Disclaimer: Los personajes de DBZ no me pertenecen, sino a su creador Akira Toriyama.
TELEA
Capítulo #2: Fuego Rubio
"Una doncella coqueta cuya alma se abre demasiado pronto al amor, se acostumbra a este, y cuando llega a la edad de la verdadera pasión, ya no se encuentra en estado de apreciar el encanto de la novedad"
Stendhal
Sus días siguieron en progresiva tranquilidad. Los primeros momentos sin Ángela fueron insufribles. Se creyó inútil en lo amoroso e incapaz de salir de la congoja que le dejó el vacío de aquella, su primera ilusión.
Sin embargo, los días se sucedieron como suelen hacerlo y su cielo interior se comenzó a despejar de la tormenta adolescente que lo invadía.
Fue así como avanzó a tercer año de preparatoria, se graduó e ingresó a la universidad en la Capital del Sur, para iniciar sus estudios en investigación, como tanto lo había anhelado su madre.
Su primer mes fue solitario. En una ciudad nueva y como uno más en medio de incontables rostros desconocidos y ninguno familiar. Aquellas primeras semanas eran una rutina monótona que lo conducía desde su pequeño departamento a la universidad, donde su única variante eran las horas que distribuía entre las clases asistidas y estudio en la biblioteca. No tardó en sentir cómo su ánimo decaía ante el hermetismo de sus días. Necesitaba salir de su claustro académico y disfrutar de su nueva vida. Fue así como llegó hasta la fiesta de bienvenida a la universidad de todas las facultades.
Inició la travesía en solitario, como ya se había vuelto costumbre desde su partida del hogar. Sin embargo, lo que no sabía era que aquella noche no la acabaría de la misma forma…
La noche la comenzó sentado en una esquina dentro de aquel bar. La música se presentaba invasiva y apagaba las voces de los presentes; la luminaria era de neón y la escasa luz era perturbada por el humo de tabaco que ahogaba el aire; y la muchedumbre juvenil en encadenada comunicación, lo hacía sentir una partícula aparte de la gran masa humana.
—¡Mira, ese es Gohan, uno de los novatos! —una voz cuasi consumida por la música, exclamó a la distancia.
—¡Vamos por él! —añadió un segundo muchacho.
—¡Hola, Gohan! —saludaron al unisón.
El chico reconoció en quienes lo saludaban a dos de sus compañeros de segundo grado, pero que tomaban por segunda vez Investigación Cualitativa en su sección: Krilin y Yamcha.
—Hola muchachos —correspondió perplejo ante la inesperada compañía de aquellos jóvenes con quienes jamás había compartido.
—¿Qué se supone que haces aquí solo? Ven con nosotros —indicó Yamcha mientras le ofrecía una cerveza.
—Gracias, pero yo…
—Nada de peros —interrumpió Krilin, mientras ayudaba a su compañero a levantar a Gohan de la silla —¿Ves a esas tres lindas chicas? —señaló mientras saludaba insinuante a una peliazul.
Gohan observó curioso.
—Aquellas chicas del cabello azulado, son hermanas: Maron y Bulma; son nuestras citas —comentó Yamcha.
— Pero vienen con una amiga: Ireza. Las chicas se sentirían muy mal de dejar sola a esa chica. Por eso tú serás su cita —concluyó Krilin.
—¿Qué dicen? Yo¿su cita?…
Sin dejar momento a oposiciones, arrastraron al muchacho hasta la mesa de las mujeres.
—Chicas, este es el amigo del que les hablamos. Su nombre es Gohan —presentó, Yamcha.
—Hola, Gohan —saludaron las chicas al unisón.
— Hola —saludó apenado.
—Es un verdadero placer.
La suave voz, hizo que las miradas de Gohan e Ireza se conectaran. La primera, oscura pero blanda de timidez; la segunda, clara como el reflejo del cielo en el agua, pero chispeante de energía deseosa de derramarse.
