Chapter 2: Chapter 2
Por más que intentaba pensar que había podido suceder, no era capaz de encontrar la respuesta. Al regreso del hijo pródigo a Kanto, había que sumarle una noticia que le había llegado desde la comisión de la Liga Pokemon que no le gustaba ni un pelo. Dicha noticia había logrado desestabilizarla de tal manera, que ello no había pasado inadvertido para nadie. Incluso su compañero de investigación Gary Oak se percató de que las cosas no iban del todo bien cuando Misty se pasó durante media hora con la vista perdida, mientras hacían pruebas de tejido a uno de los Gyarados.
Sorprendentemente, en un intento por distraerla de sus preocupaciones, el nieto de Oak se había vuelto más insistente con ella durante los últimos días, invítandola a comer, y ofreciéndole grandes ramos de flores todo los días para intentar levantar su ánimo.
Lo cierto es que ella no podía obviar la realidad. Desde que se había enterado del retorno de Ash, no comía, no dormía, no sonreía, y no vivía.
Primero trató de autoconvencerse de que Ash formaba parte de un pasado lejano y que definitivamente había pasado página, pero conforme avanzaba la noche en la que se enteró de la noticia, todos sus recuerdos parecían aflorar con más intensidad. Incluso días atrás había llegado al punto de equivocarse llamando a Gary por el nombre de su antiguo mejor amigo.
Y ahora esa estúpida investigación de la Liga Pokemon sobre el funcionamiento de todos los gimnasios de Kanto. Al parecer Lance había sido informado de que en determinados gimnasios de la costa se estaban produciendo abusos de poder de líderes frente a retadores. Para la sorpresa de todos, el gimnasio de Celeste estaba incluído en tal deshonrosa lista. Misty estaba nerviosa, pues aunque tenía la conciencia tranquila y sabía que no había nada que temer, la incertidumbre la estaba matando día a día. ¿Qué iba a suceder con su hogar y con todo lo que había conseguido lograr a cambio de sacrificar su vida sentimental?
Ash suspiró malhumorado. Solo había una cosa peor que madrugar, y era que le hicieran esperar. Odiaba tener que ver como el minutero avanzaba y el seguía allí sentado, como un pasmarote, sin saber si quiera porque había sido reclamado. No iba con su personalidad eso de estar allí parado, esperando a que las cosas sucediesen, así que se levanto y acudió a la secretaria.
Señorita, ¿Van a tenerme mucho esperando?
Ahora mismo le reciben, señor. Tenga un poco de paciencia – pidió amablemente la secretaria que tecleaba nerviosamente en su ordenador.
Ash la miró con mala cara. No esperaba que se refiriese a el como un señor. Frunció el ceño y se retiró el frondoso flequillo de su rostro.
La paciencia es mi punto fuerte…-susurró por lo bajo de manera irónica.
Decidió que sería más productivo dar un paseo por las instalaciones. Al menos, eso le distraíria durante un rato. Todavía no conocía la nueva sede de la Liga en Meseta Añil, así que comenzó a observar una pared llena de fotos. En un gran ventanal, se mantenían las fotos de los líderes de gimnasio de Kanto. Frunció el ceño y la buscó con la mirada. No tardo mucho en encontrarse con aquellos ojos aguamarina que lo miraban confiada y natural, tan bella como siempre. Aunque Misty ya no lucía como una adolescente, se había convertido en una mujer muy bonita.
Gruño para si mismo. ¿Por qué era tan estúpido y seguía volviendo a tropezar en la misma piedra, una vez tras otra? Intentó apartar la mirada de ella, pero era incapaz. Era como verse en un espejo. La mirada retadora de la que en su día había sido su única prioridad.
Ash, que bueno que viniste – gritó al fondo del pasillo Lance mientras hacia un aspaviento. Ash bendijo la distracción y se giró para saludarle con un ligero movimiento de cabeza.
Es bueno verte de nuevo – comentó amablemente, aunque con cierta falta de sinceridad.
Seguro – dijo Lance estrechando la mano del moreno, y dándose cuenta de la hostilidad. ¿Cómo has estado? Te ves pálido.
He tenido días mejores – Ash clavó la mirada en un Lance sorprendido por la respuesta. ¿Qué hago aquí?
