¡Hola¡Bienvenidas/os al segundo capítulo! Antes que nada, me gustaría agradecer los reviews que he recibido en el capítulo anterior. Muchísimas gracias a: Nami-Haruno, daphnegranger, ARYLU, BiAnK rAdClifFe, LatexoHPo, Lalix, Vale, MoLly Strife y rachel black87. También me gustaría saludar a el santo pegaso y a Dark Rachel a los que imagino que también gusta mi historia ;p

Siempre que me plantéis dudas, preguntas o sugerencias, os contestaré individualmente. De igual modo, si en algún momento queréis que lo haga, sólo tenéis que pedirlo.

Aclaraciones antes del cap:

- A LatexoHPo: Por supuesto que saldrá Severus, será un personaje bastante importante en el ff. En este cap tiene una pequeña aparición (como verás, "estelar")

- He tratado de reunir toda la información posible, y para todo lo que, por llamarlo de alguna manera, es "histórico", me he basado en, para mí, la mejor recopilación de HP en español (eldiccionario. org). Si incluyo alguna variación, ya os lo indicaré.

- Por último, para que no os perdáis, iré poniendo de vez en cuando las fechas en las que nos encontramos.

Y ahora... simplemente el cap.

HACIENDO AMISTADES

(Viernes, 2 sept de 1977)

Un ruido chirriante y agudo despertó a Hermione. Tardó unos segundos en orientarse y recordar dónde estaba. Como no conseguía dormir, la noche anterior se le había ocurrido que podía empezar a leer los libros que iban a utilizar ese curso. No recordaba jamás haber empezado a clase sin tener ni idea de lo que se iba a dar y le horrorizaba la idea de que en el último año faltara a su buena costumbre. Aunque se encontrara a más de dos años de su nacimiento…

- ¡Val¡Apaga ese cacharro infernal! – gruñó Alexa con voz somnolienta.

- Ya voy…

Cuando el sonido cesó, las chicas comenzaron a desperezarse y tratar de salir de la cama de la manera más apacible que pudieran.

- En buena hora se me ocurrió regalártelo – musitó Lily.

- Ah¿pero fuiste tú?

Frey ya no tenía ese aspecto de fría y radiante diosa que tanto había llamado la atención a Hermione. Su larga melena rubia estaba enredada y le cubría la mayor parte de la cara, lo que unido a la mirada furiosa de sus cristalinos ojos le daba cierta pinta de chiflada. Desde luego, muy buen despertar no tenía.

Después de unas cuantas peleas para decidir quién iba a ser la primera en entrar al baño, las cinco chicas, ya duchadas, vestidas y peinadas, bajaron a la sala común. Allí se encontraron con la mayor parte de sus compañeros de Gryffindor, lo cual no era extraño, ya que el primer día de cada curso la gente no tenía problemas en levantarse temprano. Otro gallo cantaría dentro de una semana, no digamos ya en mayo o junio.

Fueron todos juntos hasta el Gran Comedor, donde disfrutaron de un copioso desayuno, amenizado por las historias veraniegas de muchos de ellos. Cuando faltaban quince minutos para las clases, la profesora McGonagall pasó por la mesa de Gryffindor repartiendo los horarios. A los alumnos de séptimo se los dio sin muchos miramientos; sin embargo, al llegar a Hermione, frenó su ritmo y la miró de forma evaluadora.

- Bien, señorita Random, tengo entendido que habló con el director sobre las asignaturas que desea cursar.

- Sí, profesora.

La observó unos segundos más, dudando si era buena idea permitirle apuntarse a tantas asignaturas sin saber si podría con todas ellas.

- Espero que no sea demasiado para usted. Los EXTASIS no son ninguna tontería.

- Lo sé, profesora. No se preocupe, me esforzaré mucho.

Un poco más convencida, sacó un pergamino y, al apoyar su varita, se cubrió inmediatamente con el programa diario. Se lo entregó a Hermione y siguió con unos alumnos de tercero que se encontraban cerca.

