CAPÍTULO 2. La furia de Inuyasha
Esa misma noche; el joven que había sido testigo de esa escena erótica y desagradable cenaba en compañía de su madre y su padrastro en un ambiente incómodo, tenso.
Podrían estar los tres tranquilamente sin emitir ninguna palabra pero el silencio que reinaba en ese comedor no era precisamente el más saludable para lo que se suponía debía ser una familia funcional.
Inuyasha ni siquiera se llevaba bien con el sustituto de su padre como él mismo lo llamaba con desagrado, pese al descontento de su madre que luchaba día a día sin cansarse porque Inuyasha su único hijo y lo más valioso que tenía, viera con buenos ojos a su pareja de hace un poco más de cuatro años.
— Ya me voy a mi cuarto — se levantó como un cometa arrojando sus servilletas sobre la mesa con molestia como siempre cuando se hallaba cerca de esas dos personas a solas.
— Espera hijo — dijo apresurada una mujer muy atractiva de piel blanca. Preocupada por la reacción de su hijo apoyó los codos sobre la mesa y recargando su barbilla en sus dos manos continuó — ¿No quieres contarnos como te fue en la escuela?
— Ya termine de cenar ¿¡qué más quieres!? — Le levantó la voz retadoramente dándole la espalda — ¿¡Qué me ponga a convivir con este desconocido!? — Dándole la cara señaló con falta de empatía al hombre que hasta entonces había estado distraídamente leyendo el periódico en su lugar — ¿¡No te basta con obligarme a vivir bajo el mismo techo con él!? ¿También quieres humillarme? ¿¡Hacerme más infeliz!? — terminó por reclamarle con crueldad a la mujer de 33 años
— No hijo pero…— trató de explicarle que su intención no era hacerlo sentir de esa manera pero era en vano, era fácil que Inuyasha perdiera el control sobre sí mismo. El adolescente tenía un carácter especial como ella pensaba pero no era gélido más bien su temperamento era caliente de esos que primero dejaban acumular la rabia y después cuando no podían más tolerarla estallaban en un segundo como dinamita. Ella no sabía a quién se parecía, ni siquiera su difunto esposo fue nunca así, su esposo había sido cariñoso y atento no grosero e inestable.
— Ahora acepta las consecuencias de tus actos — prosiguió con sus reclamos apuntándole rabioso — No pretendas que me olvide que tuve un padre, y no vivas con la ilusión de que alguna vez acepte a este tipo.
La mujer se puso de pie.
— ¿Pero qué te ha hecho a él? — preguntó con mucha angustia a su hijo pidiéndole una explicación del porqué no terminaba de aceptar aunque fuera como un amigo a su nueva pareja.
— ¿Qué me hizo? — Replicó sarcástico — ¡Se metió en la familia! — Liberó las palabras que por mucho tiempo ocultó por vergüenza, no quería que su madre viera hasta donde le perjudicaba la situación porque le daría más razones para que se le acercara y él no quería su compasión, quería que se alejara de su pareja, del usurpador solo eso — ¡Intentaste reemplazar a mi papá cuando ni siquiera tenía 6 meses de muerto! ¡Con eso me dejaste en claro que ni siquiera lo querías! ¡Por lo menos si le tenías un poco de respeto por todo lo que hizo por nosotros te hubieras esperado un tiempo antes de irte a enredar con este vagabundo! — los insultos iban dirigidos con profundo desprecio, directamente al sujeto fornido que hasta el momento había estado haciéndose el sordo para evitar hacer el conflicto más grande pero para todo había un límite y tampoco iba a permitir que le siguieran insultando.
— Ya basta Inuyasha — intervino tranquilamente finalmente el implicado, el causante de la ira del adolescente. No era su objetivo entrometerse en esa discusión de madre e hijo porque no pensaba ponerse al nivel de un niño pero sus insultos eran muy hirientes y a él se le acabo la paciencia.
