Bleach
Ichigo / Rukia
Advertencia: referencias sexuales, drogas, violación. Vocabulario adulto.
Capítulo II
Estaba indignado ¿cómo podía estar diciendo eso? ¿No había aprendido con lo que la había dejado experimentar con Ichimaru? A Ichigo le había costado mantenerse mirando, no soportaba esa clase de situaciones. Él sabía que como persona no valía una mierda, pero a él esa clase de cosas no le iban. Odiaba la violencia de género con todo lo que quedaba de su alma, pero esa chica estaba buscando los problemas y él bien sabía que a veces en la vida había que enfrentarse a ellos para aprender la lección, él no permitiría que la situación fuese a más, pero le dejaría conocer lo que se sentía, pero al parecer eso no la había escarmentado, ella siguió insistiendo, y fue recién en ese momento que quizás debía tomarla un poco más en serio, a pesar de lo que sentía y pensaba.
—No tienes la menor idea de lo que estás pidiendo —puntualizó él.
La mirada de la chica no cambiaba y fue cuando se dio cuenta de que ella de verdad estaba sufriendo.
Él no vivía mucho más allá y decidió llevarla a su casa, si a eso se le podía llamar casa.
—Ven conmigo —dijo el chico.
La mujer que dijo haberse llamado Rukia, asintió y él lideró el camino.
Esperó que se sorprendiera y huyera cuando viera su morada, pero ella no hizo ningún gesto que indicara que lo haría y él soltó el aire agotado y se rindió. Lo que no esperó era que tan pronto cerrara la puerta la chica se apegaría tanto a él. De haber sido más alta él estaba seguro de que ella se hubiese colgado de su cuello y lo hubiese obligado a besarla.
—Basta… ¿es que de verdad no tienes miedo de que termine cediendo a lo que estás proponiendo? —intentó nuevamente.
—No —negó —. A ti no te tengo miedo.
Reclamó por lo bajo, usualmente la gente al verlo cruzaba la calle. Tenía peor fama de lo realmente que él realmente era, porque él buscaba peleas, no mujeres.
Encendió la luz de aquel pequeño lugar y no esperó que ella se sintiera tan cómoda con ese reducido espacio. Ella se dirigió hacia la parte más alejada y sentó en la cama.
—¡Oye esa es mi cama! —exclamó.
—Lo deduje —respondió ella —. Es cálido aquí… tenía frío.
Lo cierto es que ella le recordaba a sus hermanas… ojalá hubiese podido alguien haber protegido a su hermana como él estaba apartando a esa chica de los problemas, ojalá hubiese podido evitar lo que le pasó a ella…
Miró a Rukia y le pareció realmente linda. Se acercó con decisión y la empujó sobre la superficie quedando recostada, y él se situó sobre ella.
—Voy a tomar lo que me ofreciste —amenazó él.
Ella asintió y eso a él volvió a indignarle.
—No se supone que estés tan tranquila estando con un desconocido sobre ti en una cama —destacó él.
Él se acercó lo suficiente para respirar el mismo aire que ella y ella comenzó a respirar más agitada.
—¿Te han besado antes? —quiso saber él.
—Sí —reconoció ella —. Una vez un chico rozó sus labios con los míos.
Ichigo contuvo la risa. Eso que ella había reconocido como un beso no era tal. Ni siquiera había vivido un beso propiamente ¿y ella buscaba sexo…?
No había sido su intención en un comienzo, pero una chica de dieciocho años no podía ir caminando por la vida sin saber que era lo que se sentía con un buen beso y presionó sus labios con los de ella unos segundos, hasta que se sintió confiado y finalmente rozó su lengua con los labios de ella. Ella se agitó y él contuvo la risa y siguió intentando adentrarse a su cavidad oral, hasta que ella comprendió y accedió torpemente y comenzó a imitar lo que él le hacía y no tardó en captar la esencia de un beso, sorprendiendo a Ichigo, que en algún momento dejó de ser el maestro y pasó a disfrutar de aquel contacto, olvidando que se suponía que besaba a una principiante, pero eso él no se lo diría.
—Eso es un beso —aseguró él.
La chica estaba sorprendida, pero con una sonrisa en el rostro.
—Entonces… nunca había besado —concluyó ella —. Hasta hoy.
Ichigo fue a una precaria mesa, sin darle importancia al comentario que ella había hecho y comenzó a hervir agua, tratando de ignorar lo que sintió con sólo un beso.
—¿Quieres un té? —ofreció.
