Remus se las arregló para tener un viaje completamente normal junto a su madre, que continuaba hablando y hablando sobre una de sus vecinas. Asentía con la cabeza cuando debía, sabiendo que su madre también lo observaba por el espejo, asegurándose de verse como normalmente lo haría. Su padre continuaba sin decir mucho, pero eso era algo normal en él cuando viajaban; era como si pusiera concentración extra en el camino y nada más sería capaz de desconcentrarlo.

Lyall volvió a ofrecerse en llevar sus cosas una vez que se bajaron del auto cuando llegaron a su acogedora cabaña en Sussex. Los Lupins habían estado acostumbrados a no encariñarse demasiado con las casas en las que habían vivido durante los primeros años de vida de Remus, ya que desde que comenzó a crecer, lo había hecho también el lobo con él, provocando que se hiciera casi imposible ocultar cada noche de luna llena los ruidos y molestias causadas por cada transformación, aun cuando Lyall, quien era un excelente mago, se encargaba de poner hechizos silenciadores alrededor, al final parecían no ser suficiente. Los rumores de que algo extraño pasaba en su familia no tardaban demasiado en propagarse alrededor, pero desde que Remus había sido admitido en Hogwarts, se encontraron permitiéndose finalmente, acostumbrarse a vivir ahí. La mamá de Remus había hecho suficientes amigos durante el tiempo que el chico pasaba en la escuela, por lo que Remus sentía miedo cada vez que regresaba a casa, y lo que sucedería si los cotilleos comenzaran; le gustaba ver así de feliz a su madre. Por suerte esta cabaña en particular venía con un acomodado sótano para sus transformaciones, sumándole por supuesto, los hechizos de Lyall.

No fue hasta que estuvieron seguros con los mismos hechizos de su padre, que Hope se giró hacia su hijo y tomó su rostro entre ambas manos, examinándolo con detención.

—¿Cómo estuvo la última noche? —preguntó con un tono de preocupación, Remus sabía que se refería a la noche de luna llena de hacía tan sólo unos días atrás—. No te ves tan mal.

Remus logró sonreírle.

—No estuvo tan mal, la verdad. —se encogió de hombros. Desde que sus mejores amigos habían conseguido transformarse a sí mismos en animagos cada noche de luna llena y acompañar al lobo, evitando que se aburriera o intentara lastimarse a sí mismo, ayudaba a evitar tantas heridas y sufrimiento. Claro que jamás podría contárselo a sus padres.

—Me alegro, hijo mío —dijo Hope, aunque la preocupación no había dejado del todo su expresión. Aún quedaba una noche de luna llena el siguiente mes en su hogar y siempre estaba el miedo presente—. Aunque te ves demasiado cansado, ¿quieres comer antes de irte a dormir?

Remus negó con la cabeza. Vio de reojo que su padre había vuelto desde su habitación donde había dejado su baúl y la jaula y ahora caminaba hacia ellos.

—Estoy bien —murmuró, sus ojos fijos ahora en su madre. Mirar a su padre significaba demasiado en ese momento, él lo conocía demasiado bien y podría descubrir algo más.

Remus se apresuró hasta su habitación, donde se encerró e inmediatamente fue por sus artículos para escribirle a su novio:

Sigo vivo.

Por ahora.

No sé qué pasará conmigo más adelante. Tal vez me cuelguen, no estoy seguro. Por favor, recuérdame por quien fui.

Te mantendré al tanto, aún no hablo con él. Apenas siquiera me atrevo a mirarlo a los ojos.

Creo que nunca había sentido tanta vergüenza en mi vida.

Aun así, siempre tuyo, RL.

Selló la carta y la aseguró en la pata izquierda de la tranquila Wilde. Hizo un par de sonidos de acuerdo con él y se echó a volar desde la ventana.

Remus estaba demasiado nervioso. No sabía si su padre entraría a su habitación durante la tarde y le diría en su cara lo mucho que lo despreciaba o cuanto asco le daba que fuera su hijo.

No dejaba de pensar que todo lo que ya era, era demasiado para sus padres, sino que además debía gustarle los chicos y no podía estar saliendo con alguien más que con un Black, aun cuando Sirius ya no perteneciera del todo a esa familia, el apellido era una carga que continuaba llevando sobre sus hombros.

Se tiró a su cama sobre su estómago. Era cierto que estaba demasiado cansado, por lo que no bastó mucho hasta que cayera dormido en el mar de pensamientos negativos que no había podido evitar tener.

Despertó cuando el cielo afuera ya se había oscurecido, gruñó cuando se volteó sobre sí mismo y vio la brillante luz de la luna; cómo la odiaba.

Su primer pensamiento consciente, fue apenarse al darse cuenta de que Sirius no había respondido su melodramática carta. El segundo pensamiento, por supuesto, había sido: mi papá no me ha matado aún.