Terminado el desayuno, los alumnos de séptimo se pusieron en pie y se dirigieron hacia el aula de Encantamientos, pues ésa era su primera clase. Val se despidió de sus amigas, ya que ella no cursaba dicha asignatura y fue a dar una vuelta por los terrenos de Hogwarts. Hermione siguió a las chicas, fingiendo que no sabía a dónde ir. Ya en la puerta se encontraron con otras dos jóvenes de Ravenclaw, que parecían estar esperándolas.

- Hermione, voy a presentarte a un par de amigas nuestras. Estas son Edith Adams y Lysandra Crouch – dijo Alexa.

Hermione las saludó con amabilidad y ellas le sonrieron. Lysandra era bastante guapa y casi tan alta como Alexa y Frey, aunque un poco más desgarbada. Llevaba el pelo, de un color castaño muy oscuro, atado en un moño en la parte superior de la cabeza, mostrando claramente unos llamativos pendientes plateados. Sus ojos azules pasaron de una a otra, alegres, aunque evitó posar la vista en Frey. Por su parte, Edith, era bajita y lo que se podría clasificar como "normal": cabello rubio oscuro, no muy largo, ojos castaños y tez blanquecina.

Mientras las chicas se ponían al día, fueron llegando los demás. Lo normal en las clases de EXTASIS es que hubiese alumnos de las cuatro Casas, pues había muchos menos estudiantes por asignatura de lo habitual. Sin embargo, Encantamientos debía ser una de las más frecuentes, pues allí sólo había gente de Gryffindor y Ravenclaw.

- ¡Adelante! – dijo el profesor Flitwick con su aguda vocecilla, abriendo la puerta del aula. – Sentaos de dos en dos, hoy trabajaremos por parejas.

Edith y Lysandra se sentaron juntas en un pupitre de la primera fila, al lado de dos alumnos de su Casa. Las Gryffindor ya se disponían a situarse tras ellas cuando Sirius se puso delante de Hermione, cortándole el paso.

- Tendrás el honor de ser mi pareja – le soltó, con una sonrisa de oreja a oreja.

Hermione lo miró confusa, sin saber qué decir. Remus, que ya se había sentado con Pettigrew, soltó una carcajada.

- Yo que tú aceptaría, Hermione. Puede que sea poco modesto que él lo ande proclamando por ahí, pero de verdad es bueno en Encantamientos.

- Soy bueno en todo, Remus – explicó Sirius con calma, mientras acorralaba discretamente a Hermione para que tuviera que sentarse.

- ¡Oye¿Me vas a dejar tirado? – preguntó James tras él, con voz dolida.

- No te preocupes, amigo. Seguro que a Evans no le importará ser "tu pareja".

Hermione tuvo que contenerse muchísimo para no reírse. Por un momento pensó que el ofrecimiento de Sirius era un intento de ligar con ella, pero al ver la cara de genuina alegría de James, se dio cuenta de que lo había hecho para juntar a los padres de Harry. El problema era que a Lily sí que parecía importarle, y mucho, tener que aguantar a James una clase entera. Y el énfasis que le había puesto Sirius a sus últimas palabras tampoco había colaborado para calmar sus ánimos. Miró a Alexa y Frey furiosa porque la hubiesen abandonado a su suerte, pero la nórdica se limitó a guiñarle un ojo y dirigirle una sonrisa burlona.

El profesor Flitwick esperó a que se sentasen todos y después comenzó una larga charla sobre la importancia de los EXTASIS y (aunque parecía imposible) lo cerca que estaban ya los exámenes. Después de quince minutos, se debió de convencer de que ya estaban lo suficientemente concienciados (según él; para Hermione, el adjetivo más adecuado era "asustados") y los instó a que repasaran por parejas algunos de los hechizos que habían aprendido en años anteriores, actuando como jueces entre ellos.