— ¡Ja! — Bufó como un león enjaulado metiendo las manos en sus bolsillos — No te metas, solo eso faltaba — sonrió arrogante, como si no creyera que el cinismo de ese sujeto fuera tan grande como para que se entrometiera en asuntos ajenos, pero la sinvergüenza no tenía candidatos exclusivos, cualquiera podía tenerla — que alguien sin autoridad sobre mi intente controlarme — prosiguió echo una fiera — Nadie me da órdenes ¿oíste?
— ¡Pero yo sí! — Golpeó la mesa firmemente la señora por fin, harta y afectada de sus reproches diarios — te exijo que dejes de comportarte como un muchachito malcriado.
— ¡Y yo te exijo que dejes de meterte en mi vida! — Colocó enfurecido las manos en su cadera muy a su manera, dándole entender a su madre que no daría jamás su brazo a torcer — Como me haya ido en la escuela no te incumbe — recalcó — Preocúpate por él — se refirió al hombre mayor — que es lo más te importa — dejo la discusión inconclusa y corrió subiendo las escaleras ante la tristeza de su mamá.
A él le agotaba esa situación desagradable, y mentiría si dijera que por lo mismo no habría querido fugarse de su casa pero era tan cobarde y dependiente de ella que no sería capaz de sostenerse por sí mismo para poder sobrevivir en la calle, dependía económicamente de ella y no quería dejar su vida cómoda por un coraje, obvio está, que también era un interesado que se movía por conveniencia; a veces se ponía a pensar que como hijo era de lo peor.
Llegó a su recamara y se acostó con brusquedad sobre su cama, sin prender la luz siquiera.
La oscuridad le daba la privacidad que necesitaba ahora mismo. La luz de la luna alumbraba casi toda la habitación ya que por la ventana la luna llena proporcionaba luz blanca.
Esa luz se introducía como un ladrón a su hogar, en ese caso a su cuarto que era el único lugar en donde se sentía seguro y que apreciaba, donde nadie podía entrar y hacerle la vida imposible.
Justo ahora; su estado de ánimo no estaba para ponerse a realizar algo de interés hasta que por simple gusto se dio la media vuelta y se puso acostado de lado en su cama, miro a través de la ventana hipnotizado por la luna y sin querer como un flash la misma ventana le hizo recordar el episodio extraño que vio esa tarde.
Hummm— un apenas perceptible ruido de placer surgió de una dulce boca
Más fuerte— ordenó una voz masculina
Jamás en su vida había vista algo tan bochornoso.
Dos amantes en plena luz del día cometiendo un acto lujurioso y lo peor es que salpicados por la deshonestidad como era el engaño ¡Que drama!
Conocía a la familia que vivía a unos metros de la suya y la conocía desde hace unos 10 años cuando sus papás y él se mudaron al barrio por un asunto de trabajo de su papá.
Todos pensaron que iba a ser temporal su estadía ahí pero la muerte de su progenitor se interpuso y ya nunca supo si alguna vez volverían a su ciudad de origen.
El jefe de la empresa de publicidad para la que trabajaba él le otorgó la pensión a su esposa, y también le cedió la casa que le pertenecía al dueño pues fue prestada por la empresa para que cumpliera sus compromisos de trabajo en esa ciudad.
Ese obsequio no fue una acción de generosidad, tuvo una razón: para que su mamá no demandara a la empresa por una indemnización ya que su esposo había perdido la vida en un accidente cuando se dirigía a su trabajo.
Aunque la empresa disfrazo la concesión como un obsequio y con disculpas en realidad todos sabían que era interés para evitar una demanda. Como su madre y él no tenían dinero para alquilar un nuevo hogar ella aceptó el soborno.
Su mamá se quedó viuda y esa familia fue de las primeras que le dieron el pésame a la mujer y le brindaron su total apoyo.
Cuando su mamá se iba a trabajar para sacarlo adelante porque la pensión de su padre no les alcanzaba para mantenerse, su vecina lo cuidaba a él, la misma vecina a la que hasta hace unas horas le tenía un gran respeto, a pesar de que solo se saludaban cuando se veían.
