Catherine: Las normas están hechas para romperlas (2)

-¿Y tu madre no lo ha descubierto hasta hoy?

-No. –contestó ella riendo disimuladamente.

-¿Cómo se ha enterado?

-Verás, yo estaba en mi habitación, a mi rollo, con la guitarra eléctrica y los cascos enchufados al amplificador. Llevaba el pelo recogido en un moño, dejando mi cuello al descubierto. Al parecer mi madre llevaba rato llamando a la puerta… yo no oía nada, ya que los cascos me aíslan del ruido exterior. De repente la puerta se ha abierto a mi espalda y no he tenido tiempo de reaccionar; ella, al instante, ha empezado a machacarme a preguntas y a acusarme de ser una irresponsable, inconsciente y demás adjetivos cariñosos de los suyos. –concluyó sarcástica.

-Pfff…

-Sí…

-Bueno, tú tranquila, seguro que pronto se le pasa el enfado –intentó consolarla Bruno.

-Eso espero…

-¡Claro que sí! –la animó de nuevo.

Ella se distrajo por completo observando la radiante sonrisa que tanto amaba de su amigo.

-¿Cat?

-Em, s-sí. –contestó sacudiendo la cabeza. –bueno, ¿Y tú qué te cuentas?

-Pues no mucho… hoy he ido a ver a mi hermana al hospital.

-¿Cómo está? ¿Mejor? –se interesó Catherine, sabiendo lo mucho que Bruno quiere a su hermana pequeña.

-Todo sigue igual… su pulso es débil pero estable… empiezo a pensar que no despertará jamás del coma. –su característica expresión alegre y risueña desapareció en un instante.

-Oh, vamos… no desistas… -lo tranquilizó ella. –Se pondrá bien, es una pequeña luchadora, siempre lo ha sido.

Tras pronunciar aquellas palabras, Catherine abrazó al chico con fuerza y él le correspondió del mismo modo. Tras unos segundos se separaron, despacio, y los dos sonrieron, agradecidos de tenerse el uno al otro.

La verdad es que ambos llevaban vidas complicadas pero cada obstáculo que superaban juntos los unía y los hacía más fuertes.

-¿Adónde vas a ir ahora? –se preocupó él. Conocía a su amiga y sabía que tras una discusión no volvería tan rápidamente a casa.

-No lo sé… -mintió Catherine.

-Ya sé en qué piensas.

-¿Cómo?

-Vamos, somos amigos desde que tenemos uso de razón. Conozco cada una de tus miradas, cada uno de tus gestos y cada uno de los lugares que tanto frecuentas cuando quieres estar sola.

-Si tan claro lo tienes… dime, ¿adónde voy a ir?

-Al bosque.

Para sorpresa de la joven, Bruno había acertado de lleno.

-¿Y tú cómo lo sabes?

-Ya te lo he dicho: te conozco bien, mejor que nadie.

Ambos hablaban del bosque que había en las afueras de su pequeño pueblo. Era un lugar tranquilo al que Catherine siempre acudía cuando quería estar sola… un lugar donde desconectar de todo y alejarse de sus problemas en casa (las eternas discusiones con su madre), y en el instituto (ella siempre ha sido una excelente estudiante, pero no muy respetada ni valorada, por lo que a menudo tiene problemas con gente que se mete con ella).

-Bien, tenías razón. ¿Contento?

-No. –te estás poniendo a la defensiva.

-¿Qué? ¡No! –Sí, lo estaba haciendo.

Silencio. Ni un murmuro.

-Lo siento…

-Tranquila.

-Creo que me debería irme ya. –la joven se puso en pie dispuesta a marcharse.

-¡Espera! –Bruno la cogió del brazo. -¿Puedo acompañarte?


Si alguien tiene alguna sugerencia, objeción, etc; que publique una review i veré qué puedo hacer:)

por cierto, gracias a todos los lectores 3

pd: si habéis encontrado alguna falta en el texto, lo siento ^^"