Tu siempre tan ansioso – exclamó Lance de buen humor golpeando enérgicamente el hombro del moreno. Pasa a mi despacho y te contaré los detalles.
Ash se mantuvo un paso por detrás de Lance durante el recorrido. No quería dar la impresión de persona desagradable pero tampoco quería comportarse como un hipócrita haciendo ver que no había pasado nada años atrás. Porque si había pasado algo. Algo tan gordo que había logrado alejar al Maestro Pokemon invicto de Kanto del círculo de La Elite.
¿Gustas tomar algo? Café, vino, cerveza…-sugirió Lance con un tono amable.
Al grano Lance – pidió Ash mientras tomaba asiento y cuadraba su espalda para acomodarse en el asiento de piel.
Verás, últimamente nos han llegado muchas denuncias de retadores sobre los abusos que al parecer se están cometiendo en determinados gimnasios de la región de Kanto.
Lance se movía grácil por el despacho, paseando su taza de te. Parecía mantenerse en una tensa calma, claro que era evidente que algo carcomía al Maestro Dragón por dentro. Incluso para alguien tan poco observador como Ash, el ligero traqueteo de la cerámica en manos de Lance no había pasado desapercibido.
Eso no es una novedad – comentó indiferente.
No lo sería, sino fuera porque las demandas se han triplicado desde el último año. Como jefe de La Elite no puedo hacer oídos sordos a las quejas de otros entrenadores. Si se están dando unas condiciones de desigualdad y abuso entre líderes y retadores quiero saberlo.
Puede que no estés preparado para conocer la verdad, Lance. El mundo de la competición ha cambiado en los últimos años – comentó Ash endureciendo el gesto. Lance carraspeo y tomó asiento.
Por eso te necesito, Ash. Pese a todo…-Lance hizo una pausa buscando la palabra adecuada – el jaleo que hubo el año pasado, sigues siendo mi hombre de confianza. Nadie mejor que el Maestro Pokemon actual para informarme de cuan cierto es esta situación.
Ash se sonrío y lambió su labio inferior. Después negó con su cabeza. Lance comprendió que las cosas no iban a ser fáciles con él después de todo.
¿Quieres que me convierta en tu chivo espiatorio? – preguntó Ash indignado.
No, Ash. Quiero que seas tú quien evalué las condiciones de igualdad en los gimnasios y la aptitud de los líderes para tratar determinados aspectos. En el caso de que aceptaras, nosotros nos haríamos cargo de todo.
Ash le miró y volió a sonreir fríamente. Así era La Elite, cuando menos te lo esperabas, decidía volver a contar contigo. Hace un año se había marchado y nadie se había interesado por su paradero. Ahora Lance se veía en problemas y acudía a él como un niño pequeño.
Gracias por la oferta Lance, pero no estoy interesado. Supongo que encontraras otra persona…
No entiendes, Ash – interrumpió Lance. Esto no se trata de si te apetece o no. Quieras o no tendrás que hacerlo. Entre tus muchos deberes como Maestro Pokemon, está el de velar por la seguridad e integridad del sistema de competiciones de Kanto. No puedes obviar el problema.
Escúchame bien Lance, porque solo lo diré una vez. No lo haré – masculló ante la incrédula mirada del entrenador de dragones. Estoy fuera de todo esto.
¿Renunciaras a tu título de Maestro? Porque La Elite está cansada de tener un Maestro perdido en un pueblo de mala muerte, en otra región… - amenazó el pelirojo. No hay más posibilidades, Ketchum, o lo tomas…o lo tomas – sentenció.
Ash le miró por un segundo y después volvió a desviar su rostro hacia el gran ventanal donde se podía observar multitud de Fearows y Pidgeottos sobrevolando el cielo. No podía permitirse el lujo de perder aquello por lo que había luchado tanto. Ese título había sido el fruto de años de entrenamiento, de lágrimas, de esfuerzo, de pérdidas. No iba a consentir que también le arrebatasen aquello por lo que había luchado. Se lamentó de encontrarse en esa situación. Se lamentó de haberle abierto la puerta a su amigo Brock. De creer que las cosas serían distintas. De verla de nuevo. De comportarse como un idiota, con su madre, con sus amigos, incluso con Pikachu.
Lance bebió un sorbo de su taza de té y carraspeo. Estaba impaciente.
¿Qué tendría que hacer? – Lance sonrío para sus adentros.
