Se quedó parado como idiota sin saber que más hacer con las manos en los bolcillos del pantalón deportivo que llevaba, mirando en la dirección en que se la habían llevado.
- Tranquilo señor, sígame- le hablo Hanataro
- ¿Qué?- pregunto confuso
- En este hospital el padre puede acompañar a la madre en la labor de parto
- ¿Qué?
- Lo siento yo… estoy seguro de que no quiere perderse el nacimiento de su hijo- dijo tranquilamente
- ¿Qué?- pregunto todavía más confundido
- Yo… supongo que quiere estar con ella- su mente aun no procesaba la información
- ¿Qué?- repitió como un imbécil por cuarta vez
- Yo… entiendo que… este nervioso por esto- decía pausadamente- se ve que es su primer hijo… así que… - creía que era…
- Yo no…- ahora él hablaba nervioso
- Descuide, es normal el nerviosismo en estos casos- cambio a un tono burlón en la voz- no es el único, si me pagaran por la cantidad de veces que he visto a un hombre ponerse como loco por el nacimiento de su primer hijo sería muy rico
¿Padre? ¿Primer hijo? ¿Loco? ¿Qué demonios estaba ocurriendo aquí? Soltando una leve risita y sin esperar su respuesta avanzo por el pasillo, él sin saber que hacia lo siguió. Lo dejaron esperando en una pequeña salita del segundo piso por un muy largo rato, se sentía como perro enjaulado caminando de un lado a otro. Hasta llego a creer que ya había nacido el bebé y que por suerte él no había sido necesario, no es que tuviera miedo de presencias algo así… o tal vez si tenía miedo. Quizá la razón era que ella ya hubiera aclarado las cosas. Pero momentos después cuando Hanataro entro y le pidió que nuevamente lo siguiera sus esperanzas de que no lo llamasen fueron destruidas.
Entraron en un cuarto blanco lleno de estantes.
-Tome, cuando le indique se pondrá este- le dijo Hanataro entregándole una bolsa con un traje verde de esos que se usaban en las cirugías
- Pero es que yo no…
- Le repito que se tranquilice y que se dé prisa… lo siento- volvía a su tono temeroso- pero ella le debe querer a su lado
- Pero es que yo no…
- Ahora sígame- añadió
Salió de la habitación dejándolo con la mano extendida.
Sabiendo que para su mala suerte no era la clase de basura humana que abandonaría a esa chica en un momento tan difícil no dudo en ponerse ese traje, después aclararía que definitivamente él no era el padre de ese bebé.
AVAVAVAVAVAVAVA
Momentos después Hanataro volvió a buscarlo para luego dirigirlo por un pasillo azul hasta que llegaron a la última puerta. Les abrió la enfermera de unos 40 años que había visto abajo antes.
- Yo no…- comenzó a decir sonando como todo un idiota nervioso
- ¡Al fin!, señor…
- Ichigo Kurosaki, pero es que yo…
- No sea cobarde y dese prisa señor Kurosaki su mujer está por dar a luz y no querrá perdérselo- dijo la enfermera jalándolo de forma brusca al interior del cuarto
Aparentemente ella no les había explicado nada en todo ese tiempo que habían estado separados, todos lo seguían creyendo el padre.
La pequeña pelinegra estaba recostada en una camilla con las piernas separadas y levantadas gimiendo de dolor, no se había percatado de su presencia hasta que la enfermera prácticamente lo obligo a pararse a su lado. Ella lo miro con un extraño gesto de alivio que le sorprendió, estaba roja y sudorosa pero aun así se veía hermosa ¿hermosa?
- ¿Cómo estás?- pregunto amablemente
- Sigues haciendo preguntas sin sentido, ¡tonto!- le lanzo esa mirada furiosa
- Tú sigues tal alegre como de costumbre
- ¡Tonto!- hizo un puchero y ese soplo que hacía que su mechón de cabello volara
Eran ajenos a que las enfermeras que ahí se encontraban los miraban enternecidamente.
- ¿además que estás haciendo a…
- Bien ya estoy aquí- anuncio entrando una mujer alta y peliblanca- soy la doctora Isane Kotetsu, señora…
- Rukia ... aaahh!
- Bien Rukia parece que estas lista- confirmo leyendo una hoja.
AVAVAVAVAVAVAVA
Momentos después se encontraba junto a Rukia tendiéndole la mano y lamentando hacerlo porque si antes creyó que le rompería la mano ahora creía que perdería el brazo
- ¡Puja, tu puedes!- le gritaba la doctora- ¡vamos!
