SUMMARY: Ya se había agotado a sí misma, días antes desde el primer momento que él se lo confesó, tratando de descifrarlo cual acertijo. Buscando encontrarle explicación a la ausencia de su hermano en el día de su boda.


II

—Onii-chan, ¿qué harías si te digo que me caso mañana?

¿¡Qué!? —la cara de su hermano es un poema divertido o uno que a ella le causa diversión. Él tenía la cuchara de madera en la mano, la sopa en la cacerola y se había girado rápida y torpemente de la sorpresa.

De momento ambos se trataban de los únicos en la cocina, ella acababa de bajar las escaleras con el cabello algo húmedo por la ducha tomada recientemente. Sonrió a costillas de su hermano mayor.

—¿Todavía no lo superas, eh? —le preguntó entre una risa.

Un día de aburrimiento, se le había dado por preguntarle a su hermano cuál era el sueño más raro que tuvo. Entre cualquier locura o perversión que pudo decir, Kippei le confesó que en su sueño más extraño se encontraba ella.

Por un instante infernal, para ella obviamente porque había tenido que luchar contra un potente sonrojo, se quedó petrificado y casi decepcionada cuando oyó que él soñó con ella... casándose.

Ann se sintió totalmente feliz en aquel entonces, cosa que podía hacerla parecer engreída. Es decir, parecía como si estuviera alegrándose de la preocupación de su hermano. Sin embargo, lo que en verdad la ponía contenta era saber que Kippei realmente tenía interés y velaba de su bienestar emocional. Y de su vida sentimental, al parecer.

Siempre supe que eras así de lindo. Le confesó, en su mente ante la muestra de dulzura de la que él mismo no reparaba en saber que dada.

—No debería habértelo contado —Kippei se giró, fastidiado.

—¡Tampoco me contaste quién era mi novio! —se acercó más, buscando su rostro.

Él desvío la mirada, de nuevo.

—Ya te dije que no le vi el rostro.

Ann frunció el ceño apenas.

—Seguro que eso es una excusa para no decirme.

Pero él estaba siendo totalmente sincero, aunque Ann no le creyera.

—¿De todos modos, qué tipo de ceremonia hicimos, Onii-chan? ¿Occidental o tradicional? ¿Si es la primera, cómo era mi vestido? ¿Dónde estabas tú?

—Tienes catorce años, ¿por qué te preocupa eso justo ahora?

—Responde, ¿si~? —le dijo haciendo un mohín.

Suspirando, la miró fijamente en esta ocasión, dejando olvidada un rato la cuchara de madera.

—Fue una ceremonia sintoísta, así que no usaste vestido —ante esto Ann lució levemente decepcionada—. Y yo... No sé dónde estaba yo.

La decepción se fue del rostro de la chica, dando paso a la confusión.

—¿No estabas en mi boda? —preguntó juntando los labios en una mueca de tristeza.

—Fue solo un sueño, Ann. ¿No te pasa normalmente, también? —le recordó mientras retomaba su labor—. En ocasiones, somos un espectador que no está presente en su sueño.

Esa explicación a ella le sonó a poesía, por más que no fuera intencional. Y por más poética que sonara esa afirmación, no quería creerla.

—Si fuera así, es como si el sueño no fuera tuyo —replicó.

—Es la verdad —él no comprendía que su hermana menor estaba dándole otro contexto a sus palabras.

Mas ella no quiso desistir, empecinada en obtener una respuesta que su hermano no poseía ni quería detenerse a pensar. Ya se había agotado a sí misma, días antes desde el primer momento que él se lo confesó, tratando de descifrarlo cual acertijo. Buscando encontrarle explicación a la ausencia de su hermano en el día de su boda.

Entre tantas, la que más destacaba era una que le producía felicidad y dolor en partes iguales. Más producto de su imaginación que de una posibilidad a presentarse en la realidad, sentimientos que tendría en la vida real si el sueño de su hermano se cumplía.

¿Y si no pudiste ver el rostro del novio... porque ese eres tú? Con ilusión y temor en partes iguales, esa teoría se daba Ann para atribuir la ausencia de su hermano presenciando la boda.