Harry

Estaba tumbado mirando el techo, era un joven de ojos esmeralda que brillaban de vida cuando estaba feliz y contento pero en cambio se oscurecían cuando algo lo molestaba, y últimamente estaba muy molesto. Con el ministerio, que estaban muy ciegos no queriendo reconocer la vuelta de Voldemort y encima pagando a los medios de comunicación para que lo desacreditasen; con los medios de comunicación por dejarse comprar cuando debían actuar libremente, sin permitir que nadie les dijese que opinar; con Dumbledore, por tenerlo completamente aislado de todo y de todos diciendo que así estaba más protegido, ¿protegido? Y un cuerno, si hubiese estado protegido no habrían aparecido los dementores; con sus amigos, por agachas la cabecita y decir que si a Dumbledore en lugar de comportarse como amigos, ayudando a mantenerlo en aislamiento y en la ignorancia; y... bueno estaba molesto con todos. Desde que había comenzado el verano había estado sintiendo algo paulatinamente, algo que había sido confirmado completamente en cuanto puso un pie en aquella casa, sentía que lo habían dejado completamente de lado, que querían mantenerlo en la inopia de lo que estaba ocurriendo; Voldemort tramaba algo y estaba seguro que lo que le habían dicho la primera noche, la noche de su llegada a la antaño casa de los Black, actual cuartel general, no era ni un tercio de lo que realmente sabían; de hecho, había notado como sutilmente habían callado a Sirius para que no dijese demasiado. Tan seguro estaba de eso como de que no lo habrían sacado de Privet Drive si no hubiese sido por los dementores; tumbado en la cama conforme estaba se encogió de hombros, algo bueno tenía que salir de todo esto, ya no estaba con los idiotas de sus tíos y el insoportable de su primo, además, extrañamente, pese a ser una casa tenebrosa en la que estaba ahora, se sentía cómodo, y eso le inquietaba y agradaba al mismo tiempo.

Se levantó bajo la atenta mirada de Phineas Nigelius Black, quien tenía la impresión lo estaba vigilando todo el rato; no le importaba en absoluto. Se giró contemplando a su amigo ron, quien todavía dormía, siempre estaba igual siendo el último en levantarse, también el último en dormirse; se encogió nuevamente de hombros, le dejaría dormir, a fin de cuentas todavía era verano, faltaba un mes para volver a Hogwarts y una semana para su vista en el ministerio.

Bajó tranquilamente las escaleras, en los pocos días que llevaba allí había llegado a conocer toda la casa, la cual a decir verdad era más una especie de pequeña mansión familiar, la sala del tapiz le llamaba particularmente la atención, pudiendo ver en ella las relaciones entre familias incluso antes de que Sirius le explicase, lo cual era fascinante e inquietante al mismo tiempo; al entrar en la cocina, las conversaciones entre los adultos presentes cesaron, pasando tras un silencio sorpresivo a temas más triviales; definitivamente le estaban ocultando algo, había algo que no querían que él supiese.

- Buenos días – Saludó

- Harry, es un poco pronto – Dijo la señora Weasley.

- Lo sé, pero no puedo dormir y bueno necesito distraerme un poco por lo de la vista y esas cosas, ¿Cuál es el plan del día? – Al menos estar limpiando la casa le suponía una pequeña distracción, un algo para no tener que pensar en absoluto; sobre todo porque sus amigos incluso estaban taciturnos con él, como si les fuese a devorar u algo por el estilo.

- Hay varios nidos de doxys en el salón.

- Estupendo; si quiere puedo ir empezando en cuanto termine el desayuno, señora Weasley.

- Que amable eres Harry, pero no será necesario; esperaremos a los demás, así no abra ninguno que se escaqueé; ¿Qué te apetece desayunar?

- Cereales, por favor – Siempre le habían gustado, aunque tenía suerte si con los Dursley los llegaba a comer en alguna ocasión, ya que sus desayunos solían ser más calóricos, o al menos lo eran hasta que pusieron a Dudley a dieta y todos quedaron obligados a comer lo mismo por simple solidaridad.

- Puedo prepararte algo con más sustancia si quieres, Harru cielo, estas muy flacucho.

- No será necesario, señora Weasley, los cereales están bien – Dijo con una sonrisa, no le gustaba sentirse atiborrado de comida, se la comía por educación pero no le agradaba demasiado.

- Como quieras.

- Un chico que come sano – Oyó decir a Tonks mientras le palmeaba la espalda – tú le gustarías a mi madre, no solo es una maniática de la limpieza, sino también de la comida sana.

- En Hogwarts, Harry casi siempre desayunaba cereales o pan; pocas veces lo vi comer otras cosas en el desayuno – comentó Lupin sonriéndole a Harry.

Mientras hablaban, en silencio, Harry se sirvió un tazón de cereales al que puso leche caliente que la señora Weasley había preparado mezclando el contenido antes de comérselo con tranquilidad, incluso estaba repitiendo cuando bajaron Hermione, Ginny, Fred y George. No solía repetir pero ya había comprobado lo duras que eran las sesiones de limpieza en esa casa, por suerte tenía practica de sobra en cuanto a las labores domésticas, y experiencia, mucha experiencia.

- ¿Vuestro hermano sigue durmiendo? – Preguntó la señora Weasley en un tono ligeramente peligroso.

- No ha querido bajar – Dijo Fred, sirviéndose unas tostadas tranquilamente

- Ha dicho que quería dormir más – Agregó George, sentándose frente a Harry y sirviéndose algo de leche, antes de saludarlo entusiasmado - ¡Hola Harry!

- Se va a enterar - murmuró enfadada la señora Weasley al tiempo que Ginny susurraba a Lupin y Tonks que estuviesen listos para encargarse de cerrar las cortinas del retrato, con ese comentario Harry comprendió enseguida lo que iba a suceder - ¡RONALD WEASLEY, DEJA DE HOLGAZANEAR Y BAJA A DESAYUNAR O TE QUEDAS SIN DESAYUNO!

Y con ese grito se despertó el retrato, sólo que unos bien prevenidos Remus Lupin y Tonks, estabas al pie del mismo aguardando el momento de atajarlo, evitando que todo fuese a más.

- Hoy tendremos un día tranquilo, Gred

- Si, muy tranquilo, Feorge

Harry y Ginny reían por la broma de los gemelos mientras Hermione soltaba un bufido de exasperación. Pero no tenían mucho con lo que entretenerse, puesto que pronto comenzarían a enfrentar el ejercito de doxys quienes defendían el que durante años parecía haber sido su territorio, el salón.