NA: Quiero dar gracias a todos por el voto de confianza. Como he dicho anteriormente, espero no decepcionarlos y que la historia les parezca tan interesante cómo me la parece a mí.
Ahora, contesto reviews antes de empezar:
Guest: Yes, I understand English. I'm glad you like the story. It must be really hard reading with the translator, but I'm trying to keep a simple language. I would have written this story in English, but I wanted to try doing it in Spanish for once, besides, I use English for other types of stories. I hope you can enjoy what I have to offer though, and thank you for your review!
yuni: Y la verdad es que es más fácil darle oportunidades cuando no se comporta como un capullo, ¿no? Y cuando por fin está siendo sincero con sus propios sentimientos, jeje. ¡Gracias por el review!
Jane E: Me halagas, en serio. Y sí, no hay muchos fanfics en español de INK, aunque a decir verdad comparado con otros fandoms tampoco hay muchos en inglés. ¡Gracias por el review!
Siempre él
Capítulo 2
...
―¡Auch! ―Kotoko agita su mano antes de llevar sus dedos a la boca. Siendo tan despistada, había agarrado la bandeja de galletitas del horno sin una manopla, y ahora no solo tenía la mano quemada, sino también que las galletitas se encontraban desparramadas por el suelo.
―Creo que es suficiente Kotoko, déjalo ―su padre se acerca y posa una mano en su brazo, justo cuando Kotoko se agacha para recoger las galletitas. Lo mira con ojos húmedos.
―No lo comprendo, ¿por qué no puedo hacer nada bien? Justo cuando creía que por fin había conseguido cocinar algo…
Era su cuarto intento. La primera vez había olvidado usar huevos, la segunda la mezcla se le había caído al suelo, y la tercera había dejado las galletitas demasiado tiempo en el horno.
Y pensar que elegí hornear galletitas dulces porque parecían fáciles de hacer…
Algo más elaborado habría llevado a más fallos. Kotoko suspira, y mientras su padre recoge las galletitas en un plato, ella vuelva a dirigirse a la mesada, tomando de nuevo bol y espátula. Su padre se levanta rápidamente y la detiene.
―Suficiente Kotoko, no hay necesidad de desperdiciar más ingredientes.
―¡Pero prometí que cocinaría algo!
―Tus amigas comprenderán. Además, ¿no es casi hora de que lleguen? ―ambos voltean hacia el reloj de pared sobre la puerta. Kotoko se da cuenta de la hora y sus hombros caen con desilusión. Apenas quedaba tiempo para limpiar la cocina. ―Tranquila hija, por suerte me adelanté y compré unos cuantos snacks mientras cocinabas. ¿No traerán tus amigas algo también? Estaremos bien.
―No es eso lo que me preocupa… ―dice Kotoko desganada. ¿Qué le diría a Kin-chan ahora?
Justo cuando se quita el delantal, pensando en excusas para darle a su amado sobre porque no había podido cocinar cuando le prometió que lo haría, el timbre suena. Kotoko salta, sorprendida.
―Ya están aquí. Iré a atender ―su padre asiente mientras ella camina hacia la puerta, arreglándose el cabello apresuradamente. Al abrirla, se encuentra primero con Satomi y Jinko. Les sonríe. ―¡Chicas, llegaron!
―Hemos venido por la calidez de un hogar ―Satomi dice con una sonrisa. Lleva en sus manos una caja blanca de pastel.
―Con permiso ―Jinko carga una bolsa repleta de snacks. Kotoko las deja pasar, mirando tras de ellas para ver a quien esperaba más.
―Buenas noches ―Kin-chan entra seguido de sus dos amigos. Observa el interior de la casa con interés. ―Así que es de estilo japonés.
―Sí, mi padre dice que las casas son definidas por el olor de los cipreses japoneses ―explica ella con un poco de vergüenza. La casa es bonita, pero Kotoko preferiría algo más moderno. Tampoco tiene un buen presentimiento respecto a la edificación. Su padre dice que no se preocupe pero de vez en cuando puede escuchar ruidos rechinantes cuando va de un lado a otro. Kin-chan ríe de manera baja, llamando la atención de la chica.
―Pienso lo mismo. Algún día me gustaría que mi casa fuera de la misma forma.
