Y yo que pretendía actualizar poquito después de subir el primero, qué va, soy una vaga sin perdón de Dios XD Solo han sido algunos días difíciles por culpa del paro.
Oí Venecia sin ti de Charles Aznavour escribiendo esto XD De paso descubrí lo místico que es mirar a un gato dormitando con la música de El Padrino de fondo o.o.
Este capítulo tiene algunos estereotipos sexistas, yo sé que no son ciertos del todo (por algo son estereotipos), pero son divertidos así que espero que lo entiendan así.
También mención de otras parejas.
Ahora, adelante.
2. Cosas de chicas
"El olor de las flores es agradable, pero en exceso cansa" pensó Austria bebiendo calmado su taza de té y mirando de soslayo los cientos y cientos de arreglos florales que llenaban la habitación hasta en los más inusitados recipientes, como una tetera o unas botellas de cerveza llenas de agua, cada cual con su respectiva tarjetita finamente decorada y con un mensaje particular escrito a mano, la más cercana al austríaco, correspondiente a un ramillete de rosas amarillas puestas en una cafetera, decía "Por ti convertiría mis campos en un desierto. Perdóname. Italia Veneciano".
En medio de tanto pétalo y aroma dulzón y palabras de amor, podía distinguir al otro lado de la mesa a un cansado Prusia esperando una respuesta en silencio, había estado Todo el día recibiendo envíos desde Italia, flores a las que tenía que buscar macetero y otros regalitos que Alemania ni siquiera se había dignado a mirar, incluso estaba harto de escribir su asombroso nombre cada vez que hacía una recepción y eso que adoraba todo lo que tuviera que ver con él mismo, para qué decir que su hermana andaba con un ánimo de mil demonios y no quería hablar con él ni con nadie, tan solo había accedido a salir al patio a jugar con los perros, pero ni eso era capaz de sonsacarle una sonrisa.
-No te llamé solo para tomar el té, señorito. Dime algo…
Dijo al fin Prusia, tratando de dotar de su típica acidez a sus exhaustas palabras.
-Lo sé. Me llamaste porque soy el único de tus "amigos" que no arruinará la situación.-replicó Roderich con una suave sonrisa de vencedor, no podía desperdiciar la oportunidad de tener a Gilbert así de débil en frente suyo-… pero para que estés más tranquilo, te diré que nuestra solución viene en camino.
-¿Llamaste a la loca del sartén?
-Evidentemente Elizabeta sabrá acceder al lado femenino de Alemania con mayor presteza que nosotros, ya que él… o ella, nos ve básicamente como sus hermanos mayores, es natural que se sienta más afectada en nuestra presencia.
-Estoy seguro de que el Viejo Fritz hubiese sabido qué hacer.- suspiró Gilbert- Esto casi sobrepasa mi Awesomidad.
Austria se abstuvo de replicar ante la presunta eficiencia del ex gobernante, al igual que el olor de las flores, ver así a Gilbert era divertido pero se estaba volviendo penoso.
Al rato la puerta de la casa alemana se abrió de golpe dejando pasar a la húngara con la misma ágil prestancia con que solía llegar cada vez que su ex marido la necesitaba. Los dos varones dieron un respingo que bien podría haber sido de sorpresa como de miedo.
-¿Dónde está Mónica?-Exclamó ferozmente, demasiado agotado como para hacer gala de su grandiosidad, Prusia solo señaló la escalera que daba al cuarto de su hermano. Antes de subir, la húngara se volvió hacia ellos- Esto será complicado, pero no imposible… ya llamé a mi refuerzo, pero necesitaré que me ayuden.
-¿Cómo se supone que es eso?
-Dame tu tarjeta de crédito. También la tuya, Rode… todo será útil.
En aquel cuarto virilmente decorado con algunas reliquias bélicas y adornos relacionados con sus equipos de fútbol, Alemania recordaba su pasado perdido por culpa de una magia extraña y maldita que lo había condenado a un cuerpo que no entendía.
