Naruto Copyright © Masashi Kishimoto.
!advertencias: UniversoAlterno«Ooc«Slash(chico/chico)«Lemon.«PWP?
!reto: Un mes con ItaDei. Día correspondido: 04/4.


Coffe
Autor: ddeıS


Capítulo II: Finalmente.


Aferró su mano con fuerza al asiento. Se sentía incómodo y estúpido. Observó con asco cómo Sasori le lanzaba una palomita en la cara al mayor quien lo miraba con el ceño fruncido como si fuera un niño inmaduro.

Soltó un bufido enfurruñándose en su asiento fijando la vista en la pantalla.

—¿Está bien, senpai?

—No te importa, hn —bufó molesto.

El moreno sonrió de medio lado divertido y apoyó ambas manos a cada lado del rostro sonrosado que le miraba con sorpresa. Itachi se volteó al escuchar que el rubio había guardado silencio y la imagen que se encontró le molestó de sobre-manera. No pudo detener su mano cuando Tobi se acercaba a los labios del rubio quien permanecía estático, se levantó tomando la muñeca de éste con extrema fuerza y tras alejarlo miró a Deidara indicándole que le siguiera.

—Por favor, Tobi. Ten más modales —gruñó molesto—, lo siento Sasori. Pero me largo de aquí.

—¿Qu—?

Deidara sintió su muñeca siendo arrastrada por el mayor sin poder despedirse de ambos. No entendía por qué Itachi hacía aquello si era su oportunidad con Sasori.

Itachi abrió la puerta del asiento trasero lanzándolo allí para después meterse entre sus piernas atrapando sus muñecas con fuerza extrema. Deidara se sonrojó ante la posición y recordó sin poder evitarlo el cuerpo de Itachi inmaculado en deliciosa perfección embistiéndolo con desesperación.

—¿Qué mierda te pasa, Uchimbécil, hn?, ¡Arruinaste tu cita con Sasori!

—No era una cita —murmuró—. No me agradó que intentara besarte.

Deidara dejó escapar una sonrisa de medio lado junto a una carcajada corta.

—¡Por favor!, entonces jamás estés cerca —en cuanto dijo aquello se arrepintió. Itachi entrecerró sus ojos.

—¿Qué hace?

—Nada en especial —susurró—, Itachi suéltame.

—No hasta que me lo digas.

Deidara se desquició nervioso por el contacto. Pateó gritando groserías mientras se removía desesperado por sacárselo de encima.

—¡Mierdas, Uchiha, mierdas!, me toca el culo y me acorrala en los baños y tonterías como ésas —exclamó.

—¿Por qué no me habías dicho nada?

—¡Porque no eres ni mi mamá, ni mi hermano ni mi novio! —lo miró incrédulo.

—Pero tú eres mío.

Aquello no se lo había esperado, ni Deidara ni Itachi. Pero el rubio no quiso perder tiempo y se alzó alcanzando sus labios con desesperación, sus manos rodearon el cuello del mayor mientras éste correspondía deslizando su mano bajo la camisa blanca que llevaba. Suspiró ante el contacto apretándose lo más posible contra Itachi, lamiendo y besando sus labios con anhelo.

Itachi lamió su cuello para luego comenzar a dejarle chupetones que demostraran que tenía dueño.

—Ita-chi —suspiró mientras se arqueaba buscando más contacto—… Te quiero… Mmh. Te quiero, hn.

Aguantó la respiración deteniendo cualquier movimiento. Deidara continuó besando su cuello ajeno a la estupefacción que había sufrido su amigo y cuando buscó sus labios se encontró con esos ojos negros que le hacían estremecer. De inmediato fue consciente de sus palabras

Abrió sus ojos con asombro incapaz de hablar.

Un par de golpes en el vidrio ahumado los alertó y regresando a una posición normal abrió la puerta. El Uchiha observó sorprendido a Sasori quien lo miraba algo molesto.

—Itachi —habló finalmente—, no me van a poder buscar y me he quedado sin dinero. ¿Podrías llevarme a casa?

—Claro —murmuró saliendo del auto.

Mientras el pelirrojo subía al asiento del copiloto se dio cuenta que el rubio ya no estaba. Soltó un bufido sin variar su expresión y tras rodear el auto se emprendió el camino.