- Y bien ¿qué hace una chica como tú en un Hogwarts como este? – preguntó Sirius con una sonrisa, mientras le lanzaba distraídamente un hechizo silenciador al sapo que tenían sobre la mesa.

- Bueno… - Hermione meditó la respuesta unos instantes. – Supongo que me apetecía un cambio de aires – y sin decir una sola palabra (Flitwick les había pedido que trataran de utilizar hechizos no verbales), logró que el sapo adquiriera un color rojo chillón, a la vez que se llenaba de pequeños lunares violetas.

- No tienes acento francés – observó Sirius, justo antes de hacer levitar al pobre animal.

- Es que no soy francesa – aclaró Hermione - ¡Reducio!

- Sí, ya me parecía a mí que tu nombre no sonaba muy francés. "Hegmiond Gandóm" – imitó con bastante acierto. - ¡Engorgio! – hizo un movimiento casi perezoso con el brazo, y el sapo recuperó su tamaño normal.

- ¡No te imaginas la de veces que he oído eso! – Hermione decidió seguirle la corriente e hizo un gesto de hastío, provocando las risas del chico.

La clase se le pasó bastante rápido y tuvo que reconocer que Sirius no era exactamente como se había imaginado. Era muy simpático y, tal y como había asegurado, muy hábil con los hechizos, así que no le importó que el profesor les encargase un trabajo conjunto para el fin de semana.

Después tuvieron doble clase de Transformaciones. Valerie se unió a ellas, mientras que Alexa se fue a descansar. Poco después, Hermione se habría cambiado por ella. Siempre le habían gustado las lecciones de McGonagall, pero esta vez se le hicieron muy pesadas. Al igual que Flitwick, comenzó dándoles una larga lista de consejos para afrontar el último curso y cuando acabó, siguió con una extensa explicación que le llevó casi hora y media. Cuando al fin sonó el timbre que anunciaba el final de la clase, todos salieron de allí con cara de agobio y sobre todo, mucha hambre.

Comieron con calma, hablando del primer día de clase y comentando la montaña de deberes que tenían que hacer ya. A Hermione sólo le quedaba una clase ese día: Runas Antiguas, pero Lily estaba agobiadísima. Además de Runas (a la que también asistía Frey) tenía Historia de la Magia, y se pasó media comida protestando porque a alguien se le hubiera ocurrido la feliz idea de hacer que el profesor Binns les soltara un rollo impresionante sobre guerras ocurridas hacía tropecientos años un viernes a última hora. Omitió el hecho de que más absurdo era que a ella se le hubiese antojado estudiar semejante aburrimiento de asignatura.

- ¡Mierda! – soltó Lily, que ya estaba de muy mal humor. – Me he dejado el libro de Runas en la habitación.

- Te acompaño – se ofreció Frey. – Quiero cambiar los zapatos, éstos me están matando.

Se giró hacia Hermione con su gracia y soltura características y comprobó que aún estaba con el postre.

- No tardaremos. Espéranos en el hall¿vale?

Hermione asintió y las vio alejarse deprisa. Siguió mordisqueando distraída la manzana, escuchando a Alexa describirle con pelos y señales la boda de su hermano mayor. No fue hasta que le comentó que su cuñada estaba embarazada, que no cayó en la cuenta de que Alexa debía de ser tía de Angelina Johnson.

- ¡Oh, vaya! – le dijo Alexa, un poco preocupada. – Creo que se te está haciendo tarde.

Consultó su reloj y vio que era cierto. En menos de un segundo, se levantó, se despidió de la chica y salió disparada hacia la salida del comedor.

- Se te ha caído esto – dijo una voz a sus espaldas.

Hermione se dio la vuelta rápidamente y tomó la pluma que le ofrecía el chico. Sin apenas mirarlo, le dio las gracias y se dispuso a seguir andando, pero cuando ya se estaba girando, él volvió a hablarle.