Un suave golpe en la puerta le indicó que alguien más estaba en la casa. No era su hermano, que habría abierto la puerta sin más, ni su vecino Roderich que habría golpeado firmemente exigiéndole dar la cara. Tampoco podía ser alguno de sus jefes, pues había solicitado extrema discreción debido a su emergencia ni mucho menos, su… ex (una fuerte punzada hirió su corazón cuando pensó en el italiano como tal), ya que le había dejado clarísimo que no quería verlo. Entonces, más por curiosidad que por otra cosa, asomó tímidamente en la puerta encontrándose con la cálida sonrisa de Hungría.
-Vaya… eres más hermosa de lo que me contaron.
Saludó.
-Hun-Hungría ¿Qué haces aquí?
-Llámame Elizabeta o Eli, querida. Vine a ayudarte, de amiga a amiga.
-Por favor, te lo ruego… no me trates como una chica. Tú me conoces, soy Ludwig… no Mónica.
-Yo te conozco: Eres Alemania, un alma fuerte y valiente, sin importar el cuerpo que la contenga.-Replicó con voz severa- Déjame entrar y charlaremos de esto.
La rubia le hizo un lado para que entrara en el cuarto, era la primera vez que dejaba a una nación femenina, aunque curiosamente Hungría tenía la actitud de conocerla habitación a la perfección, como si la hubiese visto innumerable veces en sus cintas de video…
Acercó una silla a la cama donde se encontraba sentada Alemania y la miró largamente.
-Mírate, Alemania, tienes el cuerpo de una mujer y no sabemos hasta cuando… debes asumir eso.
-Sé que tienes razón-contestó ligeramente alterada- Pero puedes suponer que no es nada fácil ¡Es un cambio de cuerpo, por dios! ¡Ni siquiera tiene lógica!
-Comprendo que debe ser difícil, pero en el fondo todos tenemos algo del sexo opuesto en nosotros ¿no? Solo tienes que venir con nosotras y aceptar a la maravillosa mujer que hay en ti.
Declaró con una gran sonrisa.
-Espera… ¿Nosotras? Pero si…
Antes de que Alemania terminara la frase, una bocina de auto les indicó que alguien estaba afuera de la casa, Hungría arrastró a la germana hasta la puerta donde recibieron a una muy sonriente Bélgica.
-¡Hola, chicas! ¿Están listas?
-Desde siempre.
Contestó Elizabeta como quien está a punto de realizar una importantísima misión. Entre risas lograron meter a la desconcertada Mónica en el asiento trasero del auto y partieron raudamente con rumbo desconocido.
-¿Dónde me llevan?
Preguntó Alemania entre curiosa y desafiante.
-Al centro comercial, desde luego.
Contestó Bélgica con naturalidad, Hungría agregó.
-Primero necesitarás ropa nueva, tontita. No puedes andar por ahí con la ropa de tu ex novio…
Alemania bajó la mirada en pensar en Italia, su sola mención hacía surgir en su pecho una avalancha de sentimientos aun más confusa que las que solía inspirarle cuando era hombre.
-¿…Ya saben de eso?
-¡Toda Europa habla de ello!-respondió Bélgica, con lo que se ganó un fiero codazo por parte de la húngara, señalándole el rostro dolido de la germana- … No es que andemos cotilleando, es solo que nos parece curioso y estamos preocupados…
-También tendremos que hablar de eso, pero después. Primero: ¡COMPRAS!
Elizabeta terminó su enunciado con un chillido entusiasta que casi les vale estrellarse contra una librería, por suerte para todos, la nación logró controlar el vehículo antes de que ocurriera una tragedia.