—¿Tú y Deidara son pareja? —habló Sasori bajando el volumen de la radio.

—No —respondió sin mirarle—, ¿Por qué lo dices?

—Tienes su CD favorito puesto —señaló el reproductor—, además te pusiste muy celoso cuando Tobi intentó besarlo. Él te gusta ¿verdad? —Itachi permaneció en silencio meditando si debía decirle sus sentimientos—. Tú siempre le gustaste —sonrió—, pero según Deidara tú gustas de otra persona.

—Hm.


Miró el reloj a su lado y soltó un gruñido retirando las sábanas de un golpe.

—Mierda —murmuró al golpear el brazo de Tobi—, tch.

Salió de la cama con sólo una camisa que llegaba un poco más arriba de sus rodillas. Rebuscó por el suelo hasta dar con un short y se lo colocó apresuradamente impaciente por insultar a la persona que tocaba su timbre con tanta insistencia a las dos de la madrugada.

Bajó las escaleras saltando cada tres escalones hasta llegar al suelo y dar tres pasos abriendo con furia.

—¡Itachi! —chilló al verlo completamente empapado ahogando sus insultos—, ¡Pasa, hn!

Corrió hasta la cocina para encender la calefacción. Itachi se apoyó en el marco de la puerta cruzándose de brazos.

—¿Te preparo la ducha?

—Prefiero la tina de tú habitación —murmuró sin abrir los ojos.

—Ah —el rubio se removió inquieto bajo la mirada de Itachi—… no me mires con esos ojos malditos, hn.

Se movió para abandonar el lugar pero Itachi sostuvo su brazo.

—¿Me prepararas la tina? —frunció el ceño.

—No —le retó con la mirada— usarás el baño de abajo y punto.

—¿Senpai?

Deidara se sonrojó volteando su rostro para alejarlo de los ojos de Itachi el cual caminó hasta encontrarse con Tobi quien llevaba únicamente unos pantalones, rascándose la cabeza mientras bajaba las escaleras.

—Hace calor, senpai —abrió sus ojos al encontrarse con Itachi—, ¿Itachi-san?, qué sorpresa —sonrió.

—Sin duda —respondió mirando al rubio quien permanecía escondido en la cocina.

—Bueno —subió un pie ladeando su rostro mientras retaba al mayor con la mirada—. Deidara-senpai te espero en la habitación.

Tras desaparecer en las sombras de la oscuridad Itachi se movió irradiando más furia que nunca. Deidara permanecía agachado simulando buscar algo en una de las gavetas hasta que Itachi le tomó la muñeca aventándolo contra la pared. Gruñó ante el golpe hasta que sintió cómo el cuerpo de Itachi lo inmovilizaba por completo.

—¿Dormiste con él?

—¿Y qué si así fue? —gruñó.

—Yo te gusto, ¿Verdad? —el aire se congeló en el pecho del rubio siendo consciente que de verdad hacía demasiado calor. Forcejeó por no pudo más que ganar una respiración acelerada—. Responde.

—Aléjate, hn.

—Aléjame —le retó—, ¿no? —sonrió de medio lado—. Si yo te gusto por qué te acostaste con Tobi. Te dije que eras mío.

—¡Tú eres posesivo con todas tus porquerías! Yo no soy otra más, Uchimbécil. Y aléjate tú de una buena vez que no me dejas respirar —gruñó.

—Te gusto. ¿Desde cuándo?

—No seas ridículo —gruñó.

—¿Ridículo?, ¿Por qué ridículo?

—Ya lo sabes —desvió el rostro incapaz de decirle aquellas palabras.

—No, no lo sé. Explícame.

—No me tientes Uchiha.

La mirada de ambos se encontró sin pronunciar palabra alguna. Formaron una batalla silenciosa que Itachi terminó ganando al aumentar la presión en las muñecas del rubio.

—Sigo esperando.

—Déjame en paz —Itachi observó sus labios y al notar esto el ojiazul desvió su rostro.

—¿Deseas que te bese?

—...No —suspiró mientras el mayor se inclinaba más.

—¿De verdad? —sonrió al notar el sonrojo de su amigo.

—Piérdete. Deja de mirarme con esos malditos ojos tan presumidos —espetó con enojo.