Los muchachos, a pesar de no haber compartido antes con Gohan, lo integraron con naturalidad aquella noche. A pesar de su cortedad, no le costó mucho trabajo sentirse uno más entre aquellos jóvenes desconocidos. Las anécdotas de Krilin y Yamcha, cuyo claro objetivo era impresionar a Maron y Bulma, y los comentarios sobre los mejores lugares para la bohemia nocturna y algunos pasos por universidad; fueron los temas que ocuparon la noche. Si bien para Gohan, algunos de ellos eran conversaciones ajenas a él, hubo un elemento que sirvió de soporte en su desenvolvimiento: cerveza y más cerveza.
Jamás había bebido alcohol antes; pero aquella mirada que lo seguía desde cerca, lo incomodaba y lo empujaba a buscar un medio para apaciguar su perturbación ante esos ojos impetuosos que se le insinuaban con descaro.
Evocaba con alevosía la serenidad y la inmutabilidad en cada trago. En aquel instante, deseó ser como Yamcha y Krilin, quienes se desplegaban con la galantería de un pavo real ante las muchachas sin titubeos. Quería un poco de esa imperturbabilidad, no para conquistar a Ireza, sino para no sentirse ni mostrarse cobarde ante la mujer.
Desde que había terminado su relación con Ángela, no había vuelto a cortejar a una mujer. Había aprendido a verlas con distancia y en nada más que un trato cordial. Pero dicho aprendizaje solo era aplicable cuando era él quien dominaba la situación; pero en este momento, se hallaba sometido a los encantos de aquella mirada clara y chispeante.
Si los compañeros de Gohan deseaban tener éxito con sus citas, era necesario procurarle un buen acompañante a Ireza. Fue con dicha intención que tras un rato de conversaciones grupales, cada uno sacó a bailar a sus acompañantes. El muchacho, intentó negarse; pero la mirada suplicante de la joven y los empujones de Yamcha y Krilin, le hicieron desistir de su negativa.
La música era envolvente y dinámica; sus pasos eran vacilantes y faltos de sentido. Sus movimientos nada decían y nada pretendían más que mantenerse en actividad al igual que el resto de la masa humana que invadía el sitio. Mientras ella pavoneaba con sutil voluptuosidad su figura.
No le importaba los pasos torpes de Gohan, solo quería su atención. Y si esta se manifestaba a través de su timidez, era un punto a favor para ella. El inventario de pasos de baile, pronto se le agotó a Gohan. Sus movimientos se hicieron progresivamente más pesados y monótonos y al ver Ireza que el muchacho anhelaba volver a la mesa donde se habían conocido, fue ella quien le propuso ir al lugar.
—¿Cerveza? —sugirió ella.
Luego de su esfuerzo por mantenerse digno en el baile y la siempre intrépida mirada de la joven, le hicieron desear consumir más cebada, por lo cual respondió con un sí.
Ireza se puso de pie y caminó hacia la barra. Gohan creyó que le tomaría tiempo al ver una gran masa humana demandando alcohol; sin embargo, sin necesidad de esfuerzos, se abrió paso entre la multitud para conseguir dos cervezas.
Regresó con una sonrisa en el rostro.
—Me extraña no haberte visto antes siendo que vamos a la misma facultad —comentó ella luego de beber un sorbo.
—Eso es extraño, paso gran parte del día en la universidad —dijo él.
— ¿Qué lugares frecuentas?
—Casi siempre estoy en la biblioteca.
La rubia contuvo la carcajada para no escupir el licor en su boca.
—¿Lo dices en serio? ¿Pasas todo el tiempo estudiando?
Gohan se sintió apenado. Durante su estadía en la preparatoria había soportado las humillaciones lideradas por Shapner, no quería ser también considerado un fenómeno en la universidad. Pero al parecer, solo eso estaba a punto de conseguir.
—Imagino que te has pasado mucho tiempo solo ¿De dónde eres?