Kotoko se emociona, asintiendo con energía. ―¡No será ningún problema! ―imagina su futuro juntos, donde los dos puedan vivir en esta misma casa, sin pensarlo poniendo su rostro soñador. Kin-chan la observa tan solo un poco incómodo, sabiendo perfectamente lo que está pensando, antes de volver a reír. Es Kotoko después de todo, y a él ella le gusta de esa manera.
Aunque no de la forma en la que a Kotoko le gustaría.
―¿Le gustaría otra copa, señor? ―Kinnosuke ofrece amablemente, sosteniendo una botella de cerveza.
―Ah, no debería beber más ―Shigeo dice, pero aun así extiende su brazo para que Kin-chan le sirva más. Kotoko mira embelesada la escena. Si tan solo Kin-chan le correspondiera, podrían vivir todos los días así. A su padre le gusta Kin-chan, dice que es un buen hombre, y sabe que estaría más que encantado si formara parte de la familia. Claro que mucho tiene que ver el hecho de que ella está enamorada de él. Su padre siempre deseará su felicidad ante todo, y si Kotoko le quiere, entonces él lo aceptará.
―Kotoko, intenta fingir al menos ―Satomi le dice al mismo tiempo que toma una papa frita y se la lleva a la boca. Kotoko pestañea, despertando de sus ensoñaciones, y mira a Satomi con un pequeño sonrojo.
―Lo siento, no puedo evitar imaginar…
―Lo sabemos ―Jinko interviene, acercándose también. ―Pero no olvides que Kin-chan tan solo está siendo amable.
―Así es él, siempre atento ―sin prestar atención al significado de las palabras de Jinko, Kotoko suspira y vuelve a mirar a Kin-chan. Satomi y Jinko intercambian una mirada, antes de encogerse de hombros y continuar con la celebración.
―Por cierto, Kotoko ―Kinnosuke habla, haciendo que la chica salte un poco en su lugar.
―¿Sí?
―Dijiste que prepararías algo hoy. ¿Dónde está? ―busca con la mirada el plato que Kotoko le prometió que cocinaría, sin reparar en la forma en que su rostro decae. ―Tengo ganas de probar un poco de tu comida.
―Ah, eso…
―¿Hablan de las galletitas? ―Shigeo pregunta, riéndose al recordarlo. ―Kotoko se pasó toda la tarde en la cocina, pero lamentablemente sin obtener ningún resultado. La última tanda terminó desparramada por el suelo ―continúa riendo, sin notar el sonrojo de su hija. Kinnosuke le regala una mirada amable.
―No tenías que esforzarte tanto.
―¡Para mí no es ningún esfuerzo! ―Kotoko exclama mientras se levanta. ―Aunque realmente quería que las probaras…
―No hay ningún problema ―Kin-chan toma una pequeña caja que tenía guardada a un lado y la pone sobre la mesa. ―Como me invitaste a último minuto, no tuve tiempo de preparar gran cosa, pero espero que sea de su agrado ―abre la caja para mostrar pequeños rollitos dulces que hacen que todos los invitados lancen exclamaciones de admiración. Entre todos comienzan a devorar los dulces. Kin-chan mira nerviosamente a Shigeo. ―¿Qué le parecen, señor?
―¡Están asombrosos! ¡Realmente tienes un talento para la cocina! ―Kin-chan le agradece con un pequeño sonrojo. Viendo una oportunidad, Kotoko asiente.
―¿Verdad que sí? El año pasado, fue Kin-chan quien se encargó de la comida durante el café que hicimos en el festival cultural. ¡Se vendió todo, y aun así los clientes pedían más!
―Sí, ya me lo has contado Kotoko ―Shigeo le recuerda con una risa. Kotoko se sonroja. No es su culpa el hablar tanto sobre Kin-chan. Después de todo, ella quiere que su padre vea todos sus puntos buenos, y siendo la cocina un punto en común de ellos, está dispuesta a sacarle todo el provecho que puede. Shigeo se voltea hacia Kin-chan. ―Si algún día te interesa, estoy más que dispuesto a tomarte como aprendiz.
Los ojos de Kinnosuke brillan. ―¡Eso sería asombroso! Ah, pero… ―mira disimuladamente a Kotoko. Shigeo suspira.
―Mi hija no tiene nada que ver, de verdad tienes talento chico. Aunque no me importaría tener a alguien que me suceda cuando ya no pueda trabajar…
¡Bien hecho papá! Kotoko piensa, sabiendo que su padre le está ayudando disimuladamente. O no tanto, pues Kinnosuke tan solo asiente, de nuevo viéndose un poco incómodo.