Evaluar el estado de las instalaciones del gimnasio, aptitud del líder para enfrentar el duelo, estado de los pokemon, conocimientos sobre ataques, naturaleza, fortalezas y debilidades…Una vez evaluado todos estos aspectos, realizarás un informe en el que expliques si podemos seguir dando apoyo a ese gimnasio, o si por el contrario debemos clausurarlo.
¿Qué sucederá si descubro que algún líder del gimnasio está infringiendo las normas?
Se destituirá al líder y se le juzgará por sus delitos.
Solo por curiosidad…- carraspeo y se reincorporó sobre su silla -¿Cuántos gimnasios hay para evaluar?
Al menos cinco. Ciudad Azafran, Azulona, Fucsia, Celeste y Carmín…
Ash se quedó sin respiraicón y se tocó la barbilla con su mano derecha. Su mirada se perdió de nuevo entre la inmesidad del ventanal mientras escuchaba a Lance a hablar de fondo. ¿El gimnasio de Celeste estaba entre los sospechosos de utilizar coacción en sus combates? Dudaba mucho que las hermanas Waterflower permitieran semejante despropósito, más que nada por el desinterés de éstas por combatir por la medalla cascada. Pero ahora era Misty la nueva líder, y por todos era conocido su gran competitividad y lo poco que le gustaba perder en un combate. ¿Habría mejorado en las destrezas que había desarrollado como entrenadora de pokemon de agua en los viajes a diferentes regiones? ¿Realmente Misty permitiría que en su hogar se diera lugar a desigualdades entre retadores y líder?
Se lo que estás pensando, Ash. Yo también dudo mucho que todos estos gimnasios estén infringiendo la Ley, pero nuestro deber y responsabilidad es asegurarnos de que está sucediendo con esto. ¿Qué me dices?
Ash le miró. Estaba pensando. Frunció el ceño. Sabía que volver a ver a Misty le destruiría y lo llevaría de nuevo al abismo, como tiempo atrás, pero también era consciente que más que nunca, el destino parecía ofrecerle la oportunidad de vengarse por el pasado.
Supongo que podría intentarlo…- terminó accediendo ante la alegría de Lance.
No sabes el peso que me quitas de encima, amigo. No lo sabes bien. Ultimemos los detalles para tu viaje.
Ash volvió a dejar de escuchar. Su sonrisa irónica y fría apareció, de nuevo, en su rostro. Pronto estaría de regreso en su hogar, dispuesto a poner a cada persona en el lugar que le corresponde, aunque la vida se le fuera en ello. Habría venganza para todos los que le habían robado su felicidad, de eso estaba seguro.
Misty escuchó a lo lejos el sonido de los niños en la calle y abrió los ojos de repente. ¿Qué hora era? Se giró lentamente sobre la cama y cogió su reloj, que descansaba en la mesilla de noche. Abrió lentamente un ojo y observó. Volvió a cerrarlo, y tras unos segundos, se incorporó de golpe.
No podía ser cierto. Las 9:45.
Soltó un grito y de un salto salió de su cama directa a la ducha. ¡Llegaba tarde! Justo hoy, justo ese día. La Liga Pokemon había decidido comenzar la investigación de los Gimnasios en Ciudad Celeste y había sido informada que el Inspector pasaría por el recinto a las 9:30. Se arregló tan rápido como pudo y salió de casa como una exhalación antes de que sus hermanas pudieran mediar palabra.
Ash llevaba quince minutos esperando en la puerta del gimnasio que se mantenía cerrada a cal y canto. Frunció el ceño y observó un cartel pegado en la puerta principal sobre la actuación del musical "La Cenicienta" con las hermanas Waterflower. Seguía observando la puerta cuando vio en el cristal de la puerta el reflejo de la pelirroja aproximarse con su bicicleta a toda velocidad mientras exclamaba cuanto lo sentía.
Señor, siento muchísimo lo sucedido – gritaba ella mientras corría hasta las escaleras de entrada al gimnasio. No se que ha sucedido – se paró ante la espalda de un hombre moreno que se mantenía inmóvil, y aprovechando para coger aire.
Buenos días – dijo Ash girándose lentamente y clavando su mirada en la pelirroja.
¿Esa voz? Misty contuvo la respiración y le vió. No podía ser cierto. Sintió sus piernas temblar, y su corazón a punto de salir del pecho.
