Here I am!! Al fin el segundo capitulo!! y mil gracias por los reviews, aunque el hotmail se colgó mal y no pude leer nada mas...
Nota preliminar: jamás me he subido a un barco ni tengo a mano películas con barcos (aunque ver 50 veces Titanic no ayuda a memorizarse el barco entero) así que aviso que haré lo que se me antoje con este barquito imaginario, esto es: lo voy a describir tal y como salga de m cabeza (podríamos llamarlo el barco ideal) y siempre que pueda voy a tratar de corregir los detalles que no estén bien. En todo caso, sepan disculpar cualquier despiste marítimo nn'
Capitulo dos
Que cosa mas extrañas eran los puertos, tristes y a la vez felices. Veía a la gente encontrarse y abrazarse con familiares y conocidos que no veían hace mucho, o despedirse llorando aunque solo se fueran por una semana. Pero nadie había ido a despedirlos, así que Robin no estaba muy seguro de cómo debía sentirse en ese preciso momento.
Habían acordado que sería arriesgado que los vieran con los demás titanes en el puerto por que eran fácilmente reconocibles, así que estos ya estaban bajo el agua en el Submarino T aguardando, así como Robin y Raven en el muelle, a que llegara el barco.
-Titanes¿me escuchan?- dijo Robin en voz baja en su comunicador, hábilmente disfrazado de teléfono celular.
-¡Fuerte y claro, amigo Robin!- exclamó Starfire, muy alegre. Robin podía ver el interior del Submarino T por la pantalla del teléfono, como con su otro comunicador. Starfire estaba sentada entre Cyborg y Chico Bestia, quien leía una revista cómodamente recostado contra su silla.
-¿Está todo bien ahí arriba?- preguntó Cyborg, desviando la cámara hacia sí.
-Hasta ahora todo bien- afirmó Robin, mirando alrededor con recelo. Una parte de él todavía esperaba que algo lo atacara por la espalda- Acá no pasa nada.
-Pues aquí tampoco- se escuchó la voz de Chico Bestia.
-Te informaré cuando localicemos a los sospechosos- dijo Robin, haciendo caso omiso de las quejas del chico verde.
-De acuerdo. ¡Cambio y fuera, capitán!- dijo Cy, haciendo un saludo tipo militar, con lo que se cortó la comunicación.
Robin cerró el teléfono (N. de la A.: era teléfono con tapita! nn) y paseó la mirada por el muelle; cerca de él, próximo a la orilla, había un par de maletas y unos pasos más allá, mirando al mar y totalmente perdida en sus ensoñaciones, estaba Raven, de espaldas a el y con los brazos cruzados sobre el pecho.
-¿Raven?- Robin se acercó con cautela, pues parecía que estuviera meditando o algo.
-Rachel- lo corrigió esta, sin siquiera darse vuelta- Dijiste que no podíamos usar nuestros verdaderos nombres aquí.
-Hum… es verdad- recordó Robin… o mejor dicho Richard.- Lo olvidé por un segundo.
El muelle se llenaba de ruidos y palabras conforme la gente se iba reuniendo a esperar el barco. Ya casi debía estar por llegar. Había familias enteras con los chicos y hasta los abuelos, parejas recién casadas, turistas, viajeros, grupos de amigos y muchos jóvenes que, como ellos, viajaban solos. El barco iba a tocar otros dos puertos bastante lejanos a la ciudad antes de volver a Jump City, y por esto algunos aprovechaban el viaje como excusa para disfrutar del crucero, y esta era justo la excusa que ellos utilizarían mientras estuvieran a bordo.
-Sólo me preguntaba…- dijo Richard, pero no supo como continuar la frase.
-Nunca estuve en el mar- dijo Rachel, ahorrándole el trabajo- Si no contamos las veces que estuvimos debajo de la superficie, peleando con algún maniático.
-Si, a eso no se le puede llamar "estar en el mar"- asintió Richard- Ya verás que te gustará.