La celebración continúa en medio de risas y diversión. Llegan las ocho de la noche, cuando Jinko nota algo extraño.
―Oigan, ¿no les parece que este vaso está inclinado?
Satomi y Kotoko la observan con expresiones de confusión. ―¿De qué estás hablando? Eso es imposible.
―Sí, ¿no significaría eso que la casa está inclinada? ―las dos ríen ante la imposibilidad de eso. Como si sus palabras fueran un hechizo, la casa empieza a temblar. Todos se levantan, asustados. ―¿Q-Qué está sucediendo?
―¡Es un terremoto! ―grita Satomi.
―¡Y uno grande!
―¡Tenemos que salir de aquí!
Los chicos se apresuran a la salida, pero Shigeo permanece tranquilo, riendo con ambas manos en sus caderas. ―¡No se asusten niños! ¡Esta casa está muy bien edificada! ¡Un pequeño temblor no podrá hacerle nada!
―¡Deja de bromear y ven con nosotros! ―Kotoko debe arrastrar a la fuerza a su padre, pero justo cuando están por llegar a la salida, el hombre se suelta de su agarre.
―¡Tu madre! ¡Tengo que rescatarla!―y antes de que Kotoko pueda evitarlo, su padre vuelve a entrar.
―¡Kotoko, no te quedes allí! ―no es capaz de distinguir la voz ni a la persona que toma su muñeca y la arrastra afuera, pues lo único que puede ver es la figura de su padre desapareciendo dentro de la casa, antes de que todo se derrumbe a su alrededor.
―Papá… ―apenas susurra, presa del shock, antes de que la realidad la golpee con el peso de un autobús estrellándose contra su cuerpo. ―¡Papá! ―grita, a pesar de que ya no hay nada que pueda hacer.
Horas más tarde, el equipo de rescate se encuentra en la escena. Hay varias personas alrededor, atraídas por las sirenas de los automóviles del equipo de rescate. Kotoko tiembla mientras los rescatistas buscan a su padre.
―Papá… ―susurra de nuevo, sus ojos llenos de lágrimas. Si algo le sucede, ¿qué será de ella? No puede imaginar una vida sin su padre, no tan pronto.
―Tranquila Kotoko ―Satomi posa una mano sobre su hombro a manera de confortarla. ―Todo estará bien.
―Sí, ya lo verás ―Jinko también se acerca. ―Lo rescatarán, y todo se solucionará.
―Um… ―se enjuga las lágrimas. No se encuentra tan segura, pero sabe que llorando no solucionará nada. Lo único que puede hacer es esperar.
Kinnosuke la observa desde un costado. Es doloroso verla de esa manera. Sus ojos vuelven a la casa desmoronada antes de que su rostro adquiera una expresión determinada. Avanza hacia el lugar, ignorando las miradas curiosas sobre él.
―¿Kin-chan? ―pregunta Kotoko, asombrada.
―Tranquila Kotoko, rescataré a tu padre. ―Los ojos de Kotoko se abren inmensamente. Los rescatistas notan la presencia de Kinnosuke y se apresuran hacia él.
―Señor, es peligroso estar aquí…
―¡No me molesten! ―les grita, para sorpresa de todos. ―¡Se trata del padre de Kotoko! ¡Ella no tiene a nadie más en este mundo! Si siguen tardando de esta manera, ¿qué sucederá? ―les reprocha con voz fuerte, dejándolos anonadados, y se gira nuevamente a los escombros. ―¡Señor Aihara! ¿Dónde está? ¡Conteste si puede hacerlo!
―¡Aquí! ―la voz es muy débil, proviniendo de un rincón olvidado de la casa. Los rescatistas se miran entre sí, sorprendidos de no haber escuchado antes aquella voz.
Kin-chan sonríe. ―¡Señor Aihara! ¡Allá voy! ¡Nadie me hable! ¡Necesito concentrarme! ―y así agarra con ambas manos el techo que ha caído al suelo y lo levanta, para sorpresa de todos los que observan, incluidos los rescatistas.
―¡Lo ha levantado!
―¡Tan fuerte!
Satomi y Jinko miran la escena estupefactas, mientras Kotoko tiene ambas manos contra su pecho. Por un momento toma impulso para salir corriendo en dirección de su padre y Kin-chan, pero uno de los rescatistas la detiene, alegando que es muy peligroso acercarse.
―Por favor, salga de inmediato ―Kin-chan pide. Shigeo se apresura a hacerlo.