Estaba incrédulo todavía por la situación. ¿Ahora qué haría? ¿Le diría a su vecino lo que vio o a su hija? ¿O mejor no debería de meterse? No, no. La verdad él pensaba que había cierta similitud entre el caso de su vecina y el de su mamá.
La vecina le era infiel al desgraciado marido que se mataba todo el día trabajando para traerle aunque sea un plato de comida a su familia, mientras él creía que su mamá engañaba desde antes a su padre con el mismo musculoso con el que ahora sostenía una relación. Es que era todo tan sospechoso, que su madre rehiciera inmediatamente su vida cuando apenas su padre acababa de cumplir los seis meses de fallecido, le dio la plena la impresión de que ya tenía desde antes quien la consolara. ¿Acaso su padre nunca sospechó que su madre lo engañaba con ese mastodonte? Ella continuaba hasta ahora casada, era viuda pero ya vivía con otro hombre desde hace un mes. ¡Ni siquiera le había guardado el suficiente luto! Pasaron pocos meses desde su muerte cuando la muy cínica le presentó a su nueva pareja, un sujeto que era arquitecto que había conocido en quien sabe que sitio. Ese entrometido de aspecto malandro, rapado, alto, fornido pero que hasta entonces no le había faltado al respeto para mala suerte suya porque él buscaba insistentemente provocarlo para que su madre se diera cuenta de la clase de tipo con el que se había metido. Quería sacar a relucir su lado malo, su lado violento pero hasta entonces no lo había conseguido.
Por otro lado pensándolo mejor él nada tenía que hacer metiéndose en esos asuntos de otra familia; no quería más problemas de los que ya tenía.
Además la hija de sus vecinos no era precisamente de su agrado porque no tenían nada en común.
Pero nunca había existido conflicto entre ellos, así que no había motivo para arruinarle la existencia o romper la burbuja de aire en donde se encontraba metida y flotando para que por su culpa aterrizara en la tierra de golpe y viera su dura realidad.
Con ese pensamiento se removió en su cama, le dio la espalda a la ventana y se quedó profundamente dormido, acurrucado en su almohada blanca.
(…)
A la mañana siguiente en los pasillos del tercer piso de la escuela:
— ¡Eso fue genial, Kagome! — Sonreía Yuka demasiado contenta frente a su amiga — Nadie se esperaba que Bankotsu llegara a traer un grupo de música
— Me sorprendió mucho, se suponía que nosotros le daríamos sorpresas a él, no él a nosotras — le respondía con la misma euforia a su inseparable amiga.
— ¿Y tu mamá te dijo algo? — le preguntó Ayumi mientras se maquillaba un poco con ayuda de un espejo de mano.
— No; es raro pero en esta ocasión decidió apoyarme. No le dijo nada a mi padre, me dijo que guardaría el secreto.
— ¿Las cosas están mejorando? — esperaba que sí, porque Kagome era casi como su hermana.
— No, pero últimamente mi mamá se porta mejor, no sé, se ve más feliz — le comentó contenta a la de cabello rizado.
— ¡Pues qué bien! ¡Me hace feliz por ti! — La estrechó con cariño — te mereces una familia que te comprenda amiga.
(…)
A unos tres metros de ahí se suscitaba un problema de todos los días entre Bankotsu y otro joven por eso el grupo de amigas que anteriormente hablaban sobre sus asuntos ni atención les prestó, nada más era inevitable escuchar los ruidos molestos que Bankotsu con sus gritos causaba.
— ¿Así que no te sirvió la lección eh? —sujeta con más fuerza el cuello arrugado de la camisa de su víctima, un muchacho de su misma edad casi de su altura pero mucho más delgado, su estructura física era frágil y su cabello muy bien cortado, en cambio Bankotsu conservaba esa imagen de chico rebelde con cabello largo y recogido en una trenza.