-¿Cómo lo sabes?- Rachel lo miró de reojo. Richard tardó un momento en responder.
-No podría explicarlo- dijo al fin, encogiéndose de hombros.
La conversación no duró mucho más, ya que los interrumpió la bocina de un barco que se acercaba. La gente empezó a aglomerarse alrededor de ellos, y el barco se detuvo cerca.
En menos de un minuto, la gente se había apelotonado alrededor (para gran disgusto de Raven) y luego de algunos minutos de ir y venir entre la muchedumbre sin rumbo fijo, lograron encontrar la plataformas para subir al barco.
Richard estaba atrapado: no le quedaba otra que subir al barco. La verdad, ni el mismo se explicaba la razón de su antipatía por un simple navío, pero no había mas remedio que aguantárselo. Rachel, por su parte, miraba alrededor con curiosidad, esperando poder quitarse de encima pronto a toda la gente.
Pasaron junto a un montón de chicos, abriéndose paso casi a los codazos; por alguna extraña razón se quedaban todos parados en medio de los pasillos, estorbando a todo el mundo.
Tres minutos después estaban caminando por un pasillo con el equipaje y los pasajes en la mano, buscando los dichosos camarotes.
-¿Seguro que leíste bien?
-¡Velo por ti misma! Cubierta dos: estamos en la cubierta dos- dijo Richard, señalando alrededor- Quinto pasillo: estamos en el quinto pasillo. Ahora: camarotes G20 y G21… Parece que eso es mucho pedir. Es la tercera vez que recorremos el pasillo de punta a punta y no encontramos ni el G01, aquí solo está la letra D.
Rachel puso los ojos en blanco y se cruzó de brazos mientras Richard miraba alrededor desesperado. Sacó el boleto otra vez y lo examinó de cerca, tal vez hubiera algo que no habían notado.
Y de hecho si lo había: a la par de los números de los camarotes, y letras pequeñas de un color que se confundía con el color de fondo del papel, se leía: Primera Clase.
-Eh, Rich… creo que encontré el problema, o mejor dicho la solución- dijo, señalando el pasaje. Richard lo leyó y la mandíbula se le cayó al piso.
-¿¡Primera clase!?- dijo, arrebatándole el pasaje de la mano- ¿Pero cómo…?
-Parece que se equivocaron de pasaje- dijo Rachel, encogiéndose de hombros.
-Es probable… ya bastante se confundió la empleada cuando le dije que quería dormitorios separados. Parece que en las empresas creen que sólo las parejas se van de crucero.
Rachel dejó escapar un bufido. Ah, la estrechez de mente…
-Sería lo último¿no?
-Ya…- Richard se encogió de hombros y miró otra vez el pasaje.- Entonces es: segundo pasillo de Primera Clase.
-Aquí está: segundo pasillo de primera clase- dijo el guarda que los acompañaba. Raven y Robin intentaron disimular su asombro, hacer pretender que aquello de viajar en primera clase era cosa de todos los días, no fuera cosa que el guarda sospechara, pero lo cierto es que estaban sorprendidos. La primera clase no era nada como la ponían en las películas, era mucho mejor. Tenía cierto aire al Titanic (ojala eso no presagiara nada) El pasillo dos se componía de dos filas de camarotes enfrentadas, quedando en el medio un espacio bastante considerable, casi como un patio, cubierto por un techo en forma de cúpula sostenido por columnas talladas en madera, y en este había macetas con plantas exóticas, una hilera de reposeras alineadas mirando hacia el mar y algunas esculturas famosas en pedestales aquí y allá. Del fondo del "patio" les llegaba un rumor de risas y música, por lo que se veía, había un bar al fondo a la izquierda que desde allí no alcanzaban a ver.
-Así que… primera clase¿no?- Rachel levantó una ceja.
Encontraron los camarotes sin más problemas, casi a mitad de la fila de la derecha.