―Intenté salvar a mamá, pero a cambio fui protegido por ella ―Kinnosuke suelta el techo y lo abraza, siendo tomado por sorpresa cuando este cae estrepitosamente. Exclamaciones de alegría resuenan cuando se anuncia que el sobreviviente ha sido rescatado.
―¡Es fantástico! ―exclama Satomi.
―¿Ves Kotoko? ¡Te dijimos que todo estaría bien!
―Sí ―Kotoko suspira aliviada, antes de que sus ojos se detengan en Kin-chan. ―Y todo gracias a él. Es tan genial… ―Satomi y Jinko sienten una gotita de sudor en sus frentes al escucharla, pero por una vez concuerdan con ella. Kin-chan se lució, consiguiendo que el amor de Kotoko aumentara un poco más.
Sin embargo, otros murmullos aparte de celebraciones se escuchan después de un rato.
―¿Pero no es sorprendente?
―Sí, fue un temblor muy pequeño.
―Aparte, ¿no era una casa nueva?
¿Eh? Kotoko mira hacia las otras casas, ahora que su corazón y mente se encuentran más calmados después de que su padre haya sido rescatado, y con gran vergüenza y confusión descubre que, sí, su casa ha sido la única afectada por el temblor.
No puede ser…
―Fue un temblor de nivel dos, y aun así su casa se derrumbó.
―Pero que desafortunada.
―Bueno, considerando que Irie-san se le confesó ayer, yo diría que es compensación divina.
―Es así, ¿no? Demasiada buena suerte debe ser compensada con igual mala suerte.
―Yo diría más bien que se lo merece por rechazar a Irie-kun.
―De nuevo el centro de los rumores, ¿eh, Kotoko? ―Jinko dice impresionada que no solo los estudiantes estén hablando tan fuerte, sino que ni siquiera les importe que la principal afectada sea capaz de escucharlos a la perfección.
Kotoko se muerde el labio, sin saber dónde ocultar la cabeza. ―Discúlpenme chicas, les debo estar causando muchos problemas.
―No te preocupes por algo como eso ―Satomi dice con un gesto de la mano. ―Sin embargo, es bastante sorprendente lo que sucedió.
―¿Ya han decidido dónde permanecerán tú y tu padre? ―pregunta Jinko. Kotoko suspira.
―Bueno, el plan es vivir temporalmente en casa de un amigo de mi papá. No podemos quedarnos en un hotel por siempre. Además, aún debemos rescatar el resto de nuestras cosas de las ruinas que quedaron…
―Ya veo.
―Ha de ser duro.
Kotoko asiente, antes de sentir algo extraño. El peso de un par de ojos en su nuca, como si la estuvieran observando, pero de forma diferente a todos los curiosos que hablan de ella tras sus espaldas. Un poco consternada, voltea justo a tiempo para ver a una mujer pobremente escondida tras un farol de luz. Sujeta en sus manos una cámara que, si el sonido del disparador es alguna indicación, ha estado utilizando para sacarle fotos.
La mujer se da cuenta que ha sido descubierta. Balbucea una disculpa apresurada y toma un maletín del suelo antes de huir riendo estrepitosamente. Todo esto deja a Kotoko completamente desestabilizada.
―Ahora eres una celebridad ―Satomi sigue observando el lugar por el que la mujer huyó.
Kotoko hace un mohín con los labios. ―Eso no me hace sentir para nada contenta.
Ya en la escuela, el día transcurre tal y como Kotoko lo esperaba. Si creía el día anterior que la gente hablaría constantemente sobre ella por haber rechazado a Irie, eso no era nada comparado a cómo lo hacían ahora, que se había sumado el infortunio de haber perdido su casa por un temblor menor. Se encuentra completamente agotada al finalizar las clases.
―Tranquila Kotoko, haremos una colecta o algo. No tendrás por qué sufrir por más tiempo ―Kin-chan intenta animarla mientras caminan de vuelta a casa. Ha tenido la buena fortuna de cruzárselo justo mientras salía de la institución, y ahora que temporalmente vive en un hotel, sus caminos son los mismos.
Ella le sonríe con alegría. ―No sé si sea buena idea, me moriría de vergüenza.
―Um, quizás tengas razón. ¿Qué te parece si vendemos algo? Podría cocinar ―Kotoko tiene ganas de abrazarlo. Era por esta clase de cosas que no lograba desenamorarse de él. Tenía que dejar de ser tan bueno con ella.
