El pelotón Eco rondaba por el infierno en el mismísimo mundo del dolor, un conjunto de diez valientes soldados, en uno de esos componentes residía Leo, que su mirada observaba el frívolo suelo de tierra, el coronel Mccoy dio la palabra a sus soldados

-Registren un perímetro completo muchachos, este lugar debe estar impecable ¡Andando sabandijas!

Gritó el coronel furioso de que sus pupilos realizarán el trabajo, todos sacaron su carabina M4 por si había algún inconveniente en el trabajo

Exactamente tres horas pasaron desde que el coronel dio la orden de limpiar el perímetro, no hubo ningún problema al hacerlo. Todos se reunieron en una vieja trinchera que aún conservaba el color de la sangre en los cascos sueltos

-¡Muy bien imbéciles!

Les gritó de nuevo el coronel

- Ahora protejan la base mientras yo-

Un pequeño agujero voló de su cabeza explotando el tono rojizo de aquella, lentamente el viejo coronel siguió cayendo hasta derribarse a si mismo en sus rodillas y caer al suelo inerte. Leo se dio cuenta en menos de un segundo que habían dado fuego un francotirador enemigo entre las hojas del árbol. Todos los compañeros de Leo se cubrieron en la trinchera, aunque él no se escondió para luchar, le importaba un bledo. Uno murió cuando fue atrapado por un soldado ruso que le volteó el cuello matándolo de forma instantánea e indolora. Otro cayó en una estampida de balas que residió en su pecho dejándolo morir en el suelo.

-¡Bortovoy!

Repitió una de las tropas de elites rusas. Tres de los soldados americanos se quemaron por el impacto de una granada de fragmentación. Dos soldados más fallecieron por la rotunda explosión de un RPG. Leo, rápidamente fue a atender a un herido que trataba de no sucumbir en su propia sangre; mientras el soldado lo vendaba este lo miraba fijamente, como su sangre se derramaba desde sus sienes hasta su mentón, para verlo cerrar sus ojos y ser bienvenido a la muerte. Otro soldado fue sorprendido y acuchillado por el cuello por un soldado oriental mientras que otro iba a asesinarlo con sus manos, recibió la explosión de una granada en su pierna amputándola de un solo golpe; Leo lo mató para que sus gritos de dolor cesaran de una vez. Las escenas de muerte, el rojizo jugo, gritos de tortura; todo era simple para él. Pensó que iba a vivir o iba a llegar una nueva esperanza que llegó sin invitación, pero esta vez no. Un gran estallido irrumpió en el espacio provocando el salto del cuerpo de Leo rastrando su rostro en el duro piso, mientras exhalaba sus últimos respiros, veía los cuerpos restantes volar hacía la muerte producto de las eclosiones de masa, era una masacre, aprovechó el poco tiempo que le quedaba para observar sus palmas de sus manos, lo que antes solo eran dibujos y palabras "Nunca cambies" "Jamás pierdas tu felicidad" "Camina hacía el futuro" Ahora solo era carne desfigurada y piel abatida

-¿En qué me he convertido?

Murmuró Leo solamente para ver a un soldado en frente de él apuntándolo con su rifle mecanizado, el solo lo vio esplendido y con un alma extasiada, a punto de que su corazón fuera a explotar en mil pedazos

-Izbinite

Murmuró el joven soldado ruso al unisonó del estallido sordo de una bala dejando la pantalla de sus ojos en un blanco profundo. Fue con ese pito por unos largos segundos que asimilaban años, el viejo color blanco de la imagen se colocó nítida hasta nublarse y convertirse en un color oscuro; no podía respirar, pero no sentía la monótona necesidad de hacerlo, todo los sentidos de su cuerpo estaban desmayados, no sentía nada ni hasta sus propios huesos.