Los ojos de Rukia brillaron ante aquel ofrecimiento y él determinó que ella difícilmente podía ocultar sus sentimientos; podía leer que ella estaba deseando ese té con anhelo.
Él se sentó en una silla que evidentemente había cursado por tiempos mejores y observó como Rukia miraba a su alrededor. Pensó que una chica como ella seguramente nunca se había expuesto a circunstancias como las suyas, para él mismo había sido difícil acostumbrarse en un comienzo a que esa era su realidad, pero ella no hizo ningún comentario y tampoco vio nada en su expresión que se sintiera incómoda.
Ichigo se distrajo un momento buscando la mejor taza que pudiera darle y cuando finalmente encontró una más o menos decente, al voltearse se encontró con ella.
—¿Puedo ayudarte en algo? —preguntó ella amablemente.
Su cercanía lo perturbó y la miró un poco más de tiempo. La inmunidad contra esa chica estaba disminuyendo a medida que la miraba y encontraba facciones cada vez más llamativas; con la luz había descubierto que su color de ojos era precioso.
—No te molestes… sólo siéntate —solicitó él.
No estaba seguro de si haberla llevado a su casa había sido una buena opción después de que la observó tomar su té. Sus agraciados modales y poco probables femeninos gestos contrarrestaban la imagen de chica dura que él percibió que ella quería ser y no resistiendo como sus labios hacían contacto con esa taza y no con sus labios él colocó su mano sobre el bode de su taza. La chica lo quedó mirando extrañada, y dejó la taza sobre el platillo que no combinaba con el diseño, ya que eran distintos.
—Quiero volver a besarte —advirtió él.
Ella lo contempló un momento y se levantó, y sin que él hiciera otro movimiento, ella se levantó y caminó hacia él, besándolo ella misma.
Su lengua resultó ser más cálida que aquel primer beso, lo atribuyó al té recientemente bebido y su boca se sintió más dulce también. La habilidad de la chica aumentaba con los segundos invertidos en aquella tarea; esa mujer era de temer, había terminado por robarle todo el aliento.
No había sido su intención, había querido protegerla del mundo exterior, pero al introducirla en su morada él supo que correría más peligro si no dejaban de hacer lo que hacían.
—Una chica decente y bonita como tú no debería exponerse —aconsejó —. Mira donde estás y con quién. Vuelve a tu casa y no regreses por estos barrios, Rukia.
La expresión de ella no cambió y a cambio simplemente lo abrazó más y él la abrazó de vuelta. De algún modo era ella quien lo estaba conteniendo a él.
—¿Crees que soy bonita? —consultó insegura.
¿Qué clase de hombre era aquel que la tenía en ese estado? ¿Se habría atrevido él a decirle lo contrario? ¿Era por eso que vagaba por esos lugares esperando encontrar a alguien que la hiciera sentir un poco mejor consigo misma?
—Sí —contestó sin vacilación.
—De todas las personas que hoy en mi estupidez pude encontrarme, creo que me encontré con el mejor —dijo ella con seguridad —. Eres una buena persona, Ichigo. Puedo verlo.
Él lo sabía, era más débil de lo que aparentaba y ella lo había descubierto sin demora. Ichigo notó que eran un hombre y una mujer buscando encontrar algo y terminaron hallándose. Fueron hacia la cama y se acostaron sobre ella.
—¿De verdad no hay nadie que esté esperándote? —preguntó él.
A él le era difícil de creer eso por algún motivo.
—No es que no tenga a nadie en el mundo, pero como acertadamente dijiste: "todos viven sus propias vidas" —sostuvo —. A mí se me ha olvidado un poco vivir la mía…
Comprendió a qué se refería, y el ver pasar el tiempo sin haber conseguido nada mientras todos parecían inmersos en sus propias ocupaciones, era algo que él había observado y sentido.
—¿Y qué te hace pensar que tener sexo hará que cambie esa percepción? —interpeló él curioso.
—Todos lo hacen, todos lo buscan, todos lo quieren… será por algo ¿no? —habló ella desganada.
Era cierto, era lo socialmente aceptado. Tener sexo no era una opción. Todo invitaba a mantener relaciones sexuales y el que no lo hacía era simplemente un desadaptado y el problema que tuviera, así fuera mal genio o le doliera un dedo, se le asociaba directamente a la falta de sexo; como si los humanos vinieran a la vida básicamente en función de estar buscando aparearse.
—Pero hay una gran diferencia entre tener sexo consentido y que te lo metan por la fuerza —destacó él.