Él se sentía como un idiota inútil que no podía hacer nada, solo ver como ella se esforzaba mientras cada momento se veía más agotada, tal vez si…
- Vamos Rukia yo sé que tú puedes hacerlo- dijo mirándola a los ojos- solo un poco más, eres una mujer fuerte
Su apoyo de alguna manera logro transmitirle esa fuerza porque ella le dio el apretón de mano más fuerte que sintió en la vida y luego en breves momentos pudieron escuchar el llanto de un bebé.
- ¡Es una niña! - anuncio la doctora- acérquese a verla
Sin dudarlo se acercó para ver a la bebé
- Que hermosa, tiene los ojos de su madre y probablemente el cabello de su padre
¿Qué?
La doctora Isane sonriendo se la entrego.
Cuando la tuvo en brazos aun cubierta de sangre y llorando sintió una alegría desconocida e inigualable en su interior. Una vez se calmo pudo notar que en efecto esos ojitos violetas eran idénticos a los de su madre y que el poco cabello que había en su cabecita y se distinguía de la sangre sin duda tenía al igual que el suyo un tono naranja, aunque eso podía cambiar una vez estuviera limpia. Con eso su pánico inicial disminuyo. Volteo a ver a Rukia para notar su reacción pero ella aún tenía en su rostro una expresión de dolor
- Aún no ha terminado- dijo la doctora
- ¿Qué?- el pánico lo invadió
- Señor, no creo que este tan conmocionado como para no recordar que aún falta un pequeño o pequeña más por traer al mundo
¿Otra? La doctora comenzó a darle ánimos a Rukia una vez más, parecía estar muy débil después del primer alumbramiento y justo ahora supo que no podía solo quedarse a mirar
- Rukia ya trajiste a esta pequeña al mundo y te agradezco y admiro tu esfuerzo, eres grandiosa… así que lo siento pero te suplico que te esfuerces un poco más yo sé que tú puedes lograrlo
Ella lo miro entre asustada y sorprendida pero como si sus palabras fueran la energía que necesitaba dio todo de sí y en breves momentos se escuchó en la habitación el llanto de otro bebé.
- ¡Otra niña! - grito la doctora- igual de fuerte que su hermana mayor, aunque sus ojos son color ocre
La doctora Isane se la acerco y él pudo sentir de manera inexplicable una inmensa felicidad, noto que ciertamente ella tenía el mismo color de ojos que los suyos, seguramente todos ahí creían que era por él… aunque era claramente una increíble casualidad. Dirigía su mirada de una niña a otra, era extraño ese sentimiento de felicidad que lo embargaba sabiendo que no eran realmente sus hijas, volteo a ver a Rukia y ella tenía una mirada igual de llena de felicidad… aunque estaba colorada y sudorosa.
- ¿Quiere hacer los honores?- le dijo la doctora mientras una enfermera le tendía las tijera para cortar los cordones
- Claro
Una vez hecho eso las enfermeras se alejaron con las niñas para limpiarlas mientras él le sonreía a una cansada Rukia
- Lo hiciste bien- le dijo
- Ya lo sé - le miro con sus orgullosos ojos violetas – gracias- sonrió
Las enfermeras le pusieron una niña en cada brazo a Rukia. Las pequeñas ya limpias definitivamente tenían un igual cabello naranja… como el suyo, pero se repitió que no era más que una simple casualidad, no era el único hombre por ahí de cabello naranja y ojos color ocre y definitivamente recordaría haber tenido algo que ver con Rukia.
- Así que ustedes eran quienes me daban pataditas- tenía una hermosa sonrisa y lágrimas en el rostro mientras miraba entre una y otra- y me hacían comer muchas fresas- agrego riendo
- Son realmente hermosas - comento la doctora- deben de estar orgullosos
- Si- respondió ella feliz, sin reparar en que se refería a ambos - preciosas, aunque…
Pero lentamente comenzó a cerrar sus ojos, al fin el cansancio la estaba venciendo. Con un bostezo le entrego las pequeñas a la enfermera y le dedico una última sonrisa a él antes de caer en brazos de Morfeo.
AVAVAVAVAVAVAVA
Y aqui esta el segundo capitulo. Gracias a las chicas que comentaron.
Como ya se habrán dado cuenta en esta historia Rukia tiene el cabello largo, espero que algun dia Tite nos permita verla así, realmente me gustaría.
Saludos!