Demás está decir que aplanaron el centro de Berlín de una tienda a otra. Entraban bulliciosamente (al menos Hungría y Bélgica), miraban todas las prendas, conversaban con las encargadas acerca de cuáles les recomendaban a su tímida amiga Mónica, cogían un montón de ropas que luego se probaban ante el espejo del probador para finalmente decir que no llevarían nada o solo llevarían una, la que estaba en la oferta de tres por precio de dos, o aquella que desecharon al principio y ahora se encontraba en el fondo de una montaña de blusas, dejando a la pobre encargada con un sublime dolor de cabeza. Alemania no lograba comprender el funcionamiento de esa especie de ritual llamado Shopping, que a veces tenía atisbos de gran violencia, como cuando debían competir con otras chicas por el único pantalón que quedaba de su talla o cuando la encargada de zapatería les miraba con odio porque le pedían ese mismo par de botas en el número menor y color que se encontraba en la caja más alta del lote, para luego decidir que era mejor no llevarlas porque eran demasiado toscas.
-…No entiendo por qué debo probarme todos vestidos si solo llevaré uno…
Decía la joven cambiándose por enésima vez ante el espejo que no se cansaba de reflejar un cuerpo que tan misterioso para ella.
-¡Porque es divertido!
Exclamaban sus compañeras, desde sus respectivos probadores, para luego salir a ver cómo lucían y recibir sus críticas y comentarios ("Combina con tus ojos, Mónica" "Quedarían geniales con los zapatos que vimos en vitrina" "…Bel, deberías bajarle a los chocolates un tiempo" "Zorra").
Después de la fatigosa jornada de compras, de la cual venían cargadas de bolsas y más bolsas de ropa, correspondía la de sesión de belleza y relajación, para alivio de Alemania que estaba cansada de andar y andar, entrar a una tienda tras otra, vestir y vestir, comprar y comprar, aunque no negaba que al menos sus nuevas adquisiciones tenían un propósito racional y eran muy bonitas en realidad, pero eso no lo diría jamás.
Entraron a la peluquería preferida de Elizabeta en la ciudad, donde las recibieron como si fueran amigas de toda la vida.
-¿Quién es tu nueva amiga, Eli?-preguntó el afeminado estilista a cargo refiriéndose a Alemania mientras las otras dos se acomodaban a sendas sillas, como si fueran de la casa.
-Se llama Mónica- respondió Elizabeta-, es hermana del vecino de Rode, mi ex marido ¿recuerdas que te hablé de él? llegó hace poco a Berlín y decidimos mostrarle algo de mundo.
-Hola, Mónica ¿Qué quieres hacerte, cariño?
Ante su desconcierto, pues para Alemania hasta entonces las peluquerías solo ofrecían el servicio de cortar su cabello al estilo militar, Elizabeta acudió a su rescate.
-El servicio completo, Paul, Mónica necesita con urgencia de tus manos milagrosas- A Alemania eso le sonaba bastante perturbador, como premisa de una película para mayores, pero para las demás chicas parecía de lo más corriente-
-Por supuesto, tiene todo para ser una preciosura, solo hay que saber explotarlo.
Mónica se sonrojó a su pesar ante el comentario y se dejó hacer por el estilista que ordenó a otras dependientas que se hicieran cargo de sus uñas mientras él aplicaba un tratamiento especial a su descuidado cabello.
La situación le parecía más que extraña, con tanta gente encargándose de sus pies, sus manos y su cabeza, pero no podía negar que aquel masaje capilar la hacía sentir como en el cielo…
-¡Aichs!- se quejó el estilista. En su éxtasis Alemania pensó que aquel muchacho tenía cierto parecido con Polonia y que no sería mala idea recomendarle aquel centro de belleza cuando se encontraran en una reunión- ¡Chica, tu cabello llora! ¿Has sufrido algún estrés últimamente? ¿Alguna pena de amor?
-No creo que ese sea un tema adecuado…
Comentó Bélgica, hojeando una revista de chismes.