— De la región 439 —contestó casual.
—¡Vaya, Gohan! Eso es muy lejos —prorrumpió con asombro.
—Sí, es por eso que estoy viviendo en un departamento cerca de la universidad —comentó ingenuo, una mueca maliciosa se dibujó en el rostro de la muchacha.
—Ahora entiendo porqué has estado tan solo… qué desperdicio —murmuró.
Gohan sintió la mirada intensa de la joven sobre él, que lo exploraba y lo aprobaba con interés.
—Eres un chico muy lindo ¿sabes? —dijo ella en un arranque de galantería.
—Gracias —pronunció con dificultad a la vez que sentía su rostro arder.
—Eres muy tímido, te sonrojaste —rió divertida ella.
—No es eso… yo solo tengo algo de calor —contradijo atolondrado.
Él intentaba ocultar sus reacciones, pero ella lo encaraba haciendo más embarazosas sus emociones. Ella sonrió embelesada y se aproximó más a él. Sostuvo su propio rostro con una de sus manos, clavó con mansedumbre sus ojos en los del muchacho.
—Eres un chico muy tierno ¿tienes novia?
— ¡No, por supuesto que no! —se apresuró en responder, porque el jamás dejaría a una chica que le coqueteara si tuviera una novia.
—Esas son grandes noticias —la muchacha se puso de pie en un santiamén —Porque yo tampoco … —añadió en un susurro en el oído de Gohan, para luego cogerlo de una mano y llevarlo a la pista de baile.
La muchacha se movió con más gracia que la primera vez, con ligereza y deseos de divertirse. Él al ver una expresión más amistosa en el semblante de su acompañante, se fue liberando progresivamente de la timidez y se dejó llevar por la música y las carcajadas de dejaba la danza. Sus movimientos fueron cada vez más entusiastas y sus cuerpos más próximos el uno al otro. El agotamiento, le hizo recurrir cada vez con más gusto y frecuencia al alcohol; el cual acabó por inundar todos sus titubeos e inseguridades.
Con el transcurrir de la noche, Gohan había reconocido en Ireza todo lo que quería en una chica: entusiasmo, vitalidad, independencia, iniciativa y madurez. En resumidas palabras, todo aquello que no encontró en su antigua relación.
Hasta aquella noche, pensó que las mujeres poseían por igual las mismas aspiraciones y creencias que su ex novia. Que la mujer que fuese exigiría todo de él y no estaría dispuesta a dar nada y que anhelaría una relación fantasiosa. Pero Ireza le mostraba lo contrario.
Ella era lo que deseaba. Su clarividencia le indicaba que con ella no habrían complicaciones ni tanto drama, tampoco egoísmos ni mucho menos apariencias.
El alcohol hacía sus movimientos pesados y sus ojos se adormecían; pero su sensación de plenitud al sentir que estaba viendo todo con más claridad que nunca, lo hicieron abalanzarse sobre los labios de la muchacha. Ella respondió con complacencia, regalándole caricias deliciosas en el contacto de sus labios. Su cuerpo primero relajado, comenzó a ambicionar más de aquella boca, de esos labios y de esa lengua seductora. Por lo que aquella entrega se volvió más ansiosa.
Corazones y cuerpos estremecidos y en adrenalina…
Separaron sus labios para mirarse a los ojos. Las miradas aunque retorcidas por la madrugada y el alcohol, eran determinadas. En silencioso consenso se aislaron de la muchedumbre.
El departamento de Gohan se hallaba a escasos metros del lugar. A pesar de ello, sus labios y sus brazos se sostenían con alevosía. Ya no quedaban dudas: el deseo era mutuo.
