Capítulo 2: ¡Hola! Mi nombre es…
Ya era lunes por la mañana y Rukia lucia emocionada por ver la cara de tonto pondría su prometido, lo cual no era muy difícil de imaginar ya que él siempre lucía un ceño fruncido todo el tiempo "¿Cómo puede estar así todo el tiempo? ¿Acaso no le duele la frente?" Esas preguntas solo rondaron unos segundos por su cabeza.
Inmediatamente bajo a desayunar vistiendo ya su uniforme nuevo: una faldita tableada gris claro coordinada con un saco elegante del mismo color, una blusa de manga corta y en su cuello se sujetaba un hermoso moño color rojo sujetado por un broche rectangular. Cuando llego al comedor vio que su padre ya había partido al trabajo y su madre la esperaba para compartir el desayuno:
―Rukia, que bueno que acepaste la propuesta de tu padre.
― ¿Por qué no habría de hacerlo? Quiero una vida tranquila, hermosa y feliz como la que tenemos ahora, por eso no rechace la oportunidad de dirigir mi destino.
―Está bien, de acuerdo, apúrate a comer no quiero que llegues tarde a tu primer día de clases en tu nueva escuela. ―Rukia termino de desayunar y arreglarse para ver aquella cara que tanto odiaba desde niña.
Una vez que el chofer la dejo en la entrada del instituto, Rukia fue directo a presentarse con el director y su nueva profesora para que la guiaran a su nueva aula: ―Espero que se sienta a gusto en mi clase señorita Kuchiki. ―le dijo la profesora.
―Si necesita algo no dude en comentárselo a la profesora o a mí directamente. ― termino por decir el director antes de dejarlas en la entrada del aula.
―Gracias, a por ser amables y pacientes conmigo. ―dijo Rukia quien distrajo su atención al escuchar un estruendo dentro del aula.
Al entrar, la profesora y Rukia se quedaron observando el show que efectuaban los demás alumnos:
― ¡Ichigoooooo! Acompáñame al cine o a jugar futbol en la cancha del parque ―decía un muchacho un poco alto con cabellera al hombro color café.
―No, tengo planes. ―respondió un chico al cual Rukia no podía visualizar a causa de que un grandulón de aspecto temible, moreno y cabello alborotado que tapaba uno de sus ojos, obstruía su vista.
―Vamos Keigo, deja en paz a Ichigo. ―decía otro chico de aspecto menudo, con cabello casi al hombro color negro.
Mientras todo eso ocurría, Rukia aprovecho para observar a sus nuevos compañeros de clase, pero todos parecían normales, solo resaltaban dos chicos: una chicha bastante desarrollada con cabellera larga color anaranjado, y un chico con lentes, cabellera larga color azulado. Este último, tenía un aspecto de fastidio aparentemente causado por el escándalo que suscitaba a su lado.
― ¡Callenseeeeeee! ―grito la profesora ya alterada por la falta de atención, mientras que Rukia casi muere del susto por el grito de ira. Una vez que todos tomaron sus asientos la profesora prosiguió con su deber. ―Muy bien, antes de empezar la clase les presentare a una nueva alumna, por favor preséntate. ―le dijo a Rukia para que entrara al salón.
―Buenos días, soy Kuchiki Rukia, mucho gusto. ―dijo con un ligero rubor pintado en sus mejillas
Todos se quedaron viéndola un momento, pero el más fascinado era Keigo, que no dejaba de ver a la chica como su fuera una preciosa muñeca de porcelana a punto de romperse por la timidez. Pero un chico en especial la veía con confusión, como si ya la hubiese visto alguna ocasión: ― ¿Rukia? No, no puede ser ella ¿Cómo es posible? ¿No se supone que ella estudia en una preparatoria privada? ―musitaba en voz baja Ichigo aun sin creer que su arrogante prometida asistiera a la misma preparatoria que él, mucho menos en el mismo salón.
―Kuchiki toma asiento junto a Kurosaki. ―dijo la profesora para iniciar la clase.
Una vez que terminaron las primeras horas de clase Rukia se preparó para acudir a la cafetería, pero no paso ni un segundo de que la profesora se retiró cuando ya tenía a varios de sus compañeros rodeándola para preguntarle porque cambio una educación privada por una pública. Desde luego, Keigo fue el primero en dirigirse a ella:
―Hola, soy Asano Keigo, cuando gustes puedo ayudarte en cualquier cosa que necesites.
―Gracias, yo soy… ―no pudo terminar porque una chico alto termino la frase por ella.
―Kuchiki Rukia, ¿No dijiste eso hace unas horas? ― Rukia no podía creerlo, Ichigo se había dignado a acercarse a ella y además interrumpirla.
Keigo parecía confundido al igual que los compañeros que presenciaban aquel acercamiento. Rukia no tuvo más remedio que responderle: ―Hola Ichigo ¿Qué quieres?
―Mi padre me lo había dicho pero no le creí, pensé que había sido una de sus estúpidas bromas.
―Ya ves que no, entonces ¿Ya sabes de la propuesta de nuestros padres?
―Sí, bueno ¿Podemos hablar a solas? ―Ichigo pregunto porque le molestaba ventilar su vida privada frente a toda la clase.
Una vez que se retiraron, la chica que había visto antes Rukia se quedó cabizbaja ocultando su mirada triste, pero el chico con lentes se le acerco colocando una de sus manos en el hombro de ella: ―Inoue ¿Te encuentras bien?
― ¿Eh? Sí, estoy bien Uryu.
―Inoue…―él sabía que Orihime estaba triste porque siempre había estado enamorada de Ichigo, y verlo ir con la nueva alumna la hacía sentir insegura ya que ella estaba decidida a conquistarlo.
Una vez que llegaron a la azotea del edificio, Ichigo se volvió hacia Rukia decidido a confrontar la situación: ― ¿Estás de acuerdo con la propuesta de nuestros padres? ―dijo con su siempre presente ceño fruncido adornando su cara.
―Claro que sí, digo… yo quiero una vida feliz como la de mis padres ¿Tú no?
―Bueno… yo… la verdad es que… es que nunca lo había pensado.
― ¿Cómo que nunca lo habías pensado? ¡Ichigo! ¿Nunca has visto cómo conviven tus padres?
―Por supuesto que sí, me agrada ver la forma en que mi padre hace feliz a mi madre. ―Ichigo lo dijo pensando en cada una de las cuestiones que Rukia le había dicho, claro que deseaba una vida plena y feliz.
―Ichigo, podemos tratarnos como amigos, sin la presión de etiquetarnos como prometidos, de esa forma podremos saber si realmente congeniamos.
―Estoy de acuerdo. ―él se acercó a la pequeña joven solo para prestar verdadera atención a su ser: ella era delgada, pequeña, piel nívea y tersa, y su cabellera era negra como la noche y su cara era adornada por un mechón incontrolable; pero lo que más le cautivaba eran aquellos ojos violetas rodeados por unas largas y finas pestañas.
― ¿Ichigo? ¿Qué te pasa? ―pregunto al notar que él no reaccionaba, además de estarla intimidando con su profunda mirada.
―Nada, solo… solo… nada vamos a clase.
~Rukia._Kuchiki~ (Laura Ro)