- He oído que estudiaste en Beauxbatons – "Las noticias vuelan", pensó con disgusto. – ¿Cómo es que te han puesto en Gryffindor? No te vi en la Ceremonia de Selección.

Se volvió a girar, pensando en una buena excusa que darle, y fue entonces cuando vio la corbata del joven, a rayas verdes y plateadas. "Slytherin, ahora es cuando vienen los insultos y las amenazas."

- Si necesitas ayuda para adaptarte, será mejor que me la pidas a mí. Tus compañeros de Casa no son muy…

- ¿Qué es lo que no somos? – preguntó Sirius de forma cortante. Él y sus amigos acababan de salir del Gran Comedor y no parecían demasiado contentos con la escena.

- ¡Hombre, hermanito, qué alegría volver a verte¿Qué tal las vacaciones? – era evidente que estaba sorprendido por la interrupción. Aún así fue capaz de componer una sonrisa de falso interés.

- Aléjate de ella, Regulus.

- ¿Ya te has autonombrado su guardaspaldas?

Regulus Black. Hermione recordó el tapiz en el número 12 de Grimmauld Place, que representaba el árbol genealógico de la familia Black, y donde Sirius no era más que una marca de quemadura. A su lado, sin embargo, se encontraba el nombre de su hermano; quien, al parecer se había unido a los mortífagos y había muerto a sus manos poco tiempo después, cuando quiso abandonarlos. Lo observó detenidamente. No debía ser mucho menor que él y de hecho, se parecían bastante. Ambos tenían el mismo porte elegante y el rostro atractivo. No obstante, Regulus tenía los ojos oscuros y su cabello, más corto, no tenía ese brillo tan especial que diferenciaba al de Sirius. Tampoco era tan alto como él, y su complexión era más ligera, con hombros y espalda más estrechos.

- No es asunto tuyo. Ocúpate de los de tu propia Casa.

- Cada año eres más desagradable – le recriminó el menor de los hermanos – Yo sólo trataba de ser amable, pero a ti se te debe escapar ese concepto.

- ¿No tienes clase ahora, Regulus?

- Siempre tan preocupado por la familia... – replicó con retintín. Luego se volvió a Hermione. – Encantado de conocerte. Lo dicho, si necesitas cualquier cosa, aquí me tienes – se apartó de ellos y se dirigió a la escalera. De repente, se acordó de algo y paró en seco, pero no se dio la vuelta. – Por cierto, hermanito, papá te envía recuerdos. Mamá me pidió que te transmitiera sus deseos de que te pudrieras en la miseria.

A Sirius no pareció molestarle demasiado el comentario. Se encogió de hombros con indiferencia y miró a Hermione. Abrió la boca para hablar, pero no llegó a pronunciar nada, porque Lily, desde la escalera, le gritó que se diera prisa o no llegarían a tiempo.

- Lo siento, tengo clase – se despidió rápidamente, y se fue con ellas.

Frey ya no llevaba aquellos zapatos de tacón de aguja, por lo que caminaba muy rápido. Lo cual, unido a sus largas piernas, dificultaba que Lily y Hermione le siguieran el ritmo. Frenaron de golpe al llegar a la entrada del aula de Runas Antiguas. En el lado derecho de la puerta, hablando en voz muy alta, estaban tres chicas de Slytherin. Una de ellas, la más alta y fuerte, se volteó hacia las recién llegadas y arrugó la nariz con disgusto.

- Ya decía yo que olía a sangre sucia.

Lily fingió no oírla y se apoyó en la pared, sujetándose el costado con una mano y jadeando suavemente. Hermione la imitó, pero no apartó la vista de las Slytherin.

- Diez galeones a que la nueva también es una de ellos – replicó otra con malicia.