―Te lo agradezco de corazón, pero no tienes por qué preocuparte. Papá ya está viendo para construir una nueva casa. Aunque sinceramente, sería más conveniente ahora simplemente vender el terreno y comprar otra ―suspira. Habían estado viviendo en un departamento por mucho tiempo. Sabía que el sueño de su padre era tener una casa propia, y tras años de esfuerzo por conseguirla esto había pasado. Era casi como si el destino se burlara de ellos.
Kinnosuke suspira también, probablemente pensando lo mismo que ella. Kotoko se lo había contado todo, por lo que conocía al detalle cuánto se había esforzado su padre.
―Escucha, p-
―¡Aihara! ―ambos se detienen al escuchar a alguien llamándola. Para horror de Kotoko, es Irie el que se le acerca.
―Mira, el genio ―Kin-chan dice asombrado.
―Vámonos Kin-chan, no quiero hablar con él ―mucho menos si él está presente. Toma su mano e intenta arrastrarlo lejos, pero Kin-chan se resiste.
―No seas así Kotoko. No es amable huir de las personas ―Kotoko siente sus mejillas arder ante su reproche. ―No conocía ese lado tuyo.
―No es así, es que…
―Aihara ―Irie está frente a ellos. Ya es tarde para huir. De mala gana, Kotoko gira el rostro hacia Irie. Los ojos de él se encuentran pegados al lugar dónde Kotoko sujeta a Kin-chan. Esto hace que se sienta molesta. ¿Y a él qué si quería sujetar al hombre que ama? Solo para ser mala, se cuelga del brazo de Kin-chan, sorprendiéndolo y causando que Irie frunza los labios imperceptiblemente.
―¿Deseas algo, Irie-san?
Los ojos de Irie van de ella a Kin-chan, sin delatar nada de lo que siente dentro. Tras un segundo de vacilación, sus labios se curvan ligeramente hacia arriba, causando que a Kotoko comience a dolerle la cabeza. ¿Puede acaso existir alguien más arrogante?
―Hoy no te he visto en todo el día. Tan solo te buscaba para darte mis condolencias por la pérdida de tu casa.
―He. ―Sus ojos se achican. No se fía. Irie asiente.
―Quiero que sepas que en caso de que necesites cualquier cosa, estaré allí para ti.
―No necesito tu ayuda ―las palabras casi las escupe. Normalmente ella no es así, pero hay algo en Naoki Irie que la hace sentirse sumamente irritada. Puede sentir la mirada desaprobatoria de Kin-chan ante su elección de palabras, pero por una vez decide ignorarlo. Agradece más que nada que no haya intentado soltarse durante todo el intercambio.
―¿Ah, no? ―y de nuevo aquel tono de voz. Parece imposible, pero Kotoko piensa que su respuesta le divirtió. Aprieta un poco más fuerte el brazo de Kin-chan.
―Así es, así que si puedes irte ahora…
―Kotoko ―Kinnosuke habla por primera vez. Irie se encoge de hombros.
―De acuerdo, comprendo que mi presencia no es necesaria aquí. Nos veremos luego, Aihara ―su sonrisa desaparece en el momento en que su mirada se cruza con la de Kin-chan. ―Ikezawa ―se despide con un leve asentimiento, que el otro chico devuelve. Una vez que se ha alejado lo suficiente, Kin-chan se suelta del abrazo de Kotoko.
―Ah, perdón ―dice ella, un poco dolida que se soltara de esa manera. El chico suspira.
―Sé que Irie puede parecerte irritante, pero venía con las mejores intenciones.
―No me importa. No lo quiero cerca de mí ―Kotoko se cruza de brazos e infla los cachetes como una niña pequeña. Kinnosuke no puede evitar pensar que se ve tierna de esa manera, como una ardilla.
―Solo porque se te confesó ayer…
―¡Eso no fue una confesión! ―interrumpe ella. Kin-chan ríe levemente, pero para Kotoko eso se siente como una apuñalada en el corazón. No solo no está celoso, sino que le parece gracioso. ―No te rías. Y lo digo en serio. Me ordenó salir con él, y yo lo rechacé por engreído.
―Pero de todos modos quiere sinceramente ayudarte. Escucha, no lo conozco y la verdad no me interesa hacerlo, pero ya que está, pues…
―No ―voltea, ahora sintiéndose irritada con Kin-chan también. Camina apresuradamente en dirección al hotel en el que se hospeda, pero Kinnosuke logra darle alcance con facilidad.