—Si yo lo estaba buscando y provocando, en la práctica deja de ser una violación —recalcó.
—Eres temeraria y estúpida —dijo él un poco irritado por eso.
Ella se giró y le dio la espalda, él apegó su cuerpo al de ella.
—¿Te has masturbado siquiera? —quiso saber él repentinamente.
Él oyó una risita nerviosa y supo que había acertado.
—Pienso que soy corporalmente virgen, pero que mi mente no lo es —susurró ella.
Ichigo sonrió por el comentario inocentón de la chica, pero él creía entender a qué se refería.
—¿Me dejarías ver cómo te tocas? —consultó él en su oído.
Ella giró su cabeza, y sus labios y los de él quedaron a poca distancia.
—¿Me dejarías ver cómo te tocas tú también? —dijo ella seximente.
La pregunta lo descolocó y sonrió.
—¿Y si mejor nos tocamos el uno al otro? —sugirió él.
Rukia dejó su posición y quedó con su espalda en el colchón. Él quedó de lado, apoyando su cabeza en un brazo y el otro a la disposición de lo que ella respondiera y no esperó que la respuesta fueran tan directa que ella dirigiera directamente su mano hacia su pantalón.
—Te lo he estado diciendo desde el comienzo —justificó ella.
Ichigo dejó de negarse y aceptó que él no era ningún mártir; tenía una chica linda y dispuesta pidiéndole sexo en su propia cama, de no aceptar sería un tonto y no un hombre caballeroso como pretendía ser. La besó nuevamente y ella respondió enérgica a su invitación. Sus ósculos eran los de alguien que había aprendido a besar después de mucha práctica y no en pocas oportunidades, y él comenzó a excitarse por la compenetración hallada. Sintió como su pene comenzaba a reaccionar hasta no poder evitar que se le notara.
—Mi pene es grande —advirtió él —. Te va a doler.
—Siendo la primera vez que lo haré me dolería tanto como si es grande o es pequeño —le restó importancia —. Además cómo lo sabes ¿entre hombres se lo comparan? ¿Mirarle el pene a otro hombre no es algo muy gay?
Ella era ocurrente y graciosa y él quería que ella le dijera que no, la más mínima insinuación y él se detendría.
—Puedo ver, tocar y comparar otro pene y eso no me hará gay ¿sabes? Existe un promedio —dijo él tratando de no reír —. Y yo lo supero.
—Supongo que es algo que tendría que ver por mí misma —contestó ella.
—¿Es que acaso has visto muchos para comparar? —respondió él.
Rukia se quedó callada y él supo que había ganado ese asalto.
Volvieron a besarse y entonces él introdujo una mano en el pantalón de ella. Encontró que por sobre la ropa interior ella estaba húmeda y eso lo animó a cruzar la barrera y tocarla. Estaba muy mojada, los dedos se le resbalaban y su clítoris estaba hinchado y el cómo gemía cuando la estimulaba ahí le indicó que ella estaba muy sensible.
—¿Estás excitada estando aquí conmigo? —quiso saber él.
—Sí —admitió —. Me gusta sentir a alguien distinto tocarme, es rico de una forma distinta… pero si te soy honesta podría ser mejor.
El descaro de ella lo divirtió y lo excitó.
—Enséñame a como hacerte sentir mejor —solicitó él.
Ella tomó sus dedos y le enseño a hacerla sentir bien, y ella lo evidenció humedeciéndose incluso más de lo que estaba; él ocupó su misma ropa interior para conseguir secarla un poco, pero no resultó, puesto que esta ya se encontraba húmeda desde un comienzo.
—¿Te gusta así? —preguntó él
La estaba tocando con lentitud moderada pero lo compensaba con decisión en sus movimientos, y a ella parecía gustarle más así, porque movía sus caderas buscando el contacto con sus dedos en su clítoris.
—¿Alguna vez te has metido algo? —inquirió sin poder evitar el querer saberlo.
—No, sólo me masturbo superficialmente —admitió con una voz grave.
En ese momento él supo que ella le contestaría cada una de sus preguntas con una verdad lacerante si lo era, sin suavizar nada.
Notó que una vez que la tocó más cerca de su vagina ella ya no se movía tan confiadamente, y lo confirmo cuando comenzó a tocar su entrada y ella se recogió. Él decidió no avanzar más allá. Las piernas de Rukia temblaron y él se detuvo.
—Ese dolor del que hablabas… ¿lo has dejado de sentir? —curioseó.
—De hecho si no lo hubieses mencionado no lo habría recordado —respondió con algo de hastío en su voz.
