. No me importa el peligro de amarte .
De: Priss.
Capitulo II.
InuYasha estaba muy preocupado. Habían transcurrido varias horas desde que perdió a Kagome.
Sin embargo, esto no era lo que más le inquietaba, sino el hecho de que al ser guiado por el aroma de la chica pudo percibir, también, mezclado con este el desagradable olor de su hermano.
No quería ni pensar en la posibilidad de que Sesshomarou le había hecho daño... era lo único que se le ocurría.
El grupo se había separado para encontrar a la joven humana, aunque hasta ahora ninguno había tenido éxito.
InuYasha, loco, desesperado, continuó hasta que el aroma de Kagome le indicó el lugar exacto donde se encontraba, dirigiéndose a este con ágiles y veloces saltos.
Parecía que más preocupado por ella no podía estar, pero el olor a sangre en el aire lo puso alerta; si bien no era la sangre de su protegida, estaba claro que ella había estado involucrada indirectamente en esto.
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¿Estas bien?... puedes caminar.
La preocupación de la humana era más que evidente; las razones de ésta... no.
Ya, ya deja de tratarme como a un invalido. No necesito tu lastima.
Go-gomen nasai.
Como sea, las heridas eran demasiado profundas y la sangre fluía con cierta libertad, por ello, Sesshomarou se tambaleó levemente hasta que su cuerpo fue nuevamente sostenido por los brazos de la chica.
¿Por qué?... ¿por qué no te vas, si puedes hacerlo?. Ahora que estoy así tienes la libertad de escapar.
Es que... es que no puedo dejarte así, Sesshomarou.
El yokai se sintió confundido, fastidiado.
Con su suave, larga y estrechable, cola rodeó la cintura de la joven; ella sintió escalofríos. Más la intención de Sesshomarou era apartarla de una buena vez de su lado, no quería más humillaciones.
Y luego, él llegó. . .
Sesshomarou, maldito. No te atrevas a ponerle un solo dedo encima.
Esa voz.
Kagome se giró dándole la espalda al yokai. Se sintió feliz, InuYasha por fin la había encontrado. Sin embargo, la voz de su raptor hizo eco en su mente; se negaba a devolverla y después de lo ocurrido, se sentía insegura de "abandonarlo" en esas condiciones.
El movimiento fue suave, lo suficiente como para provocar el tenue rojo en sus mejillas; la cola de Sesshomarou rodeó con delicadeza a la humana, apartándola de él y del peligro de estar en medio de la batalla.
El hanyou se exasperó, podía soportarle todo a su hermano; su injustificado odio hacia él, las humillaciones y hasta que intentara matarlo en repetidas ocasiones, pero nunca, nunca el haber tocado a Kagome. Esta vez estaba dispuesto a eliminarlo.
La pelea no tardó en comenzar, y Higurashi estaba visiblemente preocupada... por ambos.
InuYasha parecía loco, dispuesto a todo mientras que su medio hermano, en las condiciones actuales, no era un oponente cien por ciento indicado. Aun así, si llegaba a proponérselo, que era lo más seguro, le daría bastantes problemas al joven hanyou.
Se asustó, pues no importaba el resultado, uno de ellos saldría herido, el problema era "¿quién?", y que haría una vez que sucediera.
No tardó mucho en percibirlo.
La energía de InuYasha estaba intacta, vigorosa y violenta; mientras que Sesshomarou era todo lo contrario, sus movimientos eran cada vez más lentos y ya muy difícilmente podía esquivar a su medio hermano.
Si fue un acto reflejo o el sentimiento que nació en ella por haberle salvado la vida, no lo supo... seguro que Kagome ni siquiera se había percatado de que estaba corriendo justo al centro del combate, deteniéndose justo en medio de los demonios.
De frente a InuYasha pero dando la espalda a Sesshomarou; una pose de protección, pues éste último fue cayendo inconsciente lentamente.
El semi-yokai apenas y alcanzó a detener su ataque; un poco más y quien sabe cuanto la hubiese lastimado con la Tetsusaiga.
¿Qué demonios estas haciendo, Kagome?
La autoritaria voz del hanyou parecía intimidar a la joven; más ella parecía dispuesta a permanecer en esa posición e impedirle a InuYasha acercarse un centímetro más.
Su mirada era una inusual mezcla de suplica y coraje; también había protección, determinación y arrepentimiento.
Por favor, trata... trata de entender.
Estaba asustada, sorprendida de sus propios actos.
Llevándose ambas manos al pecho, se tranquilizó paulatinamente.
InuYasha tuvo buenas razones para enfadarse; qué quería que hiciera?, si todavía que la protegía con la vida misma, ella le traicionaba impidiéndole eliminar al despiadado de su hermano.
Además ¿qué debía entender?. Entender, quizá, que algo sucedió, algo suficientemente fuerte como para que ella reaccionara de esa manera, así, poniéndose en su contra sin importarle nada.
¿Por qué lo proteges?... dime.
Le exigió fieramente.
Porque él hizo lo mismo por mi.
¿De la misma forma?, tan empeñadamente?
No, pero... le debo eso.
Aayyy, Kagome. Si lo dejo con vida, tarde o temprano nos aniquilara, a ti, a mi y a los demás... no lo ves.
Lo sé, pero.
Ninguna de las explicaciones del hanyou parecía convencer completamente a la humana.