— No sé de qué estás hablando — respondió nervioso el muchacho de anteojos, estaba atemorizado pues tanto él como otros habían sabido por carne propia lo que pasaba si provocaban a Bankotsu o su banda de amigos.
— Te dije que no quería ver tu cara mediocre cerca de Kagome — le reveló el motivo de su enojo, celos, muchos celos.
— ¡Pero tengo que hacerlo! somos compañeros de equipo y estamos haciendo un proyecto — explicó desesperado manoteando hacia todos lados, pero sabía que sus explicaciones no lo salvarían de una buena golpiza, gente como quien lo estaba torturando no era precisamente alguien que supiera dialogar.
— ¿Y qué no puedes hacerlo tú solo? — le reclamó y demostró su testarudez, las explicaciones no le importaban en absoluto.
— No, porque solo yo me llevaría el crédito — exclamó frustrado. Sino convencía al rabioso muchacho de que se acercaba a su compañera por mero compromiso y no por un interés amoroso, haría de él lo inimaginable.
— Pues más te vale que se lo den a ella también o de lo contrario hundiré tu cara en el retrete de ese baño — señala con su cara hacia el sanitario del fondo — no permitiré que la sigas molestando con tu proyectito.
— De acuerdo de acuerdo — agitó las manos rápido dándose por vencido el intimidado chico. En consecuencia el verdugo lo soltó de la camisa y lo dejo ir dándole una mirada de advertencia.
Bankotsu se fajó la camisa ya que pronto acabaría el descanso y los profesores lo iban a sancionar si lo veían de manera poco presentable en el salón, cuando escuchó a su lado a un par de pasos el sonido que hace una boca cuando sorbe la pajilla de alguna bebida. Lo ignoró hasta que la persona le habló.
— No me parece que si quieres a esa chica la estés perjudicando con esa actitud
— ¿Qué dices? — oyó esa voz y lo desconcertó. No esperaba que la identidad del valiente que le contestó fuera esa.
— Lo que oíste — entonces tiró su refresco en el bote de basura y sostuvo con frialdad su postura.
Alguien más que estaba presente no estaba para nada de acuerdo con la forma repentina de actuar de su amigo.
— Inuyasha…— jaló con puramente nerviosismo la manga de su compañero, sin quitar de encima la mirada de pánico a su enemigo
— ¿Te crees muy valiente Taisho? — arqueó la ceja y se acercó con lentitud amenazante, hasta topar su fornido pecho con el frágil del artista.
— No; simplemente creo que si alguien de por aquí te llama la atención el hecho de que quieras que le bajen puntos por no hacer su trabajo es absurdo.
— Te equivocas; a ella no le bajaran puntos porque ya obligue al cuatro ojos del club de química a que haga el proyecto por ella — celebró su respuesta. Pensó que su idea había sido maravillosa.
— ¿Y la quieres hacer perezosa, no? Mientras que el otro se desgasta haciendo todo — le reclamó indignado aproximando más su cara a la de Bankotsu. Un duelo de miradas empezó.
Los tres hombres se quedaron callados. Inuyasha hoy estaba molesto por algo y se estaba desquitando con la persona menos indicada de todos los alumnos de la preparatoria. Él abusivo estaba incrédulo y no supo que responder al instante.
Quizás tenía razón el flacucho y estaba perjudicando más a la chica que le gustaba en vez de beneficiarla pero parecía que Inuyasha tenía ganas hoy precisamente de suicidarse, solo alguien con problemas mentales o en profunda depresión se acercaría valientemente a enfrentarlo, exponiéndose a que le den su respectiva paliza. El enano que lo seguía como perro no emitía sonido alguno porque de seguro estaba paralizado del miedo, ya presentía el pobre que el grandulón los iba a torturar sin piedad por la osadía de su compañerito, y no estaba para nada equivocado por pensar así, era justo lo que haría.