Richard no pudo más que soltar un silbido de asombro: cama de dos plazas, televisión pantalla plana, Internet inalámbrica y una de esas pequeñas heladeras que todos soñamos con tener (flasheo de la escritora)
Rachel apenas si levantó una ceja. No podía negar que sería más que interesante pasar unas noches allí, a pesar de que no era en nada como su habitación. Por suerte se había traído un par de libros y su espejo de mano, el cual decidió dejar fuera de la vista por las dudas.
De la habitación de la par le llegaban los sonidos de toda clase de exclamaciones de asombro; Richard acababa de encontrar el equipo de DVD bajo la mesita de la tele. Sacudió la cabeza con desaprobación, sentada en el borde de la cama, pero a la vez se le escapó una pequeña sonrisa; parecía como un chico con un juguete nuevo… o mejor dicho, un chico que se subía a un crucero por primera vez.
-¿A dónde llevará esta puerta…?- Se escuchó del otro lado.
Bueno, para el caso, pensó ella, también era su primera vez en un crucero, y no andaba saltando por ahí…
Estaba pensando esto cuando un ruido le llamó la atención a sus espaldas: Robin acababa de entrar por una pequeña puerta que no había notado antes.
-Ups, este… lo siento- se disculpó este.
-Supongo que eso contesta tu pregunta.
-Sí, puede ser- Robin se encogió de hombros y se volvió por donde había entrado.
Raven se acercó a la puerta en cuestión, no se le había ocurrido que las habitaciones podían comunicarse. Se fijó mejor alrededor, buscando otra que comunicara con el camarote G19, pero por fortuna no había otras puertas.
Se quedó mirando la puerta con cierto recelo. Por alguna razón la ponía incómoda, pero aún así dudaba si echarle el seguro.
-Por cierto…- la puerta se abrió otra vez de golpe y Raven dio un salto hacia atrás por la sorpresa- necesito mostrarte los archivos del caso. ¿Qué dices si vamos al bar un rato? No sé tú, pero yo no desayuné nada. ¿Raven?
-¡No vuelvas a hacer eso!- lo reprendió esta, respirando agitadamente.
-¿El qué…? Ah, perdón- se disculpó el joven titán un tanto abochornado. Se formó una gran gota en su cabeza mientras volvía a su habitación. Ni bien se cerró la perta, Raven decidió que esa era toda la excusa que necesitaba: agitó una mano frente a la puerta y se escuchó un clic del cerrojo de la misma.
Dos minutos después estaban en el dichoso bar, el cual para sorpresa de ambos estaba casi vacío, a excepción de unos chicos en una esquina jugando al pool y tres personas en la barra. El bar en sí no era nada del otro mundo; una estancia circular con una onda muy hawaiana, con un techo como cúpula hecho de troncos y del cual colgaban luces de todos los colores arriba de las mesas individuales que recorrían toda la pared. Mejor dicho, la única pared real de todo el bar, por que todo lo demás era un ventanal de vidrio con paneles corredizos a modo de puertas. Richard y Rachel estaban sentados estratégicamente en la única esquina del bar, desde donde podían ver todo lo que ocurría. A su izquierda tenían la barra, a la derecha se veía parte de la cubierta y delante tenían el mar. La mesa en cuestión era una cabina circular que resultó ser la única que tenía luz blanca; realmente no era muy cómodo tratar de leer un archivo confidencial bajo un foco anaranjado.
-Bueno¿qué es lo que sabemos de estos tipos?- murmuró Richard entre dientes, esparciendo por la mesa un par de carpetas. En una había una foto de un tipo que tenía toda la cara de gangster que se pudiera imaginar, sólo le faltaba la cicatriz en la cara y el cigarrillo.
Richard leía en silencio los prontuarios mientras Raven curioseaba en todas las carpetas, removiendo los hielos en su vaso, y tratando de acostumbrarse a la idea de lo que estaba pasando.
"Estoy en un bar, arriba de un crucero, y con Robin. Simplemente no puedo creerlo" pensó, mientras echaba una ojeada a las fotos de los files.