Sacó las energías que mejor guardadas escondía y se levantó para salir de la oscura y solitaria habitación. Sirius ni siquiera había enviado a Wilde de vuelta, pero entonces Remus recordó que a Sirius de verdad le agradaba su lechuza.

Recorrió con la mirada alrededor y no tardó demasiado en encontrarse a sus padres sentados el uno al lado del otro en el sofá de la sala. Lyall, como era de costumbre, con un libro en sus manos, mientras que Hope descansaba la cabeza sobre el hombro de su marido. No estaban hablando, sólo estaban ahí, juntos. Un sentimiento de ternura recorrió el cuerpo de Remus. Amaba demasiado a sus padres y el miedo que sentía de haberlos decepcionado, era terrible.

Lyall levantó la vista por sobre el borde de sus lentes y alzó una ceja. Con el movimiento hizo que Hope le siguiera también.

—¿Tienes hambre, querido? —preguntó su madre, poniéndose de pie.

Remus estaba a punto de negar con la cabeza cuando sintió su estómago rugir.

Hope sonrió con ternura mientras caminaba a un lado de él hacia la cocina.

Estar a solas con su padre, quien continuaba observándolo, no sonaba demasiado tentador para Remus en aquel momento, por lo que suavemente se excusó para ir al cuarto de baño.

Una vez que acabó lo que había ido a hacer, miró con el ceño fruncido su reflejo en el espejo. Seguía viéndose muy cansado, pero honestamente, ¿cuándo no lo hacía? Salpicó un poco de agua contra su rostro, y volvió a animarse para salir de su refugio. Si su padre quería hablar ahora, Remus no podía hacer más que enfrentarlo. Al menos su baúl continuaba listo para marcharse y la casa de los Potters sonaba bien...

Hope había servido su platillo favorito en la mesa y el estómago de Remus volvió a rugir.

Tomó asiento mientras su madre lo hacía frente a él, demasiado sonriente para el gusto de Remus, considerando en la situación en la que se encontraban. Si su padre había decidido contarle a su mujer lo que había visto en el andén, ¿por qué estaría ella tan contenta?

No le hizo mucho caso cuando vio la comida frente a sus ojos y su estómago volvió a recordarle lo mucho que necesitaba ese alimento dentro suyo en cuanto antes. Entonces su madre tomó su mano libre entre sus manos. Remus levantó la mirada hacia ella y sonrió aliviado cuando notó que la mujer solamente estaba alegre de que su hijo estuviera de vuelta con ellos.

Eso va a cambiar, pensó cuando recordó que probablemente la había decepcionado también. Su sonrisa se desvaneció y se aclaró la garganta incómodo antes de continuar comiendo. Su madre soltó su mano no mucho después de eso.

Terminó de comer en silencio; su madre nuevamente se había encargado de hablarle sobre un sinfín de cosas que se había perdido en su ausencia. Para su suerte, no tuvo que fingir por mucho tiempo más porque su padre se había levantado de su asiento para irse a dormir. Remus suspiró aliviado.

Él mismo se marchó a su habitación cuando las anécdotas de su madre se acabaron por el día y se compadeció del chico cuando vio su cansado rostro. Se despidió de ella con abrazo y volvió a encerrarse a su habitación, esta vez siendo sorprendido por la lechuza que estaba demasiado tranquila esperando por su dueño en el alfeizar de la ventana.

—Llegaste —murmuró Remus, caminando hacia ella. Aliviado de ver el rollo de pergamino atado a su pata. El ave lo miraba inexpresivo y Remus sonrió. De seguro Sirius se la había quedado para alimentarla de más, porque de no haber comido, Wilde estaría revoloteando alrededor de la habitación, exigiendo su atención.

Acarició con suavidad la cabeza de Wilde antes de quitarle el pergamino de la pata.

Y uno pensaría que yo soy el del melodrama, Moons.

Espero que continúes con vida en este momento. Lamento haberme quedado con Wilde demasiado tiempo, la dejé en mi habitación junto a Fred ya que apenas llegamos, los papás de James nos hicieron trabajar como unos elfos domésticos para desocupar el ático. ¿Sabes? Comienzo a cuestionarme si estar con ellos es la mejor idea... (Sólo bromeo).

Rem, confío con todo corazón que sólo estás exagerando. Tus padres te aman y nunca ha habido duda de eso. Si no están de acuerdo con esto... lo averiguaremos más adelante.

Por favor, descansa, no es bueno que te estreses de esta manera a tan sólo unos días de, tú sabes...

Tuyo, hasta que tu padre cuelgue tu cabeza sobre la chimenea, SB.

Remus resopló y negó con la cabeza, pero la ladeó hacia un lado cuando vio la gran marca de la pata de Padfoot en tinta negra, a un lado de su firma.

No estaba exagerando. Su padre debía odiarlo y aborrecerlo en estos momentos, pero intentaría obedecer a su novio por ahora y descansar el resto de la noche. Ya tendría tiempo para preocuparse en dónde viviría luego de que lo echaran... Había tanto por planear, por Merlín.