Ella lo sabía, que Sesshomarou era un despiadado, sanguinario, asesino sin corazón entre mil calamidades más. Sin embargo, en el fondo creía que no podía ser tan malo como aparentaba serlo. Lo supo cuando fue testigo de la protección que le dio a Rin; de aquel inmenso respeto y admiración por su padre... un ser capaz de experimentar tales emociones no podía ser tan malo.
Cuando Higurashi bajó los brazos InuYasha intentó acercarse de nuevo, pero lo único que logró fue que ella lo enfrentara nuevamente, esta vez, más exasperada que antes. Al grado de acercarse más al inconsciente yokai y abrazarlo protectora, ante la mirada atónita del hanyou.
Esto no podía estar pasando, Kagome debía haberse vuelto loca como para abrazar a su malévolo hermano. Se sentía traicionado y no dudó en echárselo en cara a la jovencita; gran error!, esa fue la gota que derramó el vaso.
¿Te sientes traicionado?. Y cómo crees que me siento yo con tus "románticos" encuentros con Kykio?... ¿crees que no me molestan, que no me siento traicionada.
No metas a Kykio en esto.
Y por qué no?. déjame decirte que me has lastimado mucho y a ti parece no importarte.
Es muy distinto, él es un asesino que no soporta a los humanos.
La chica lo miró enfurecida; ¿cómo era posible que viese todo lo malo en su hermano? pero no se diera cuenta de que las intenciones de la otra sacerdotisa ya no eran nada buenas.
Entonces meditó un poco sobre la actitud del semi-yokai; él siempre la complacía cuando le pedía que no eliminase a alguien, lo hacia a regañadientes, pero lo hacia¿por qué ahora no.
La posibilidad de los celos cruzó por su mente, pero fue desechada de inmediato, estando tan ciegamente enamorado como lo estaba, no había manera alguna de que sintiese esa emoción; pero ella si lo estaba.
Tu sacerdotisa ya no es un alma inocente y pura. Ha tratado de matarte, me ha lastimado... y todavía te atreves a decir que ella y Sesshomarou no son iguales.
InuYasha gruñó ampliamente; Kagome se decepcionó aun más del hanyou. ¿Tan ciego estaba.
Eso era todo, la rencorosa expresión de InuYasha le dio por fin la respuesta a la joven humana; por tanto, ella tomó una decisión definitiva: alejarse de InuYasha, abandonarlo, huir de él... más no lo estaba traicionando.
Parecía haber comprendido finalmente que él amaba a la miko, no tenía caso seguir a su lado si este no se daba cuenta de su sufrir.
Será mejor que te vayas... porque no me alejaré de él.
¿Qué?
Que te largues.
La histérica voz de Kagome desconcertó al hanyou. ¿Tan decidida estaba ya?
No la comprendía, sin embargo tampoco deseaba hacerlo; obtendría los fragmentos de Shikon con o sin su ayuda.
Terminó alejándose al tiempo en que le decía a la joven que él estaría mejor sin su compañía.
Cuando InuYasha se fue, ella sencillamente se dejó caer de rodillas. ¿Qué había hecho?. Él la había dejado por haber preferido a su hermano.
Se preguntaba si lo que hizo fue lo correcto, resignada supo que si. Le había devuelto el favor a Sesshomarou, pero... y ahora?. Justo cuando la mente le pedía otra decisión, escuchó leves gemidos provenir de cierto demonio, malherido, sobre el césped.
Sesshomarou.
Lo llamó al darse cuenta de que este no se encontraba del todo inconsciente.
Humana tonta, no, n-no tenías porque hacer eso.
Sesshomarou, tu... lo escuchaste todo.
¿Qué no es obvio?. Con tremenda discusión fue imposible no percatarse de lo que pasaba.
La mirada de la joven se tornó seria. Entendió que el yokai se sentía humillado. Le dio una batalla mediocre a su estúpido hermano y al final seguía con vida, gracias a una humana.
Permaneció callada por un rato hasta que a sus oídos volvió a llegar uno de los pocos quejidos producto de las heridas del demonio-perro.
Kagome se acercó hasta él para sostener su malherido cuerpo entre sus brazos, dejando que el yokai recargara la cabeza sobre su pecho... A ella parecía no importarle la posibilidad de que Sesshomarou la aniquilara. Y sin embargo estaba totalmente consciente de que lo estaba tratando con mucha más confianza que a InuYasha.
Se sentía más tranquila; por lo menos sabía que si Sesshomarou no se había atrevido a lastimarla hasta ese momento, entonces ya no lo haría.
Lo que le resultó más extraño, fue que se sentía muy, muy bien a su lado, más no supo "porque"
En cuanto al yokai de hermoso rostro, él sólo sabía que se encontraba descansando entre los brazos de la joven; cómodamente recargado sobre su pecho.
Durante ese instante, sólo por un segundo, pareció olvidar el dolor y relajarse sin ser esta su intención.
La noche llegó y junto con esta, el cansancio y malestar. Sesshomarou se vio obligado a dormir... entre el abrazo de una hermosa hembra humana.
Continuará...
Y después de casi un año (de que empece a escribir este fic), aquí esta el capitulo dos. Vaya ya me había tardado. Como el anime ya no me gusta tanto como antes, no he puesto atención al fic, pero prometo terminarlo.
Creo que haré sufrir a InuYasha, sólo es una posibilidad, aun no es muy seguro.
Por sus comentarios acerca del capitulo anterior, muchas garcias a:
Sonia estrada, Sleath, Yami CZ, Ai-chan4, Daddy's little princess, Danae cla-chan, Andrea, Abril-chan, Lunans, Seishime y Maeda Ai.