Despertó de un pequeño golpe, seguía sin sentir ni un musculo pero podía ver lo que estaba a su alrededor ¿Estaba muerto? Si ¿Estaba en el anhelado cielo? Al parecer no. El contexto en el que se situaba era el cómodo sillón de un autobús, no esos locales, sino los que te llevan a ciudades no tan lejanas a cambio de unos billetes. El paisaje fuera la ventana era el mismo, toneladas de cerro y arboledas; se inclinó a la izquierda para ver quienes eran los demás pasajeros, eran personas de su pasado que ya habían muerto, familia, conocidos, amigos imaginarios e incluso mascotas que tuvo, de hecho, una personas conocidas que reconoció en sus tumbas estaba ahí despidiéndose cuando se bajaban del transporte de metal. Quiso sin duda ir con ellos para preguntar que demonios estaba pasando, pero por alguna razón no podía moverse de su asiento. Luego, sin saberlo vio un pequeño perro subirse al asiento acompañante de Leo, era su antiguo perro salchicha, Mateo. Que contagiaba su felicidad con su rítmica cola, el lo acarició de tanto tiempo que no lo vio desde que fue atropellado por un viejo borracho; el solamente se quedo ahí con su viejo acompañante filosofo. Luego de unos pocos minutos de relajo el chico se despertó asustado, no pudo dormir en todo ese momento, era como si sus parpados fueran transparentes. Volteó para ver a su perro más joven y más bajo, tenía el aspecto de un cachorro, como cuando lo recibió de parte de su primo. El bus se detuvo bruscamente, el chofer del transporte gritó hacía los anónimos pasajeros

-Parada 11 D

Mateo lamió el rostro de su ex-amo y saltó al suelo para dirigirse a la puerta del bus y salir. Leo volteó hacía su ventana para ver jaurías de animales incluyendo a muchos perros, su ex-mascota se reunió con uno parecido a el, pero más grande, creo que era su madre. El bus siguió con su extraño camino

Pudo notar lentamente que su cuerpo estaba cambiando, el vello de sus mejillas y de las demás partes anatómicas disminuían lentamente hasta el punto de no tener casi nada, sus músculos se desvanecieron en cuestión de segundos, las arrugas, cicatrices, puntos, altura, todo había disminuido en un bastante por ciento, pensó que disminuiría hasta ser un pequeño bebe igual que Mateo, pero su cuerpo de rebajó hasta caer en los catorce años de edad, edad cuando comenzó en ver su show preferido. El transporte nuevamente se detuvo con la brutalidad de antes, el chofer sin rostro volvió a gritar, pero se dirigía a Leo, el único pasajero del autobús

-Parada MLP

El muchacho sintió una aguja en sus costillas, vio el horror de ver como cada una de sus moléculas se desprendía de su piel, su respiración agitada se hacía cada vez más notable. El color de los asientos cambiaba a un color negro y con escarchas multicolores, el lugar cambio el espacio y no tuvo que mover ni un solo musculo, cada segundo hacía que el fuera un año luz más rápido, pasando las múltiples estrellas a su alrededor. Betelgeause, Etacarinae, Bistol star y todas las gigantes de luz. No sentía nada de su cuerpo, como que todas sus extremidades volaran y el no sintiera nada, sus pupilas se hicieron transparentes y aún así veía millonésimas cosas que tardarían eones y eones en saber la humanidad y el solo las vio en una milésima de segundo. A un poco tardar de cinco segundos, las estrellas se olvidaron en el viejo vacío de atrás, al igual que los agujeros negros, galaxias y nubes de colores opacos y vivos a la vez. Ahora solamente estaba un vacío infinito, solo estaba el residido en la nada