No había lugar para vacilaciones. Gohan pareció olvidar que aquella era su primera experiencia pasional, mientras que Ireza parecía haberlo adivinado. Fue por eso que quiso ser directriz en aquella velada de fuego…
La luz comenzó a golpear sus párpados con molestia. Él quiso pugnar con los rayos solares volteando hacia la muralla, pero el solo movimiento pareció revolver su cabeza. Se sentó pesadamente sobre la cama, mientras abría con sigilo sus ojos, el palpitar de su cabeza le hizo volver en sí con desagrado. Sintió una corriente de aire fría en su torso, lo cual le hizo advertir que lo tenía desnudo, cosa extraña pues solía dormir en pijama; recorrió su mirada más abajo, y no encontró ni la más básica de las prendas. Quiso recordar lo que había sucedido, entonces buscó alguna huella o indicio en la habitación, pero no logró más que intensificar su pánico al advertir que aquella no era su habitación, ni mucho menos su departamento.
Las imágenes vinieron en desorden y confusión a su mente. Yamcha y Krilin saludándolo, mucha cerveza, la cara traviesa de Ireza, las llaves de su departamento olvidadas, la invitación de Ireza a su cuarto y luego…
Su rostro ardió ante el solo recuerdo. Se puso de pie con urgencia, tomó las ropas que se hallaban desparramadas en el suelo y las vistió de tal manera que en un santiamén cruzó la puerta. Creyó que con eso acabaría su problema, pero tras salir de la habitación, se encontró con uno de los pasillos de la maternidad de mujeres que poseía la universidad.
No comprendía lo que había hecho, realmente sentía que había sido el alcohol quien lo había consumido a él. Todas las acciones que llevó acabo eran ajenas a él, no podía dar crédito que hubiera sido él el poseedor de tal osadía e imprudencia.
Gohan jamás se había acostado con una chica, tampoco pasó ni por el más oscuro de sus pensamientos hacerlo con una a la que conoció en una fiesta y durante la misma noche de haberla conocido.
Su madre siempre le dijo que debía ser responsable en su trato con las mujeres, pues debía velar por ser un buen esposo; consejo sustentado en la irresponsabilidad de Gokú en sus roles de padre y esposo. La mujer no quería ver en su hijo el reflejo de su progenitor.
En aquel instante, se preguntó que pensaría su madre si lo hubiera visto. De solo imaginarlo los colores se le subieron al rostro al igual que el pavor lo invadió. No pudo evitar ver el rostro acusador e iracundo de la mujer.
Debía pensar en una solución. Aquello no se podía repetir, o al menos no bajo aquellos términos. Debía disculparse con Ireza, se sentía arrepentido de haber jugado con ella y sin tener al menos consciencia plena de lo que hacía. Aunque, había algo que si recordaba y era la atracción que sintió por ella, por su simpatía e independencia que la transformaban en una persona sin arrebatos ni complicaciones, en una sola palabra en una mujer: madura y lejos de aquel periodo de confusiones e inseguridades llamado adolescencia.
Ella podía ser la chica que necesitaba, pero quizás lo sucedido en la noche anterior daría lugar a un trato distante y de arrepentimientos. Debía buscarla cuanto antes para hablar con ella.
La buscó durante todo el día en la facultad. Ella había abandonado su cuarto antes de que Gohan despertara, por lo que de seguro había asistido a alguna asignatura. Pero la universidad era demasiado grande y concurrida para buscar entre tantas almas a la de la rubia mujer.
Ir hasta la maternidad de mujeres era arriesgado, pues el ingreso a los varones estaba prohibido. Más tarde él comprendería que a la muchacha le gustaba jugar con el peligro.
En aquel instante, su necesidad de encontrarla y contarle de su decisión, hicieron que surgiera en él la idea de esperarla a las afueras de la maternidad. Para su alegría, no tardó en ver a la muchacha salir del lugar.
—¿Gohan?
—Hola —saludó él en un tartamudeo.
—¿Qué estás haciendo aquí? —inquirió curiosa.
— Yo quería hablar sobre lo de anoche —reconoció apenado.