—…Tienes ganas de una paliza Taisho. ¿Eres masoquista? — apretó la mandíbula como un lobo rabioso. A punto de atacar por supuesto.
— Si Taisho, eres masoquista — le dijo convencido y muerto de miedo Shippo. Lo maldecía una y otra vez al integrante de su club, ¿Quién demonios le había dicho que él disfrutaba de los golpes de Bankotsu? ¿Acaso la caída en el estanque que se dio ayer le había golpeado la cabeza? ¿Estaba drogado? ¿O alguien incluso lo había reemplazado y no era él? Jamás le había contestado de forma tan déspota al adolescente de trenza, solo una vez recuerda que lo contradijo y fue cuando al tonto lo golpearon por primera ve y desde ese momento por su culpa a todos los del club de periodismo los buscaban.
Aunque tenía la certeza que también había otros motivos ocultos por los que los perseguían con tanta saña; como nazis a judíos.
En un momento improvisto la agilidad y la rapidez de Bankotsu se hicieron presentes cuando sin que nadie se diera cuenta con el brazo cubrió el cuello de Inuyasha, arrinconándolo con esa fuerza contra su casillero. Bankotsu desde su muñeca hasta su codo lo aprisionaba, con ganas de matarlo.
Especialmente su codo se hundía con mucha fuerza sobre la nuez del muchacho, quitándole el aire y haciendo que sintiera que se ahogaba, Inuyasha se desesperaba porque perdía la consciencia. Bankotsu no era por cierto muy consciente de lo que hacía, su gesto serio no denotaba que disfrutaba de aquello pero tampoco remordimiento.
— Tienes suerte de que este de buenas, Inuyasha — con una sonrisa de medio lado le dijo entre dientes muy cerca de su cara — te daré la oportunidad de salir de esta porque me parece muy valiente de tu parte tentar a la muerte. Le preguntaremos a esta chica como preferiría verte, derrotado, o a salvo — quitó su mirada de encima y la dirigió despacio a las dos amigas que llevaban rato viendo toda la discusión sorprendidas — ¡Hey! — Le clavó la mirada a la morena, a la más impresionada — ayer se te olvidó darme un regalo de cumpleaños en mi fiesta Kagome, ¿qué te parece si me recompensas con el sufrimiento de este idiota? Lo dejaré en tus manos, solo tú puedes decidir lo que debo hacer con él.
Inuyasha como pudo con su fuerte agarre sobe su cuello la miró con dificultad y también con súplica. Pero la muchacha se sentía presionada, asustada si y mucho porque Bankotsu la había metido en una situación complicada.
Apreciaba a Bankotsu porque era un amigo y se llevaba bien sus amigas excepto con Yuko porque decía que no podía ser amiga de un ser tan malo como ese, pero Eri, Ayumi y ella tenían una excelente relación con él, hasta el punto de que fueron a su fiesta y a veces se ponían a bromear con él en el descanso.
Pero no era como él, a ella no le gustaba ver sufrir a su otro compañero, pero no tenía ninguna relación de amistad con él ni siquiera se hablaban, por otro lado no quería traicionar a Bankotsu, además le exigía un favor a cambio por no haberle obsequiado nada el día anterior. Era un manipulador de lo peor.
— Yo…— murmuró insegura incapaz de decidir.
— Entonces es un sí — lo interpretó a su manera con mucha rapidez ya que ni siquiera dejo terminar la frase a la muchacha pero ella tampoco pues de alguna manera la decisión apresurada del muchacho de trenza la salvo de tomar una elección difícil. Si asfixiaban al joven al menos nadie podía decir que había sido culpa suya.
— Adiós Inuyasha — se despidió del debilitado joven con una sonrisa socarrona, y con más fuerza proveniente de sus trabajados músculos apretujo su cuello y lo dejó inconsciente, ante la mirada pérdida que venía desde lejos de Shippo.