Ya bastante traumático había sido ir al shopping el día anterior con Starfire. Vaya si había tenido un dolor de cabeza tratando de convencer a la alienígena que el rosa no era su color, no digamos del logro total que fue hacerla desistir de la idea de llevarla al salón de belleza. Definitivamente se merecía un premio por eso. Al final no todo había acabado tan mal, al menos su look coincidía con sus identidades encubiertas: ambos eran colaboradores especiales del Museo de Arqueología e Investigaciones de Jump City, que viajaban hasta la última ciudad en el recorrido del barco antes de volver al puerto, por que debían traer consigo unas piezas especiales que no podían trasladarse normalmente por su fragilidad. Ni siquiera estaba segura de que existiera tal cargo como "colaboradores especiales", pero no podía negar que era la excusa perfecta, ya que nadie intentaría seguir preguntando y ahondando en la conversación después de escuchar la palabra "Museo".
Así que¿Qué vestían los colaboradores especiales del museo? Por parte de Rachel, una blusa blanca y un traje de hilo azul oscuro, cuya chaqueta, que descansaba sobre el banco, tenía convenientemente bordado el monograma del Museo, cortesía de las habilidades en costura de Cyborg. Igual debía ser la de Richard, pero este no se había molestado siquiera en ponérsela, por lo que sólo estaba con la camisa y el pantalón azul marino, y lo que era extraño: sin máscara.
Al principio ella se lo quedó mirando con sorpresa; debía ser la primera vez en todo el tiempo que lo conocía que lo veía sin máscara. A veces se preguntaba si se la quitaba para dormir. Pero ahora que se había acostumbrado, resultaba lo más natural del mundo.
Y tenía que admitirlo, le quedaba mucho mejor así, pensaba con cierta timidez mientras se tiraba una vez más del borde de la minifalda.
Este era el único detalle que la mortificaba respecto a su "uniforme": la minifalda. Pero ni siquiera ella podía negar que no estuviera acorde con los verdaderos uniformes de los empleados del museo. Azar sabía que ella había estado allí más de una ocasión, y todas las señoritas que hacían de guías lucían el mismo atuendo.
Pero… por qué tenía que lucirlo también ella? Ya que era "colaboradora especial", al menos ¿no debería tener un uniforme distinto?
Pero ya no había manera de arreglarlo¿o si?
Le molestaba acordarse de los comentarios que le habían hecho los demás titanes (sobre todo Chico Bestia ¬¬) cuando ella apreció con su nuevo look. Aunque la mayor sorpresa la había proporcionado ella misma; se había descuidado un poco últimamente con su pelo y se lo había dejado crecer hasta casi la mitad de la espalda, y por culpa de la capucha nadie se había dado cuenta antes, pero eso ayudaba mucho mejor a ocultar su verdadera identidad. Ya se lo cortaría cuando volviera a casa.
Detuvo su intento desesperado de componer su atuendo cuando pescó un detalle muy curioso en el archivo del cabecilla de la banda.
-¿"Obsesión por lo dulce?"- leyó de una línea de anotaciones al final de la hoja.
-Tal como lo ves- asintió Richard, dejando los papeles a un lado.
-Eso quiere decir que sólo debemos vigilar si se excede con el postre, así sabremos que es él- comentó lacónicamente, dejando la carpeta de lado también.
Richard no agregó nada más. Echó una mirada alrededor, examinando el bar con más cuidado
- Ciertamente, no recordaba esto comentó.
-¿Nunca estuviste en esta parte del barco?- Rachel preguntó.
-No, de hecho no vi nada más del barco que…
-¿La pista de baile?- preguntó Rachel, esbozando una sonrisa maliciosa.
-Tu ríete, ríete nada más…- Richard apretó los dientes- Aunque debo decir que mi concepto de este barco está cambiando bastante.
Richard desvió la mirada hacia la derecha y un poco más atrás, donde estaban las mesas de pool. Seguía atentamente el juego de los cuatro chicos que ocupaban la única mesa iluminada de la estancia; los cuatro eran muy ruidosos, muy faroleros y, por lo que se adivinaba, muy malos jugando. Richard dejaba escapar una risa disimulada con cada desacierto de alguno de ellos.