―No quería ofenderte ni insinuar algo raro con lo que dije. ¿Sabes qué? Olvídalo. Supongo que si no te sientes cómoda aceptando su ayuda, entonces no deberías hacerlo.
Kotoko se detiene al fin, mirando al piso con una mirada positiva. Después de un rato vuelve a mirar a Kin-chan y le da una sonrisa. ―Gracias. Y… supongo que puedo intentar ser más amable.
Kin-chan sonríe al escuchar eso. ―¡Esa es mi Kotoko! ―y la abraza. Kotoko deja ir un suspiro soñador. Es una lástima que tan solo en su mente esas palabras puedan adquirir el significado que desea. Por ahora, es feliz con tan solo esto.
Esa misma noche, su padre y Kotoko se dirigen a la casa donde se hospedarían a partir de ese día en taxi. Habían podido salvar unas cuantas cosas tras el derrumbe, que Kotoko llevaba en un pequeño bolso a sus pies. Aun así, desea recuperar pronto su ropa. Con lo poco que tiene debe lavarla al menos dos veces al día, si no quiere terminar usando lo mismo todos los días.
―Quien habría imaginado que el pilar central sería destruido por termitas ―dice su padre pensativamente cuando están por llegar. Kotoko resiste la tentación de poner los ojos en blanco.
―Es porque escatimaste en los materiales ―responde ella. Su padre luce ofendido.
―¡No escatimé! ¡Fui engañado!
―Por supuesto ―le da la razón con un pequeño asentimiento. Shigeo parece querer continuar, pero Kotoko lo interrumpe cuando una pregunta llega a su mente. ―Hey, ¿de verdad está bien que nos quedemos en la casa de tu amigo? Estaríamos quedándonos como huéspedes después de todo, y eso podría causarle problemas.
―No tienes que preocuparte por eso ―su buen humor vuelve mientras se reclina en el asiento. ―Él fue quien nos invitó. Es un buen amigo mío de la escuela media, y me llamó cuando vio las noticias. '¡Debes venir a mi casa!' eso fue lo que dijo.
―Suena como alguien realmente amable ―Kotoko no puede evitar sonreír. Shigeo asiente.
―¡Por supuesto que lo es! Ya lo verás, Iri-chan es alguien muy agradable.
―¿Iri-chan?
―A decir verdad, se emocionó mucho cuando le hable de ti.
―¿Hablaron de mí? ―no puede obtener su respuesta, pues en ese momento su padre pide al taxista detenerse. Una vez fuera, observa la casa con asombro. Pero que increíble mansión…
―Verás ―Shigeo continúa, llamando la atención de su hija. ―Iri-chan tiene un hijo de tu edad. Al parecer él también dio su consentimiento para que nos quedáramos. ¿No da eso confianza?
―¿Su hijo? ―vuelve a observar la casa, y en la pared de enfrente lee el nombre grabado en letras occidentales. Irie.
―Vamos Kotoko, no te quedes atrás.
―Ah, sí ―sigue a su padre escaleras arriba. Su mente se encuentra funcionando al máximo en ese momento. Un hijo de mi edad. Irie. Esto… no puede ser, ¿o sí?
Shigeo toca el timbre, y al rato un hombre atiende. Es regordete, con lentes y no tiene mucho cabello en la cabeza, pero sus ojos son amables y se llenan de emoción al verlos a los dos.
―¡Ai-chan, llegaste! ―exclama contento. Shigeo sonríe.
―Lamento mucho esto, Iri-chan ―los dos hombres se abrazan.
―No digas tonterías, no hay motivo para que seas tan distante.
Un hombre agradable, lleno de emoción. Seguramente es una coincidencia, nada más, ¡uf!
―Así que esta es tu hija ―los ojos del hombre se posan sobre ella. Kotoko se inclina respetuosamente.
―Muchas gracias por acogernos en su casa, y disculpe las molestias.
―No es problema. Déjame llamar a mi hijo para que lo conozcan.
―No será necesario ―una voz bastante familiar responde. Los ojos de Kotoko se abren a más no poder. De un salto está derecha de nuevo, observando en el recibidor a nadie más y nadie menos que Naoki Irie. Sin pensarlo, da un paso atrás y deja caer su bolso. No escucha la conversación que sigue entre los dos hombres e Irie, pues lo único que puede ver son los ojos de aquel al que rechazó el día anterior, observándola fijamente, aun mientras responde a algo que su padre ha dicho. Y luce… divertido. Eso hace que le hierva la sangre.