—Ah, es eso —masculló casual —Fue algo muy divertido.
—Sí, estoy de acuerdo contigo — declaró en un susurro —Pero sé que las cosas no debieron ocurrir así. Creo que eres una chica extraordinaria y mereces algo real —pronunció determinante, aunque su voz se volvió nuevamente suave para continuar —No quiero que te sientas avergonzada ni arrepentida de lo que ocurrió anoche. Me gustas y es por eso que quiero preguntarte si quieres ser mi novia…
Había olvidado lo que se sentía pedirle a una chica que fuera su novia. La incertidumbre, ansiedad vértigo que se asomaban en el galopar intenso de su corazón era algo que después de mucho volvía a experimentar.
—¿Tu novia? —un ademán de burlona incredulidad se dibujó en el rostro de la mujer.
—Claro.
—Escucha, Gohan —inició mientras sonreía con ternura —En cuanto te vi anoche, me pareciste un chico muy lindo. Lo de anoche fue fantástico y no me arrepiento de nada. Las cosas en estos días son distintas, ya nadie necesita estar en una relación para tener sexo. Eso es bastante anticuado y somos jóvenes, con toda una vida por vivir. La universidad es una etapa que se debe disfrutar y una relación o noviazgo, solo nos haría volvernos viejos en el mejor momentos de nuestras vidas. Eres novato, yo voy en segundo año y sé como es la vida en la universidad, solo te falta algo de experiencia —sonrió alentadora — Que te vaya bien —y sin más, continuó su camino.
Gohan permaneció en silencio, incrédulo ante las palabras de Ireza. La misma autonomía y ligereza que lo sedujo, fue la que no podía conquistar. Esa ansia de libertad veía con escepticismo y desdén el amor que él creyó encontrar. Hasta ahora, había conocido los dos extremos del amor: aquel que exige poseer y aquel que ocurre con tal ligereza, que termina antes de nacer.
¿Era él anticuado? ¿ingenuo? ¿o eran los sentimientos que perdían valía en estos tiempos? No era extraño para él ver cómo el amor iba y venía en las personas. Cómo el vigor amoroso alcanzaba su zenit con la misma rapidez con que desfallecía. ¿Qué era aquello que hacía a las personas ir en búsqueda de nuevas aventuras menospreciando la lealtad y devoción estable a un solo corazón? ¿Era la permanente obsesión con la novedad de ganar experiencia y saberse versado en el arte de amar? Para él la verdadera sabiduría era la de lograr estabilidad con una sola persona. Jamás admiraría a un hombre por tener una gran lista de conquistas, porque más que sapiencia en ellos veía temor; temor a entregarse a la persona equivocada, de revelar su humanidad a tal punto de sentirse vulnerable, a la confianza que podía depositar en vano. Porque esa sabiduría se concentraba en el final. Declaraba la derrota antes de haber luchado. Veían en un posible aliado a un futuro enemigo.
Aunque le llamaran anticuado e ingenuo, él seguiría apostando por el amor estable que no teme a la entrega.
MUCHAS GRACIAS POR LEER :)
N/A: Hola a todos :) Primero que todo, gracias por llegar hasta aquí, su es así es porque la idea de este fic ha resultado de su agrado, a pesar de no tratarse (este y el capítulo anterior) de la pareja canon. Ahora sobre este capítulo, en ciertas circunstancias en el animé tuve la impresión de que Ireza era una joven coqueta y de iniciativa en lo amoroso, al menos esa impresión me dio en pequeños pasajes que tuvo con Gohan. Y al pensarla en la universidad, la imaginé desarrollando aún más esa faceta, por lo que no veía en ella y Gohan algo duradero y que sobrepasara la atracción pasional, de tal manera, imagino a Ireza viendo el amor como algo pasajero y ligero, es así como surgió este capítulo.
Para finalizar, agradecer las apreciaciones de LDGV y Son Videl 99 en el capítulo anterior :)
