¿Y entonces que sugiere que hagamos, Sr Rogers?" preguntó Hammond, empezando a irritarse.
"Yo…" se detuvo Steve, porque esto era, ¿no? Era el momento.
Mirando al pequeño niño de sus brazos, se dio cuenta de que había tomado su decisión el instante en el que decidió venir con él al hospital la primera vez. No había podido salvar a sus tíos, no, pero… a lo mejor podía salvar a Peter.
"Yo lo adoptaré," decidió en voz alta, y entonces miró a los trabajadores sociales y repitió, "Adoptaré a Peter."
Parecía que había dejado a todo el mundo en silencio. Hasta Peter estaba chupándose el dedo calladamente.
"Sr Rogers…" empezó Patricks, con el aire de un padre condescendiente, "no puede esperar que creamos que usted puede ofrecerle a Peter una seguridad –"
"No existe un lugar más seguro," argumentó Steve, porque ahora que lo había dicho en voz alta, se daba cuenta de lo mucho que quería hacerlo. "Estaría bajo la protección de seis de las personas más capaces del mundo. La torre de los Vengadores tiene uno de los mejores sistemas de seguridad del mundo; Peter estaría completamente a salvo, y, más que eso, sería totalmente adorado."
"Y Hulk-"
"Es el más encantado con los niños de todos nosotros, así que ni me haga empezar con ello. Hulk es básicamente un niño grande."
Los trabajadores sociales estaban empezando a persuadirse –podría asegurar Steve. Aun mejor, la normalmente estoica enfermera tenía una mirada de fiera afirmación, y se sintió orgulloso por ello.
"Tiene que entender, Sr Rogers, que no podemos simplemente entregarle a Peter," explicó Patricks. "Hay un procedimiento que-"
"Y lo seguiremos, por supuesto," accedió Steve. "Todos los documentos que necesiten que firme, y lo que sea, lo haré."
"No es tan simple," replicó Hammond. "Tendríamos que revisar el lugar de residencia antes de que el niño se mudara, y –si pasa el examen – tendría a Peter durante un período de prueba de tres meses, durante los cuales habría inspecciones, y la decisión final se tomaría al finalizar ese período de prueba. No creía que simplemente podría llevárselo, ¿verdad?"
"Yo – no, claro que no," replicó Steve, empezando a cogerle tirria a Hammond. "Así que, ¿tengo que hacer segura la torre para un bebé?"
"Eso sería un comienzo, sí."
Tenía que hablar con Tony sobre esto – joder, con todo el equipo – porque se acaba de comprometer con un niño de tres años para toda la vida, y ellos merecen saberlo al menos antes de que lleve el niño a casa (Porque estaba pasando ya, sin importar lo que Hammond pensara).
Pero no iba a ser una conversación afable.
"Ok," asintió, tomando aire. "¿Cuánto tiempo tengo para prepararlo?"
"Bueno, sus pulmones están mejorando, pero aun estamos preocupados por sus niveles de hidratación. Al doctor lo gustaría tenerlo en observación al menos un par de días más, pero creo que después de eso ya podrá marcharse," dijo la enfermera. "Es un pequeño luchador, después de todo."
Cuando dijo esas últimas palabras mirando directamente a Steve, podría haberla besado por su aprobación. Ahora mismo, tomaría todo lo que pudiera.