Ichigo lamentó haber preguntado y la recompensó con un beso mientras su cuerpo manifestó las claras evidencias de un orgasmo. Rukia había terminado sólo con sus dedos, los que habían sido entrenados por ella misma; Ella sabía bien cómo le gustaba ser tocada. La dejó reponerse mientras él se disponía a recibir la misma clase de atención por parte de ella.
—¿Podrías tú tocarme a mí? —solicitó necesitadamente.
—Enséñame cómo te tocas tú para después imitarte —pidió ella.
Era una petición a la que él quería acceder y no tardó en desnudarse. Su erección era notoria y ella dudó por un segundo, retirando su vista de su sexo pero volviendo a fijarla después. No se había dado cuenta de lo excitado que estaba hasta que se masturbó hasta acabar ante la mirada de ella.
—Pensé que me enseñarías —dijo ella.
Él la miró sorprendido por lo que había pasado. Se había descontrolado-
—Era la intención —se defendió.
Ella se sentó en la orilla de la cama, mientras él se recuperaba del cúmulo de energía liberada.
—¿Qué es esto? —preguntó.
Ichigo se distrajo de su abstracción y miró lo que ella señalaba. Dirigió su vista hacia otro lugar.
—Es marihuana —dijo tajante.
Rukia la dejó donde lo había encontrado y él se cubrió.
—Es mejor que duermas. Debes irte mañana temprano —informó él.
Él hombre sintió que ella lo había mirado con decepción. No tardó en confirmar su percepción.
—¿Eso será todo? —interrogó incrédula.
Sí, eso iba a ser todo. De hecho lo de hacía un momento no había estado en sus planes y se había dejado de llevar.
—Será todo —confirmó.
—Eres extraño —resaltó ella.
.
A Ichigo le estaba costando conciliar el sueño. No le gustaba dormir con gente a su lado, por lo que esperó que las horas hasta el amanecer no se le hicieran demasiado largas.
—Despierta, es hora de que vayas a tu casa —la despertó.
Ella rezongó y él pensó que no tenía motivos para quejarse, al menos había logrado dormir algo; a diferencia de él.
—¿Dormiste bien? —preguntó con indignación, ya sabiendo la respuesta.
—Muy bien, de hecho —confirmó.
A él el que ella se sintiera tan cómoda a su lado no sabía si le molestaba o no.
—Gracias por todo, Ichigo —se despidió en la puerta.
—Piensa mejor las cosas —le aconsejó él.
No sabía cómo despedirse, por lo que estiró una mano y se la dio y ella sonrió por el gesto y lo imitó.
—Pensé que me besarías —recalcó ella.
—No sabía si lo querías —se defendió.
Él la besó y ella respondió. Ichigo volvió a sorprenderse en cuan buena se había vuelto ella: de no saber besar hasta lograr que se le comenzara a parar sólo los movimientos sensuales de su lengua.
Observó a la chica irse y de algún modo lamentó no haberle propuesto algo o siquiera haberle dado su teléfono, pero al entrar de nuevo a su morada aterrizó sus pensamientos. Él no tenía nada que ofrecerle a una chica como ella y desechó la idea.
Ordenó en medida de lo posible y justo al lado de donde había estado ella, al lado de su preciada mota, había un papel escrito que él no había dejado ahí. Lo tomó y lo leyó: "Ya que no me enseñaste a tocarte, ¿me dejarías saber lo que se siente cuando fumas esto?" y un número. Esa chica iba a seguir buscando problemas y él siendo el mismo ejemplo de lo que resultaba cuando uno tomaba malas decisiones, decidió que haría algo por alguien y a ella no la dejaría terminar como él mismo. Llamó al número y una sonriente Rukia se pudo escuchar al otro lado de la línea.
—Pensé que no me ibas a llamar —dijo ella.
—Y yo pensé lo mismo —contestó él —. Escucha, cuando sientas deseos de hacer estupideces de las tuyas llámame a este número.
No se escuchó nada del otro lado de la línea por un momento.
—¿Lo harás? —quiso confirmar él al no oír respuesta.
—¿Me vas a detener cada vez? —jugó ella.
—Eso ya lo veremos —acotó.
No pasaron cuarenta y ocho horas y el teléfono sonó. Iba a tener que enseñarle a esa chica que la vida no era tan simple.
Continuará
Espero que les guste esta actualización y para los que se cuestionen de si voy a dejar mis otros proyectos de lado, ni hablar, eso no sucederá, pero todo a su tiempo.
Hasta pronto