-Pero si era tan fácil…- comentó al cabo de un rato.
-¿Juegas al pool?- preguntó Rachel.
-Bueno, sí. Un poco- admitió el- No quisiera alardear pero…
-Pero podrías patearles el trasero a los cuatro tu solo- dijo Rachel, señalando con un gesto de la cabeza a los chicos.
-Tal vez- Richard se encogió de hombros, como restándole importancia al asunto.
Rachel clavó en el una mirada de incredulidad. No la sorprendía el hecho de que supiera jugar al pool cuando a veces parecía que lo único que le importaba era el trabajo. Más bien tenía la impresión de que necesitaba que alguien le bajara un poco los humos. Se puso de pie con una nueva y divertida determinación.
-Muy bien, Richard "No-Quiero-Alardear" Grayson- se apartó un paso de la cabina e hizo una seña hacia las mesas de pool- ¿Estas dispuesto a defender tu título de campeón de pool?
-¿Lo dices en serio?- Richard levantó una ceja en señal de desconcierto total, no por el hecho de que Rachel también parecía saber mucho de pool, si no por que ella realmente lo estaba retando. Muy bien, que no se diga que Richard Grayson era un gallina.
Tal vez no un gallina, pero por seguro alguien con no mucho sentido común. El bendito juego llevaba menos de quince minutos y Rachel le estaba dando una verdadera paliza.
-¿Segura de que no estás, cómo lo digo: hechizando las bolas para que yo pierda?- le preguntó en voz baja cuando pasó por su lado.
-Segura. Estás perdiendo por mérito propio.
-Y quien dice que estoy perdiendo- Richard apretó los puños e intentó concentrarse en su siguiente tiro: había logrado empatar el marcador con mucho trabajo y ya quedaban pocas bolas sobre la mesa. Lo peor no era eso, si no los comentarios de los cuatro chicos en la mesa de la par, quienes ya frustrados de su propio juego (y con varias copas de más encima) se habían dedicado a mirarlos a ellos y a reírse de los desesperados intentos del joven maravilla.
-Si tan solo pudiera concentrarme…- masculló este, luego de fallar espectacularmente el tiro por culpa de las burlas y las risas de los chicos.
-Esa es la palabra clave: concentración. Tienes que volverte uno con el juego- dijo Rachel con un poco más de seriedad, dándole la vuelta a la mesa mientras calculaba el tiro.- pero tampoco me vendría mal que cerraran la boca…
Hizo un gesto de reprobación a los comentarios de los cuatro chicos de la mesa de la par; estos se reían a las carcajadas, se golpeaban con los palos como si fueran espadas, y se ponían a silbar y hacer comentarios molestos cada vez que ella pasaba cerca.
-¡Ya deja a ese perdedor, linda!- decía uno, levantando en alto el vaso de cerveza- déjalo que practique un poco mientras nosotros te mostramos cómo se hace!
-¿Qué se siente perder contra una chica, eh?- se burló otro. Richard estaba tan fuera de quicio que casi partía el palo al medio de lo fuerte que lo sujetaba. Rachel se limitó a mirar para otro lado, abochornada. ¿Por qué demonios la habían obligado a ir de minifalda? Tras el cambio de look, tanto ella como Robin se veían un par de años mayores, y los idiotas junto a ellos no debían tener más de veinte años.
-Muy bien, ya basta- Richard dejó el palo arriba de la mesa con gran estrépito y encaró a los cuatro, mientras Rachel observaba con sorpresa- Los reto a todos: ustedes cuatro contra mi.
-¿Lo dices en serio?- el más alto (y aparentemente el menos borracho) de los cuatro se adelantó unos pasos y cruzó los brazos sobre el pecho- Debes de estar loco, pero aceptamos el reto.
-Te vamos a hacer ¡hip!... pedazos- aseguró uno, blandiendo el palo como si fuera un sable.