—Vamos a mi departamento —susurró mientras besaba el cuello del menor.

—No. Itachi —gimió mientras sentía al moreno alzarlo del suelo. Por instinto enredó sus piernas a la cintura del otro y sus brazos en el cuello.

—No puedes venir aquí como si nada y esperar a que reaccione a todas tus caricias —jadeó.

—Pero lo haces —respondió.

Deidara podía sentir los celos de Itachi salir como un golpe desesperado por cada poro de su piel. No lo entendía y tampoco podría hacerlo si el mayor seguía tocándolo mientras besaba su cuello.

El moreno caminó sin problema algún callando las quejas del rubio con su boca hasta la puerta. Lo apoyó allí comenzando a mover sus caderas en falsas embestidas que rozaban su miembro semi-erecto con el otro quien trataba desesperadamente de alejarlo aún cuando sus piernas lo aferraran con fuerza.

—No me hagas metértela aquí —gruñó ronco debido al placer.

Deidara se sonrojó incapaz de negarse ante él. Señaló el baño mientras comenzaba a morder el cuello del mayor enojado consigo mismo y con él. No lo entendía, ¿por qué hacía aquello?, se estaba hundiendo más y más. Conocía a Itachi, sabía que actuaba por simple instinto. Él era posesivo y estaba haciendo todo aquello por Tobi.

Sólo hacía falta que Sasori apareciera para que él quedara guardado en el estante hasta próximo aviso.

Entraron al baño a tientas, el rubio se adelantó y prendió la luz mientras se quitaba la camisa deseando el contacto de Itachi una vez más.

Entre besos y caricias desesperadas ambos terminaron bajo el agua caliente completamente desnudos.

Itachi le sostuvo la frente para que reposara su rostro en el hombro mientras lo embestía sin ser demasiado brusco. El dolor junto al placer era latente en cada músculo del rubio. Le encantaba ver ése cuerpo reaccionando a él, su rostro de sumisión y placer descontrolado, cada detalle que se había perdido la primera vez se estaba grabando en sus recuerdos y estaba seguro que no podría olvidarlo jamás. No había un solo centímetro de su cuerpo que él no hubiera tocado, y que no fuera a tocar una y otra vez.

No estaba seguro de cómo reaccionar ante ésta posesión que había desarrollado, quizá no llegaba a ser un sentimiento mayor que el que profesaba hacia Sasori pero sin duda era más especial. Estar dentro de Deidara le recordaba antaño, era como sentirse en casa, como si ésa piel caliente que se ajustaba a la perfección a la suya, succionándolo y produciéndole sensaciones inimaginables fuera su hogar.

Deslizó su lengua con lentitud por la mejilla del rubio lamiendo con sumo cuidado las lágrimas que dejaba escapar.

—Ven conmigo —le susurró. Deidara apretó sus puños.

—Sí —jadeó, intentando besarlo de nuevo—. Sí, Itachi…


No estaba listo para esto, para la penetración, sí; para la posesión, tal vez; pero no para esto: para despertarse en su cama. Dios, no se entendía, sabía a la perfección que Itachi no le quería y aún así se dejaba arrastrar cada vez que lo buscaba.

Suspiró incapaz de alejarse de él. Realmente le gustaba aquello: despertar siendo abrazado por el mayor era lo más grandioso que jamás le había ocurrido. No le molestaba en lo absoluto que aquello se repitiera. Itachi se movió abrazándolo con más fuerza logrando sacar un sonrojo del menor.

—Itachi, hn —murmuró moviéndose para quitar los brazos del mayor—. Hace calor.

—Cállate, Deidara, duérmete.

El rubio frunció el ceño volteándose. Tapó su boca temeroso de que el otro pudiera oler su mal aliento encontrándose con los ojos cerrados de éste.

—¡Me dormiría si dejaras de abrazarme tanto, hn! —Itachi abrió uno de sus ojos y sonrió de medio lado—. ¿De qué te ríes, bastardo?

—¿Por qué te tapas la boca?

—…No me he cepillado los dientes.

—No seas tonto —respondió, serio.

—¿Qué sucedió con Sasori anoche? —murmuró escondiendo su rostro en el cuello de Itachi.