Este, por seguridad propia, había aprovechado que Bankotsu se hallaba entretenido con Inuyasha para huir, doblar así la esquina de un salón y asomarse desde tal para luego auxiliar a Inuyasha cuando lo dejara libre. Ya sabía, para algunos realmente lo que había hecho era huir y abandonar a su amigo a su suerte.
(…)
Minutos después Inuyasha despertó de su letargo en la camilla de enfermería. Con un dolor de cabeza y de cuello terrible aquejándolo.
— Carajo ¿dónde estoy? — se tocó la frente intentando así disminuir la dolencia. Miró el techo blanco del lugar — debo ir al salón — fue lo primero que se le cruzó por la mente — sino presento de nuevo los exámenes reprobaré definitivamente este parcial — con lentitud se levantó y se sentó en la orilla de la cama, un poco mareado pero logró sostenerse de pie y caminar un poco hasta estabilizarse.
Así fue como avanzó por los pasillos para llegar a su objetivo, había visto la hora en el reloj de la escuela y ya eran las 12, iba a empezar en este momento otra clase.
Llegó al salón cuando todos hacían una actividad en clase de la profesora Himura, profesora de artes.
Ayumi al estar de espaldas recargada en la ventana pudo ver con facilidad hacia la puerta quien estaba entrando. Incrédula le dijo a su amiga que volteara hacia la puerta, así curiosa lo hizo Kagome y miro con arrepentimiento a Inuyasha quien recibió asombrado esa mirada, pero luego su expresión cambio en un minuto y se dibujó en su rostro el maldito enfado.
Frunció el ceño y se sentó con dificultad en su asiento, atrás como siempre de Shippo quien cortaba para la materia unas piezas de papel porque la actividad era hacer un collage.
Por fortuna su agresor y sus amigos no solo eran unos violentos eran también unos indisciplinados en las clases por lo que no estaban ahí.
Estudiar no se encontraba entre las prioridades de esa pandilla.
(…)
Ese día salieron dos horas antes de la fijada debido a esos exámenes parciales. Simplemente quien fuera terminándolos primero se iba antes a su casa.
Inuyasha era uno de los más inteligentes del salón, así que obviamente se marchó antes y ahora estaba vagando por las calles, al lugar que menos quería ir era a su hogar para evitar ver a su madre ya que aún no se le pasaba el coraje hecho ayer y nunca se le pasaría porque le guardaba un gran rencor por culpa de su nueva pareja. A lo mucho con suerte se le disminuiría el enojo y solo así podría entrar a su casa y verla más no escucharla.
Con sus pensamientos rondando por su cabeza se le ocurrió la idea macabra de ir de nuevo a cruzar la cerca de su vecina, esta vez con un objetivo distinto ya lo había pensado desde que estaba en clases.
Quizás no la encontraría en la misma circunstancia o quizás si, no lo sabía. Pero solo una cosa tenía clara: tenía que sacarle provecho a lo que había descubierto la tarde anterior.
Con cuidado salto la cerca, fue tan exacto y ligero el salto tanto que ningún ruido se escuchó. Fue como si la tierra hubiera amortiguado el golpe de sus zapatos, o como si Inuyasha hubiera reducido el peso de su cuerpo.
Agachado troto con cuidado solo unos tres metros, se detuvo y despacio alzó la mirada pero a simple vista no miro nada para su mala fortuna.
De pronto cuando se daba por vencido, resignado a no ser testigo de nada su suerte cambio y en medio de risas alegres provenientes de ese cuarto volvió a mirar hacia arriba. Ahora si, satisfecho tomó la cámara fotográfica que colgaba de su cuello el cual tenía aún dibujado en su piel marcas rojizas y redondeadas provocadas por la fuerza del apretón del brazo de Bankotsu.
Se colocó su herramienta en su cara y se preparó para lo que había estado planeando desde hace rato, al mismo tiempo que murmuraba complacido.
— "Esa maldita ahora sabrá" — apretujó con fuerza su puño – "lo que se siente ser miserable" — juró a muerte y realizó la primera captura.
Continuara...