-Vamos, el tío Paul siempre sabe del amor-Las tres naciones pensaron inmediatamente en cierto país- Eli ¿No te he aconsejado bien cada vez que tienes problemas con ese famoso Rode?
-¿Problemas con Roderich? Pero ustedes se separaron hace… -Alemania no terminó la frase, recordando que estaba frente a un humano. Leyendo su curiosidad, Bélgica intervino.
-Eli y Roderich han vuelto y terminado un montón de veces desde la separación oficial ¿Por qué crees que ella aun usa su tarjeta de crédito con lo tacaño que es él?
-Pero tú… y mi hermano…
-Hehehe…-rió nerviosamente Hungría- Lo que hay entre nosotros tres es distinto, ya nos peleábamos y reconciliábamos desde antes que tú nacieras-los estilistas interpretaron eso como una exageración normal- de ningún modo se compara con la relación que tenías con Feliciano…
-OOps- volvió a meterse el estilista- Creo que están saliendo trapitos sucios, debí dejar la boca cerrada jujuuju
-Sep, si es por chismosear, que sea con otra gente- agregó la belga con su clásico toque felino- ¡No se van a creer a quien vi entrar esta vez a la casa de Francis!...
Las jóvenes comenzaron a hablar de las últimas novedades del panorama sentimental internacional, mientras Alemania las escuchaba, a veces asombrada, a veces interesada, las más horrorizada y reflexionaba acerca de esas cosas que pasaban a su alrededor de las cuales nunca se había enterado y que, de algún retorcido modo, explicaban mucho sobre los problemas que los afectaban a ellos como naciones.
Cuando salieron del centro estético, con el cabello reluciente, sus manos más cuidadas que nunca y una sarta de consejos en su libreta sobre cómo cuidar su piel en las actividades a las que era aficionada, como la carpintería, la cocina y la crianza de perros, Alemania se sentía más relajada de lo que no se había sentido desde su transformación. Sus amigas la miraron satisfechas.
-¡A que te sientes estupenda! ¿No?- Exclamó la belga- ¡Ojalá mi hermano pudiera comprender que esto no es una pérdida de tiempo!
Alemania bajó la mirada. No podía mentir y decir que aquella vertiginosa tarde no la había logrado distraer de sus problemas.
-Entonces… ¿esto es lo que hacen las mujeres para sentirse mejor?
-Solo en parte- repuso la belga- Lo más importante es conversar con tus amigas.
-Así es, espero que ahora te sientas más cómoda para hablar de cómo te sientes.
La germana se turbó, si bien había logrado hacerse de algunos amigos en el transcurso de la historia no tenía por costumbre ir por ahí confesando sus sentimientos con ellos, ni siquiera el hecho de pasar tanto tiempo con Italia le había ayudado a mejorar su capacidad de expresión, pero extrañamente ese ambiente bullicioso y tintineante como un repicar de campanillas que rodeaba a las dos muchachas a su lado le hacían sentirse cómodo y seguro a la hora de hablar, como si fueran madres a las que no podía engañar ni mentir, delicadas gotas que firmemente iban erosionando la roca que cubría su corazón.
Bélgica propuso una heladería y se dirigieron allí a comer una enorme copa de helado cada una mientras conversaban sobre lo que estaba sucediendo en la vida de la nación alemana.
-…Me siento inseguro, vulnerable… y lo peor es que todo es por culpa de quien menos lo esperaba. Fuera de que Feliciano sea por naturaleza incapaz de matar una mosca sin salir herido en el proceso, nunca creí que él… que él fuese a hacerme esto.
-Todas sabemos que Feli tiene buen corazón- dijo Hungría- Así que no creo que lo haya hecho con mala intención.
-Es cierto. Lovino me ha dicho que vive llorando desde que lo cortaste…
-Lo sé. No deja de mandarme flores y chocolates para que lo perdone, pero aun así no puedo hacerlo. Le he perdonado todos los desastres que ha dejado en mi casa y mi vida, desde quemar mi cocina hasta huir en mi auto en plena batalla, incluso lo perdoné cuando me dejó solo al final de la guerra- agregó con un hilo de voz ante el oscuro recuerdo, sus acompañantes la miraron con tristeza- … y sin embargo, no puedo perdonarle esta vez.