—Dei, no hagas eso. Me haces cosquillas —El rubio bajó su cabeza apoyándose contra su pecho—. Hnm —gruñó—, le dije mis sentimientos y me rechazó.

Deidara se estremeció. Ésa había sido la razón por la cual lo había ido a buscar. La traición se abrió paso en su pecho lastimando su corazón ante cada paso que daba, quiso correr y huir de ése calor tan agobiante pero tampoco deseaba mostrarse dolido. Se mantuvo quieto sin responder, sin mover ni un solo músculo.

—¿Quieres comer? —habló por fin el mayor.

—Yo haré el desayuno —respondió alzándose de la cama.

—¿Seguro?

Itachi admiró la silueta del rubio mientras se vestía, jamás había reparado en la excéntrica belleza que tenía Deidara. Recordó con un calorcillo agradable que él había acariciado su cuerpo una y otra vez. Deidara se volteó murmurándole un 've y báñate', a lo cual atendió con gusto.

El agua le sentó de maravilla y tras colocarse unos pantalones salió para avisarle que podía bañarse, más no había nadie.

—Mierda —bisbisó buscando su móvil.


Regresaría, siempre lo hacía y ahora más que nunca debía regresar a entregarle el auto. Aumentó el volumen cantando algunas partes de la letra hasta que escuchó repicar su celular. Gruñó mientras tomaba el teléfono y lo pegaba a su oído.

—¿Por qué te fuiste?

—¿Qué, hn?

—Bájale volumen a la radio.

—¿Que qué?

—Deidara —gruñó—, deja lo idiota y no me hagas salirme de mis casillas.

—¡Ya oí, ya oí! —bajó el volumen cambiando de oreja el teléfono—. Amargado, hn.

—¿Por qué te fuiste?

—No quise hacer el desayuno, además, necesitas espacio para superar lo de Sasori, ¿no?

El mayor suspiró mientras el rubio se movía impaciente buscando un cigarrillo. Bajó la ventanilla después de prenderlo esperando a que el mayor hablara. Tras la tercera calada se cansó.

—¡Maldición, habla de una buena vez!

—No me molestó que Sasori me rechazara. Porque en sí no le dije "me gustas" —habló con parsimonia—, de hecho le dije algo así como: "Me gustaría decirte que me gustas pero no me salen las palabras. Pero si cierro los ojos y veo el rostro de Dei, sin duda siento que esos sentimientos afloran por sí solos" o algo así.

Deidara abrió sus ojos dejando caer el cigarrillo.

—¿Qué? —tartamudeó.

—No lo repetiré —el rubio permaneció en silencio haciéndolo estremecer. Sin duda Deidara lo dejaba sin armas—, ¿Dónde estás?

—En el estacionamiento —respondió por inercia.

Itachi sonrió de medio lado llevando algunos mechones rebeldes hasta su lugar. Caminó sin prestar atención a su desnudez —llevando únicamente los pantalones— y bajó por el ascensor apareciendo en sólo segundos junto a la puerta de su auto.

—¿Te vas a hacer de rogar? —habló mientras abría la puerta.

Deidara abrió sus labios incapaz de hablar.

—¿Me deseas? —susurró.

—¿Aún lo dudas?

Mordió su labio inferior.

—No me gustas, hn.

—¿De verdad? —él no pudo volver a responder—. De ser así sólo aléjame. O ¿buscas que te viole, Deidara?

—¡Tch, cállate imbécil! —gruñó sonrojándose.

—Ya te dije que no quiero nada con Sasori.

—¿Por qué? —preguntó con desesperación.

—Porque ya no tengo razones para no hacerlo. Tú significas todo —respondió con simpleza.

—Sí, entonces no.

Itachi alzó su ceja sin comprender. Deidara lo miró de reojo.

—Tobi me pidió que saliéramos, pero ahora le diré que no, hn. ¡Pero ni se te ocurra joderme Uchimbécil, porqu—!

—Me darás un dolor de cabeza. Cállate.

Murmuró contra los labios del rubio.

—Itachi… —suspiró entre los brazos del aludido.

—¿Hm? —besó la clavícula del rubio sin mirarlo, aferrándose a su cintura.

—No me dejes. Mírame, por favor…

Esos ojos, sólo esos ojos para mí.


Fin


Comentario:
Muero por cambiar éste nombre.