¡Ash! – gritó sorprendida Misty. Pudo observar como Ash mantenía su rostro rígido, sin atisbo de sonrisa, y entonces comprendió que la situación empeoraría de un momento a otro. ¿Qué haces aquí?
Vengo a realizar la evaluación del Gimnasio Ciudad Celeste – comentó serio retirando la mirada a otro punto, ante la sorpresa de Misty.
¿Qué? – se incorporó nerviosa. Tragó saliva.
¿Entramos? Llevo quince minutos esperando por ti, lo que demuestra que tu sentido de la responsabilidad está muy por debajo de lo esperado – comentó Ash fríamente ante la indignación de Misty.
Estaba a punto de contestarle. De increparle y preguntarle si eso era todo lo que iba a decirle. Después de un año sin verse y de todo lo que había sucedido, ¿eso era todo? ¿Aquella iba a ser la relación entre el moreno y ella? ¿Puro trabajo?
¿Y bien? – inquirió Ash, algo impaciente. No tengo todo el día.
Misty pasó a su lado clavando su mirada en él. Sin duda era Ash Ketchum, y el último año apenas le había desmejorado, pero si notaba en él una incipiente frialdad. Estaba irreconocible. Sabía que intentar relajar el asunto no funcionaría, por lo que se limitó a obedecer. Muy a su pesar.
Ash observó las instalaciones mientras escuchaba los pasos de una Misty que se mantenía un paso por delante encendiendo las luces del recinto. Llegaron a la piscina central y ella se paró para mirarle. Estaba hermosa. Ash frunció el ceño, pues parecía que la peliroja quería decirle algo pero no se arrancaba.
¿Cuándo regresaste? – se atrevió a preguntar ella finalmente.
La semana pasada – dijo mientras comprobaba la temperatura de las piscinas y tomaba nota en su libreta de notas.
Misty tragó saliva y se mordió el labio. Qué situación tan violenta, incluso cuando todo parecía estar rodeado de una perfecta calma, sabía que Ash podría explotar en cualquier momento. Solo con mirar a sus ojos sentía su cuerpo en ebullición, y no sabía si sería por la rabia acumulada o por la sensación de que empezaban a despertarse antiguos sentimientos.
¿Cuántos Pokemon están registrados como oficiales en los combates de medalla? – preguntó Ash sacando a la pelirroja de sus pensamientos.
Cuatro. En ocasiones, alguno más – dijo ella tratando de centrarse en la conversación.
Sabrás que es necesario comunicar a La Elite cualquier cambio en tu equipo….-sentenció el quitándose la chaqueta y dejando al descubierto su torso cubierto por una camiseta negra ceñida.
Claro – respondió ella tratando de disimular. En verdad no lo sabía, pero no quería dar ninguna señal de debilidad ante su examinador. Mucho menos ante Ash.
Te veo un poco tensa – dijo el sonriendo fríamente y clavando sus ojos en ella – así que vamos a terminar con toda esta parafernalia.
¿Parafernalia? – preguntó ella extrañada.
¿Nombre de tu Pokemon predominante?
Starmie. A veces puede llegar a ser Seal o…
Suficiente. Nivel alcanzado.
45.
Ataques de tipo agua.
Pistola agua, Rayo burbu…
Tipo de Naturaleza.
¿Naturaleza? – su corazón comenzó a palpitar, aquello parecía un examen en toda regla. Trató de concentrarse pero la impenetrable mirada del moreno, que la observaba juzgando sus conocimientos la sacaba de sus casillas. ¿Qué importa eso?
Límitate a contestar, por favor.
Audaz.
Error. La naturaleza de Starmie es miedosa. Eso facilita un aumento de la velocidad en el ataque. Creo que como líder de gimnasio deberías saberlo – comentó el con sarcasmo, mientras seguía con aquella sonrisa estúpida que la sacaba de sus casillas.
Podría haber contestado si no estuvieses mirándome y juzgando cada palabra que digo – estalló la pelirroja, mientras Ash parecía mantenerse imperturbable.
Es mi deber evaluar tus habilidades como líder de gimnasio, y déjame decirte que estás en muy baja forma. Tanto que hasta da vergüenza que participes del equipo de líderes de Kanto – dijo Ash guardando el bolígrafo y dándole la espalda a una Misty apunto de explotar.
