Hoy vengo temprano, en parte porque lo tengo escrito desde ayer y por otra parte porque ya leí el one shot de Dra-chan y me siento motivada. Nena, te quedó hermoso como siempre~
Como ninguna de las dos comprende el concepto de Drabble, repito lo de antes, puede ser más extenso, depende del humor.
2.- Kageyama x Hinata
No era un capricho, ni un deseo, era la más pura necesidad de él
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Kageyama alzó la cabeza y las manos, sus ojos azules se fijaron en la pelota que giraba sobre él. Era algo instintivo, pasar la pelota para rematar, armar la jugada era parte de su ADN. Él había nacido para ello. Sus manos se movían por sí solas, mientras que él solo se concentraba en el punto al que la quería hacer llegar.
De eso estuvo seguro desde que la pelota tocó sus manos por primera vez. De eso estuvo seguro en sus días en Kitagawa Daiichi. De eso estuvo seguro hasta el momento en que le dio un pase a Hinata primera vez.
Cuando se unió a Karasuno y descubrió que él y Hinata compatibilizaban a un nivel único, Kageyama dejó de pensar solo en armar la jugada. Él quería darlo todo para resaltar, para que los jugadores dependieran de él y su talento arrollador, en cambio ahora su mente trabajaba de forma distinta, trabajaba en pos del chico de ojos enormes y cabello naranja.
Kageyama armaba sus jugadas en torno a él, la colocación perfecta para su salto, la altura y el movimiento. Ya no buscaba la rotunda victoria con el peso en sus hombros, sino que buscaba evolucionar según lo hacía Hinata y así conseguir ganar el juego.
Sentía que si ambos seguían creciendo así, serían invencibles.
—¡Ese pase fue como FHUWA! —Exclamó Hinata cuando la pelota golpeó con fuerza el suelo al otro lado de la red—. ¡Eres genial, Kageyama!
Entonces el sonrojo se estampó en su cara, la sangre vibrando bajo la piel de su rostro, bajando por su cuello y subiendo por sus orejas. Hacía un tiempo que Hinata lo elogiaba sin tapujos, ¿acaso sabía lo que estaba diciendo? Ojos abiertos y brillantes, acompañados de esa sonrisa amplia que demostraba que para él nada era imposible.
—Debemos ordenar, ya es tarde —contestó Kageyama desviando la mirada, tratando de ocultar todos esos cálidos y extraños sentimientos que se alojaban en su estómago cuando estaba con él.
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La pelota subía y bajaba por encima de su cabeza, Kageyama lanzaba la pelota recostado sobre la cama para ver si podía calmarse. Llevaba varias noches sin poder dormir bien y la inquietud le cosquilleaba bajo la palma de las manos.
Al fin era consciente de la necesidad que sentía por Hinata. Necesitaba tenerlo cerca, tocarlo, estar con él, necesitaba besarlo, deslizar las manos por sus brazos delgados pero firmes. Aunque aquella necesidad no se limitaba solo a ello, Kageyama necesitaba todo de él. Su atención, su admiración, sus ojos puestos en él todo el tiempo, necesitaba que Hinata correspondiera a sus sentimientos.
—¡Maldición! —exclamó sentándose de golpe en la cama, apretando la pelota con fuerza entre sus manos.
Kageyama sabía que Hinata le gustaba como algo más que compañeros de equipo, aunque haya estado ignorando ese sentimiento, siempre supo que tarde o temprano tendría que admitirlo, asumir aquello.
Él estaba muy consciente de que era alguien de mente simple, que no le gustara la forma en que ello sonaba era otra cosa, pero era la verdad. Era perder o ganar, era admiración o indiferencia, amar u odiar, era negro o blanco. No había matices de gris. En ese caso, Hinata lo inquietaba tanto como el inicio de un partido de voleibol. Le gustaba, le gustaba mucho.
Había asumido sus sentimientos, pero, ¿acaso Hinata si quiera sabía algo de relaciones amorosas? Si él era alguien de mente simple, Hinata lo era al doble, agregándole que poseía una inocencia estúpida, Kageyama podría apostar sus ojos a que Hinata ni siquiera había pensado en alguien de esa forma.
Y si así fuera, no había probabilidades de que le correspondiera, comenzando por el hecho de que eran hombres y, lo que era peor, ¿valía la pena arriesgar algo tan bueno por una simple necesidad de acaparar todo?
Porque para Kageyama era tener todo de Hinata o no tener nada.
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Kageyama había decidido que su amor no era suficiente motivo para perder la amistad que tenía con Hinata, así que estaba empeñado en ocultar sus sentimientos y que todo siguiera igual que antes.
Lo estaba intentando con mucho ahínco, estaba poniendo todo de su parte…
—Kageyama, ¿estas enfermo? ¿Tienes parásitos?
—¡¿Parásitos?! —exclamó el azabache frunciendo el ceño y tomándolo por el cuello de la playera blanca con la que entrenaban.
—Tienes ojeras y no comes tu almuerzo, además te masajeas la panza cada vez que estás quieto —explicó Hinata con la mirada seria y el ceño levemente fruncido.
¿Cómo es que no iba a estar masajeándose el abdomen? Hinata llegaba y lo miraba con verdadera preocupación, se notaba que lo había estado observando y Kageyama sintió su pecho hincharse un poquito de felicidad.