-Eso lo veremos- dijo Richard, sonriendo con desdén.
-Entonces¿Qué esperas?- el más alto le tendió un palo y Richard lo agarró con determinación.
-¡Eso es, viejo, y el que gana se queda con la chica!- bromeó un tercero, uno alto y flacucho con el flequillo hasta los ojos.
-Ya quisieras…- dijo Rachel, poniendo los ojos en blanco.
La balanza se inclinó otra vez a favor de Richard. Considerando que el era el único sobrio, les estaba ganando con una mano atada a la espalda. Acertaba los tiros más difíciles con una técnica y una soltura abrumadoras. Al rato, los tres hombres que estaban de espaldas en la barra se volvieron en sus asientos y se pusieron a observar el juego, muy interesados, y hasta los dos mozos y el cantinero se sentaron tras la barra a mirar. Por los movimientos de sus manos, Rachel podía jurar que estaban apostando a ver quien ganaba.
Los chicos lo notaron también, y esto parecía enfurecerlos más, pero no a Richard. Su satisfacción crecía con cada metida de pata que ellos cometían, y si rabiaban él se reía más. Que nadie volviera a decir que Richard Grayson era un perdedor.
-Caray… pensé que lo teníamos en el bolsillo- comentó uno de ellos, rascándose la nuca y mirando la mesa con extrañeza. Richard apuntó y logró meter la bola ocho en el hoyo de la esquina, poniéndole fin al juego.
-Mejor suerte para la próxima vez, chicos- dijo entonces, dejando el palo y alejándose triunfante hacia la mesa desde donde Rachel observaba estupefacta.
-Creo que te reivindicaste- comentó esta, apagando el foco que colgaba arriba de la mesa mientras regresaban al fondo del bar a buscar sus cosas.
-Definitivamente- asintió Richard, satisfecho de si mismo- Hacía mucho que no jugaba así. Es ideal para descontracturarse.
Juntó los papeles y las carpetas con rapidez. Ya no tenía sentido quedarse en el bar a tratar de leerlos, no iban a lograr concentrarse por más que lo intentaran.
Ya se había hecho tarde y el sol estaba bajando. Pronto el bar empezaría a llenarse de gente, así que Richard agarró los papeles, Rachel tomó su abrigo y se fueron del bar, dejando tras de si un cuarteto de muy frustrados y borrachos perdedores, y varios mozos muy felices de haber ganado la apuesta.
"Eso fue lo más raro que lo vi hacer en toda mi vida" pensó Rachel, mientras caminaban sin prisa por la cubierta. Se encontraron de nuevo en le patio con las hileras de camarotes, el cual estaba muy lleno de gente. Todos iban en la misma dirección, hacia la cubierta uno, por lo que se reveía.
-Perdón¿adonde va todo el mundo?- le preguntó Richard a un muchacho que pasaba por ahí.
-El capitán del barco quiere decir unas palabras, o algo así- el muchacho dse encogió de hombros- Creo que es una pequeña celebración o algo, tu sabes, por que es la primera noche en el crucero y todo eso…
No prestaba mucha atención por donde iba ni lo que decía, por que se había quedado mirando a Rachel, quien avanzaba sin mucho interés por la galería, unos metros mas allá.
-De acuerdo, gracias- replicó Richard, adelantándose entre la gente para alcanzarla- Será mejor que vayamos para allá, todos en primera clase estarán en la cubierta uno, es la oportunidad para buscar a los criminales.
-Bien, vamos.
Y sin más, siguieron a la multitud que los arrastraba en dirección a la cubierta uno.
Esta historia continuará...
Aaargh!! Perdon por cortarlo tan mal, es que se me hizo muy largo, pero prometo mas detalles de la persecucion a los malhechores en el proximo acapitulo. Como que ahora se prendieron demasiado con el juego y no le dieron mucha atencion al caso, jeje...
Bueno... vamos a por el capitulo tres!!! No dormiré esta noche si hace falta... y lo digo en serio
Nay Harrabots