La primera se acercó caminando de forma muy poco femenina y se plantó delante de Hermione, estudiándola con la mirada. Frey se movió incómoda, como si se estuviera conteniendo, y al final, preguntó con voz calmada:

- ¿Por qué no vuelves a tu lado del pasillo, Bulstrode?

- Hay días que me apetece mezclarme con la plebe, a fin de familiarizarme con su hedor – soltó bien alto, para que todos pudieran escucharlo.

- Pues no te acerques demasiado, no vaya a ser que se te pegue.

- Por una vez estamos de acuerdo. Tanto andar con sangre-sucias, ya apestas lo mismo que ellas, Bergman.

Frey se puso muy tiesa, como si la hubiesen pinchado, y le dirigió una mirada llena de desprecio a Bulstrode, pero antes de que pudiera replicar, Hermione se le adelantó. Ni siquiera supo por qué esas palabras acudieron a su boca, ya que ella nunca solía seguirles los juegos a esos clasistas arrogantes.

- Tal vez quieras que te rompa la nariz, así a ti te hago un favor y yo me quedo descansada.

Para empezar, era una amenaza sin fundamento. La tal Bulstrode era igual que un armario ropero y la podría haber machacado de un solo guantazo. Por suerte, no sólo no se lo tomó a mal, sino que esbozó una sonrisa maliciosa.

- Tenías razón, Mary – dijo mirando a su compañera de Casa. – Sangre sucia y además estúpida – luego se giró hacia ella y su tono de voz cambió – Escúchame bien, niñata. No sabes con quién te estás metiendo, así que te recomiendo que no andes por pasillos oscuros.

- No debiste hacerlo – le dijo Lily a Hermione en un susurro, cuando ya estaban en clase. – Últimamente andan muy crecidas. Ya sabes, con el rollo de Vo… - dudó un instante, y pareció cambiar de idea – del que-tú-ya-sabes y su odio por los muggles. No te conviene tener enemigas así.

Hermione asintió y levantó la cabeza. A unas mesas de distancia, las tres Slytherin la miraban fijamente. Bulstrode hizo un gesto con el dedo, como si se rebanase a sí misma el cuello y las otras se empezaron a reír quedamente.

"Genial. Más problemas"

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En cuanto acabó la clase, las chicas de Gryffindor se dieron mucha prisa en recoger todas sus cosas, porque Lily tenía que recorrer medio colegio para asistir a Historia de la Magia. La pelirroja salió disparada por la puerta y le faltó poco para darse de bruces con Sirius.

- Llegas un poco tarde, Black – dijo Frey burlonamente. – La clase ya ha terminado.

Sirius hizo una mueca.

- Precisamente, Bergman – se volvió hacia Hermione. – Oye¿tienes algo que hacer? Había pensado que podíamos empezar con el trabajo de Encantamientos, porque mañana voy a estar ocupado.

- Eh… sí, claro. ¿Dónde quieres ir?

- Hace un día estupendo¿qué tal si vamos fuera?

Justo cuando asintió, Hermione captó la mirada de advertencia de Frey. Lily ya se había marchado, pero ella se había quedado allí escuchando la conversación.

- Te veo más tarde – le dijo, un poco intimidada por su actitud.

Frey pareció convencerse de que no iba a ocurrirle nada y dejó de mirarla como a una niña en peligro. Se despidió de ella – a Sirius no le dijo nada – y se fue de allí caminando bien derecha.

- ¿Quieres que te lleve eso? – preguntó Sirius al ver la abultada mochila de la chica.

Hermione lo miró extrañada. "¿A qué se debe este exceso de amabilidad? Ni que yo fuera una inútil…"

- No es necesario, gracias.

Por primera vez, Sirius pareció un poco cortado. No obstante, tardó muy poco en reponerse. Se encogió de hombros y le mostró los dos libros que llevaba en la mano.

- Los he sacado de la biblioteca. Creo que con estos bastará.

- Supongo – respondió tras echarles un vistazo. Lo cierto es que el padrino de Harry tenía buen criterio.