Al parecer los nervios le habían estado jugando una mala pasada, era verdad que se había sentido mal del estómago desde que decidiera ocultar su sentir.
—No es nada —contestó soltando la playera del chico y girándose para ir a buscar una pelota nueva a la canasta.
—No me mientas, Kageyama —le gritó Hinata y el azabache dio un respingo, girando para encontrarse con una expresión diferente, entre enfado y dolido.
Entonces avanzó, porque el actuar de Hinata le hacía las cosas más difíciles y Kageyama sabía que su necesidad de él crecía con cada día, con cada momento y ya no podía contenerlo, preso del enojo y la situación.
Empujó a Hinata por los hombros y lo estampó contra la pared, estaba frustrado y nunca fue bueno lidiando con ese sentimiento.
—¡¿Entonces qué quieres que te diga?!
—La verdad.
Hinata no se había inmutado por el actuar del azabache, en cambio le aferró las muñecas y lo miró con más seriedad, era una expresión nueva y Kageyama iba a terminar dándole un cabezazo si ello seguía.
—¡Me gustas! ¡Me gusta, Hinata! —gritó con la voz raspándole la garganta por el esfuerzo y cuando fue consciente de lo que había soltado, su cuerpo comenzó a temblar.
Kageyama se mordió los labios, arrepentido hasta la médula, sobre todo cuando los ojos de color marrón se fijaron en él con el asombro estampado en la cara.
Sintió miedo, el azabache era presa del más puro miedo. Su mente comenzó a traer los desagradables recuerdos del momento en que Kitagawa Daiichi le dio la espalda, dejándolo solo en la cancha. Más solo que nunca. Desde entonces tenía miedo a la soledad, no quería volver a sentirse de esa forma, mucho menos con Hinata, eso no lo resistiría.
—Te gusto… ¿Cómo te gusta el voleibol? —Preguntó Hinata, trayendo a Kageyama de vuelta de la vorágine de pensamientos que lo estaba devorando.
Kageyama enarcó una ceja, medio descolocado y aún preso de la vergüenza y el miedo, ¿podría retractarse a esas alturas? No. Debía dejar aquello claro desde el inicio, no podía seguir huyendo. O es negro o es blanco.
—No, me gustas como te gustaría una chica.
—Pero yo no soy una chica.
—¡Eso ya lo sé! —Respondió alzando la voz otra vez—. Lo sé muy bien —terminó murmurando.
—Yo… creo que lo entiendo —terminó por decir Hinata, alzando la mirada y Kageyama sintió que su corazón se saltó un latido. Hinata se veía tierno, enormes ojos y rostro sonrojado, sus labios con un gesto que podría ser un puchero, quizás vergüenza, no podía decidirse—. Tú… tú también me gustas, Bakayama.
—¡¿Uh?! —exclamó el azabache con gesto de molestia ante el apodo.
—Pero no me gustas como una chica, ellas son lindas… —entonces Hinata notó que Kageyama endureció incluso más su expresión. Alzó las manos con los nervios a flor de piel—. ¡Espera! ¡Espera! Me refiero a que se siente diferente, umn, como… me gustas como me gusta anotar en un partido...
Kageyama tragó con fuerza, sintiendo un calorcillo hormiguear en su estómago, pero esta vez no era desagradable, era emocionante, él comprendía perfectamente lo que Hinata quería decir con esa comparación.
—¿Puedo besarte? —La pregunta había salido sola, mera inercia, pero nada de eso importaba, porque era lo que más deseaba en ese momento.
Hinata apretó los labios y el rojo de sus mejillas se volvió incluso más furioso, pero terminó por asentir.
Kageyama se aproximó muy consciente de que lo necesitaba, necesitaba sentirlo, necesitaba demostrarle que le gustaba de esa forma. Era mero instinto, como todo lo que hacía, porque nunca había besado a nadie y no quería arruinarlo.
Juntó sus labios, suave, presionando y disfrutando de esa corriente eléctrica que le recorrió hasta la plata de los pies, haciendo que todo vibraba en nervios y ansiedad. No quería cerrar los ojos, en cambio Hinata los tenía bien cerrados, a pesar de ello, sus labios también presionaron de vuelta. Una, dos, tres veces. Simples toques que lo estaban haciendo olvidar la vergüenza y querer más, mucho más.
Entonces sus labios se movieron, tomando el inferior de Hinata y tirando, chupando y haciéndolo sonar cuando lo soltó. Era su primer beso y era descoordinado, suave, con un leve choque de dientes, era perfecto.
—Kageyama —susurró Hinata cuando se separaron y el azabache juntó sus frentes soltando un suspiro.
—Me gustas, Hinata, y quiero tocarte y besarte siempre —dijo Kageyama.
Ya no temblaba, ni sentía esa presión en el estómago. Kageyama por fin estaba en paz.
A pesar de ello, cuando vio la intensa sonrisa en el rostro de Hinata, supo que su necesidad por él estaba lejos de menguar, y era ese mismo gesto el que le aseguraba que podría saciar esa necesidad cuando quisiera, porque era correspondido.
Estos dos me gustan mucho, mucho, mucho. Siento que están hechos el uno para el otro, literal. También siento que Hinata es el complemento y debilidad de Kageyama, y eso se me hace tan tierno… bueno, quise mostrar un poco lo idiotas que son dentro de su inocente juventud. Espero no haber quedado corta.
Los reviews son amados. Besos de Gato~
