Snowdin era una ciudad pequeña y acogedora. A pesar del frío la gente se veía optimista, colocando regalos bajo un árbol y disfrutando de la futura navidad. No tenía tiempo para detenerme.

Sans se acercó a mí cuando me dirigía a la salida del pueblo.

-Hey. Mi hermano te espera más adelante. Aunque busque pelear, tú no lo hagas, ¿de acuerdo?

Asentí, algo confundida. Cuando me giré, él ya no estaba. Seguí mi camino y el menor de los hermanos me esperaba, expectante.

-Humano. Siento que esto tenga que ocurrir así, ya que me alegra haber encontrado otro amante de los puzzles y de mi comida, mas mi sueño de ser Guardia Real no se verá truncado por simplemente amistad.

Extendió la mano, haciendo que unos huesos salieran de la tierra. Estos fueron sencillos de esquivar. Él siguió utilizando el mismo ataque y yo me rehusaba de devolverle el ataque.

-Solo quiero ser tu amiga. No voy a pelear.

El esqueleto no cesó sus ataques hasta que comenzó a sentirse cansado. Al mismo tiempo, volví a sentir aquel dolor horrible esta vez en el pecho y parte del cuello. Papyrus corrió a socorrerme, deteniendo la pelea. Sentí odio dentro de mí, ya que debido a los esqueletos había tardado tanto y avanzado tan poco

Donde antes estaba mi corazón, no había nada.

-Déjalo, Papyrus. Puedo seguir.

Me levanté, cansada y mareada. El esqueleto parecía preocupado pero no le dejé ayudar de nuevo.

-Cuando vuelvas tendremos nuestra cita de amigos.

Sonreí falsamente. No tenía tiempo de volver.

Al abandonar las tierras heladas, entré en lo que parecía una cueva gigante. Sans me sonreía desde su puesto de vigilancia.

-Hey, niño. ¿Te apetece ir al Grillby's?

Negué la oferta debido a las prisas que tenía y seguí el camino.

Poco después, en una bonita sala con piedras brillando como estrellas, caí al suelo, retorciéndome de dolor de nuevo. Volvía a ser el brazo el que desaparecía. Con las pocas fuerzas que pude recoger, seguí caminando hasta caer rendida. Mi brazo ya no estaba de nuevo.

La desesperación comenzó a recorrer mi cuerpo al preguntarme cuántas vidas tenía en "ese juego". Unos pies se detuvieron ante mí. Un joven monstruo de baja estatura y sin brazos se quedó mirándome.

-Yo! Parece que estás mal. ¿Acaso alguien te ha golpeado? Undyne lo solucionará seguro. Tú no te preocupes.

Ese nombre me sonó de haberlo escuchado anteriormente. Papyrus y Sans me habían advertido de ella.

-Ella se encarga de golpear a los chicos malos, y ayuda a Asgore a recoger almas humanas.

Reí con sorna.

-¿Entonces le deseo buena suerte?

-Por supuesto. He oído que cayó un humano recientemente. Eso significa que podremos salir al fin a la superficie. Asgore, convertido en un dios y con alas, disparará rayos justicieros y acabará con quienes nos encerraron bajo tierra.

-Eso suena bien.

Me levanté con el único brazo que me quedaba y avancé lentamente con el chaval al lado.

-Me parece muy raro que no conozcas a Undyne.

-Soy nueva aquí.

-Tendré que mostrarte todo esto. Hey, amigo. ¿Qué te pasó en el brazo? Es como si lo hubiesen arrancado.

-Una larga historia. Prefiero escuchar las tuyas.

-Mis historias siempre son interesantes. Lo sé todo de Undyne, así que siempre hay de que hablar.¿Sabías que sabe cocinar? Cocina con mucha PASIÓN. Es una mujer intensa, digamos.

Recibí una emboscada poco después de la joven Capitana de la Guardia Real, Undyne. El pequeño monstruo quedó observándola mientras yo trataba de huir. Estaba sin fuerzas, hasta que el final Undyne me alcanzó y cortó el puente, haciendo que cayera al vertedero, justo sobre una cama de flores doradas.

Ya no me quedaba tiempo. Mi cuerpo comenzó a atrofiarse y desaparecer entre mis alaridos y sollozos. Pude sentir como el fantasma de las ruinas me observaba. La determinación me abandonaba poco a poco, dejando solo a la desesperación por no dejar ese ciclo de muerte y sufrimiento.