¡Tu que sabras! ¿Me has visto luchar en el último año? Si lo vieras, sabrías que me mantengo como campeona invicta – gritó para la sorpresa de Ash. Misty todavía podía ser aquella niña desagradable y chillona.
Justo en el momento en que Ash iba a darle el estocazo definitivo, apareció Gary Oak en las instalaciones.
Traía consigo un ramo de azucenas blancas, y su alegría quedó congelada en su rostro al ver al intruso en el gimnasio. Una parte de él quisó salir corriendo y propinar un puñetazo al guaperas que había vuelto del mismo infierno, para terminar de rematar a Misty. Si, había sido su amigo de la infancia, e incluso rival. Le recordaba con cariño, pero no podía perdonarle todo el daño causado a la pelirroja. El jamás olvidaría aquello.
Ignorando por completo al moreno, se acerco a Misty y le propinó un abrazo afectuoso mientras le besaba la frente. Ash no pudo evitar sentirse realmente mal al ver aquella muestra de afecto que la pelirroja había agradecido con una gran sonrisa, pero por otro lado, agradecía la aparición del investigador Pokemon que había evitado una confrontación mayor con la líder de Celeste. ¿Podían ser celos?
¿Qué hay? – preguntó Gary con mala cara mientras mantenía en sus brazos a Misty.
Hola Gary. También me alegro de verte – ironizó Ash clavando su mirada en él.
Ojalá pudiese decir lo mismo – gruñó para sus adentros, mientras dirigía su mirada de nuevo a Misty – Cielo, hoy tendré que quedarme hasta tarde. La investigación está en la fase de comprobaciones y no podemos detenernos ahora.
Está bien. En cuanto pueda, iré en tu búsqueda – dijo ella sin entrar en detalles. Gary asintió y tras dar una última mirada a Ash desapareció por un pasillo.
Ash la miró y descubrió para su dolor, una ligera sonrojez en las mejillas de la entrenadora. Aquello le encenció por dentro y antes de que pudiese dar cuenta, estaba soltando una burrada por la boca.
¿Tu nuevo fichaje?
¿Perdona? – respondió ella con los ojos muy abiertos. Ash río a carcajada limpia.
Vamos Misty, no te hagas la tonta. Nunca se te ha dado bien – dijo Ash guardando los papeles en su carpeta. A decir verdad, jamás pensé que fueses a caer tan bajo.
¿De que hablas? – dijo ella acercándose a él.
¿Gary Oak? ¿En serio? El patetismo de tu vida no tiene límites. Pensé que habías tocado fondo hace un año, pero veo que todavía puedes superarte.
Quizás él sea lo que anduve buscando durante todo este tiempo.
Ash clavó su mirada en ella. Ella clavó su mirada en él. Le estaba retando. Estaba furioso. Ella estaba furiosa. Aquellos ojos azules brillaban intensamente. Las manos de la peliroja apretadas a ambos lados de sus caderas denotaban la tensión acumulada.
Por hoy es suficiente. Te llamaré para avisar de mi nueva visita. Adios. – dijo él girándose.
Espera – pidió desesperada cogiéndole del brazo y obligándole a detener su camino. ¿Eso es todo? ¿Adios? ¿No nos vemos en un año y lo único que vas a decirme es "adiós? – sollozó ella con rabia. ¿Qué te ha pasado? Ya no eres el Ash que creía conocer.
El Ash que conocías murió. Hace exactamente un año. Tú lo dejaste morir. No esperes que ahora me comporte como si nada hubiese sucedido, Misty.
El volvió a emprender su camino, liberándose del agarre de la pelirroja, mientras trataba de relajar sus pensamientos. Necesitaba alejarse de allí. Alejarse de Misty, del Gimnasio, y de Ciudad Celeste si era necesario. No podía soportar encontrarse en el mismo lugar que ella. Creyó que el tiempo y la distancia relajarían las cosas, pero el encuentro tan solo había conseguido remover en él antiguas heridas. Los viejos sentimientos de la adolescencia habían brotado de nuevo y el moreno ya no sabía como manejar esa situación.
Salió del gimnasio dando un portazo y sin pensarlo demasiado, cogió su móvil y mandó un mensaje.
"¿Estás libre esta noche? Ven a mi casa, Serena"