Pasaron unos segundos de oscuridad en el muchacho estuvo ahí, tenía el miedo de estar ahí para siempre sin ningún con solo el pasatiempo de su corta aventura en el otro mundo. Sentía que desde los núcleos de los átomos de los tejidos de la carne y la piel se regeneraban por ese complicado orden, solo que algunas cosas faltaban, como los dedos de los pies y manos, su estatura, las rodillas, los pies, las manos y las caderas, sentía de poco a poco que volvía a nacer de nuevo, como si estuviera en el feto de su antigua madre; ahora sintió algo mojado y frío en todo su cuerpo, el gran espacio negro se volvía a un verde musgo muy oscurecido y que los astros fueron reemplazados por pequeños puntos amarillos solo que estaban muy cerca de el, esta ves sus ojos se dilataban y sintió la gran necesidad de pestañear, pudo sentir mover todos los músculos de su cuerpo, los nervios que se mandaban al cerebro decían que estaba alrededor de algo frío y pesado, cuando trató de respirar, algo frío entró por sus orificios nasales y se ahogó y estas vez si sentía la necesidad de respirar. Sin pensarlo dos veces ascendió hacía el cielo fosforescente de allá arriba. Llegó finalmente al parecer que era una superficie liviana, terminó de arrastrase en la suave hierba para poder respirar ese anhelante oxigeno, su cuerpo entero estaba empapado en agua de él pequeño lago que se ahogaba, terminó de jadearse hacía sus adentros para observar el paisaje tan colorido en el que estaba. Era el medio de un bosque, era de día y no cualquier día de EEUU, era un día hermoso a donde las aves volaban y cantaban libremente al igual que las hojarascas, la hierba suave combinaba con los pequeños caracoles arrastrándose. Se restregó el rostro con su casco (Esperen un minuto ¿Con su casco?) Vio su cuerpo y se colocó de una forma aprensiva de lo que le había sucedido a su vieja anatomía, la tez de su cuerpo cambió a un negro oscuro, sus dedos desaparecieron por completo dejando solamente unos nuevos cascos para el en vez de sus ásperas manos, lentamente fue hacía el pequeño lago para ver su rostro, era el rostro de un pequeño equino, para ser más exacto el de un pony; un pony con ojos de miel y pequeña boca, todas sus cicatrices habían desaparecido por completo, su lengua obtenía un color más rojizo y animado que la anterior que era más vieja e incolora, su oscura y reluciente crin estaba impecable y sin pólvora ni sangre, lo más notorio eran sus alineadas alas negras, llenas de plumas y brillo, las movió para probarlas, era como mover otras manos . Dejo de interpretar una apariencia narcisista y trato de ver lo que pasaba en este lugar, mientras pensaba, pudo divisar un pequeño pueblo a uno pocos kilómetros. Sin pensarlo fue hacía allá para al menos comprender lo que ocurría actualmente.

Lentamente y con su pequeña boca abierta veía el diminuto pero gran paisaje que no tenía ninguna semejanza con su anterior dimensión, por todos los lados veía solamente ponys coloridos, pegasos y unicornios, y todos ellos lo saludaban con una sonrisa demás, el cooperaba tratando de saludarlos con su nueva mano, no había asfalto ni siquiera algo tecnológico en ninguna parte, ni siquiera había hordas de gente apresurada como en New York. Aún con tres horas de caminar en cuatro patas le era muy difícil todavía, solía tropezarse aún.

Twilight Sparkle y Pinkie Pie paseaban por el pequeño Ponyville, Twilight leía un pequeño libro que levitaba con su magia mientras trotaba, y Pinkie Pie saltaba felizmente sin ninguna preocupación existente. Leo las vio ahí mientras se levantaba de la tierra, en menos de un segundo supo en donde estaba exactamente, el estaba en su programa preferido de la pubertad. Su rostro cambió lentamente al de uno miedoso a una felicidad esperanzada inmensa, quería ponerse a llorar de una forma alegórica, pero detuvo sus lágrimas cuando ellas se acercaban al muchacho desconcertado.

-Hola, por tu rostro me imagino que debes ser nuevo ¿Qué opinas Pinkie?

Espetó Twilight, Pinkie solo respondió como siempre: Emocionada

-¡¿Nuevo?! ¿Cómo puede ser nuevo aquí en Ponyville sin que haya tenido alguna fiesta? Aunque sea una pequeñísima fiesta ¿Qué quieres? ¿Reventón? ¿Fiesta? ¿Gran reunión?

-Emmm, yo…

Hablaba miedoso el chico mientras Pinkie se acercaba cada vez más a el con cada pregunta que se sentía amenazado. Ya tenía su respuesta formulada, pero cuando parpadeo ya no estaba más que su imagen de humo debido a la súper velocidad que ella produce. Su boca dejo escapar una diminuta risa además de unas lágrimas que se escurrieron por su mejilla. A eso Twilight le llamo la atención pensando que dijo algo mal para la personalidad del joven potro

-Hey ¿T-te encuentras bien?

A eso Leo le respondió en un tono orgulloso de sí mismo y con una sonrisa abierta

-Mejor que nunca