Lo primero que Katie vio a la mañana siguiente fue la bandera de Escocia pintada en el techo, después sintió la sensación de estar acurrucada en algo más grande que ella.

Trató de moverse pero un enorme brazo la aplastaba. Intentó luchar contra el pánico y evaluar la situación, vale no estaba desnuda, al menos no del todo ¿Dónde narices estaban sus pantalones? Y ¿Las botas? La camiseta estaba, aunque un poco desmejorada y la ropa interior también. Pero... ¿Y con quien estaba? Por favor que no sea el camarero,por favor.

Al levantar la mirada Katie se espera cualquier cosa menos lo que se encontró, a Oliver Wood roncando con la boca abierta, ¿Esos arañazos en el pecho eran suyos? Ella intento alejarse pero el enorme brazo la estampó contra su antiguo capitán.

Llevaba toda su vida soñando con él, por eso no había sido capaz de establecer una relación seria y de repente se le estampaba en la cara, típico de Wood. Él había dejado Hogwarts sin sospechar siquiera que la más enana de todas sus cazadoras, la que usaba una talla de más en su equipación de quidditch porque decía que la ropa la agobiaba, la única capaz de competir de igual a igual en un concurso de eructos con Fred y George, aquella a la que él adoraba fastidiar, estaba total e irremediablemente enamorada de él.

Tenía que salir de allí, si no cuando Oliver se despertara y la viera allí tendría uno de sus ataques de culpabilidad que lo volvían tan paranoico. Cogió la mano que la envolvía, la levantó e hizo fuerza con las piernas en el colchón para impulsar su culo hacia atrás. Por desgracia empujó demasiado y acabo estampándose contra la estantería de libros de quidditch de Oliver, causando que: la Biblia del guardián (de 700 páginas, edición en tapa dura), El noble deporte de los magos (800 páginas) y otros cuantos libros más se le cayeran sobre la cabeza.

-¿Katie? -la cara somnolienta de su antiguo capitán apareció por el borde de la cama -. ¿Pero que narices estás haciendo? -alargó el brazo, la cogió de la camiseta y la sentó en el borde del colchón.

-Oliver, ¿Te importaría contarme que pasó anoche?- le preguntó ella mientras notaba como se le subía la sangre a la cara. La risa explosiva del capitán del Puddlemere llenó la habitación.

-¿No te acuerdas de que me dijiste que me querías como veinte veces, que dijiste que era peor que un escreguto de cola explosiva por haber salido con aquella modelo de túnicas de gala, teniendo a la ganadora de la medalla de oro al mejor culo de Hogwarts otorgada por los gemelos Weasley?- ella negó tímidamente con la cabeza - ¿Ni de que esperabas que nuestros hijos heredaran mi barbilla?

-¿Yo dije eso? Por Merlín, juró que nunca volveré a beber whisky de fuego -sentía que se estaba poniendo tan roja que seguramente explotaría.

-Eso también lo dijiste anoche, justo después de potarle encima al dueño del bar, nunca había visto a nadie vomitar tanto, ¡Creía que se te iba a salir el estómago por la boca! -dijo mientras volvía a reírse -no creo que vuelva a dejarte entrar en su pub, ni aunque consiguieras quitar la caricatura que le dibujaste en el suelo junto con la inscripción Agarrame la escoba.

-Y a ti no se te ocurrió evitar que lo hiciera ¿Verdad que no? -le increpó mientras buscaba los pantalones con la mirada.

-Es que no te imaginas lo rápido que corres borracha, en un momento te tenía controlada y al siguiente habías desaparecido -le contestó encogiéndose de hombros – Si buscas tus pantalones no creo que los encuentres.

-¿Por?

-Por que cuando conseguí meterte en casa corriste hacia la ventana, te los quitaste y gritaste con lágrimas en los ojos ¡Sed libres! Mientras les prendías fuego y los tirabas. Querías hacer lo mismo con la camiseta pero te detuve a tiempo -Katie se dejó caer en la cama de espaldas mientras se tapaba la cara con las manos

-Siento haberte echo pasar por todo esto -le susurró, estaba segura de que tenía que haber un hechizo para que la tierra te tragase. En aquel momento notó su mano acariciarle la mejilla.

-Lo que dijiste anoche, ¿Era verdad? -en aquel momento su voz se tornó seria.

-Podría negarlo, pero sí -¿Que sentido tenía evitar lo inevitable?

Lo siguiente que sintió fueron los labios de él acariciando los suyos. Siempre había pensado que una persona que fuera capaz de ponerle tanta pasión a su afición tenía que besar de miedo, ahora sabia que no se equivocaba. Sus labios acariciaban los suyos con cuidado, como si temiera que no fuera a responderle, ella atontada y con resaca solo atinó a pasarle los brazos por el cuello y a profundizar el beso.

De repente el rugido del estómago de Katie resonó con fuerza en el dormitorio, segundos después un rugido aún más fuerte que venía de Oliver los obligó a separarse.

-¡Hora de desayunar! -anunció él.

Diez minutos después, los dos estaban sentados en la mesa de la cocina con las piernas chocándose.

-No es justo -dijo Katie mientras mojaba un enorme cruasán en un bol aún más enorme de café con leche -mi alter ego alcohólico te lo ha contado todo pero tu no me has contado tu parte.

-Y que quieres que te cuente, ¿Qué estaba colgado de ti pero era demasiado tímido? ¿Qué tuviste que gritarme a la cara que me querías para atreverme a decirte algo? Mi madre siempre dice que fuera del quidditch soy como un pez fuera del agua -le respondió mientras se encogía de hombros.

-Gwendolyn -susurró pensativo, cinco minutos después tras engullir dos cruasanes el solo – Así se llamará.

-¿Quien?- preguntó Katie mientras se bebía lo que le quedaba de café.

-Nuestra primera hija -exclamó con determinación mientras le cogía la mano -Ayer tuvimos una discusión sobre ella y sobre de quien iba a tener los ojos.

-¿Gwendolyn? Me parece bien, un nombre clásico del mejor equipo de la historia -sentenció, después se inclinó y le besó en los labios.


Y aqui la segunda parte, gracias Dryadeh de todo corazón por la ayuda prestada, y vosotros lectores cabrones ¡DEJADME UN REVIEW!