Pasaron cerca de tres hora haciendo el trabajo, pero los dos se mostraron muy satisfechos con el resultado. A fin de cuentas, habían conseguido terminarlo antes de la cena, y todavía les quedaba el resto del fin de semana para acabar las otras tareas.

Sirius se estiró y cerró los libros. Se tumbó en el césped, recostando la cabeza sobre sus manos.

- Uf, no imaginé que íbamos a acabar tan pronto – se giró para mirar a Hermione, sentada a su lado y revisando aún los últimos párrafos. – Trabajas duro¿eh?

- Lo intento… - concedió distraída. – Oye¿no crees que deberíamos poner un par de puntos más en las conclusiones?

Se inclinó sobre él, señalándole la línea a la que se refería y sujetando con firmeza el pergamino, para que la brisa que se había despertado no lo llevase volando. Sirius se incorporó a medias para poder leerlo y entonces la mano de Hermione se apoyó directamente sobre su pecho. Ella esperaba expectante su respuesta, así que no se dio cuenta, pero Sirius recorrió su rostro con mirada interesada. Tras unos segundos de espera, y como no decía nada, Hermione despegó la vista del papel y se volvió hacia él. Se quedó de piedra al verlo tan cerca de su cara y más aún al darse cuenta de la forma con que parecía estudiarla. Tenía un brillo juguetón en los ojos que no le gustó nada.

Tras el momento de shock inicial, se apartó con brusquedad y enrolló el pergamino frenéticamente.

- Bueno, llevamos mucho tiempo con él, y estamos muy cansados… Supongo que puedo releerlo mañana y, con la cabeza fría, seguro que se me ocurrirá algo.

Se puso en pie de repente, ante la atónita mirada de Sirius.

- Entonces¿nos vamos? – preguntó él, levantándose con pereza.

- Sí, sí. Ya es casi la hora de cenar.

Hermione no entendía por qué se había puesto tan nerviosa, pero no podía evitar actuar así. No era sólo por lo que le había dicho Frey, realmente tenía la desagradable sensación de que Sirius Black la miraba con mucho más interés del que debería. No sabía cómo comportarse, porque no estaba acostumbrada a provocar ese tipo de reacción en los chicos.

Entraron en el castillo y empezaron a subir las escaleras. A pesar de la turbación, Hermione tuvo la delicadeza de dejar que Sirius fuera ligeramente adelantado, como si no estuviera muy segura de hacia dónde quedaba la sala común. Torcieron por un atajo y Sirius levantó un tapiz, manteniéndolo en alto para que pasara ella. Fueron a dar a un pasillo que solía estar bastante transitado, pues era el camino más directo desde la biblioteca. Sin embargo, en esos momentos sólo había un alumno, que caminaba con pasos rápidos y desiguales. Al verlo, Sirius sacó su varita y apuntó a la espalda del muchacho.

- Le debo una desde el año pasado – susurró con rencor. - ¡Tarantallegra!

Sin embargo, el maleficio nunca llegó a su destino. En un rápido movimiento, Hermione desvió la varita de Sirius, haciendo que el delgado haz de luz chocara contra un retrato y lo tirara al suelo.

- ¿Qué has hecho? – el Merodeador le dirigió una mirada furiosa, al mismo tiempo que el otro joven se percataba de lo que acababa de ocurrir y se daba la vuelta.

- ¿Te parece normal maldecir a la gente por la espalda?

-¡Es lo que hace él¿Quién eres tú para…

No pudo continuar. En ese momento, el muchacho, que era de Slytherin, gritó:

- ¡Densaugeo!

Sirius se agachó para esquivarlo y Hermione se echó a un lado. Todavía recordaba cuando Draco Malfoy la había hechizado de esa forma y no le apetecía que se repitiera.

- ¿Lo ves? – replicó Sirius, alzando su varita nuevamente.