―…mucho más linda que en las fotografías, Kotoko-chan ―al escuchar su nombre da un pequeño salto. Mira de nuevo al señor Irie, quien le sonríe, esperando su respuesta.
―¿Fotografías…? ―es lo único que puede decir. ¿De qué estaban hablando? Ve con su visión periférica a Irie con una pequeña sonrisita burlona, y de nuevo siente ganas de golpearlo.
―¡Bienvenidos! ―una voz femenina exclama, distrayendo a Kotoko de sus malos pensamientos hacia Irie. Una mujer aparece de una puerta lateral y sonríe feliz, mirándola especialmente a ella con ojos brillantes. ―Lo lamento mucho, no pude esperar y fui a la escuela. Espero que no te moleste que haya tomado unas cuantas fotografías ―y sin más parece materializar una fotografía del aire, dónde Kotoko mira preocupada a la cámara con su uniforme escolar.
―¡Era usted! ―no puede evitar gritar, al poco rato recibiendo una mirada de su padre. La señora ríe levemente.
―Eres realmente bonita Kotoko, no me pude resistir, desde el momento en que escuché que tendría a otra mujer en esta casa. Ah, pero mira mis modales. Naoki, ella está en tu escuela también, ¿no? Debes conocerla.
Naoki tan solo asiente, y Kotoko se pregunta como nadie más se ha dado cuenta que él no le ha quitado los ojos de encima ni una sola vez desde que cruzaron miradas, quizás inclusive antes de que ella lo viera.
―De todos modos le pedí a Nao que te avisara hoy que estarías viviendo con nosotros ―el señor Irie vuelve a hablar, dando un paso adelante. ―Para no tomarte por sorpresa, ya que puede ser un poco raro que compañeros compartan techo. Espero que haya podido darte la noticia.
―No, no me la dio ―Kotoko no desea quejarse, pero es lo único que puede hacer para liberar toda la furia que le recorre el cuerpo. Él sabía, y aun así esperó hasta que estuvieran frente a frente en su propia casa para que se comportara como estúpida. Mira a Irie con enojo, y él tan solo le devuelve el escrutinio con aires de superioridad.
―¡Onii-chan! ―se queja la señora Irie.
―No fue mi culpa, no la pude encontrar ―se justifica él. ―Después de todo, nuestros salones están muy alejados. ―Lo único que Kotoko desea más que golpearlo es desaparecer. Así que por eso me buscaba hoy… y el muy imbécil tomó venganza con ella por haberse colgado de Kin-chan no contándole que sería su familia la que la hospedaría. Si así piensa que me va a gustar…
―¡Ah, no puedo esperar! ―la señora Irie la saca de sus cavilaciones. ―¡Siempre he querido una hija! ¡Podremos salir de compras, cocinar, ir al salón…!
―Madre, primero invitémoslos a pasar ―Irie interrumpe a su madre, quien sorprendida ante su efusiva actitud se disculpa. Kotoko avanza, de vez en cuando lanzándole miradas de desafío a Irie. La sigue observando, y eso verdaderamente comienza a perturbarla.
Una puerta se abre de repente, causando que todos los presentes volteen en su dirección. De ella, un niño de aproximadamente ocho o nueve años sale, sosteniendo un cuaderno. Para Kotoko, luce como una versión miniatura de Irie.
―Ah, Yuuki, justo a tiempo. ―La señora Irie los presenta, indicando que vivirán con ellos a partir de ese día. El niño parece bastante educado, y tan inteligente como su hermano mayor cuando se presenta. Aunque Kotoko se siente extraña debido al parecido con su hermano, no puede evitar pensar que es adorable.
Hasta que se burla de ella por no saber leer kanji después de pedirle que le ayude con la tarea. Ahora sabe que es tan solo otro Irie en crecimiento. Lo hizo con la única intención de humillarla.
―Siento lo sucedido Kotoko, realmente nos da mucha pena ―se disculpa el señor Irie.
―N-no importa, es solo un niño ―intenta hacer de menos la situación con una risa. Puede ver cómo el hijo mayor tiene una mano en sus labios, reprimiendo una risa. Cretino.