-¿Por qué no?
Inquirió Hungría.
-Siempre que él me hería de algún modo, era por torpe o por cobarde.-Los ojos celestes de Alemania se humedecieron sin que pudiera controlar su emoción- Pero ahora… fue porque quería cambiarme, porque había algo en mí que le desagradaba y no fue capaz de decírmelo…
Hungría y Bélgica cruzaron una mirada seria.
-Entiendo que estés dolida. –Dijo Hungría-
-Pero en parte es tu responsabilidad también.
Concluyó Bélgica.
-¿Eh?
-Es un asunto de comunicación, Italia ama todo de ti, es evidente, se entregaba por completo a ti y tú a él, se complementaban, sabemos todo eso-decía Hungría comiendo su helado- ,pero (y sé que te costará hablar de esto)… el problema puede estar en sus sábanas.
-Te refieres a…
-A que algo no anda bien con el sexo, chica.
Agregó Bélgica sonriente por el increíble sonrojo de Alemania, casi comparable con el color favorito de sus amigos amantes del tomate.
-No sé qué pueda ser… -respondió Alemania a tropezones y con la vista fija en su helado- … Me he documentado sobre el tema…. y siempre lo consulto con él, además él… él decía que… todo iba bien…
-No lo dudo- respondió Hungría recordando las interesantes horas de diversión que le propiciaban las cámaras en el cuarto alemán-, pero en una relación como la de ustedes no viene mal la variedad ¿sabes? Es el problema con vivir tanto tiempo, somos víctimas de la monotonía y para sobrellevarlo hay que estar dispuestos a ser dinámicos ¿entiendes?
-¿Q-qué es… lo que propones?
-¡Cambio de posiciones!-
Exclamó Bélgica dichosa se seguir perturbando a la muchacha rubia que a duras penas trataba de mantener la compostura, la imagen mental de Feliciano siendo el activo en el sexo era extraña, especialmente porque él nunca había sido el pasivo de nadie y si bien le parecía que su novio disfrutaba mucho con la posición, jamás se había atrevido a proponer algo así. Tan concentrado estaba procesando aquella idea que no se cuestionaba el hecho de que las dos naciones se inmiscuyeran de esa forma en sus intimidades.
-A Antonio y Lovino les resulta de maravilla, es cosa de ver cómo cada cierto tiempo Antonio llega a las reuniones sentándose raro y con una sonrisa aun más ida que de costumbre…
-¡Maldición Bel, es la cuarta vez que te descubro hablando de mí!
La inesperada presencia del malhumorado italiano congeló la escena, no por aquella pequeña riña que se solucionaría con una sonrisilla felina y algunos dulces belgas (el tiempo de vivir juntos había forjado esa fraterna relación), lo inquietante del momento era que el joven castaño iba acompañado por su hermano.
Quiso la fatal coincidencia que los dos italianos visitaran justo aquella gelatería en su visita a Berlín y que al encontrar Alemania con la mirada al menor, le hallara hecho un despojo humano, pálido y demacrado, de ningún modo comparable al jovial muchacho que todos conocieran. Una punzada de culpa hirió el pecho de Alemania, pero se contuvo tras la máscara de la indiferencia.
-Alem…
Feliciano no alcanzó a terminar. La rubia se levantó, dejó el dinero de su helado sobre la mesa y se marchó orgullosamente, dejando a las demás naciones expectantes tras de sí. Su razón le decía que debía quedarse y enfrentar la situación, su corazón (al parecer, más dominante en este nuevo cuerpo) le decía que buscara un refugio rápido para no dejarse caer.
Lo siento, algo no va bien u.u