Entonces Hermione se fijó en su oponente y no le costó demasiado reconocerlo. Una cortina de pelo graso caía a ambos lados de su pálido rostro, en el que destacaba una larga y ganchuda nariz. "Snape", pensó furiosa, "he defendido a Snape". Lo miró con odio, pero él estaba demasiado concentrado esperando el siguiente paso del Gryffindor para darse cuenta de su reacción.

- ¡Expelliarmus!

- ¡Protego!

El escudo que formó Snape era bastante bueno, pero aún así fue insuficiente para frenar el potente hechizo de Sirius. La varita le saltó de las manos y cayó a un par de pasos de distancia. Inmediatamente se lanzó tras ella, sabiendo que era presa fácil de su hábil adversario. Hermione se giró, preocupada por lo que pudiera pasar, y vio la oronda figura de Slughorn acercarse lentamente por el final del pasillo.

- ¡Furnunculus!

- ¡Sirius, no!

La chica se abalanzó de nuevo contra él, pero esta vez no llegó a tiempo y el maleficio le dio de lleno a Snape. Y no sólo eso, debido al ímpetu con el que había empujado a su compañero, se cayeron los dos al suelo. Cuando levantó la cabeza comprobó que el profesor Slughorn ya había llegado hasta ellos y los miraba de forma severa.

- ¿A qué viene esto? – no esperó a recibir respuesta, sino que gritó: - ¡Castigados! Mañana, después de comer, vengan a mi despacho y ya buscaré alguna tarea que encomendarles. Seguro que la Sala de los Trofeos echa de menos sus cuidados, señor Black.

Les dio la espalda y se acercó a Snape, quien se retorcía y gemía en el suelo. Lo ayudó a levantarse y estudió los daños.

- ¡Ah, sí! Y veinte puntos menos para Gryffindor – añadió, volviéndose hacia ellos. – Francamente, señorita Random, me disgusta mucho que empiece así su estancia con nosotros – miró a Snape con indulgencia y le dijo: - Te acompañaré a la enfermería, Severus. No te preocupes, seguro que la Señora Pomfrey te lo cura en un santiamén.

Sirius se quedó en el suelo, con los ojos fijos en la espalda de Snape, mientras éste se alejaba de allí escoltado por el profesor.

- Es uno de sus alumnos preferidos – gruñó entre dientes. – Si hubiese sido al revés, fijo que le habría concedido cinco puntos por la perfecta ejecución del maleficio – alzó la vista y se encaró con Hermione - ¿Por qué no me avisaste?

- Traté de frenarte¿recuerdas? – replicó ella, con el tono de "te lo advertí" que solía guardar para Ron.

El chico movió la cabeza, contrariado, y entonces una oleada de perfume invadió las fosas nasales de Hermione. Era un olor varonil, pero no fuerte ni recargado, lo suficientemente especial como para que pudiera distinguirlo en el futuro. Pero ese aroma causó una gran impresión en ella, ajena a la fragancia en sí: se dio cuenta de lo cerca que se encontraban. Prácticamente estaba echada encima de él, y al notarlo se puso como un tomate. Se levantó de un salto, antes de que Sirius se percatara también de su extraña posición y se formara ideas raras.

- Será mejor que volvamos a la sala común cuanto antes – le dijo, arreglándose la ropa. – No vaya a ser que nos encontremos con más amiguitos tuyos y nos ganemos otro castigo.

Sirius hizo una mueca, pero no replicó nada. Se puso en pie, tratando de alisar la túnica y recogió los libros, que había dejado prudentemente en el suelo en el momento del ataque. Todavía tuvieron que subir tres pisos más para llegar a la Torre de Gryffindor.

- Ópera prima – dijo Sirius, y el retrato se abrió. – Menuda tontería – murmuró cuando entraron – Ahora le ha dado por cantar… - le explicó, señalando a sus espaldas. – Y créeme, no lo hace nada bien.