―En todo caso, ¿no quieres ver tu cuarto? ¡Lo preparé yo misma! ―la señora Irie no está desanimada y arrastra a Kotoko escaleras arriba hacia la explosión rosa más grande que Kotoko haya podido ver en su vida. Su boca está abierta mientras la señora Irie continúa hablando y hablando. Tras de ella, su hijo hace de nuevo aparición para amargarle un poco más la vida.
―Esta solía ser la habitación de Yuuki. Ahora sus cosas están en mi cuarto, y todo se encuentra amontonado ―se queja, aunque no parece realmente molesto.
―¡Onii-chan, no digas esas cosas! Por favor, Kotoko-chan, no lo… ¿eh? ¿Por qué sonríes?
―¿Eh? ¡Ah, no, por nada! ―comienza a negar con la cabeza y las manos. Definitivamente no puede decirle que está feliz de que los hermanos tengan que compartir cuarto gracias a ella. Irie bufa, comprendiendo el motivo de su felicidad, lo que hace que su sonrisa se vuelva un poco más grande. Kotoko-1, Irie-0.
―Bueno Kotoko-chan, si necesitas cualquier cosa, no dudes en decírnoslos. Onii-chan, ayuda a Kotoko-chan a desempacar, tengo que hacer la cena ―dice mientras sale de la habitación. Observa a su hijo con ojos en rendijas. ―Y por favor, intenta ser amable.
Irie le da un leve asentimiento y la señora Irie desaparece. Kotoko desea que se quede. No quiere quedarse sola con este hombre.
―Bueno, ¿en qué puedo ayudarte? ―pregunta Irie, agachándose para recoger su bolso. Rápida como un rayo, Kotoko le quita el bolso de las manos y lo abraza a su pecho.
―¡No tienes que ayudarme con nada! ¡Estoy bien sola!
―¿Es así? ―se cruza de brazos y enarca una ceja. ―Es cierto que hoy dijiste que no necesitabas mi ayuda para nada.
―Y lo reitero: prefiero morir a aceptar ayuda tuya ―Irie entrecierra los ojos, luciendo casi amenazador, pero Kotoko no se deja amedrentar. ―¡Y sí me encontraste hoy! ¿Por qué no dijiste nada?
―Te estaba haciendo un favor. ¿De verdad querías que dijera delante de Ikezawa que vivirías conmigo a partir de hoy?
―Ugh… ―sacude la cabeza, no queriendo darle ese punto a favor. ―Estoy segura que lo hiciste por despecho, no por ser amable. ¿Tanto te duele que una chica no caiga rendida a tus pies instantáneamente?
―Se nota que no me conoces. Eso me tiene sin cuidado. Además ―sus labios se curvan ligeramente hacia arriba; ―aún hay que ver eso de caer rendida a mis pies.
Kotoko jadea con sorpresa. ―¡¿Este era tu plan?! ¡¿Hacerme vivir en tu casa?! ¡Qué vil!
―No pero… por favor ―rueda los ojos con fastidio. ―Eso lo dije ayer, antes del derrumbe de tu casa.
―¡Así que fuiste tú!
―… ―suspira. ―Me descubriste. Yo causé el temblor de nivel dos con la intención de que mi padre los invitara a vivir con nosotros. Todo era parte de mi plan.
―¡No te burles de mí! ―Kotoko se sonroja. No hubiera creído que Naoki Irie fuera capaz de esa clase de humor sarcástico. Eso tan solo hace que lo sienta más irritante.
Él se ríe, volteándose y caminando fuera. Toma la perilla de la puerta y la observa por sobre su hombro. ―Estoy esperando con ansias vivir contigo de hoy en adelante. Por favor, cuida de mí, Ko-to-ko ―cierra la puerta justo antes de que una almohada se estrelle contra esta, en el lugar dónde estaba su cabeza.
Kotoko respira agitadamente. Se siente irritada, cansada, pero por sobre todo, escaldada. Es una cosa vivir con un chico de su edad, otra muy distinta vivir con un chico que sabes tiene sentimientos por ti. Y la actitud de Irie no hace más que hacerla sentir más desconfiada. ¿Qué está planeando, exactamente?
NA: Debe ser aquí dónde el OoC sale a relucir más. Les juro que es dificilísimo escribir a un Kin-chan que no está enamorado de Kotoko. Hasta Kotoko e Irie con los sentimientos cambiados me cuestan menos, jeje.
Con este capítulo oficialmente termina la 'introducción' a la historia, a partir del siguiente las cosas empezarán a tomar su propio rumbo, ¡no se lo pierdan!