Hermione sonrió. Ya había tenido la desgracia de escucharla en más de una ocasión. Oteó la abarrotada sala común, y comprobó que sólo Valerie estaba allí. Parecía muy entretenida hablando con un chico bastante guapo, así que no quiso interrumpir.

- Voy a dejar las cosas en la habitación – le dijo a su acompañante – Y a ver de paso si las demás están allí.

- Vale. ¿Te veo en la cena? – preguntó Sirius.

- Supongo…

Antes de que se diera cuenta, Sirius se había inclinado sobre ella, con toda la intención de darle un beso en los labios. Se apartó rápidamente y le puso una mano en el pecho, para separarlo.

- ¿Se puede saber qué estás haciendo? – le preguntó muy alterada.

- ¿Qué ocurre?

Sirius parecía muy sorprendido por el rechazo y eso la enfadó aún más. ¿Tenía idea acaso de la situación en que la ponía¡Por Merlín! Él era el padrino de Harry… ¡un viejo! Y además, estaba muerto… Era repugnante, lo miraras por donde lo mirases.

- ¿Pero tú de qué vas? – le soltó, sin darse cuenta de lo alto que estaba hablando. Todos sus compañeros los observaban ya atentamente.

- ¿Cuál es el problema? – Sirius intentó mantener un tono reposado y sobre todo, bajo, con la esperanza de que ella lo imitara y no dieran un espectáculo. – Me pareció que te gustaba…

- ¿Que te gustaba? – repitió, incrédula. - ¿Pasamos una tarde juntos, haciendo un trabajo, – recalcó – y ya piensas que voy a caer rendida a tus pies¿Qué clase de egocéntrico y creído eres¡Nunca¿me oyes¡Nunca me fijaría en alguien como tú!

Subió escaleras arriba echa una furia, dejando a Sirius completamente pasmado y con cara de estúpido. El Merodeador notó el repentino silencio que había inundado la sala común y sintió que enrojecía de vergüenza, como hacía años que no le ocurría.

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A partir de ahora, además de las aclaraciones pertinentes, os iré haciendo un pequeño resumen para que cuando leáis el siguiente capítulo, si no os acordáis no tengáis que releer el anterior por completo.

Pues bien, ya veis todo lo que da de sí un sólo día en Hogwarts. Hermione ha asistido a sus primeras clases, y ha conocido brevemente a dos chicas de Ravenclaw: Edith Adams y Lysandra Crouch. (Respecto a esta última: En el Árbol genealógico de los Black se indica que Bartemius Crouch tenía dos hermanas. En un principio, ésta iba a ser una de ellas, pero por circunstancias que veréis más adelante, será su sobrina. Llevá el nombre de su bisabuela, Lysandra Yaxley). Hermione también ha tenido un breve encuentro con Regulus Black, el hermano de Sirius. (Cuando empecé a escribir la historia, Regulus tenía el cabello castaño y los ojos grises, pero hace poco vi un dibujo que me gustó mucho y cambié su descripción. Espero haber tomado la decisión correcta. Físicamente, sería un intermedio entre Sirius y Bellatrix). Además, se ha enemistado con las Slytherin. (Aunque saldrán más adelante, os adelanto sus nombres: Annabell Burke, Janice Bulstrode y Mary Ann Flint). Y aún le sobró tiempo para hacer un trabajo con Sirius, junto al cual tuvo un encontronazo con Snape, que traerá cola en los siguientes capítulos. Por lo pronto, tendrá que sobrellevar un castigo con Sirius, lo cual, visto el desplante que le ha dado en medio de la sala común, no será precisamente fácil.

El siguiente capítulo se titula "Hermanos Black" y en él descubriremos algo muy interesante sobre Regulus y también cómo se va a tomar Sirius la ofensa de Hermione.

Y ahora, con sólo darle al "Go", me haréis inmensamente feliz. Un beso enorme y gracias por adelantado!